Disclaimer: Santa Meyer los crea y ellos se juntan. Yo sólo me encargo de sus guarradas.

Nota de autor: Por circustancias de tiempo y queriendo colgar antes de irme de "vacaciones" y que tuvieseis capitulo, no he usado a mi beta kannay. Así que asumo todos los errores de ortografía y gramatica que pueda haber. Espero vuestra comprensión y que no seais muy quisquillosas con eso.


Gluttony I


Abrió los ojos inmersa en la oscuridad, y aun percibiendo el peligro, su cuerpo permanecía inmóvil entre las sabanas. Incluso éstas hacían de grilletes en sus pies y sus manos.

Sentía frío; un frío intenso y antinatural colándose por todos los poros de su cuerpo.

En consecuencia, le dolían los músculos y tenía la sensación que la sangre se congelaba en sus venas. Un vaho frío salía de su boca y el poco aire que llegaba a sus pulmones, los quemaba.

Pero lo peor era el sentirse vigilada continuamente.

En medio de la frialdad que ofrecía las penumbras, se distinguía un destello verde metálico que enseguida creyó reconocer.

Intentó extender el brazo hacia el reflejo pero algo hacía presión y fue incapaz de moverlo. No se atrevió a mirar sus piernas cuando notó que algo viscoso las estaba recorriendo; sólo lo hizo cuando también se extendió hacia el brazo.

Su voz no salió de su garganta al encontrarse con dos enormes serpientes de brillantes escamas verdes enredadas entre sus piernas y brazo, lamiendo su piel con sus lenguas viperinas y amenazándola con sus finos colmillos…

Apenas abrió los ojos, cuando dio aquel salto que la hizo saltar de la cama. Y por primera, su equilibrio no falló.

Después de comprobar compulsivamente que no tenía nada enroscado, Bella retiró con cautela las sabanas. Se acabó de relajar cuando vio que no había nada debajo.

Soltó un suspiro, aliviada, lo cual resultaba patético.

Se había tratado de un mal sueño. No había nada de extraño en ello; incluso había leído en las secciones de salud de revistas científicas que éstas se incrementaban en épocas de estrés.

Pero se trataba de la segunda pesadilla de la noche y eso le hizo recordar algo que le había dicho Alice sobre los sueños.

—Los sueños son una señal de advertencia cuando se acercan periodos críticos en la vida de una persona—se dijo a sí misma imitando la voz de su amiga.

Su cuerpo empezó a convulsionar tenuemente, sus dientes castañearon e involuntariamente, se envolvió su cuerpo entre sus brazos para entrar en calor. Observó el termostato y arqueó una ceja extrañada. Su habitación se encontraba a temperatura ambiente y no se encontraba enferma. No había razón para tener tanto frío.

Estuvo tentada a volver a la cama y cubrirse con la colcha para recuperar el calor, pero al mirar el despertador de su mesilla se dio cuenta que sólo quedaban diez minutos para que éste sonase.

Pensó que no quería arriesgarse a tener una tercera pesadilla y que una ducha caliente ayudaría.

Hoy tenía mucho trabajo y necesitaba tener todas sus reservas de energía al cien por cien y su mente despejada.

— ¡Maldito estrés!—Siseó entre dientes mientras se quitaba el pijama y buscaba las toallas.

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Nessie volvía a casa tambaleándose y apenas pudiendo caminar por el camino que conducía a la entrada. De nuevo, el resignado taxista que la traía todas las noches la sujetaba y acompañaba.

Ésta se sacó un fajo de billetes y los metió en el bolsillo de la chaqueta de su acompañante.

—Usted nunca ha visto donde viene a recogerme, ¿lo ha comprendido?—susurró una velada amenaza con la voz pastosa.

—Una de los requisitos de mi profesión es ser una tumba, señorita Swan. —Hizo un gesto de sellar sus labios.

Ella sonrió tontamente y le dio una palmadita en el hombro.

—Estoy rodeada de buenas personas…—Se rió histéricamente le dio la espalda para entrar a la mansión.

Intentando mantener el equilibrio, no era consciente de estar siendo observada.

Desde el ventanal de la habitación de invitados había una buena perspectiva del jardín de la mansión, pero Edward no estaba disfrutando de aquellas vistas.

Observaba a la pequeña de los Swan con toda la atención, sin perderse un solo movimiento, rascándose la barbilla, pensativo.

No pareció darse cuenta que Maria se había levantado y le pasaba los brazos por la cintura y apretaba sus senos en la espalda. Después, cuando vio que Edward no se había molestado en mirarla, volvió la vista hacia donde éste la tenía puesta y se fijó en Nessie. Hizo un gesto de desprecio con la boca considerando a la muchacha algo insignificante.

—Hay que tenerla vigilada—la voz de Edward rompió el silencio y la bella demonio parpadeó confusa ante las palabras de su señor.

—No lo comprendo, señor…—titubeaba. —Es sólo una mortal que apenas ha llegado a la juventud y sólo piensa en rebelarse contra su padre asistiendo a fiestas salvajes. No es algo excepcional en las jóvenes ricas.

Éste se rió mientras negaba con la cabeza.

—Eso es lo que nos quiere hacer creer. Es muy lista y calculadora y se está preparando para dar un golpe de estado a su padre.

— ¡Ah! Y tenemos que impedírselo, ¿verdad?

—No—la contrarió.

Maria abrió la boca completamente confusa. Se suponía que Charlie Swan era su cliente y era a él a quien había que proteger…hasta el final.

—Dará su golpe de estado pero sólo cuando yo lo crea conveniente—explicó Edward tranquilamente. —Por eso, habrá que vigilar cada uno de sus movimientos.

Pareció darse cuenta de su presencia y dedicó una tierna caricia en el pómulo de su compañera.

—Y para eso cuento contigo, mi querida Maria—susurró tiernamente mientras enredaba sus dedos en su pelo rizado. —A partir de este momento, serás su sombra y me tendrás informado. Sea como sea, cuélate en ese bar donde supuestamente trabaja y vigílala.

Satisfecha y encantada con el trato de su señor ese instante, Maria accedió.

—Por supuesto, señor. Haré todo lo que haga falta. La pequeña de los Swan no hará ningún movimiento sin mi supervisión.

Edward besó su cuello con una sonrisa de satisfacción. Después, para picarla, añadió:

—Tanya te acompañará. Nos será muy valiosa en aquel lugar. Eso, sí. No dejes que se acerque a mí después. Aún recuerdo cuando tomé el cuerpo de ese general inglés en la primera guerra mundial y la muy zorra se hizo pasar por prostituta. Se acostó con todo un pelotón y me contagió la sífilis. La pobre estúpida no entiende que tengo que devolver los cuerpos en el mejor estado posible.

