(N/A): Mi primer fic, dios mío, y estoy hecha un flan.La verdad no sabría si considerar a esta historia como un long-fic o una serie de drabbles. Tal vez no sea ni una cosa ni la otra.

Mi idea principal es dividir el fic por edades (6, 10, 14 y 18 años), cada uno en dos partes e introducir entre ellos una especie de 'Interludio' a modo de explicación sobre qué ocurrió en esos años de diferencia. Pero como mi cabecita loca tiene idas y venidas muy raras puede acabar siendo algo totalmente diferente al planteamiento. Si es así avisaré con antelación para evitar sustos.

Lo he puesto en rating 'T' por palabras malsonantes (no es de extrañar que se escape algun que otro 'joder' de vez en cuando)

También quiero advertir que esto se trata de un UA (Universo Alterno), donde no hay técnicos ni armas, ni kishines ni ninguna de esas historias. Todos son personas normales con vidas normales (o tan normales como puedan llegar a ser)

Disclaimer: Estoy intentando convencer a Atsushi Ohkubo para que me de la propiedad de Soul Eater y así poder tener a Death the Kid y Soul atados a la pata de mi cama día sí y día también (lástima que no lo he conseguido).


VECINOS

"La amistad es un hilo sutil e indestructible que atraviesa la vida y todos sus cambios" (Federico Moccia)

6 años (1ª parte)

El verano de los seis años, justo antes de empezar el primer curso en el colegio, es el más importante para cualquier niño. Los nervios, la incertidumbre ante lo que va a pasar pueden hacer mella en cualquiera, provocar pesadillas y despertares nocturnos, excepto si se trata de la pequeña Maka Albarn.

La sola idea de estar nerviosa por empezar el curso se le antojaba ridícula, ¿Acaso vivía allí el hombre del saco? ¿Acaso comían niños para merendar? ¡Era una completa tontería! Además, ella sabía, porque había estado observando el calendario, que apenas había comenzado el mes de Mayo, con lo cual, si sus cálculos no le fallaban, aún le quedaban por delante cuatro maravillosos meses antes de empezar. Ese tiempo, que el resto de chavales de su edad aprovecharía para disfrutar de la libertad antes de entrar por primera vez en ese pseudo-infierno terrenal (ella lo llamaba simplemente 'colegio'), lo aprovecharía para hacer aquello que adoraba por encima de todo: leer.

Desde que aprendió a ponerse en pie, descubrió que se abría ante ella un lugar fascinante, un mundo dominado por unos extraños seres rectangulares que su padre se empeñaba en llamar 'libros'. Con apenas tres años le gustaba cogerlos y ojear las imágenes, deseando en su fuero interno poder comprender esa misteriosa algarabía de caracteres extraños que habitaban en su interior y parecían querer decirle algo. El problema es que ella no entendía el qué, y eso la frustraba.

El día que aprendió a leer lo estableció como el que marcaría un antes y un después en su vida.

Los libros la habían dotado de una asombrosa fuerza interna, un carácter tranquilo pero firme y una extraordinaria seguridad en si misma. Cuando el mundo de fuera la desesperaba se refugiaba en ellos, eran como su segundo hogar, donde se sentía llena e inmensamente feliz.

Esa mañana se encontraba sentada en su rincón preferido del jardín, debajo de un árbol, leyendo un libro que le había regalado su padre por sus recién cumplidos seis años. Generalmente los libros tenían la capacidad de abstraerla por completo y esa mañana no era diferente a ninguna otra. Hasta que de repente el sonido de una pelota muy cerca de ella hizo que levantara la cabeza.

—¡Eh tú, niñita pija! ¿Puedes devolverme la pelota?

Maka observó al dueño de aquella irritante voz con una expresión indescifrable. Hasta que comprendió quien era. Era el hijo del matrimonio que acababa de mudarse a la casa contigua apenas un par de meses antes. Cada vez que salía al jardín a leer veía a ese niño jugar con el balón (no comprendía como alguien podía poner tanta pasión en una absurda pelotita de plástico, como si le fuera la vida en ello) pero nunca había entablado conversación con él. Simplemente no le parecía necesario, aunque tenía aspecto de ser un buen chic…¡un momento!

—¿Cómo me has llamado?

—Niñita pija. —La sonrisita de suficiencia de aquel niño echó por tierra la buena impresión que Maka había tenido de él en un principio, e hizo nacer en ella una inexplicable necesidad de incrustarle el libro en la cabeza. Por imbécil. Pero, haciendo acopio de todo su autocontrol, se contuvo.

—No soy una niña pija —había que ser rápida al responder.

—Claro que lo eres. Te he estado observando cuando sales al jardín, siempre llevas un vestidito de flores, las coletitas y un estúpido libro en la mano. Eres muy aburrida ¿sabes? —afirmó categóricamente.

Maka tomó el balón entre las manos y se lo lanzó. Esa conversación le estaba haciendo perder la paciencia. Maldita pelota y maldito niño que le habían interrumpido la lectura.

—Te van a salir setas en la cabeza como sigas así —el niño parecía no dar tregua—. Creo que deberías aprender de mí. No me paso todo el día leyendo aburridos libros.

—Eres un presuntuoso. —Maka acababa de leer esa palabra en el libro, no estaba muy segura de lo que realmente significaba, pero creía adivinar que si la buscaba en el diccionario aparecería la definición junto a la foto de aquel crío.

