REENCUENTRO CON MI VIDA

CAPITULO 8

Alemania le dio un último vistazo a las estrellas al darse cuenta de que Italia ya había tardado demasiado; supuso que era normal dado que el italiano tenía que hablar muchas cosas con su hermano sin embargo por alguna extraña razón no confiaba en Romano ni en su reacción así que el alemán yendo en contra de la petición de Italia de dejar solos a los hermanos se aventuró a casa de Romano… tan solo para asegurarse de que el mayor de los gemelos no estuviera matando a golpes al menor.

Cuando el rubio llegó a la casa pudo ver que la puerta estaba abierta y a pocos pasos de ella estaba Italia llorando desconsoladamente sobre las piernas de Romano el cual estaba en el piso y lo estaba regañando en un fluido italiano. Veneciano cubría su cara con sus manos hasta que el sureño le obligó a destaparse el rostro fue entonces que Alemania pudo ver la cara amoratada y llena de sangre de Italia así que corrió hasta el par de hermanos, tomo a Italia del antebrazo y de un solo jalón lo levantó alejándolo todo lo posible de Romano que apenas si alcanzó a reaccionar.

-¿Qué diablos le hiciste a Italia?- le reclamó Alemania poniéndose frente al castaño mirando furioso a Romano que frunció el seño

-¡no le hice nada!- reclamó Romano

-¿entonces como explicas que esté todo golpeado?- exigió una respuesta el alemán furioso con el otro italiano que se levantó

-¡Eso no es de tu incumbencia! Veneciano y yo solo estábamos teniendo una charla ¿Qué nunca tuviste una con tu bastardo hermano?- le recriminó la parte Sur poniéndose las manos en las caderas desviando la mirada

-si, pero ninguno terminaba así- dijo haciendo referencia al herido muchacho

-Ve~ Alemania, no te preocupes, estoy bien- le trató de tranquilizar Italia con su sonrisa de siempre aunque esos moretones no combinaban del todo con su expresión risueña

-no lo defiendas, mejor vámonos, te dije que era una mala idea venir- le ordenó Alemania ahora tomándolo de la mano

-oye, suelta a mi hermano- y dicho esto Romano arrebató al menor del agarre del rubio que parpadeó un par de veces algo sorprendido ¿Acaso había dicho "hermano"? –Veneciano se queda conmigo hoy, tú te puedes largar a tu casa o al infierno que es lo mismo- le dijo Romano separando a Italia del rubio

-¿Y dejarlo contigo para que sigas golpeándolo? No gracias, Italia viene conmigo- y dicho esto Alemania volvió a tomar a Italia de la mano sin embargo Romano aun no soltaba al menor

-¡Entonces quedémonos los tres juntos aquí!- propuso alegre Veneciano

-¡por supuesto que no!- dijeron al unísono Romano y Alemania a lo cual Italia comenzó a reír algo divertido por las usuales peleas entre aquellos dos.

A pesar de que antes odiaba que pelearan todo el tiempo ahora después de tantos años disfrutaba escucharlos discutir… por fin había regresado a casa, a su mundo… con las dos personas que mas amaba.

-esto es algo infantil… primero hay que curar las heridas de Italia- propuso el germano algo apenado por su actitud

-ve~ también las de mi hermanito- dijo alzando la mano del mayor que aun estaba enlazada con la suya haciendo ver los nudillos sangrantes de este lo que provocó que el ojiazul le dedicara una mirada de reproche a Romano que tan solo la ignoró.

Fueron a la sala, Alemania intentaba curar las heridas de Italia que soltaba uno que otro lloriqueo por el ardor del alcohol sobre sus heridas mientras que escuchaba los regaños de Romano ya que este decía que el germano era muy brusco con el menor. Habiendo curado a Italia, Romano se negó rotundamente a ser tratado por el alemán así que Veneciano terminó curando a su gemelo el cual también se la pasaba llamándole la atención porque este era un inútil, descuidado y que no sabía hacer nada bien.

-¡deja de insultar a Italia! Y yo que pensaba que ya se habían reconciliado…-murmuró Alemania

-¿Quién diablos se reconcilio? Yo nunca dije que haya perdonado a este bastardo… ¡Ouch! Con un carajo, ten cuidado- gritó Romano mientras Italia le vendaba la mano

-Debiste haberme hecho caso… tu hermano no tiene remedio- le dijo Alemania al castaño que parecía realmente feliz

-je je je no es cierto Alemania, aunque no lo parezca mi hermanito está muy feliz en este momento- dijo Italia siguiendo con su tarea

-¡No estoy feliz, idiota!- le recriminó el sureño con la cara roja de la vergüenza dejándose tratar por el menor que soltó una risita

-¿lo ves? ¡Mi hermanito está tan feliz como yo de que nos hayamos reunido por fin!- exclamó Italia terminando de vendar al otro y abrazándolo inesperadamente

-¡Suéltame maldito imbécil traidor!- le ordenó Romano con la cara aun mas sonrojada sin embargo tampoco hacía nada para quitarse al menor de encima…

Finalmente entre peleas e insultos el sueño comenzaba a vencer al trío que bostezaba de vez en cuando.