Le pareció muy divertido fijarse en Maria y ver en sus oscuros ojos el debate del fastidio por tener que trabajar con Tanya y la alegría porque su compañera no podría acostarse con él durante estos meses de trabajo. Una menos con quien compartirlo.

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Bella lamentaba no llegar a acostumbrarse a las faldas estrechas de tubo y los tacones finos en sus caros zapatos. Y sobre todo cuando llegaba tarde a los sitios y tenía que correr. Hubiera dado cualquier cosa por sus jeans y converse, pero como buena hija del propietario de la empresa debía dar ejemplo e ir vestida como correspondía a su cargo.

Rezaba para que no se le rompiese la falda o por mantener el equilibrio cuando, enfrente de ella, se encontró con un mercedes negro; si recordaba bien, se trataba del último modelo sacado al mercado. No era la marca favorita de su padre, por lo tanto, no pertenecía a la familia.

Se quedó aún más sorprendida cuando se abrió una de las puertas traseras y alguien, dentro del coche, la invitaba a entrar.

— ¿Me concede el honor de llevarla al trabajo, señorita Swan?

Enseguida reconoció al conductor. Se trataba de aquel gigante que se lo había pasado en grande en la piscina junto a la abogada del señor Cullen.

Su primer impulso, fue negarse, pero él supo ser muy convincente.

—Quiero que me dé la oportunidad de resarcirme por lo de ayer—dijo. —No estuvo bien y no me gustaría deteriorar nuestro trato por un impulso. El señor Cullen ha comentado que usted no es una persona vengativa.

Sus palabras consiguieron arrancarla una sonrisa, acabó accediendo a entrar y se convirtiese en su chofer por esa vez. Al parecer conocía perfectamente el camino. Sin ningún tipo de indicación, había tomado el rumbo hacia el edificio principal de la empresa.

—He acompañado al señor Cullen y a su padre esta mañana—le dijo adivinando lo que estaba pensando. —Además, su padre es una persona muy influyente en esta ciudad y todo el mundo conoce donde están las empresas Swan.

Bella se fijó que su locuaz chofer era un hombre muy atractivo. Muy alto, musculoso, pelo oscuro y rizado, ojos azul casi negros con una chispa traviesa en ellos y pronunciados hoyuelos que confirmaban su personalidad maliciosa. Aún sin conocerlo, le resultó peligrosamente agradable.

—Como ya le he dicho antes, siento mucho lo ocurrido ayer. Rose y yo perdemos la noción del espacio y nos apasionamos más de lo debido. Por lo tanto, también debo pedir disculpas por los futuros incidentes que pueda presenciar y molestar.

Bella intentó no reírse. De alguna manera, sabía que se estaba burlando de ella, pero había algo en la personalidad de aquel chofer que hacía que todo fuese una cuestión divertida. En el fondo, estaba dispuesta a perdonarlo.

—Agradezco sus disculpas, presentes y futuras. Y ahora es cuando yo debo presentar las mías, creo que exageré demasiado el episodio. Espero que la señorita Hale y usted…—Frunció los labios y dudó un momento. —Perdón, pero creo que no hemos sido presentados.

Sin soltar el volante, éste se carcajeó.

—Por supuesto, mis modales. McCarthy para servirla, señorita Swan. Emmett McCarthy.

—Un placer, señor McCarthy—correspondió a sus desenfadados modales. —Dígame, señor McCarthy, ¿cómo alguien con tanto encanto ha acabado siendo el chofer del señor Cullen?

—Conducir es una de mis pasiones, señorita—contestó afablemente. —Por eso hago las veces de chofer, pero ocupo un puesto muy importante para el señor Cullen.

— ¿Ah, sí?

—Digamos que soy la mano derecha de Edward. La persona en quien más confía.

Bella imaginó que sería un vínculo muy profundo si éste se permitía llamar por su nombre a su jefe.

—Amigos. La base de la amistad es la confianza, señor McCarthy—le explicó cuando éste, por primera vez, dejó de mirar la carretera para observarla atentamente. — ¿No es así en este mundo?

Emmett se volvió a concentrar en la carretera dedicándola una tenue sonrisa.

—Sí, supongo que se llamará así en éste y todos los mundos—contestó escuetamente.

—Estoy siendo demasiado curiosa, lo siento—se disculpó.

Recibió una risa entre dientes como respuesta.

—Saciar la curiosidad es algo inherente en el ser humano, señorita Swan. Si puedo contestar a sus preguntas, lo haré encantado.

—Vale, una más—dijo.

—Disparé—le invitó Emmett.

— ¿Cuánto lleva trabajando para el señor Cullen?

— ¡Hum! Mucho tiempo. Casi diría siglos. —Se rió de lo que parecía una broma privada. —Digamos que Rosalie fue la que me condujo a Edward. Y desde entonces, me he entregado a él. En cuerpo y alma…

Esperó educadamente que Bella continuase con las preguntas, pero estaba tan sorprendida que no pudo formular ni una más. Decidió continuar con la historia.

—No recuerdo demasiado bien esa época de mi vida. Pero sí la primera vez que vi a Rose. Sonará cursi pero era como ver entre sus ojos a la mitad de tu alma. En ese tiempo, ella era una de las amantes de Edward, pero no tuvo ningún reparo en romper la relación para poder estar juntos. La condición que puso era que estuviese a su servicio.

Bella se mostraba confundida. Todo aquello le parecía muy atemporal. Como si Edward fuese un señor medieval concediéndole una gracia a un súbdito.

Entre las miles de preguntas, cada vez más indiscretas, sólo surgió una:

— ¿Su amante?

Algo muy irracional surgió de su interior. No debía. No tenía derecho a sentirse traicionada y mucho menos por la señorita Hale.

—Una más—respondió Emmett tranquilamente. —En realidad, Edward estaba cansado de ella. No se compenetraban más allá de la cama. Cuando dio su bendición a nuestra relación, se mostró muy agradecido: "Buena suerte, señor McCarthy. Aunque debo advertirle que follarla es igual que pasarse un estropajo de acero en sus testículos"—imitó a la perfección la aterciopelada de su jefe.

Ambos rieron, aunque en la risa de Bella había cierto sarcasmo. No se había equivocado respecto a Edward Cullen y se golpeó mentalmente por sentirse tan herida. Debería ser más desconfiada y calar mejor a las personas. Ella tenía un puesto fundamental en una gran compañía y esos detalles eran vitales para seguir compitiendo.

Se mostró aún más confundido cuando Emmett dijo más para sí mismo:

—Supongo que hace mucho que Dios está enfadado conmigo, y espero que un día me perdone, pero la amo tanto que no encuentro arrepentimiento para lo que hice.

