My fair lady

Por: Erol

Capitulo I

Escocia.

La lluvia arrecia con fuerza tal que había sido necesario reforzar cada una de las ventanas de la casa, lo cual no resultaba fácil si se tomaba en cuenta que la casa tenía un total de cincuenta y, si bien, el personal no era menos numeroso ninguno quería tener la mala fortuna de decir al joven de la casa que era necesario que las ventanas de su habitación fueran igualmente aseguradas.

—No me atrevo a llamar a la puerta –decía con frenetismo la mucama a su compañera mientras doblaba un pañuelo con nerviosismo —. La última vez que irrumpí en su cuarto a punto estuvo de despedirme y lanzarme directo a la calle, además estos días su humor a sido incluso peor de lo normal.

—¿Tan terrible a sido? –la voz de un mayordomo vestido de etiqueta pareció calmar el animo de la muchacha al verle llegar—. Ya me encargo yo, ustedes intenten descansar y que la lluvia no las asuste.

—Si señor Cross –dijeron ambas a la vez desapareciendo por el pasillo.

Kaeien Cross tenía sirviendo ya casi treinta años para la familia Kuran y en todo ese tiempo había tenido que lidiar con el carácter veleidoso de sus integrantes, primero había servido al patriarca de la familia que aún ahora de anciano tenía un carácter fuerte y dominante, luego se había ocupado de los hijos de este Haruka y Rido, el primero de carácter afable aunque caprichoso y el segundo más bien violento y apático. Todos ellos le habían dado problemas pero ninguno había resultado ser una oveja negra hasta que hacía once años había llegado el hijo primogénito de Haruka y Juuri, el deseado nieto del patriarca Kieran: Kaname Kuran.

Desde pequeño había resultado ser incluso más voluntarioso que su abuelo o que su tía y desde luego tenía más carácter que el de sus padres juntos, tenía una mente ágil que no siempre usaba para cosas buenas, era caprichoso sobre todo alentado por su abuelo que veía en él a un hijo prodigo, desde muy joven Kaname ya manejaba un itinerario, una agenda y tenía diversos tutores que en ocasiones enmudecían por la inteligencia y la sobria maldad que escondían los ojos carmesí del pequeño.

—¿Señor? –Cross llamo a la puerta y no le sorprendió no recibir respuesta alguna, sin pensarlo demasiado entró igualmente a la habitación y la cruzó sin dar mayor información al chiquillo de once años que, recostado en un diván y con libro en mano, veía al insolente mayordomo cruzar la habitación—. Me he permitido pasar ante la necesidad de reforzar la ventana.

Kaname se dio cuenta entonces de la lluvia que violentamente golpeaba los vidrios, lo cierto es que el libro lo había absorbido a grado tal que igualmente habría podido pasar un tornado sin que él se diera cuenta. El chico dejó el libro de lado y vio a Cross ocupado en su labor, en ocasiones detestaba a ese mayordomo y su absoluta temeridad al tratarlo a veces hasta con cierta indulgencia.

—¿Dónde esta mi abuelo?

—El señor Kieran esta en el estudio con su abogado.

—¿Todavía? –Kaname logró imaginar la escena desarrollada en el estudio su abuelo dictando algo al abogado que probablemente estaría ya agotado—. ¿Por qué quiso el abuelo que se quedará tanto días?

—Apenas dos días –Cross sonrío cuando termino de asegurar las ventanas—. El señor no me informa de nada y desde luego el abogado no es muy comunicativo con la servidumbre.

—No es muy comunicativo con nadie, la única razón de que el abuelo lo contratará fue precisamente esa. Ni siquiera Rido a podido sonsacarle información.

—¿El señor Rido?

—Si, mi tío, intento pagar por que hablara, lo sé porque durante su partida de póker le escuche comentarlo –Kaname sonrío al recordar todo lo demás que había escuchado en dicho juego, los adultos borrachos no solo eran divertidos sino que también eran más honestos que de haber estado sobrios. El nunca se embriagaría y caería en estado tan lamentable.