-¿Por qué diablos tengo que compartir mi cama contigo?- preguntó Romano acostado en su cama mirando al techo.

-Fue idea de Italia no mía- respondió Alemania también mirando al techo pues después de una larga discusión los tres habían terminado durmiendo en la cama de Romano con Veneciano en medio y los otros dos a sus lados.

El de ojos almendrados ya estaba profundamente dormido, con una mano entrelazada con la de su hermano y la otra con la de Alemania, sujetándolos fuerte aun entre sueños, aferrándose a ellos. Todo se mantuvo en silencio, tan solo interrumpido por los suspiros y balbuceos de Veneciano que estaba muy cansado, demasiadas emociones por un día.

-¿Y ahora que vamos a hacer?...- preguntó Alemania en voz baja para no despertar al otro

-eso debiste pensarlo antes de hacerlo recordar- contestó Romano, Alemania estaba a punto de recriminarle algo pero una mirada seria de Romano se lo impidió… todo se quedó en silencio otra vez

-supongo que tendré que hablar con mi superior… después de todo ya no es el mismo de hace diez años- dijo Romano soltando un suspiro

-¿Crees que acepte a Italia como una nación de nuevo?- preguntó Alemania mirando de reojo al mencionado que se removía en la cama de vez en cuando.

-pues no pienso pedirle permiso…- respondió por ultimo Romano cerrando sus ojos recostándose y quedando de frente al menor aun sin soltar su mano. Alemania dibujó una débil sonrisa, a veces Romano hacía cosas que hacían que su opinión sobre él cambiara, aunque solo muy raras veces.

Y así la noche pasó, tranquila… sin sueños tristes o felices… sin sentimientos reprimidos de tristeza o felicidad, tan solo disfrutando la calidez en las manos de aquellos tres que esperaban de alguna manera que aquella momentánea paz no se viera interrumpida… pero el amanecer y un último reto los esperaba.

El sol sorprendió al par de italianos y al alemán… era hora de saber que destino le esperaba al muchacho… ser una nación o ser un humano normal de nuevo. Italia estaba consciente de que cualquier cosa podía pasar y cualquiera de las dos decisiones sería dolorosa; si no podía ser una nación de nuevo tendría que pasar por una segunda despedida… si dejaba de ser un humano tendría que decir adiós a la vida que tuvo por diez años… pero de alguna manera esa idea no lo aterrorizaba tanto como la primera.

Tratando de mantener su buen humor y su sonrisa firme se dirigió a las oficinas del superior de Romano, Alemania lo acompañaba como un mero apoyo moral, pero era justo lo que Italia necesitaba en ese momento. Veneciano respiró profundo recordando el día en que le dijeron que dejaría de ser una nación, un apretón de manos por parte de su hermano le dio el valor de tocar la puerta de la oficina, Alemania tomó la decisión quedarse afuera.

-Adelante- dijo una voz desconocida para Italia pero fue Romano quien abrió la puerta, ambos gemelos entraron

El presidente se quedó algo sorprendido al ver al otro chico que era idéntico a Romano, volteó a ver al mayor como buscando una explicación.

-¿Quién es él?- preguntó mirando a Italia

-es mi hermano… Veneciano, bueno, antes solía ser Italia del Norte- contestó Romano cruzándose de brazos

-¿Italia del Norte?- repitió el hombre examinando de pies a cabeza al otro a quien le estaban devorando los nervios

-Sí, Veneciano era mi otra mitad hasta que tu bastardo predecesor decidió que ya no era necesario que fuera una nación así que…-

-vienes a pedirme que lo haga una nación otra vez ¿o me equivoco?- interrumpió el superior

-ah… pues si…- respondió Romano algo extrañado por esa respuesta… demasiado sospechosa.