— ¿Ni siquiera por el precio que haya tenido que pagar con ello?—La voz de Bella era un susurro.

—Señorita Swan, en esta vida y la siguiente siempre hay que pagar un precio—contestó misteriosamente.

Que frenase pilló de sorpresa a Bella. Había estado realmente fascinada con esa conversación y no se había dado cuenta que había llegado a su destino.

—Fin del trayecto—le anunció Emmett alegremente. —Ha sido un placer haber sido su chofer hoy.

—El placer ha sido mío—contestó Bella con una cálida sonrisa. —Ha sido una compañía muy agradable.

Y se bajó para caminar lo más deprisa para que no se le cerrasen las imponentes puertas de cristal en sus narices.

Cogió el ascensor justo a tiempo de cerrarse, al no haber demasiada gente en él, pudo apoyar cómodamente en la pared de acero y cristal.

Pronto se sobresaltó y se incorporó completamente rígida. La estaban mirando de tal forma que estaba casi segura que la sangre se le había quedado congelada en sus venas.

"Zorra." Se colaba en su mente con aquella voz que le resultaba tan cargada de odio.

Comprobó que había de malo en la ropa que llevaba y decidió atajar la situación, fingiendo una cordial sonrisa y yendo directa al problema.

—Señor King, siempre es un placer saber de usted. ¿Qué tal le va en su nuevo departamento?—preguntó educada.

Royce permanecía impasible pero Bella captó una micro expresión de sorpresa en la forma de fruncir el labio superior. Le costó varios segundos reaccionar y dirigirse a ella con falso respeto.

—Señorita Swan. Como siempre hay bastante trabajo haya donde vaya, así que no me ha resultado traumático el cambio. Aunque preferiría seguir estando a su servicio.

No le respondió. Se encontraba muy aliviada de no tener su turbadora mirada sobre ella como si cada uno de sus movimientos le incitase sexualmente. Nunca, desde el primer instante que algún representante de su padre le contratase, le había gustado. Podría creer que Alice le había inculcado parte de su sexto sentido, pero intuía una personalidad muy oscura tras aquella hermosa apariencia.

Éste carraspeó para llamar su atención y le dijo:

—Antes de hacer mi traslado, me ocupé de las cuentas del mes, señorita Swan. Los beneficios han aumentado en dos millones de dólares respecto al anterior.

—Eso es una buena noticia, señor King. Espero que la señorita Waleski sea tan eficiente como usted el mes que viene.

Intentó sonar neutra y tranquila pero estaba deseando que éste llegase a su planta y la dejase tranquila.

—Eso no es lo que quería informar, señorita Swan.

— ¿De qué se trata?—Intentó no sonar demasiado impaciente. ¿Por qué no se bajaba ya?

Royce sacó un informe de su cartera y se los mostró a su jefa.

—Ha habido una sustracción importante de dinero… ¡Hum! Unos veinte millones de dólares. ¿Sabe usted algo de eso, señorita Swan? ¿O su padre le ha informado de algún uso para alguna venta? Me parece extraño que no esté su autorización…

Bella parpadeó confusa.

—No he cogido el dinero para nada. Y puedo responder por el señor Swan. Tampoco ha sido él. Me hubiese informado. ¿Veinte millones de dólares?—Inquirió asombrada. — ¿Está seguro de no haberse equivocado con sus cálculos, señor King?

Era la primera vez que su máscara de modales impecables se desquebrajaba. Su comentario le había ofendido.

—Sé hacer mi trabajo, señorita Swan—respondió bruscamente.

—Perdóneme, no pretendía ofenderle. —Bajó la mirada.

Comprobó que a Royce se le escapó otra emoción en forma de brillo en la mirada, descifrada como complacencia por la humillación ajena. Cuanto descubría de él, menos le gustaba las nuevas facetas de su personalidad.

Se tranquilizó cuando llegó a su piso y dio la espalda a Royce.

—Gracias por el informe—le dijo a modo de despedida. —Lo estudiaré detenidamente e informaré a mi padre de las irregularidades que pueda haber.

Del miedo a Royce King sus emociones fluctuaron al desagrado cuando pasó ante el mostrador de la hermosa Tanya. Se puso a la defensiva, aparentando leer el informe de Royce pasando rápidamente por su lado y apenas dignándose a un seco: "Señorita Waleski".

—Señorita Swan—la saludó aquella con su voz lánguida.

Y luego empezó a seguirla por los largos pasillos que conducían a su despacho recitándola la agenda del día.

—Supuestamente, a las nueve de la mañana tendría la reunión para cerrar el acuerdo con Apple y sus nuevos IPod, pero las ordenes de su padre son que se encargue de recibir a la señorita Tanner y haga un último control sobre el antivirus para que esté todo listo y firmar el contrato…

A lo que Tanya le iba contando, Bella se iba limitando asentir o emitir una onomatopeya indicándole que todo estaba correcto. Y todo sin aminorar la marcha.

Nunca se había comportado como una mezquina que tratase a sus trabajadores con tanta altivez, pero Tanya tenía algo que la enervaba y sentía una perversa satisfacción humillándola de esa manera. Era una forma de ponerla en su sitio; se imaginaba que la hermosa secretaria rezumaba sexo con cada palabra dedicada a los hombres; y se mostraría altanera y despreciativa con las de su sexo demostrando cuan miserables eran comparada con su belleza.

Le gustó llegar al despacho, dejar el informe de Royce en la mesa y sentarse en su sillón mientras Tanya esperaba dócilmente instrucciones de pie, en el marco de la puerta.

Sólo al tercer: "¿Algo más, señorita Swan?", se molestó en prestarle atención.

—Señorita Waleski, vaya al Starbucks de la esquina y tráigame un café con sabor a vainilla y canela espolvoreada. Con una cucharada de azúcar y que esté lo suficientemente templado para tomar. Cárguelo a los gastos de comida de la empresa.

Tanya parpadeó un par de veces, desconcertada, preguntándose si había oído bien.

— ¿Un café?

—Exactamente—respondió rotunda. — ¿Sabrá lo que es un café?

—Yo no sé qué decir…

—No tiene nada que decir. Sencillamente, muévase y vaya a por él.

El azul de los ojos de Tanya se fueron oscureciendo y sus labios dibujaron una inquietante curva. Bella no se mostró muy impresionada. Se limitó a resoplar con impaciencia.

— ¿Qué clase de secretaria se ha creído que soy?—Inquirió Tanya indignada.

Bella le respondió con un levantamiento de ceja, divertida, retándola a mostrarle sus pensamientos.

"De la clase que se pone de rodillas y abre la boca en medio de las piernas del jefe".

