Sí, lo sé. Debería estar adelantando en mis otros fics, los cuales tengo francamente abandonados. Pero no pude resistirme a escribir esto. Ya saben, la inspiración aparece en diferentes formas y no siempre en las que nosotras esperamos. Espero que, a las que ya me leen, esto les guste, y a las que no me han leído nunca... bueno, prepárense para un festival de rarezas y giros extrañísimos xD

Ya más en serio, espero que les guste ésta locura de la cual tuve que liberarme. Eso sí, no esperen continuidad. Tengo un par de problemas familiares que debo resolver, y que me obligan a estar desconectada la mayor parte de los días. Prometo -pues es todo lo que puedo prometer- un capítulo todos los meses. Ese es el plazo que puedo cumplir, y en caso de que no lo haga, pueden tirarme todos los tomates que quieran -de cualquier forma, mi casa ya tiene protecciones xDD.

Bueno, eso. Adiós, y espero que les guste.

DISCLAIMER: NARUTO Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, SINO A MASASHI KISHIMOTO


Mi jodida vida


Capítulo I


Un corte, y empezaba la liberación. Sentí como todo comenzaba a girar lentamente a mí alrededor. Un corte, era todo lo que necesitaba. Era todo lo que deseaba. Cerré de un portazo la puerta de mi habitación y me tiré en la cama, estirando el brazo para desordenar -aun más- las cosas que tenía bajo ésta. Hasta que, al fin, lo encontré. Un pequeño maletín, que parecía de esos de maquillaje, cerrado por un código que sólo yo conocía, y tan fácil que me parecía ridículo.

Introduje la combinación -0000, a saber- y comencé una nueva búsqueda, esta vez por el pequeño hilito que me llevaría arriba. Muy arriba. Estuve un buen rato revolviendo el contenido de mi maletín. Ahí era donde guardaba todas las chucherías que significaban algo para mí, o que no significaban nada en absoluto, pero que me recordaban ciertos episodios que era mejor no olvidar. Ahí estaba el sujetador de cabello rosa, que usé sólo una vez: el día que descubrí lo que significaba la palabra "divorcio". Un poco más abajo, se encontraba una carta hecha por una amiga de primaria, que ahora se había convertido en la putita consentida del Internado donde mi padre me inscribió. También estaba, por supuesto, la foto en la que salíamos mi ex novio y yo.

Por unos momentos, me quedé viéndola. Habíamos ido a un paseo de curso a la playa, y en esta particular imagen salíamos yo, riendo con una alegría que ahora me parecía un insulto, siendo abrazada por Deidara, mi novio, también con una sonrisa de oreja a oreja, aunque la mitad de esta se ocultaba por el largo flequillo de su pelo rubio. Examinando bien la foto, había algo fuera de lugar. Mas bien dicho, alguien. Detrás de Deidara, y casi cortado por la mitad, se encontraba su mejor amigo, Sasori, con el cabello rojo despeinado y una mirada de odio que, aun ahora, me parecía exagerada. En su momento, mis amigas –esas que ya no estaban- y yo habíamos creído que la furia era dirigida a Dei, y armamos una linda historia de amor trágico, en la que Sasori me amaba y yo no le correspondía.

Sin embargo, la realidad era completamente diferente, aunque no tan alejada de la idea principal. Porque si había alguien enamorado de otro, y éste no tenía idea, así como también existía el impedimento de un tercero. Pero los roles estaban cambiados. De una forma en la que me horrorizó en un principio. Resultó que Sasori estaba –algo asi como- enamorado de Deidara, pero como este estaba conmigo, no le prestaba mucha atención a su mejor amigo, y en consecuencia, el pelirrojo me odiaba. No obstante, las cosas resultaron bien. Al menos, para esos dos. En una fiesta de fin de año, ambos estaban tan borrachos, que terminaron teniendo relaciones, para luego anunciar a los cuatro vientos que eran una feliz pareja de homosexuales. Yo no habría tenido mayores problemas, si las burlas no hubieran sido tan crueles. Mis amigas desaparecieron en un santiamén, ahuyentadas por los rumores que corrían de que yo "transformaba" a las personas en… bueno, no es difícil imaginarse en qué. Después de eso, me gané el oprobio escolar, y nadie me volvió a hablar en los siguientes dos años. De hecho, nadie lo hacía, hasta ese día, en el que me encontraba recordando esos momentos, y confirmando que la estupidez humana puede dar para mucho. Demasiado, en mi opinión.

Rompiendo la fotografía en dos –no le veía uso práctico si, de todas formas, seguían recordándomelo a cada rato en los pasillos-, seguí rebuscando, impaciente, por el estúpido hilillo. Mis memorias eran tan claras ahora, que sentía la imperiosa necesidad de escaparme. Y yo conocía la única forma de hacerlo. La única que me funcionaba, por lo demás. Había probado de todo. Desde esa especie de harinilla que se aspiraba, hasta los cristalitos que se inyectaban. Pero nada funcionaba tan bien como mi método. Nada lograba hacer desaparecer todo de la misma forma que aquello. Y estaba desesperada, buscando el maldito pedazo de hilo que, una vez terminara mi "sesión", desaparecería definitivamente. No podía darme el lujo de esperar tanto en momento como estos.