—Cómo su tío lo descubra ambos nos meteremos en un buen aprieto –Cross se inclino un poco a modo de despedido pero la voz del chico lo interrumpió cuando ya estaba por salir.

—Eres el mayordomo no mi niñera, ¿Por qué te iban a regañar? –los ojos de Kaname parecían desprovistos de sentimiento cuando pregunto por sus padres—. ¿Aún están de viaje?

—América del sur esta vez –informo Cross saliendo definitivamente del cuarto.

—Espero que se pierdan –dijo Kaname en la soledad de su habitación concentrándose esta vez en la lluvia que daba señales de un nuevo cambio.

El cambio apareció al otro día, la lluvia había renovado el paisaje de extensiones verdes que rodeaba la casa, la gran cortina de pasto parecía más iluminada ese día y el arco iris en el cielo presagiaba buenas nuevas.

—¿Va a salir señor? –Cross miro al niño de once años que bien abrigado parecía dispuesto a salir—. ¿No es un poco temprano. ¿Quiere que lo acompañe?

—Si voy a salir, no es tan temprano y tampoco quiero que me acompañes –después de darle dicha información al mayordomo el niño silbó y de inmediato las figuras de dos border collie aparecieron y rodearon al niño entre saltos y lengüetazos que en nada cambiaron su expresión lejana—. Vamos chicos.

Alrededor de la casa había principalmente solo dos cosas: mucho campo y muchos árboles. Aparte de la casa el otro edificio que se podía ver era el de las caballerizas, Kieran era fanático de los caballos y hacía más bien poco había decidido empezar a comprar más y más ejemplares a fin de formar una cuadrilla que provocara la envidia de expertos en el tema.

Kaname no comprendía muy bien la pasión de su abuelo por los equinos, aunque claro, no comprendía ninguna pasión en absoluto. Por principio no soportaba la pasión entre sus padres o la de su tío Rido por el alcohol y el juego. Le enojaba el solo pensar en los hijos de su abuelo. Los ladridos de los perros hicieron que su vista se girara a ver el camino que llevaba a la casa, un carruaje de aspecto precario se acercaba al lugar desde lejos no alcanzaba a ver al conductor o a los pasajeros, las visitas no eran frecuentes en la casa de Escocia así que con una creciente curiosidad el niño regresó a la casa seguido de los perros cada vez más emocionados por las visitas.

—¿Puedo servirlo en algo? –preguntaba la voz de Cross al conductor un tipo bajito que parecía tan frágil como el carruaje que manejaba.

—Ya lo creo podría empezar por darme algo de beber.

—Esto no es una posada, si quiere beber algo vaya a una –intervino Kaname ante el asombro del hombro que miraba al niño como una aparición—. Diga su asunto o lárguese.

—¡Eh! Vaya forma de atender a los viajeros –el hombre frunció el ceño al ver que el niño no tenía intención alguna de ceder—. Vaya con el mocoso, mire yo solo vengo a entregar dos cosas una carta y al pasajero.

Kaname solo pudo mirar la forma brusca del hombre de dar la carta a cross y seguidamente bajar a un niño de aspecto arruinado, el hombre le envío una mirada envenenada que no le afecto, con la misma premura de su llegada el carruaje se fue. Kaname vio como Cross abría el sobre y leía el contenido de la carta, los perros se acercaron a oler al chiquillo que miraba con autentico terror a esas dos fieras.

—No muerden –dijo Kaname antes de agregar—. No muy fuerte.

Kaname río con fuerza al ver como la mirada del niño se empañaba, luego percibió como los hombros de Cross empezaban a adquirir cierta tensión poco frecuente en él.

—Vaya con el paquete –dijo Kaname mientras llamaba a los perros que de inmediato se alejaron del otro niño—. Quiero desayunar Cross, ya puedes irte moviendo de ese lugar.