Se estaba preparando para el ataque de Tanya. A ésta le faltaba poco para que se rompiesen encantador catálogo de modales y se convirtiese en una arpía que se abalanzase a sacarla los ojos con las uñas.

Pero ese momento fue interrumpido por una voz autoritaria. La misma voz que convirtió la seguridad de Bella en piedra.

—Tanya, ya has oído a la señorita Swan. Haz lo que se te ha ordenado y desaparece de mi vista en menos de cinco segundos—ordenó Edward sin admitir una sola replica.

—Sí, Señor—se mostró Tanya servil, casi sumisa.

Edward sacó un billete y se lo entregó.

—De paso, tráeme a mí uno. Como siempre, capuchino cargado de espuma. Hay suficiente dinero para invitar a la señorita Swan.

Ésta reprimió una carcajada. ¿Se suponía que debía darle las gracias?

Tanya recuperó su sonrisa maliciosa.

—Sí, señor. La espuma es tan…

— ¡Sal de aquí antes de que llegues a Starbucks de una patada en tu precioso culo!

Con un mohín de desdén, les dio la espalda moviendo su coleta rubia y se perdió por la caótica actividad del pasillo.

Edward aprovechó para entrar en el despacho y sentarse enfrente de Bella antes de que ésta tuviese tiempo de recuperarse y poder formular una frase sarcástica. Era demasiado transparente y veía a la perfección la lucha por el dominio por cada una de sus emociones.

Cuando creyó que podía simular la turbación que le causaba Edward en su despacho, le replicó algo irónica:

—Debe de quererte mucho si aún no te ha escupido a la cara por el trato que le das.

— ¿Tanya?—dijo su nombre con desdén. —Sólo es capaz de amarse a sí misma. Y no te sientas mal por ella. Recibe lo que se merece, cuestión de psicología. Así se debe tratar a las personas.

"¿Cómo me has tratado tú a mí? ¿O a Rosalie? ¿O cualquier mujer que caiga en tus pies en el futuro?", le replicó Bella mentalmente. Aun sin formularla abiertamente, intuyó que Edward lo había adivinado. Se limitó a estirar los labios a modo de sonrisa tensa.

—Tú también has aprendido como tratarla—la dijo con diversión en la voz.

—Se trataba de una cuestión de orgullo.

Edward se rió tenuemente y a su pesar, Bella tuvo que admitir que le gustaba ese sonido.

Intentó contenerse y tras aclararse la garganta le preguntó qué era lo que quería.

— ¿Necesitas saber algo de la empresa?

Éste negó con la cabeza, divertido.

—No, gracias, Isabella. Estoy muy bien informado del funcionamiento. No quiero que me des una aburrida charla de negocios. No es lo que quiero de ti.

— ¿Entonces qué, Edward?—Al igual que él, la llamó por su nombre, sólo que más burlona. Odiaba cuando intentaba fastidiarla aunque realmente no estaba segura si quería que se fuese.

Ignorando su tono de voz, Edward la observaba fijamente como si se tratase de un enigma. Quería saber que era lo que había en ella para que le resultase tan fascinante.

Se desconcentró al oír un suspiro por parte de Bella y contestó a su pregunta.

—Me gusta estar contigo. ¿Te basta esa razón?

La joven le dedicó un amago de sonrisa carente de alegría.

—Te gusta estar conmigo pero no como trabajo en mi propia empresa—le recriminó. —Me gustaría saber qué fue lo que hice mal la tarde de la entrevista… ¡Hum!... ¿Por qué halagarme con palabras de amor y meterme en tu cama se consideraba la prueba fundamental? ¿Así funcionan los negocios para ti? ¿Sexo, poder y papeles?

Edward no comprendía lo que Bella le estaba diciendo. No sabía hasta que ella le replicó:

—Tienes poder suficiente para exigirle a mi padre que me eche de la empresa. Si no te gusta el trabajo que hago aquí, prefiero que hables conmigo, cara a cara. Quiero saber por qué mi padre me va a dar la patada y estar preparada.

— ¡Ah!—Exclamó relajado riéndose como si se tratase de un chiste. —El bueno de Jake siempre tergiversando las palabras en su propio beneficio. ¿Se llevó un polvo en agradecimiento por intentar consolarte del malvado Edward Cullen?

—Dímelo—exigió. —Dímelo a la cara, ¡maldita sea!

Se sorprendió cuando Edward, en lugar de soltar un comentario sarcástico, se puso serio y respondió:

—Las relaciones personales no influyen en los negocios. No en mi caso. Haré lo que tenía acordado con tu padre a expensas de lo que pudo pasar entre nosotros o lo que pueda pasar en el futuro. —Ignoró el gesto de Bella poniendo los ojos en blanco. —Te diré lo mismo que le dije a Charlie. Eres brillante, y no por ser Isabella Swan o haber estudiado en Harvard, y con un futuro prometedor. Pero si decides quedarte en la empresa, no habrá futuro que valga para ti.

— ¿Por qué?—Se cruzó de brazos, enfadada.

—El sueño de tu padre es que esta empresa sobreviva a su existencia. Y ese es mi objetivo. Tú careces de algo que esta empresa necesita para lograrlo.

— ¿Qué?—Susurró Bella.

Edward elevó su mano y sin vacilar la dirigió hacia el hermoso rostro de la joven, y con delicadeza no exenta de firmeza, la posó sobre el ángulo mandibular, notando en sus yemas como la suave textura de su piel se calentaba ante su contacto.

—Si lo llegases a descubrir, perderías tu esencia, aquello que hace que seas tan fascinante para mí—susurró con delicadeza.

Bella agarró la muñeca de Edward con la intención de liberarse de su contacto. Algo se lo impidió; tal vez fuese la fibrosa muñeca con sus fuertes vasos sanguíneos palpitando con vigor entre su piel y la yema de sus dedos. El caso que cada latido tenía la propiedad de convertir su sangre en un río de lava. Sentía como ardía por dentro sin llegar a quemarse.

Los labios de Edward se movieron para formular una frase, pero antes que el sonido llegase a sus oídos, alguien llamó a la puerta y se sintió como si la hubiesen abofeteado cuando Edward apartó la mano de su rostro.

—Señorita Swan—la llamó alguien desde el otro lado de la puerta.

Soltó todo el aire que había estado conteniendo, aliviada.

—Pase, señorita Tanner—la invitó con un tono de voz más alterado de lo que pretendía.

Una tímida adolescente de aires descuidados y con un gesto pícaro entró dedicándole una entusiasta sonrisa a Bella. Luego, se cohibió levemente ante la presencia de Edward.