Encontrando finalmente el delgado pedazo color negro –el fondo del maletín también era negro, por lo que se mimetizaba perfectamente-, lo jalé y vislumbré el brillo de mi salvación personal. Tomándolo por la empuñadura negra de cuero falso, lo alcé hasta que quedó a la altura de mis ojos. Girándolo un par de veces, comprobé el filo. Perfecto, como siempre. Periódicamente, y si no lo hacía en uno de mis arrebatos, lo afilaba, con una piedra que le había arrebatado a la cocinera. Era mi amiga, la única que tenía en ese lugar infernal, y siempre me dejaba entrar, aún cuando estaba estrictamente prohibido. De cualquier forma, no era como si yo hiciera grandes escándalos. Era más de las calladas. Tampoco era como si tuviera una comitiva detrás de mí a cada paso que daba, tomando nota de mis palabras como si fueran palabras sacras. No, tal no era el caso. En algún momento, hace mucho tiempo, me había considerado a mí misma lo suficientemente importante. Pero ahora. No, ya no.

Respirando hondo, dirigí el cuchillo a mi muñeca, cerrando los ojos cuando el objeto penetró mi carne. La sensación era sublime, y el éxtasis estaba haciendo que de mi boca escaparan gemidos placenteros. Era mi droga, mi salvación y mi perdición. Era lo único que me llevaba lejos de la mierda en la que estaba sumida. Sabía que estaba mal, en algún lugar consciente de mi mente, pero no podía dejarlo. Era adicta a cortarme, a hacerme daño. No estaba en condiciones de abandonarlo. No era capaz de decir que no, aún cuando la única tentadora era yo. Tenía consciencia de lo que debía hacer, pero no quería, ni pensaba, hacerlo. Si los políticos podían gobernar países enteros con drogas, entonces yo podría hacer cualquier cosa. Lo que quisiera.

Mordiéndome el labio inferior con fuerza, para retener los gemidos, pasé de nuevo el cuchillo, de forma horizontal –pues no era idiota tampoco-, por mis muñecas, cuidando de no traspasar los límites de las muñequeras que utilizaba para cubrir las cicatrices. Se sentía tan endemoniadamente bien, que decidí realizar un último corte. Sólo uno más, y lo dejaría, para limpiar todo y dirigirme, una vez más, a clases, dónde estaría mejor preparada para enfrentar la selva en la que se había convertido ese internado del demonio.

Dicho y hecho, un último corte y me forcé a apartar el filo de mi cuerpo. Debía ser fuerte, pues ya me había pasado, en reiteradas ocasiones, que me cortaba más de lo previsto, y terminaba casi muriendo desangrada en el piso de mi cuarto, hasta que alguien -usualmente, una auxiliar de aseo- me encontraba y me curaba. Sin embargo, debía admitir que la sensación de equilibro con el mundo era incluso mayor en esas ocasiones, por lo que yo creía –en mis delirios de adicta- que estaba bastante justificado un pequeño desliz por semestre. Eran dos en total al año, sin contar el que me permitía en vacaciones de verano –aunque este no era tan consciente, programado ni controlado como los otros- y no le hacían daño a nadie. Corrección. A nadie más que a mí, y me importaba un comino. Todos felices, literalmente.

Levantándome de la cama, me encaminé al cuarto de baño que tenía y compartía con una chica de primero. Bueno, eso en teoría, pues la chiquilla, en cuanto escuchó de mi "fama", desapareció, y no la había vuelto a ver en estos lugares. Lo cual me venía de perillas, considerando todo. Limpié meticulosamente el filo, para luego tomar un poco de lejía que tenía guardada en el estante, debajo del lavamanos, y limpiar el borde de la porcelana, siguiendo por el piso, hasta llegar al borde de mi cama. Fruncí los labios al ver un par de manchitas sobre el edredón, de color negro. Bueno, cuando se secara, lo lavaría y sacaría las machas. Ahora, estaba atrasada, y aunque mi profesor de Historia siempre llegaba tarde, prefería no arriesgarme. Que Kami me salve de ganarme una amonestación por llegar tarde.

Sonriendo irónicamente, salí de mi cuarto, cerrando con llave una vez estuve afuera. Era muy cuidadosa, pero mis compañeros eran demasiado cotillas, y los rumores de por qué usaba muñequeras ya habían comenzado a correr por todas partes. Lo gracioso era que, cuando se acercaban a la verdad, negaban con la cabeza, como si no me creyeran capaz de hacerlo.

Queridos estúpidos, soy capaz de eso y más. Mucho más.


Em... jejeje... sí, lo sé. Es algo sumamente extraño y, probablemente, retorcido. Sólo puedo decir en mi defensa que es lo que se me vino a la mente, y que sólo pude dormir en paz cuando lo empecé a escribir. Y ahora estoy con insomnio xDD. Quisiera aclarar un punto: yo no me corto, nunca me he cortado, y no creo que lo haga en un futuro próximo. Simplemente, quise poner en evidencia lo ridículos que pueden ser los prejuicios -o juicios erróneos- que hacen los seres humanos al conocer -o ver, siquiera- a una persona diferente. O lo mal que se puede portar la sociedad cuando te escapas de los esquemas establecidos. Eso sí me ha ocurrido. Fui prejuzgada y rechazada por todas las razones incorrectas, y ahora me he dado cuenta que eso me hizo quién soy, quién seré, y que estoy -de alguna forma- agradecida de todo ello.

Espero que les haya gustado. Este fic, a pesar de todo, es bastante sociable, y le gusta conversar. Si quieren hacerlo, sólo aprieten el botoncito con letras azules de abajo, y dejen su comentario. No prometo responderles a la brevedad, pero sí lo haré, en algún momento, y espero que lo entiendan.

Gracias de antemano y nos estamos leyendo ^^

TemaLove16