—¿Ah? –el mayordomo reaccionó—. Ahora mismo ordenare que le sirvan el desayuno señor.

Para Kaname ese día paso como normalmente hacía, se dirigió a su habitación a terminar los deberes asignados por su tutor y no fue hasta la tarde cuando acompañado por sus perros entro a su pequeña sala personal ocupada por un librero pequeño, un sofá, la chimenea, la alfombra y una silla sobre la que estaba su posesión más preciada: un violín. Con una semi-reverencia el niño tomo el violín y sentándose en el sofá empezó a tocarlo primero con sus dedos como si de una guitarra se tratara, luego se levanto y tomando posición empezó a tocar el instrumento.

—¿Pero que les pasa? –pregunto a los perros cuando los escucho ladrar.

—¡Lo siento! –dijo la voz del niño que había llegado esa mañana.

—¿Tú? –Kaname se dio cuenta que por lo menos el otro niño ya estaba bañado y casi disfrazado con ropa decente aunque su corte de pelo era más bien defectuoso, el había visto arbusto con mejores cortes—. Si ya me interrumpiste ya puedes irte.

—Me gustas –dijo el otro—. Bueno me gustas cuando tocas es bonito escucharte.

—Ya lo sé –Kaname miraba interrogante al otro—. ¿Qué esperas para irte?

—¿No podría quedarme?

—¿Quedarte? –Kaname no sabía si botar a esa molestia o llamar a Cross para que cargara con él y se lo llevará—. ¿Para que quieres quedarte?

—Me gusta aquí –dijo señalando la sala luego su rostro se apago un poco al ver a los perros—. ¿Me van a morder?

—No ellos no muerden, si quieres siéntate en el sillón.

El otro niño no se movió. Kaname se dio cuenta que no se fiaba mucho de los perros, con cierta tirantez se acerco al otro y lo halo de la mano para llevarlo y sentarlo el mismo en el sillón, Kaname se dio cuenta de que aquel chiquillo era un enclenque y que por alguna razón sus perros parecían tenerle un raro afecto, al menos más afecto que a Rido al que siempre que podían le ladraban.

—Calladito –indicó Kaname al otro mientras empezaba a tocar de nuevo.

La melodía se prolongo quince minutos antes de que Kaname se interrumpiera a si mismo. Con curiosidad se quedo mirando al niño en el sofá que ahora ya estaba más bien recostado en el brazo del sofá, Kaname guardo el violín y se acerco al otro para colocar su mano sobre la frente del niño pequeño, tenía fiebre, peor aún era imaginarse que el chiquillo tendría gripe y probablemente lo contagiaría.

—¡Porque no has dicho que te sentías mal!

Kaname no había retirado la mano de su frente y en su lugar se encontraba detallando el rostro sonrojado, los ojos brillantes, la pequeña nariz y los labios rosas, ¿Era posible que aquel enclenque lo engañara?

—Eres una niña –afirmó para si mismo—. Llevas ropas y peinado de chico, ¡Pero eres una cría!

—Me llamo Yuuki.

Dos días después tenía gripe. Kaname recostado en su cama y con nariz roja no por primera vez maldijo a la maldita niña, Yuuki.

—Vaya con el nombre –gimió en voz baja.

—Vaya contigo mira que enfermarte –la voz de Kieran llamo la atención del enfermo que se mantenía hundido entre sabanas, almohadas y cobertores sobre los cuales también estaban sus perros—. ¿Sigues durmiendo con estos animales?

—Al menos ellos no me pegan virus.

—Te alegrara saber que Yuuki ya está sana, a ti la enfermedad te durará por lo menos otro día.

—¡Deberías correrla! –Kaname estornudo y luego vio a su abuelo sentándose junto a él en la cama—. ¿Por qué sigue ella aquí?

—Yuuki es alguien que verás continuamente de ahora en adelante al menos hasta que vayas a la universidad –hablo Kieran—. Es la hija de Cross.