—Lo siento si estaba ocupada—se disculpó. —Me habían dicho que estaba en su despacho y…

Bella se levantó para recibirla y pasar un brazo por encima de sus hombros. No se dio cuenta de la mirada de desaprobación que la dedicaba Edward. Le parecía que Bella se estaba implicando más allá de los contratos. Eso siempre era un error en el mundo empresarial.

—No estaba ocupada, Bree—la tuteó como si se tratase de una pequeña amiga del colegio. —Te estaba esperando. El señor Cullen sólo me hacía una visita de cortesía. Y hablando de eso—se dirigió a Edward y señaló a Bree: —Señorita Tanner, él es el señor Edward Cullen, uno de los socios mayoristas de la compañía. Va a estar un tiempo evaluando los aspectos de la empresa. Ya sabes, aburridos negocios.

Bree se mostró algo reticente a darle la mano, entrecerrando los ojos ante su presencia. Desconfiaba de su presencia. Fue Edward el que rompió la tensión dándole la mano y mostrándose bastante amable.

—He oído hablar mucho de usted, señorita Tanner. Estoy deseando ver su trabajo. Creo que mañana podré comprobar si su fama es merecida. Le deseo la mejor de las suertes con el contrato.

—Está casi hecho—dijo Bella bastante contenta. —Hoy tenemos que hacer las últimas pruebas y mañana, después de la evaluación del consejo, Bree tendrá su contrato.

—Se presenta otro antivirus. No quite la piel del oso antes de haberla cazado, señorita Swan—le advirtió Edward.

Bella resopló como si una mosca la estuviese molestando.

—Sí, lo sé. Es el del señor Ateara. Pero mi padre le ha concedido esta oportunidad como deferencia al señor Black—explicó. —Pero todo está decantado a favor de la señorita Tanner.

Edward se limitó a asentir en silencio aun sin estar del todo convencido. Bella decidió que ya era suficiente e instó a Bree a dirigirse a la sala de experimentación informática.

—Señorita Tanner, un placer. — Se despidió Edward. Bree inclinó la cabeza para corresponderle. Luego, éste se volvió hacia Bella: —La veré en casa, señorita Swan.

—Lo más probable, señor Cullen—contestó. Y salió hacia la sala con Bree.

Una vez en la sala y con los portátiles listos para la comprobación del antivirus, Bree decidió mostrarse sincera con Bella y confesarle los miedos que le surgían con la presencia del señor Cullen y que éste cambiase la decisión del consejo.

—Mi madre siempre me ha dicho que no me fie de los hombres guapos. Y éste tiene pinta de bastardo arrogante y, por supuesto, guapísimo.

Bella rió nerviosa.

—Sí, es un bastardo arrogante guapísimo. Pero no te preocupes, la última palabra en este proyecto la tiene mi padre y ya tienes el noventa por ciento de su sí. Mañana es la prueba de fuego.

Bree la miró preocupada.

— ¿Miedo escénico, señorita Tanner?—Trató de bromear para calmarla.

—No. Esto es mejor que trabajar para el FBI después de hackearles sus sistemas de defensa—se rió entre dientes. —No soy yo la que me preocupa, si no tú. Creo que al bastardo arrogante le gustas y tiene pinta de ser muy peligroso.

Bella carraspeó para quitarse una sensación incomoda del pecho e intentó tomárselo a broma.

—Soy una mujer comprometida. Por mucho que le guste no puede hacer nada contra ello.

La muchacha se encogió de hombros como si todo eso no fuese con ella.

—Tal vez si te pusieses el anillo de compromiso en el dedo, captaría la indirecta. Aunque no parece la clase de hombres que quieran entender las señales.

Bella miraba atentamente lo que Bree tecleaba en la pantalla para no tener que responderla. No estaba segura si quería que Edward comprendiese donde estaban los límites. A pesar de las advertencias de su padre y su propia experiencia, había algo muy dentro de ella que aún estaba insatisfecho.

Decidió quitárselo de la cabeza hablando con Bree mientras ésta se enfrascaba en millones sistemas binarios y los convertía en complicadas ecuaciones.

— ¿Qué tal va todo en casa?

Bree parecía absorta con el procedimiento pero tecleaba con más fuerza de lo debido y sus dedos empezaban a temblar.

—Tiene días—dijo en tono monocorde controlando sus emociones. —La nueva medicación parece más eficaz pero no por mucho tiempo. Es lo que el seguro médico nos ha proporcionado. Por supuesto, el trasplante, que sería lo que la salvaría, está fuera de nuestro alcance. Hasta que firme este contrato.

Apartó la mirada del ordenador para observar a Bella con los ojos llenos de esperanza.

—Claro que sí, Bree—susurró con un nudo en la garganta. —Este antivirus será un éxito y tú tendrás dinero más que suficiente para el trasplante de tu madre.

— ¡Hum! Espero que me sobre un poco para ir a una de esas universidades para niños ricos. Me gustaría darme el gusto de colarme en la elite—decidió bromear.

—Tendrás dinero de sobra para ir a la universidad que quieras. Incluso para hacer dos o tres carreras. O no hacer ninguna. Aunque te gustaría Harvard.

Bree negó con la cabeza.

—Demasiado elitista…Ya tengo el ojo puesto en la MIT.

Entre bromas y trabajo, Bree fue explicando a Bella el funcionamiento del antivirus, los sistemas compatibles, los códigos de activación y todas las posibilidades.

Estaban tan absortas que no notaron la presencia de alguien más en la sala.

Pero Jacob sí estaba pendiente de cada palabra de Bella y Bree. Obtuvo lo que necesitaba saber cuándo Bree pasó una copia del antivirus al ordenador de Bella y luego le entregó una memoria con forma de muñeco de Star Wars.

—En Darth Vader está el futuro de la galaxia. — Se rieron.

Jacob estaba frotándose las manos. Las únicas copias del antivirus estaban en el ordenador y la memoria que tenía Bella.

Sólo necesitaba que ésta se distrajese un momento y podría cogerlo para enviárselo a Quil. En casa tendría la ocasión.

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El jardín de la mansión Swan era una de las atracciones turísticas de la ciudad. Una vez al mes, el ala este se abría para los turistas durante medio día.

Hoy no era uno de esos días, por lo que Edward se permitió el lujo de estirar las piernas y observar de cerca aquel maravilloso paisaje del que sólo había visto un reflejo desde el gran ventanal de su habitación.

Tuvo que alabar el gusto de Charlie. Sin ser sobrecargado, al igual que el interior de la mansión, no le faltaba de nada. Cierto que se necesitaba unos cuidados especiales, y no menos de quince jardineros y especialistas de jardinería se encargaban de ello una vez a la semana.