-al parecer tenían razón- el hombre se masajeó la sien dando un suspiro -cuando tomé este puesto me dijeron que tal vez tú vendrías un día con una propuesta así, aunque para ser honesto no me lo esperaba- comentó el presidente

-Por favor… déjeme ser una nación de nuevo… yo quiero ser un país otra vez y vivir para mi pueblo- pidió tímidamente Veneciano

-lo siento pero eso es imposible- declaró con toda tranquilidad el superior y fue como si toda la felicidad que Italia había sentido durante el día anterior se estuviera derrumbando poco a poco frente a sus ojos.

-por… ¿Por qué?- preguntó Italia alzando su cara buscando una explicación. Le parecía increíble ver a aquel hombre estar tan impasible, sin siquiera una reacción ¡Nada! Era como si no le importara en lo más absoluto

-no puedo hacer eso, no puedes dejar de ser una nación y después otra vez por capricho querer serlo- dijo el hombre encogiéndose de hombros para después ver con una sonrisa cínica al menor de los gemelos –después de todo… fue tu decisión… o eso me dijeron- dijo como si nada recargando su mejilla en la palma de su mano

-si… fue mi decisión, ¡pero yo no quería dejar de ser un país! Me dijeron que era por el bien de mi gente solo por eso lo hice pero yo en ningún momento quise ser un humano normal yo amo ser una nación, por eso permítame ser un país de nuevo… por favor… se lo ruego- dijo Italia con su voz comenzando a quebrarse ¿Qué más podía hacer más que suplicar? Solo quería su vida de vuelta

-ya te dije que no puedo además Romano hace muy bien su trabajo, si tanto te importa tu gente puedes confiar en tu hermano- dijo el presidente como si estuviera tratando con un chiquillo que hacía berrinche

-¿En serio te das cuenta de tu ineptitud? Es obvio que yo no puedo hacerlo solo ¡Estamos en crisis y solo vamos empeorando! Necesito a Veneciano para llevar todo el trabajo- trató de razonar el mayor ganándose una mirada aburrida de su superior que hasta bostezó al escuchar tontos dramas

-me extraña eso de ti Romano, tú siempre eres muy pragmático y esto de los sentimentalismos no se te da ¿Para qué quieres a este chico de vuelta? Solo será un estorbo tener dos naciones humanas… este tal Veneciano, es innecesario- declaró fríamente el presidente… aunque esa fue la gota que derramó el vaso ya que Romano caminó a largas zancadas hasta el escritorio del hombre, se apoyó en la mesa y tomó de la corbata de seda a su superior mirándolo iracundo.

-vuelve a decir eso y estás muerto- le amenazó con su rostro a centímetros del de su jefe que por un momento pareció asustado para después fruncir el entrecejo dándole un manotazo a Romano para que soltase su corbata

-Haz que Veneciano vuelva a ser un país, no me importa lo que tengas que hacer o a quien tengas que sobornar, ni siquiera que tengas que dar tu trasero a quien sea, mi hermano va a volver a ser la parte Norte y yo seré otra vez la parte Sur, es una orden- le dijo Romano aun con esa mirada fiera en sus ojos

-¡Tú no me das ordenes, soy tu superior!- grito enfadado el presidente levantándose de su asiento pero Romano fue más violento e igual o más enojado que su jefe logró volcar el pesado escritorio haciendo retumbar la oficina

-¡Y yo soy tu nación!- gritó el castaño saltando el escritorio quedando de frente a su jefe tomando por las solapas del saco al hombre –escúchame bien chiquillo, yo he vivido siglos enteros, tu patética vida es NADA comparada a lo que yo he visto y vivido así que no quieras ponerte a contradecirme. Si todos estos años he seguido tus estúpidas órdenes es porque no me quedaba de otra pero ahora me vas a escuchar a mí: Veneciano va a ser una nación otra vez…- pero antes de que el presidente pudiera contestar un montón de hombres armados irrumpieron en la habitación apuntando con sus pistolas no solo a Romano sino también a Feliciano que temblaba realmente asustado

-¡suéltalo o disparamos!- ordenó uno de los hombres, al parecer habían escuchado el alboroto y habían llamado a seguridad. Alemania intentaba entrar también a la habitación pero un par de sujetos se lo impedían.