—¿Su hija? –Kaname recordó la tensión del mayordomo al leer la carta y ver a Yuuki la primera vez—. ¿Y su esposa?

—El señor Cross no tiene esposa, me temo. Espero que no hagas mención a Yuuki de ello.

—¿Mencionarle que es una hija bastarda? –Kaname rectificó—. Jamás lo mencionare.

—Te lo agradezco, tengo que ir a mi despacho y terminar con los asuntos del abogado, ¿Estarás bien solo?

—Tengo a los perros –dijo Kaname antes de estornudar de nueva cuenta.

—Me parece que tienes a alguien más –el abuelo se levantó y caminó a la puerta que había quedado entreabierta—. ¿Quieres pasar Yuuki?

—Si –dijo la voz de la niña mirando con susto la gran figura de Kieran.

—¿Podrás cuidar de mi nieto? –el anciano miró divertido a la niña que se apresuró a acercarse a Kaname y a los perros que ahora la reconocían mucho mejor que antes—. Os veré luego chicos.

—Mira nada más –dijo Kaname cuando la niña se acercó a las faldas de la cama—. Si se trata del virus andante, ¡Por tu causa estoy enfermo!

—Perdón –dijo ella sin mucha convicción—. No me habían dejado venir a verte porque me podías contagiar.

—¿Quién contagió a quién en primera? –Kaname tuvo que callarse cuando los estornudos se hicieron frecuentes—. ¿Qué quieres ahora?

—Nada –Yuuki sonrío cuando uno de los perros se acercó a lamer su rostro—. Son muy bonitos tus perros, no me dan miedo.

—Pues hace dos días estabas aterrada, ¿Por qué sigues vistiendo como chico?

—No tengo otra ropa, ¿Cómo se llaman tus perros?

—No tienen nombre.

—¿Por qué no? –Yuuki pareció repentinamente alarmada y no le importó subirse a la cama y acercarse hasta Kaname para enfrentarlo con decisión—. ¡Deben tener un nombre!

—Pues no lo tienen, pedazo de loca, ¡Ahora bájate de mi cama , insolente!

—Dales un nombre –pidió sin hacer caso de la vena de mal genio—. Todos debemos tener un nombre, mamá me lo dijo.

—¿Tienes madre? –se sintió repentinamente un tonto—. Pues claro que tienes madre nadie nace por creación espontánea, ¿Dónde esta ella?

— Murió hace tres días por una neumonía.

Kaname guardó silencio ante la confesión él nunca había estado unido a sus padres pero el sentimiento reflejado en la mirada de Yuuki era de mutua comprensión. El chico se fijó bien en que la puerta de su habitación estuviera cerrada antes de jalar a Yuuki y hacer que quedara recostada a su lado , una de sus manos tomo la otra pequeña y el cuarto quedo en silencio.

Nunca había pensando en ponerle nombre a los caniche, su abuelo se los había regalado cuando eran apenas unos cachorros, dos matas peludas que dormían mucho y disfrutaban de seguirlo por toda la casa, el campo o por donde fuera. Rido las llamaba pequeñas bestias peludas, su abuelo animales y él los llamaba con un silbado y punto.

—¿Por qué no les pones tu el nombre? –sugirió a Yuuki que acariciaba la cabeza de uno de ellos.

—¿Sí? El de allá puede llamarse Airen y esta de aquí es Kana- dijo refiriéndose al can al que acariciaba la cabeza.

—Ya lo tenías decidido, tramposa.

Yuuki se río y sus risas aumentaron al escuchar los estornudos de Kaname. El chico empezó a contarle más acerca de Airen y Kana, el primero era obviamente macho , pero de eso Yuuki ya se había dado cuenta, la otra era hembra, su abuelo se los había regalado hacia ya tres años, todos los días era Kaname quien se encargaba de sacarlos de paseo, usualmente alguna sirvienta era quién los bañaba, de su alimento se encargaba otro sirviente más y el único lugar donde tenían prohibido entrar los perros eran las caballerizas.

