- ¡Damon! ¡DAMON!

El aludido tragó en seco. Y maldijo el momento en que le dio las llaves de su apartamento a la pequeña pelirroja a quien ama.

Pequeña no hubiera podido con la puerta, claro que no. ¿Por qué le di las llaves? ¿POR QUEEÉ?

Porque fantaseabas con que te sorprendiera en medio de la noche, genio. Esa fue su conciencia.

Es por una buena razón, recordó.

Bonnie entró con un torbellino de furia al apartamento, buscando a su reciente novio: Damon Salvatore.

Se preguntaran en qué momento sucedió esto del nuevo e inesperado noviazgo. Bueno, al confesarle él a ella que todo fue una tomada de pelo, Bonnie se sintió aliviada, y luego estresada, no le venían muy bien las bromas, así que con toda la fuerza de su voz le pidió amablemente a Damon que se fuera de su vida. Este, dolido en todo su ser, acepto, y le hizo caso al pie de la letra. Desapareció de su vida, no le llamó, no la busco, no volvió a acudir en la universidad ni acercarse a ella a diez kilómetros a la redonda.

Hasta aquí, perfecto.

Pero en esos días de tranquilidad, Bonnie comenzó a sentirse sola, y eso le desesperaba. Rápidamente se dio cuenta de que le hacía falta el vampiro que la amaba. Y también reconoció que ella lo amaba a él.

Lo llamó, lo buscó, y le dijo que estaba dispuesta a iniciar la relación que él le había propuesto múltiples veces… si aún seguía dispuesto. Damon no se hizo rogar.

Ahora, con una semana de relación, Bonnie se encontró… más bien, no encontró sus cosas en su departamentito, nada, absolutamente ninguna de sus pertenencias se encontraban allí.

- Pequeña… Sí, yo traje tus cosas aquí sin tu permiso. – reconoció con las manos arriba, como si fuera alguien al que han acusado de algo – Si quieres escucharme, puedo explicarlo.

Bonnie respiro, se tranquilizo, se acostó en uno de los sofás y le miro expectante.

- Hoy a la mañana iba de camino a verte. Estaba a punto de entrar al edificio cuando escuche ruidos sospechosos del callejón de al lado. Fui a ver, y vi a un hombre amenazando a una mujer. Ella estaba muy asustada, y trataba de pedir ayuda, pero él la callaba. Reconocí a la mujer. Era Maya…

- Wo wo wou. ¿Qué estaba haciendo ella en…? Bueno, no es el vecindario para ella.

Castaña, ojos azules, despampanante. Probablemente rica. Bonnie la recordaba. Rechinó los dientes.

- No lo sé, creo que el hombre la obligo a ir hasta allí. El hombre, Bon, es un violador que acaba de salir de prisión. – le informó mirándole seriamente a los ojos.

Bonnie trago en seco, no quería oír más, ¿Qué tenía que ver eso con que Damon haya llevado sus cosas al apartamento de Central Park?

- Hubiera estado a punto de abusar de ella si yo no los hubiera oído. Fui hacia ellos y llame a Maya, ella me reconoció y vino hacia corriendo, estaba temblando de miedo. El hombre me miro, como si me evaluara… pero creo que se dio cuenta que no tendría chances contra mí y se fue. Salió del callejón y yo lo seguí. Adivina dónde se metió…

- Quieres decir que…

- Vive en el mismo edificio que tu.

Se quedaron en silencio, Bonnie intentaba de sacarse de la mente la recreación de lo que Damon le contaba.

- No quiero que vuelvas allí. Vivirás aquí desde ahora.

Bonnie logró despejar su mente, y las últimas palabras calaron en su mente.

- Damon… eso es completamente innecesario. Yo puedo…

- Defenderte sola. Sabía que dirías eso. – suspiró de decepción – No lo entiendes. Es peligroso. Es mejor que estés aquí, y que no vuelvas nunca vuelvas allí. No es solo esa lacra, en ese vecindario, especialmente en ese edificio, solo viven delincuentes: ladrones, drogadictos, camellos, y depravados.

- Eso…

- Ah, sin contar a tu pobre vecina esquizofrénica de al lado que como no tiene con qué pagar su tratamiento, cree que todo el mundo le lee la mente y amenaza con cortarles el cuello. – Bonnie quiso contradecirle, pero Damon no se lo permitió – No soy ciego, Bon, ni sordo. Cada vez que iba a verte lo oía todo. Pero esto ya fue mi detonante. No te quiero allí. Tienes suerte de ese violador no te haya visto aun.