Soul se quedó callado por un momento. No sabía que significaba la palabra "presuntuoso" pero dedujo por el tono que no se trataba precisamente de un halago.

—¡Aburrida!

—¡Inoportuno!

—¡Repelente!

En ese momento, una bola de barro surcó los aires y fue a estamparse en la cara del chico con un sonoro ¡PLAF! Y así, mientras grumos de tierra le bajaban por la cara, Soul declaró oficialmente la guerra a esa chica estúpida.

—Ahora verás.

Trepó ágilmente por la valla que separaba ambos jardines y quedó a unos metros de la niña. La batalla comenzó. La lluvia que había caído la noche anterior aún dejaba la tierra lo suficiente húmeda como para crear efectivos proyectiles que tirar al adversario con el fin de que este acabara en el suelo y se rindiera. Ninguno de los dos parecía dispuesto a dejarse vencer. Tras un buen rato de persecuciones, una bola de barro lanzada con una puntería asombrosa consiguió derribar a Maka.

Aún sin poder contener la risa, Soul se acercó a la niña, que tampoco paraba de reír, y le tendió la mano para ayudarla a levantarse.

—Por cierto, se me olvidaba presentarme, soy Soul Evans.

—Maka Albarn.

—Bonito nombre —concluyó— Eres una tiradora muy buena. Si no fuera por mi rapidez esa última bola habría acabado conmigo.

—Gracias. —Maka sonrió. La batalla había borrado toda predisposición en contra de aquel chico. Era simpático y muy divertido.

—Bueno, creo que ya es hora de que vuelva a casa.

—¡Pues yo quiero la revancha! —exclamó, y al momento se sorprendió de lo que ella misma acababa de decir. Hacía apenas una hora que, de haber tenido la oportunidad, habría colgado al chico de la rama más alta del árbol y ahora, sin embargo, no quería que se fuera. Se lo estaba pasando tan bien…

Soul la miró condescendiente.

—Comprendo que quieras que te gane de nuevo, pero voy hecho un asco y mis padres me castigarán como me pillen con la ropa así. Y probablemente los tuyos también cuando te vean.

Maka se dio un repaso a ella misma y comprendió que Soul tenía razón. Su aspecto era lamentable. Tenía trozos de barro enganchados en las coletas y el color de su vestido era difícilmente inidentificable debido al barro y a las hojas. Estaba hecha un completo desastre, pero nunca antes en su vida había disfrutado tanto.

—¿Cuándo nos veremos de nuevo? —preguntó. La venganza era un plato que se servía frío y ella estaba dispuesta a esperar, solo para posteriormente regocijarse en la imagen del chico acribillado a bolas de barro.

El chico pareció meditarlo brevemente.

—La ventana de mi habitación está enfrente de la tuya, podríamos asomarnos y avisarnos desde ahí.

Maka negó con la cabeza, le parecía una forma excesivamente ruidosa, además podrían pillar a sus padres durmiendo y casi seguro los castigarían. Así se lo hizo saber.

—Tienes razón —asintió—. Entonces, ¿cómo lo hacemos?

—Estoy pensando, estoy pensando.

Maka miró en derredor. Tenía que existir alguna forma de poder comunicarse sin que sus padres se molestaran por ello. Distraídamente golpeó con el pie una piedrecita que fue a rebotar contra la valla que separaba ambos jardines. Aquello le dio una idea.

—¡Ya lo tengo! —exclamó, haciendo que Soul se sobresaltara—. Podríamos coger un puñado de estas piedrecitas y cuando uno de los dos quiera avisar al otro, simplemente lanzaría una de ellas a la ventana. De lo único que tendríamos que ocuparnos es de mantenerla siempre abierta.

—Pero, ¿y si quisiera avisarte pero no estás en casa en ese momento?

—Pues cuando volviera a entrar a mi habitación vería una piedra en el suelo y sabría que me habías estado buscando —a Maka le gustaba no dejar ningún cabo suelto—. Yo creo que es lo mejor que podríamos hacer.

—Estoy totalmente de acuerdo —coincidió Soul. Se agachó y cogió un puñado de piedrecillas grises. Maka lo imitó.

—Entonces hasta pronto, Soul.

—¡Hasta pronto!

La chica lo contempló saltar la valla y despedirse de ella con una sonrisa. Cogió el libro que había dejado bajo el árbol y decidió que ya era hora de entrar en casa. Hasta ese momento, no se había percatado de lo tarde que era. Había pasado un rato tan agradable que había perdido la noción del tiempo. No obstante, antes de franquear la puerta, se detuvo para echar un último vistazo a la casa contigua, creyendo poder adivinar la silueta de Soul a través de la ventana del piso de abajo.

Soul.

Ciertamente, si algo le había llamado la atención de aquel niño, aparte del peculiar color blanco de su pelo, eran sus ojos. De un rojo tan intenso como la manzana que había comido esa mañana. Años después los definiría como 'fascinantes', pero, en ese momento, no encontró en su vocabulario ningún adjetivo que pudiera describirlos. No obstante tampoco le dio mayor importancia y, sujetando firmemente el libro, se metió en su casa.

Tenía seis años.

No era edad para ese tipo de apreciaciones.


(N/A)

*Inspira, respira*

Y hasta aquí el primer capítulo.

No os dudéis en comentar cualquier fallo que encontréis (alguna barbaridad se habrá colado, fijo).

'Reviewead', mis pequeños, 'Reviewead'.