—¿Tienes caballos?

—Son de mi abuelo –aseguró Kaname—. ¿Te gustan los caballos?

—Me dan miedo.

—Entonces intenta que ellos no lo noten, yo también les tuve miedo al principio , pero eso fue hasta que mi abuelo me enseño a tratarlos. Bueno de todas formas no se muy bien que privilegios tengas tú como para andar por la casa a tu aire.

—Tu abuelo dijo que yo podía hacer todo lo que hicieras tú, me lo dijo anoche cuando me bajó la fiebre.

—¿Todo lo que yo hago? –Kaname miró a la chica sin saber si creerle—. Eso te deja muchas opciones, ¿Por eso llevas el pelo de niño?

—¡Ah no! Mamá le pidió a una vecina que me lo cortara antes de ponerme en el carruaje, dijo que pareciendo niño corría menos riesgo que pareciendo una niña –Yuuki se llevo una mano al pelo—. Lo único malo es que me cortaron el pelo con una navaja a falta de tijeras.

—Te ves horrible –comentó Kaname—. Entonces eres un niño, ¿No Yuuki?

El chico bostezó y no tardó en quedarse dormido sin notar como Yuuki se quedaba mirándolo. Yuuki ya sabía que se veía horrible, tenía nueve años pero no era tonta, sobre todo porque antes de ir como chico tuvo toda una infancia usando vestidos, lazos en el cabello y un montón de colores, su mamá le había enseñado a ser tan femenina como lo era ella. La extrañaba.

Viendo a Kaname se dio cuenta que él no era como el resto de los niños que ella había conocido, que realmente no eran muchos, el rostro de Kaname le llamaba mucho la atención, los mechones de pelo que cubrían su rostro eran muy suaves al tacto, cuando la miraba se daba cuenta del peculiar color de sus ojos, los dedos que tomaban su mano eran largos y el día que lo vio tocar el violín pensó que había encontrado algo completamente distinto a lo que había conocido hasta entonces, ¡Y que nerviosa se había puesto cuando la cargó para colocarla en el sofá!

—Eres muy fuerte –le dijo Yuuki que contagiada por el sueño del otro calló en un estado de adormecimiento que duró hasta entrada la noche.

El estado de Yuuki como niño se prolongó mucho más tiempo, de alguna forma la niña se las arregló para acompañar a Kaname cada mañana cuando salía a pasear con los perros, aún cuando le ofrecieron a Yuuki llevarla comprar ropa de niña ella se negó y prefirió usar ropa de Kaname que él había abandonado hace tiempo, parecían dos chicos que eran amigos, desde luego Yuuki se las ingeniaba para seguir los pasos de Kaname y no solo para participar en juegos que ella misma se inventaba y a donde arrastraba al chico mayor que igual que ella terminaba hecho un desastre para el final del día.

—¿Subirme a un árbol? –Kaname miró a Yuuki y luego vio la fila de árboles agrupados—. ¿Para que iba yo a querer subirme a una árbol?

—¡Porqué es divertido!

Kaname que hasta entonces nunca había hecho nada parecido terminó esa semana nuevamente en la cama luego de quebrarse el brazo, asustar a los sirvientes, hacer que Cross pegara el grito de su vida y su abuelo palideciera hasta que el doctor llegó y vendo el brazo del primogénito Kuran.

—¿Pero qué te a dado por subirte a los árboles? –pregunto Kieran.

—Leí un libro de exploración y me pareció buena idea –respondió Kaname sin mirar a Yuuki que le miraba agradecida—. Además alcancé dos metros, ¿No te alegra?

—¡No! Si hubieras llegado a los tres te rompes el cuello –dijo Kieran Kuran—. Bueno al menos nadie más sufrió daños, ¿Verdad Yuuki?