-hermano, suéltalo- le pidió Italia aun temeroso así que a regañadientes el mayor soltó a su superior aun siendo apuntado por las armas

-Lo siento Romano pero no puedo hacer posible tu petición. Tu hermano no volverá a ser una nación… es más, ni siquiera volverá a ser humano…- Italia volteó a ver al superior que se acomodaba el saco con un gesto de fastidio… algo estaba mal…

El jefe se dirigió esta vez a Italia que sentía sus piernas temblar en contra de su voluntad

-ahora que has recuperado tus recuerdos como nación es peligroso mantenerte con vida… sabes muchas cosas- dijo con una casi imperceptible sonrisa en sus labios… y sin que alguien se lo esperara un disparo resonó en la oficina…

Italia cayó al piso ante los ojos atónitos de Romano y Alemania que con una fuerza anormal se quitó de encima a quienes le impedían el paso tan solo para correr a Italia que miraba a la nada tratando de enfocar sus ojos almendrados en algún lugar mientras la sangre salían profusamente de su pecho manchando las manos de Alemania y el piso

-Italia… Italia…- repetía Alemania sin saber qué hacer, demasiado conmocionado viendo a Italia desangrándose, sintiendo el tibio liquido escarlata en sus propias manos mientras que Romano se dejaba caer sobre sus rodillas con los ojos tan abiertos al igual que su boca, inmóvil y mudo.

¿Porqué? ¿Porqué se había empeñado en hacerle recordar? ¿Porqué tuvo que pasar eso?

-Alemania… no me quiero ir…- dijo Italia con sus ojos perdiendo brillo y una tímida lagrima resbalando por su mejilla, su voz era débil y sus manos torpes y heladas buscaban el rostro de Alemania

-No te vas a ir Italia, no de nuevo- le dijo Alemania abrazando el frágil cuerpo que iba drenándose de sangre.

-Veneciano…- solo escuchó que Romano murmuraba una y otra vez, como un rezo a su propio hermano, una súplica para que no lo abandonara otra vez.

-vámonos de aquí- ordenó el superior, ya después alguien se encargaría de limpiar aquel desastre.

-Italia, ¡quédate conmigo por favor!- le pidió Alemania abrazándolo sin medir su fuerza pero el italiano ya no respondía. Las lágrimas comenzaron a salir sin control de los ojos del germano que mecía el cuerpo de Italia aun en sus brazos, enterrando sus dedos en los cabellos castaños mientras que los delgados brazos solo colgaban inertes a ambos lados sin corresponder el abrazo. Romano se mantenía en su mismo sitio mirando la escena sin decir nada con la misma expresión estupefacta.

Eso no podía estar pasando… aun no perdonaba a Veneciano, ¡este aun tenía que pedirle disculpas muchas veces mas, aun tenía que pelear con él, aun tenía que decirle lo idiota que era!… su hermanito tonto… no podía estar muerto…

La sangre dejó de fluir por las manos de Alemania que sollozaba sin poder reprimir ese maldito llanto, la mejilla fría de Italia aun estaba pegada a la suya, miles de cosas pasaban por su mente, cosas que no pudo decir, cosas que no pudo hacer, tan solo un millón de cosas que en ese momento ya eran imposibles… hasta que sintió un leve cosquilleo cerca de su cuello, lo sintió una segunda vez y una tercera

-¡Está respirando!- exclamó Alemania captando la atención de Romano que tardó en reaccionar -¡Respira, Italia aun respira!- gritó separando ligeramente el cuerpo del muchacho, Romano se acercó a gatas y pegó su oído al ensangrentado pecho de Italia para percibir el débil palpitar de su corazón.

-¡Llama a una ambulancia!- le exigió Alemania haciendo presión en el pecho de Italia para que este no perdiera más sangre. Como pudo Romano se levantó dando traspiés corriendo al teléfono marcando el número de emergencia, habiendo colgado regresó a un lado de su hermano

-¡No te atrevas a morirte Veneciano idiota!- le gritó a su hermano tomando su mano fría entre la suya como si con aquel gesto le impidiera al otro irse de su lado de nuevo.

Después de eso todo pasó tan rápido, tanto Alemania como Romano solo recordaban a un grupo de paramédicos diciendo cosas inentendibles, yendo de un lado a otro, el sonido de la ambulancia zumbando en sus oídos, Veneciano lleno de tubos y sangre camino al hospital más cercano; el germano y el italiano no se separaban de Italia que se veía tan pálido como la cera. Llegaron al hospital y en menos de cinco minutos tuvieron que dejar ir al italiano que iba directo a cirugía.

La espera les parecía eterna, y cada minuto era como una hora, veían a los doctores caminar pero ninguno les decía nada solo veían sus caras estoicas y sus entrecejos fruncidos murmurando para ellos mismos sin decirle nada a los otros dos.

Alemania se limitó a quedarse parado con la espalda recargada en la pared mirando de reojo a los médicos tratando de descifrar lo que decían entre ellos mientras que Romano estaba sentado con un crucifijo entre sus manos seguro recitando alguna oración pues aunque solo pocos lo supieran era un ferviente católico y en ese momento estaba confiando en Dios como nunca había hecho en su vida.

