Disclaimer: Sí, Yana Toboso no me quiere entregar los derechos de Kuroshitsuji (?).

Advertencias: Medio angst, cannon y demás defectos.

Vanilla dice... Amo a estos dos chicos, pero aún no tengo muy definido quién diablos es el seme. En fin Uu, a leer~


Mientras tanto, conversemos

No tenía miedo, no sentía compasión, tampoco pensaba que debía alardear por el hecho de que dos demonios estuviesen peleando por su alma. Los creía bastante estúpidos.

A sus espaldas, Alois Trancy disfrutaba de su presente y le emocionaba su destino. Sin embargo, no pudo evitar sentir una extraña y efímera melancolía. Claude fue importante para él, sólo quería su cariño, eso y nada más. ¿Y qué recibió a cambio? Su traición e indiferencia.

—Debe sentirse bien… —rompió el silencio y sonrió con amargura. Alois entrecerró sus ojos por un corto instante—, ¿no es así?

Ciel volteó el rostro e interrumpió sus pensamientos. Seguro él quería molestar, después de todo, eso era lo único que había venido hacer desde que lo conoció; fastidiar.

— ¿Qué quieres decir? —quiso hacerse el desentendido, sabía hacia donde iba esa pregunta, pero, más que nada, le tenía sin cuidado la respuesta.

—Sebastian y Claude están allá fuera peleando a muerte por tu alma. Ojalá lo hubieran hecho por la mía…

—Tsk… Son sólo unos idiotas.

Alois parpadeó, estaba confuso, claro. Creyó que él se sentiría superior, que tendría el ego inflado por dicha situación. Y en lugar de eso, parecía tranquilo, tan sólo esperando el final, justo como él lo hacía.

—Siempre fuiste alguien muy interesante para mí, tal vez… De cierta forma, quería ser como tú —qué más daba si se lo decía o no, esa era la última vez que se verían, tal vez.

— ¿Enserio? —a Ciel no le importaba, no mucho. Su mirada se encontró con la ajena y se le formó una muy leve sonrisa en los labios—. Ya veo.

No tenía miedo, no sentía compasión, tampoco pensaba que debía alardear por el hecho de que dos demonios estuviesen peleando por su alma, pero sabía que debía hallar algún método para que la espera no fuera tan tediosa.

Alois amplió de manera considerable su sonrisa cuando notó que su compañero se volvía hacia él.

Phantomhive suspiró, conversar no le haría mal, no tanto.

— ¿Y bien? —empezó—. ¿Serías tan cortés de matar el tiempo conmigo?