La niña asintió. Yuuki perdió la atención de Kieran y Kaname cuando por la puerta entro Rido, el famoso tío que hasta entonces ella conocía. El hombre preguntó a Kaname por su salud y luego se giro a verla a ella.

—Veo que te han traído un amigo para que juegues- comento Rido—. Bueno, bueno, ¿Puedo hablar contigo Kieran?

—Esta bien –dijo Kieran enojado con Rido al percibir cierto aroma a alcohol. Para nadie era un secreto el alcoholismo del hijo mayor de Kieran—. Esta noche cenare con ustedes chicos –dijo a modo de despedida para luego irse con Rido.

—Tu tío parece extraño.

—Lo es –confirmo Kaname—. Mantente alejada de él y deja que siga creyendo que eres chico.

—¿Por qué?

—No quiero que sepa que paso el tiempo jugando con una niña –Kaname se río al ver la indignación de Yuuki—. ¡Anda qué es broma! De todas formas deja que crea que eres niño, me lo debes, recuerda que por tu causa me rompí el brazo.

—Bien –respondió al recordar la caída de Kaname.

Paso un cuarto de hora antes de que unos gritos llenaran la casa, Yuuki miró hacia Kaname que se levantó de la cama, el no prestó atención cuando quiso detenerlo, las voces se escuchaban más claramente conforme se bajaba por la escalera y en medio del recibidor Rido y Kieran se gritaban el uno al otro cosas que Yuuki no entendía, de repente Rido amenazaba con acercarse a Kieran y golpearlo pero fue Kaname quién se cruzó en su camino junto con Airen y Kana que amenazaban con morder a Rido si daba un paso más.

—¡Vaya escolta la que te protege! –se burlo Rido—. Un mocoso y sus dos bestias.

—La única bestia que veo aquí eres tú Rido –dijo Kaname de forma retadora—. Acércate más y verás lo que el mocoso le hará a ese feo rostro tuyo.

—¡Maldito mocoso! –gritó Rido arrojándose sobre el chico.

Yuuki vio todo aunque paso muy rápido, Airen y Kana se arrojaron sobre el hombre, Kaname se las arreglo para empujarlo y hacerlo caer de espaldas pero en la caída nuevamente su brazo sufrió un nuevo daño, Kieran grito algo, el papá de Yuuki apareció y junto a otro hombre separo a los perros de Rido mientras Kieran se ocupaba de Kaname que aguantaba el dolor en su brazo y parecía dispuesto a arrojarse de nuevo sobre Rido.

—¡Cálmate! –dijo Kieran a su nieto que todavía soltaba patadas a Rido.

—¡Detestable crío! –grito Rido soltando una bofetada sobre Kaname iba a dar una segunda bofetada cuando Kieran intervino y sin mucho esfuerzo golpeó a su hijo hasta dejarlo tendido en el suelo.

—¡Lárgate, lárgate! –gritó Kieran a Rido—. ¡No quiero verte en este casa de nuevo ya no eres bienvenido!

Cuando todo terminó Yuuki se dio cuenta que estaba llorando. Esa fue la primera y la última vez que vio a Rido, a partir de ese momento la casa pareció cambiar con la estancia de dos niños en ella, dos perros, un abuelo y un padre. Kaname se recuperó de su brazo un mes más tarde y durante ese tiempo Yuuki estuvo a su lado, los días empezaron a seguir una rutina, Kaname estudiaba entre semana junto con Yuuki a la que los tutores también empezaron a dar clase por petición de Kieran. Cross se alegraba mucho de ver lo rápido que Yuuki se había adaptado a la vida en la casa, en el campo, ocasionalmente la veía pensativa mirando una pequeña pintura de su madre. Su madre… Cross también la recordaba pero intentaba animarse por el bien de Yuuki.

—¿Está bien que tu hija siga al señor Kaname a todas partes? –le preguntó una vez el cocinero al mayordomo.