Nunca supieron cuantas duró la operación ni les importó, tan solo les interesaba lo que el doctor, que se acercaba a ellos, les diría.

Como si se tratara de una larga tortura el doctor pausó un momento antes de dar la noticia, el médico tomó aire y dijo:

-Nunca en toda mi carrera había visto algo como lo que le sucedió a ese chico…- comenzó a decir –la bala dio directamente en su corazón destruyendo arterias de suma importancia- Alemania sintió como si le estuvieran arrebatando el aliento mientras que para Romano todo se detuvo a su alrededor… -pero al retirar la bala y estar a punto de intentar hacer algo por su corazón, este ya estaba intacto- respondió el doctor. Tanto el alemán como el latino tuvieron que apoyarse en la pared para no caer, sin quererlo y por una oleada de felicidad corriendo por sus venas comenzaron a reír dejando un poco escéptico al doctor

-Entonces está bien ¿Italia está bien?- Preguntó Alemania aun entre risas

-pues si… aunque aun está inconsciente y queremos mantener su corazón vigilado, les avisaré cuando puedan pasar a verlo- y con ello el doctor se retiró dejando a los otros dos riendo juntos por primera vez.

El corazón de Italia no había sufrido nada grave… eso era porque una bala no podía matar a una nación, un país moría cuando su territorio entero era destruido ¡Italia Veneciano era una nación de nuevo! Tal vez lo había sido otra vez desde el instante en que había recuperado sus recuerdos o cuando deseó con toda su alma regresar a ser lo que era.

Romano y Alemania siguieron riendo sintiendo como todo el peso que habían sentido por unas horas o tal vez hasta años se iba de sus hombros junto con cada risotada que daban y sin quererlo las lagrimas también comenzaban a salir junto con sus sonrisas.

Un día entero después la enfermera les informó que ya podían pasar a ver al susodicho pues ya estaba despierto; con pasos rápidos y evitando correr Romano y Alemania fueron hasta el cuarto del paciente pero al entrar… medio mundo, literalmente medio mundo, estaba alrededor de la cama hablando animadamente con el italiano, incluso Japón estaba sentado en la orilla de la cama sonriendo abiertamente.

-¡¿qué carajos hacen todos ustedes aquí!- les gritó Romano señalando a toda la convención de países que solo rieron nerviosos

-Hermanito, Alemania ¡hola!- saludó Italia intentando incorporarse

-¡no te muevas idiota o te vas a abrir esa maldita herida!- le regañó Romano empujando a los presentes que le reclamaban siendo ignorados

-¿Cómo te sientes?- preguntó Alemania reprimiendo sus ganas de aventarse a la cama y llenar de mimos al castaño

-ve~ mejor que nunca- contestó el otro mientras que el rubio se le quedó mirando de manera dulce…

-ejem… Como que nos retiramos un momento para dejarlos solitos- propuso Francia con un sonrisita traviesa a lo que los demás estuvieron de acuerdo

-claro que no pervertido, yo me quedo- contradijo Romano siendo jalado del brazo por España

–oh no, tú vienes con nosotros, tienes que contarnos que pasó, nos enteramos de puro milagro solo porque Polonia lo posteó en Twitter- decía el latino saliendo de la habitación junto con el italiano

-¡Suéltame bastardo!- se quejaba el mayor de los gemelos pero al final fue sacado de la recamara quedando solo Alemania e Italia.

-Gracias por todo lo que has hecho por mi Ale…- pero antes de terminar la frase el germano ya tenía sus labios puestos sobre los de Italia

-no voy a esperar a que algo más pase- dijo Alemania separándose por fin de la boca del castaño que parpadeó un par de veces con la cara sonrojada y su corazón adolorido por la herida latiéndole más fuerte que nunca.

Y por si lo preguntaban, unos días después el superior de Italia y Romano fue destituido de su cargo aunque a los medios solo se les dijo que había sido por malversación del dinero de la nación. Pero eso ya no le importaba por ahora a Italia el cual tuvo que renunciar a su plaza como profesor de arte y tuvo que despedirse de sus queridos estudiantes y compañeros pero aquella pequeña tristeza no era nada comparado con la dicha que le causaba el reencuentro con su vida.

FIN.

/

Wow, lo terminé ¡UN MILLÓN DE GRACIAS A TODS POR HABER LEIDO HASTA ESTE CAPITULO! También otro millón de gracias por haberse dado el tiempo de comentar, espero hayan disfrutado esta humilde historia y bueno… ¡Nos leemos entre fics!