Sólo el centro del jardín era lo que el propio Charlie se encargaba de cuidar. Justo antes de entrar por el invernadero oeste, había un lustroso manzano rodeado por una gran variedad de flores. Predominaban las orquídeas.

—Para mi padre, ese manzano es más importante que el valor de un millón de acciones. Lo plantó él mismo con sus propias manos.

Edward se volvió para mirar a Nessie. Había salido a correr por el jardín y, aún con la piel roja por el contacto con el sol, sudorosa y los rizos pegados a la cara y tan oscuros como el bronce oxidado, tuvo que admitir que su belleza no era inferior a la sus demonios. Nada que envidiar a Rosalie, Heidi o Tanya.

Sin embargo, era una belleza muy inerte. Su sonrisa lasciva era una mueca y sus bellos rasgos se desdibujaban en una máscara. Simuló un gesto de contrariedad. No entendía por qué Nessie no ejercía en él una millonésima parte de atracción de lo que lo hacía su hermana. Sin embargo, la sonrió de tal forma que ésta lo interpretó como una invitación a acercarse a él.

Con movimientos ligeros y bastante ensayados, ésta apoyó sus manos sobre los hombros y le dedicó un coqueto parpadeo.

— ¿Sabes cómo llama mi padre a este jardín?—Preguntó con voz provocadora.

—No—simuló Edward siguiéndola el juego. —Pero apuesto a que usted va a decírmelo, señorita Swan.

Ésta se acercó sus labios hacia su oreja y rozando sus labios al lóbulo de la oreja—acción que dejó a Edward completamente indiferente—y le susurró:

—Vas a quedarte mucho tiempo. Creo que podremos tener la suficiente confianza para no tratarnos como dos desconocidos. Quiero oír cómo me llamas Nessie, Edward.

Éste intentó seguirla el juego y no alejarla para reírse de ella. Estaba jugando con él. Sólo quería comprobar que poder podría ejercer sobre su ego masculino. Nessie era una criatura astuta que usaba su belleza natural para conseguir sus propios objetivos. Todo mecánico. Sin emociones de por medio.

Tal vez, con Jacob fuese diferente. El único hombre al que ella amaba y no podía tener. La mayor maldición era ser correspondida pero que éste estuviese limitado por su propia ambición.

—Bien, Nessie, estoy esperando que me digas cómo llaman a este jardín—le dijo con voz suave pero sin faltarle un deje autoritario y hastío por aquel estúpido juego.

Nessie se rió falsamente y fingió seguir con aquella actuación. El brillo de sus ojos la traicionó. Edward le había mandado el mensaje de no ser uno más para escalar puesto en el maquiavélico plan que tuviese en mente, y ella se sentía traicionada. Por eso, dejó de tocarle y se alejó unos centímetros de su cuerpo.

—Lo llaman el Edén. Cuando mi padre empezó a construir esta casa, lo primero que plantó fue este manzano—señaló al imponente árbol. —Para él, fue el principio de todo. Su símbolo de poder.

—Muy propio de Charlie—aprobó Edward mirándolo fijamente.

Una vez que se aseguró que Nessie había captado el mensaje, le propuso una tregua y se mostró cortes con ella.

— ¿No tienes que trabajar esta noche?

—Día libre—negó con la cabeza.

—Me alegro verte durante el día. La noche no es buena amiga para nadie.

Recogiéndose el pelo en una coleta, ésta dibujó una sonrisa dura.

—No es una amiga, pero sí una aliada, Edward—dijo con misterio. —La oscuridad se funde con la oscuridad y el corazón de los hombres está lleno de sombras.

Se iba a alejar de allí, pero Edward la llamó:

—No sería un buen huésped si no te diese un consejo. Tómalo o déjalo según te convenga.

Ésta se encogió de hombros como si se resignase a escuchar un sermón.

—Aún puedes parar lo que te estés proponiendo. Porque si no lo consigues pronto, llegarás a los cuarenta, tu belleza se marchitará y te convertirás en una sombra de amargura y odio.

Ella se burló de sus palabras.

— ¿Le cuento un secreto, señor Cullen?—Ya no era Edward. —Eso no ocurrirá porque me propongo conseguirlo antes de los treinta.

Y se fue dejándole en medio del camino como si fuese un molesto guijarro eliminado de sus deportivas.

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Charlie entendía la palabra descanso cuando se sentaba cómodamente en su sofá de cuero blanco y veía el partido de baloncesto, bebiendo un botellín de cerveza a morro. Y aún era mejor cuando Bella se tumbaba en los cojines a su lado y apoyaba su cabeza sobre su hombro.

Ella odiaba los deportes pero quería compartir un par de horas al día con su padre lejos del agobiante ambiente de la empresa. Sólo como Bella y Charlie. Padre e hija.

Ésta empezó a reírse cuando su padre se exaltó por alguna jugada sucia del equipo contrario y llenó de insultos al árbitro y a la madre de éste. Bebió de su botellín de agua y pronto, se exaltó cuando vio aparecer a Edward, se incorporó sentándose recta y tensa mientras él se sentaba en el sofá y se ponía lo más cómodo posible.

—Sí, Edward, siéntate y ponte cómodo. ¡Como si estés en tu casa!—Repuso sarcásticamente ante el silencio de Charlie.

Charlie puso los ojos en blanco.

— ¿Desde cuándo necesitas una invitación? Siempre haces lo que quieres.

—Me gusta el protocolo. Ese gran olvidado en la educación de valores de hoy.

Oyó a Charlie refunfuñar algo sobre quién era el más indicado, al final acabó resignándose y ofrecerle una cerveza que su invitado rechazó amablemente.

—Debería subir a cambiarme. Dentro de media hora, Alice y Jasper vendrán a cenar—susurró Bella a su padre aunque lo suficientemente alto para que su invitado la oyese. —Y tú deberías hacer lo mismo.

Se volvió hacia Edward y le dijo:

—No hace falta invitación para que acudas, ¿no es así?

—Estaré encantado de conocer a tu amiga y su novio—respondió agradablemente. —Sobre todo, porque quiero conocer a otra Cullen. Compartimos apellido.

—Ya me he dado cuenta.

— ¿Sabes que Cullen es un apellido con raíz gaélica? Significa belleza oscura.

Bella tuvo que admitir que se ajustaba a la perfección con Edward.

—No sé si Alice se podría definir como una belleza oscura; es la persona más buena e integra que he conocido—añadió. Charlie la dio la razón, asintiendo.

—Si no es mucha molestia, me gustaría que una amiga me acompañase—pidió Edward bajando los ojos inocentemente. —Sé que es una cena algo intima entre los amigos y no me gustaría imponer a nadie ajeno al círculo.