Bonnie no tenía ningún argumento para contradecirle, así que simplemente dijo:

- No puedes obligarme a quedarme aquí.

Damon sonrió, esa sonrisa desafiante.

- Puedes quemarme vivo si quieres. – dijo tranquilamente - PERO – Se acercó un paso – TU – otro paso – ALLÍ – otro paso – NO – otro paso – VUELVES – último paso ponerse encima de ella, acorralada entre el sofá y el cuerpo de su novio – MÁS.

- No puedes obligarme – volvió a decir ella.

- Puedo intentar… - le susurró al oído, a la pelirroja se le pudo la piel de gallina, sonó tan seductor –.

- ¿Cómo?

- Puedo seducirte.

Ella rió. Pero luego dejo de hacerlo, Damon hablaba completamente enserio, y ella sabía que si él se proponía seducirla, ella sucumbiría y… ¿Había algo malo en ello?

- Puedo enamorarte – le dio un beso en el cuello. – Y cuando lo logre, querrás vivir conmigo para siempre… ¿Qué piensas?

Que ya estoy enamorada de ti, pensó, pero no se lo dijo. En lugar de ello dijo:

- Convénceme.

No hizo falta decir más. Damon fue directo a sus labios, a los que beso lenta y suavemente, mientras le acariciaba los brazos. Ella no se quedo atrás, le respondió con avidez, abrazándolo, buscando más contacto, dejándose llevar.


A Bonnie le despertó el ruido de los pequeños pájaros cantando. El Sol ya se encontraba en su punto fuerte por lo que vio por la ventana. Damon no se encontraba a su lado.

Se levantó, y al darse cuenta de solo llevaba su braguita, se sintió cohibida y se puso su sostén – que se encontraba en el suelo – y la primera prenda que vio: una camiseta negra. De Damon. Le iba grande, pero no sabía dónde se encontraba su blusa y no tenía ganas de buscarla. Fue al baño, se lavo la cara, se cepilló los dientes, y fue hacia la cocina.

Pasó por el living. Damon no se encontraba allí. Se quedó para en el umbral de la entrada a la cocina. Al observarlo todo, pensó que ni aunque viviera toda la vida allí, no se acostumbraría a tanta grandeza.

Damon se levantó – estaba agachado –, cerró la puerta de la heladera y apareció en la vista de Bonnie.

Ella lo miró, recordando los tan vividos momentos de la noche anterior, y desvió la mirada, se sentía avergonzada. Además, él solo vestía un short deportivo, y eso le hacía recordar más y le intimidaba.

En la isla, él le puso un cuenco con leche y cereales, y una jarra con jugo. Ella se lo agradeció en silencio, y desayunó.

- Llamaron del cine preguntando por qué no has llegado. – Damon le comentó, a Bonnie se le aceleró el corazón al recordar que en ese momento tendría que estar en el trabajo – Les he dicho que no te sentías bien.

- ¿Qué han dicho?

- Que de seguro te sentías muy mal para faltar. Por lo que me han dado a entender, tienes la costumbre de acudir aunque parezcas a punto de morir.

- "Mejoraré" e iré. – dijo ella comiendo más rápido sus cereales.

Damon le miró con el ceño fruncido.

- Me gusta más mi idea de que tengas el día libre y la pases conmigo.

- ¿Para qué?

Bonnie vio el momentáneo brillo en los oscuros ojos de su novio. Que desaparecieron cuando él, fingiendo estar ofendido le dijo:

- ¿Acaso no quieres pasar el día conmigo?

- Debo trabajar.

- ¿No puedes darte un mísero día libre?

- No.

- Bueno, alégrate que desde hoy sí.

Él, para quedarse con la última palabra, se fue al living sin que ella le pudiera contestar. Prendió el televisor, y fingió estar interesado en el programa. Ella se sentó a su lado, y apoyó su cabeza en el hombro de él. Por varios minutos ambos fingieron ver la tele. Pero llegó el momento en el que dejaron de fingir.


Lo que importa es que acualizé. He estado ocupada con mis cosas, y bueno. Ahora estoy en una especie de depresión, y he encontrado el cap, lo he terminado y aquí está. Falta uno más para terminar el fic. No me van a extrañar, tengo muchas ideas más.

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Eva