—¿Lo has escuchado quejarse de algo estos días?

—Deja que lo siga hasta que se vaya a la universidad –dijo el cocinero que era muy susceptible de la críticas, especialmente las dirigidas a su comida, el único que siempre las criticaba era precisamente Kaname y de forma no muy amable.

Un año pasó y Yuuki siguió vistiendo como chico y siguiendo a Kaname a todas partes, él ya se había acostumbrado a tenerla tras sus pasos, también a su compañía, ya ni si quiera rechistaba cuando a ella se le ocurrió despertarlo en medio de la noche a causa de una pesadilla.

—Pero es que tengo miedo –decía ella jalándole la ropa de cama con la que él intentaba cubrirse el rostro para seguir durmiendo—. ¡Kaname!

—¡Puedes ir con tu padre!

—¡Ya fui, está dormido y no me oye!

—Claro el mayordomo esta dormido pero al que vienes a despertar es al dueño –Kaname se descuidó y bajó el edredón dando oportunidad a Yuuki para colarse bajo las sábanas—. Yuuki –pronunció somnoliento y se quedó dormido sin importarle si Yuuki estaba a su lado o no.

A la mañana siguiente fueron Airen y Kana quienes despertaron a su dueño e igual que Yuuki la noche anterior se escabulleron debajo de las sabanas, todos se quedaron dormidos hasta bien entrada la mañana y en la cama quedó Kaname, Yuuki acurrucada a su lado y los dos perros tirados a lo largo de la cama.

—Vaya estampa, ¿No te parece Cross?

—Si señor –respondió el mayordomo a la pregunta de Kieran Kuran—. ¿Quiere qué los despierte?

—Que va, esta es la primera vez que Kaname me cede la oportunidad de molestarlo con algo, ¿Para que perderla? Despiértalo en una hora quiero salir con él a cabalgar un rato, necesito infórmale acerca de algo.

Kaname estaba entusiasmado con la idea de salir a caballo en compañía de su abuelo, hacía mucho que no salían juntos. Kieran parecía igualmente contento cuando veía a su nieto retarle a una carrera, le gustaba ver al muchacho más lozano que en mucho tiempo, se alegró de ver que tenía mano para manejar al caballo azabache sobre el que iba montado.

—¡Te he ganado! –informo Kaname respirando agitado—. ¿Hacemos otra carrera para regresar a casa?

—¡Espera! –le detuvo Kieran al ver que iniciaría la carrera de nuevo—. Tenemos que hablar.

—¿De qué?

—Dentro de dos semanas vas a cumplir doce años.

—¿Y? –Kaname giró el rostro para que su abuelo no viera su repentina añoranza—. No quiero fiestas y tampoco regalos abuelo.

—¿Por qué no?

—No me gustan –admitió Kaname—. Y si piensas invitar otra vez a esos chicos lo quiero aún menos.

—Demasiado tarde porque ya los invite, para esta hora ya estarán recibiendo la invitación, vamos Kaname no pongas esa cara, seguro te alegrará ver a Ichijo, Aidou, Kain, Ruka, Rima, Seiren y Shiki.

—¿Shiki? Porque tenías que invitar también al hijo bastardo de Rido.

—Es tu primo –dijo Kieran—. Es un niño solitario, intenta no tratarlo mal.

—Prefiero no tratarlo y punto.

—Hazlo por mi, ¿De acuerdo?

—Si abuelo –dijo Kaname sin atreverse a preguntar por sus padres. Era una pregunta de la que ya conocía la respuesta.

El cumpleaños se celebró con un montón de invitados, la casa se llenó, Kaname solo participó lo estrictamente necesario y no con muy buena cara. En esa fiesta fue la primera vez que Yuuki se percató lo que era ser hija de un sirviente y también fue la primera ocasión en que Yuuki reconoció muchos sentimientos : el más fuerte de ellos era que amaba a Kaname.

Continuara…