Extrañamente, Charlie se sintió bastante aliviado y le sugirió que la invitase. Bella aparentó permanecer indiferente y no entendía porque estaba pellizcando con fuerza el posabrazos del sofá.

— ¿Qué día de la semana corresponde esta vez? ¿Martes, Miércoles o Jueves?—Intentaba sonar jocosa pero por el dolor de la garganta comprendió que había sido hiriente. Por eso esquivó la mirada reprobatoria de su padre.

—Creo que ella prefiere que la llamen Heidi—la reprendió sin alterar su volumen de voz. —Pienso que sería un buen momento para conocer a vuestra nueva relaciones públicas.

Finalmente, Bella se levantó, dio un beso a su padre en la frente y susurró entre su piel:

—Por favor, por el bien de la paz en las cenas de familia, intenta que Jacob se comporte lo mejor posible o Alice no pondrá ningún impedimento en usar magia negra contra él.

Su padre la acarició el brazo y ésta se marchó rápidamente sin volverse hacia Edward. Tenía la sensación que tenía su intensa mirada vigilando cada paso. Una ducha no le vendría mal después de todo.

Charlie se cruzó de brazos frunciendo el ceño mientras Edward, ignorando el disgusto de su anfitrión, dejó de mirar las escaleras una vez desapareció la figura de Bella. Suspiró levemente y miró a Charlie con una amplia sonrisa.

— ¿Belleza oscura?—Charlie escupió cada palabra rebosando el sarcasmo en ellas. —Debo felicitarte por la elección de cuerpo, ¿no crees?

Edward pestañeó con pretendida inocencia.

—Todas las noches de Walpurgis tengo que escoger un cuerpo para acercarme a los humanos. En mi verdadera forma, no me es posible interactuar con vosotros. No te preocupes tanto por el chico. Será como si nada hubiese pasado.

Charlie no sabía si debía creerle.

— ¿Escogiste este cuerpo por una razón especial?

Por primera vez, Edward se calló. Parecía que tenía que pensar la respuesta. Finalmente, susurró no muy convincente:

—Era un chico muy hermoso…Y ya sabes lo elementales que sois los humanos. Sois vulnerables a la belleza. Eso es algo que aún el señor Arquitecto del universo parece no haberse enterado y nos da una cierta ventaja sobre vuestro talón de Aquiles.

Charlie rió tenuemente aunque no sentía la alegría en ningún momento.

— ¿Por qué tengo la razón que no me estás siendo sincero con esto y que has cogido este cuerpo con algún propósito?

La expresión de Edward era inmutable. Sus palabras, sin embargo, transmitían una frialdad que hicieron que los nervios de Charlie se activasen y su mano empezase a temblar. Y sus palabras fueron matizadas por el brillo metálico y siniestro de sus ojos verdes.

—Si para ti el final será el mismo, ¿qué puede importarte mis razones?

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.

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Literalmente, Alice se tiró a los brazos de Charlie en cuanto Leah abrió la puerta. Era pequeña, pero, aún así, tuvo el suficiente impulso para que el cuerpo de Charlie se echase para atrás.

—Yo también me alegro de verte, Alice—se rió. Le gustaba que la mejor amiga de su hija le tratase con esa naturalidad.

Luego se volvió hacia un tranquilo Jasper que observaba la escena con una sonrisa burlona en sus labios. Le saludó con la cabeza:

—También me alegro de verte a ti, hijo.

—Señor Swan—correspondió educado. Se aseguró que su novia se desprendía de su abrazo y dejaba libre a Charlie. Le ofreció una botella de vino. —Un obsequio para el anfitrión. Una botella de vino de la cosecha de mi tío. Se ha trasladado al sur de California y está probando suerte con la enología. Ésta es su primer intento. O nos encantará o nos envenenaremos con ella.

Ambos se rieron y Charlie le dio unos golpecitos en la espalda.

—Un detalle, hijo. Lo probaremos mientras esperamos la cena. Tenemos invitados.

—Bella me ha contado algo de eso. Tengo interés en conocer al pobre desgraciado que se ha metido en la cueva del lobo—bromeó Alice.

Miró la sonrisa tensa de Charlie y frunció el ceño, intuyendo que el padre de su amiga no estaba muy conforme con su nuevo socio.

— ¿Pasa algo malo con el nuevo socio, Charlie?—inquirió preocupada.

El aludido pareció no haberla oído. Su expresión indicaba que se hallaba sumido en sus pensamientos. Parpadeó confuso y pareció estar viendo a Alice por primera vez.

—Lo siento, estaba pensando en mis cosas. Nunca logro desconectar del todo con el trabajo—se disculpó. — ¿Si pasa algo malo con el nuevo socio? ¡Hum! No sé realmente. Estoy metido en un negocio peligroso y nunca se puede confiar del todo en la persona con quien embarcas.

—Es el axioma de los negocios, Allie—añadió Jasper mientras la acariciaba el brazo. —Si no te arriesgas, no ganas. Aunque deberías saberlo ahora que nos hemos enfrascado en uno.

—Pero yo sí confío en ti, Jazz. —Le miró con ojos tiernos.

—Y yo en ti. —Se rió entre dientes.

Desde que había entrado en la casa, una sensación de frío había invadido su cuerpo, pero ahora se le había calado tan hondo que Alice tuvo que abrazarse a sí misma para entrar en calor. Su cuerpo empezó a temblar y los dientes hacían fricción castañeando violentamente.

—¿No tenéis frío?—Tartamudeó mientras preguntaba a los dos hombres, preocupados por ella.—…En esta casa…no…no hacía tanto frío…no sé qué…

Jasper la abrazó frotando vigorosamente su brazo con la esperanza de entrar en calor.

— ¿No te habrás puesto enferma? Cuando has salido del bar estabas estupendamente.

Violentamente, a consecuencia de los escalofríos, negó violentamente con la cabeza.

—Charlie, creo que…voy a subir…a la habitación de Bella y cogerle una chaqueta. De paso, iré a buscarla…

En realidad, quería comprobar si el frío se extendía por la casa o era algo que se había instalado en el comedor; si de algo estaba segura, era que no se trataba de algo natural. ¿Qué estaba pasando?

En el pasillo que conducía a las habitaciones, el frío no había disminuido.

Pero pronto hubo un acontecimiento que le hizo olvidarse de la temperatura.

Vio salir a un alterado Jacob de la habitación de su amiga, apretando el maletín de un portátil con el brazo, como si tuviese que protegerlo de algo. Mirando de un lado a otro, éste descubrió a la amiga de su prometida, cruzando los brazos y pataleando el suelo con sus tacones, impaciente. Incluso, resopló exageradamente para quitarse un pelo de los ojos.

Se conocían lo suficiente para simular una tregua entre ellos. El tiempo de la fría cortesía había pasado para ellos.

— ¿Qué se supone que estabas haciendo en la habitación de Bella, Jacob Black?—Preguntó molesta. Estaba segura que Bella no se encontraba dentro.

El temor de Jacob se convirtió en ira y le permitió envalentonarse con ella. Ese era el efecto que la molesta amiga de Bella producía en él.

—Eso mismo es lo que me pregunto yo.

—Tengo permiso para entrar. Quiero coger prestada una chaqueta.

Jacob la observó de arriba debajo, burlón.

—Espero que no te pierdas entre los hilos, pequeña.

—Te repito la pregunta, Black: ¿Qué haces en la habitación de Bella?—Perdió la paciencia.

—Soy su prometido—contestó presuntuoso, como si no tuviese que estar dando explicaciones a nadie.

—Siendo su prometido o no, existe la propiedad privada, amigo.

Harto de este intercambio de acusaciones, Jacob decidió cortar por lo sano. Tenía cosas más importantes que estar discutiendo con esa maldita enana toda la noche. Y Alice pensaba lo mismo. No iba a dedicarle un minuto más a sus gilipolleces.

A regañadientes, abrió la puerta de la habitación, la sostuvo para que ésta pasase, y a modo de despedida, añadió provocándola:

—Procura no hacer ninguna de las tuyas para maldecirme con un gatillazo en la cama, bruja. Aunque toda magia se basa en la sugestión y yo tengo mucha seguridad en mi virilidad. Sí, puedes imaginártela muy grande y firme. Todo un hombre. Pregúntaselo a Bella.

Antes de cerrar la puerta de un portazo, Alice le dedicó un gesto obsceno.

La burla fue sustituida por el alivio de no haber sido sometido a un tercer grado por aquella entrometida. Sólo esperaba que no fuese con el cuento a Bella y ésta atase cabo de lo que pretendía.

Necesitaba ese antivirus y mandárselo a Quil cuanto antes.

Anduvo lo más deprisa que tuvo, aún agradecido por haberse encontrado con Alice y no con Edward.

No hubiese necesitado una sola pregunta para saber qué era lo que estaba planeando. Con una fría mirada le hubiese bastado. Y todo se hubiese acabado para él.

"Edward Cullen". Su boca se llenó de bilis. Cuanto había aprendido a odiar ese nombre en menos de cuarenta y ocho horas.

Se prometió que cuando terminase el asunto de Quil, no ahorraría esfuerzos para desenmascarar a aquel cabrón y destruirle.

La prioridad era llegar vivo a mañana y eliminando la competencia para Quil.

En la sala de informática de la casa no había nadie, por lo tanto, tranquilamente, se puso manos a la obra.

Sacó de su bolsillo el USB y se dispuso a encender el ordenador. Chasqueó frustrado cuando se le pidió la contraseña para entrar. Debía haberlo imaginado. Aunque tenía una ligera idea de cuál podía ser.

"Jacobandbella2011", tecleó.

Dio error.

Volvió a intentar:

"Bellalovesjacob2011"

Error de nuevo.

Pasó los dedos por su pelo, nervioso, mientras intentaba combinar sus nombres con distintos números. Nada.

Golpeó la mesa con los puños, completamente frustrado, sin saber a qué más recurrir.

— ¡Mierda, Bells! ¡Quieres joderme en todos lados menos en la cama!

— ¿Por qué no lo intentas con: Missdewinter2010?—Una voz femenina surgió desde el extremo de la sala. Aterrado, Jacob se volvió y se topó con una sonriente Nessie que se iba acercando peligrosamente a él. — ¿Qué clase de prometido eres que no sabes que Rebecca es uno de sus libros favoritos?

Se puso las manos en el corazón y fingió sentirse muy compungida.

—Vas a romper su pequeño corazoncito al no conocer esa clase de detalles.

Jacob decidió probar con lo que había dicho Nessie, — que ya había cogido una silla y se sentaba a su lado, observando lo que hacía—, y abrió los ojos como platos cuando vio que la contraseña funcionaba.

Con un sentimiento de agradecimiento, se volvió hacia ella, mostrándola una sonrisa radiante. Se le quedó congelada en los labios. Aquella noche estaba aún más hermosa con su pelo ondulado suelto y su vestido de satén rojo que destacaba a la perfección cada una de sus curvas.

Ella se dio cuenta que la estaba adorando con la mirada, pero prefirió hacerle sufrir y volvió la cabeza hacia sus pulidas uñas, comparando como el color rojo de éstas resaltaban en la oscuridad.

—Mi querido Jake—susurró con voz distraída mientras tecleaba la madera de la mesa—, ¿vas a contarme por qué has cogido el ordenador de Bella? Porque si lo has hecho para dar un escarmiento a esa zorra con ínfulas de santa, podrías haber acudido a mí desde el principio.


Y esto empieza a adquirir forma y color. Lo peor (lo mejor) está por llegar.

No todo tiene que ser malo y esta vez os tengo que dar las gracias por haber sido más empaticas y comprensivas y haber aumentado el número de rrs (No siempre vamos a tener dramas y voy a resaltar lo negativo). ¿Se puede mejorar? Sí. ¿Pueden las que sólo ponen follows y favoritos dejar de ser anonimos y dejar su opinión en forma de rr? también, pero que sepais que estoy muy contenta de como han ido las cosas. Así se puede hacer las cosas y es un paso para que todo funcione. Muchas gracias, chicas, por leer y comentar. ¡Y bienvenida a las nuevas! No sabeis como aprecio el tiempo que me dedicais cuando escribis un rr. Y antes de ponerme pesada, dos cosas:

-La primera: Tengo la extraña tradición de compartir mi cumpleaños y uno o dos días antes subir un capitulo como celebración. Este año debido a que posiblemente no estaré, consideraré éste como el capitulo pre-cumplañero. ¿El mejor regalo que me podeis hacer? Vuestros rrs. ^^) Dar a la tecla donde pone rr y regalarme cinco minutos de vuestro tiempo. Más sencillo, imposible.

-La segunda: Uno de los rrs, anonimo, y sin identificar me ha preguntado si este fic va a ser un estilo a fifty shades of grey o ese estilo. Siempre hablando desde el respeto entre autoras y escritoras que le guste esa clase de historias, dire que no son mi estilo favorito y desde luego esta historia no va en esa linea. Es una historia oscura con una linea más sexual y violenta de lo que estoy acostumbrada, pero nada que ver con ese estilo de fics. Lo ireis viendo con el tiempo.

Y de nuevo, nos vemos en este u otros fics dentro de muy poco. No os dará tiempo a echarme de menos.

Hasta la proxima y sed buenas:

Maggie ^^)