NADA DE ESTO ME PERTENECE, ES DE MOONSCOOP, FRANCE 3 Y ANTIFILMS. SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.

¡Hola! ¿Cómo están? Me imagino y espero que bien. Aquí, nada más, empezando un nuevo fic que para variar será Yumi/Ulrich. He decidido aceptar el reto de Natsumi Niikura sobre las veinticinco palabras. A saber:

I.-Pastelería; II.-Baño; III.-Resfriado; IV.-Secreto; V.-Árbol; VI.-Naranja; VII: Bomba; VIII.-Caricia; IX; Arriesgar; X.-Pasado; XI.-Nariz; XII.-Agua; XIII.-Excusa; XIV.-Amigo; XV.-Sol; XVI.-Salado; XVII.-Enfado; XVIII.-Manzana; XIX.-Llaves; XX.-Hogar; XXI.-Lluvia; XXII.-Diario; XXIII.-Elfo; XXIV.-Té XXV.-Camisa.

Natsumi Niikura: He optado por seguir tu reto porque creo que podría ser divertido. Tengo vagas ideas sobre qué escribir en algunas palabras y de otras no tengo ni idea. Como juego para desarrollar la imaginación está genial. Gracias por ofrecernos este valioso recurso para escribir y espero mis versiones te agraden :)

Haber si les gusta lo que escribo yo. No creo igualar la calidad de Natsumi Niikura en sus ones-shot, pero al menos me divertiré haciéndolo. A su vez, creo que les gustará tener más variedad de donde leer y eso es bueno.

Ahora sí que no tengo muchas cosas por decir. Así que simplemente les dejaré la primera palabra (planeo irme en orden)


I.-Pastelería.

La luz de las lámparas en el techo le permitía ver absolutamente todo lo que estaba dentro del establecimiento. Parada frente a un estante, sus ojos recorrían las bandejas metálicas cubiertas de bizcochos, pastelillos, donas y volcanes de diferentes colores y tamaños. Al voltearse, se encontró con muffins cubiertos de variados betunes, todos de diferentes colores y escarchados con dulcecitos que creaban una agradable y colorida visión de la zona.

Caminó solo dos pasos, topándose con otro estante nuevo. Ese tenía galletas grandes y desde glaseadas hasta cubiertas con chocolate. Estaban separadas unas de las otras y distribuidas en las charolas de manera uniforme.

Escuchó la campanilla de alguien entrando a la tienda, ella no volteó y ni siquiera tuvo la mínima curiosidad de saber quién podría ser. Escuchó los pasos ir directos hacia los refrigeradores donde se exhibían los pasteles fríos. Así pues, no prestó más atención al asunto y siguió con su misión.

Llegó a un aparador y en él pasteles y más pasteles circulares, rectangulares, ovalados y cuadrados desfilaron ante sus ojos. Decorados con las más curiosas formas y por los más irrelevantes motivos, desde una despedida soltera hasta el cumpleaños cincuenta de un aficionado al fútbol. Los había unos con decoraciones más sofisticadas, cuya belleza recaía en el contraste de los colores usados en su merengue y la manera en que fueron colocadas las frutas, o los dulces, o las mermeladas.

Más al fondo había pasteles diferentes y algo curiosos. Estos llevaban en el centro la bandera de cierto país y alrededor pequeños dibujos hechos con betún y merengue de emblemas nacionales.

"Esto, es mucho más difícil de lo que pensé que sería" se dijo la japonesa a sí misma, en un intento de quitarse la presión que en esos momentos comenzaba a sentir.

Yumi nunca había ido a una pastelería con el motivo de encontrar un pastel perfecto para la fiesta de cumpleaños de alguien. En Japón, aunque era común dar pastelillos o rebanadas de pastel a invitados, al menos su familia tenía la tradición de hacerlos ellos mismos. Recordaba bien las tardes que pasó con su mama encerrada en la cocina y haciendo las medidas correctas de harina, de levadura, batiendo la mezcla y viendo al pan inflarse en el horno ¡Era algo tan divertido! Lo mejor, sin duda, era decorarlo. Dejaba salir la imaginación.

Pero era muy diferente hacer un pastel a comprar uno. Y más si estabas ansiosa a que fuese el indicado, el perfecto, el ideal, para esa persona especial.

Ulrich cumplía años el día siguiente y era preciso comprar de una buena vez el pastel y guardarlo en un frigorífico para después llevarlo a La Ermita. Al principio, esa responsabilidad había caído en manos de Jérémie, pero el chico se excusó diciendo que en su trabajo le habían encargado desarrollar un antivirus que le permitiera detectar tempranamente y librar al software de un Stuxnet, cosa que le valió permanecer atado al computador varios días.

Luego, Aelita tampoco pudo porque ella misma debía ayudarle y para colmo, terminar un demo que mandar a un productor en menos de dos semanas. Está de más decir que nunca se lo dejarían a Odd, pues no estaban plenamente seguros de que el pastel llegase entero a su destino o si encontraría uno bueno. Yumi valientemente se ofreció a pasar por una pastelería a comprar alguno, en vista de que no tendría tiempo entre sus padres y la universidad de hacer ella misma el pastel.

Empero, la cosa no resultó ser tan sencilla como ella esperaba. Demasiada variedad la confundía y trataba, realmente se esforzaba, de encontrar entre todos uno que le gustase al chico. Ulrich nunca había sido de esos que les gustara tanto comer, y aunque aceptaba un poco de todo, salvo algunas recetas alemanas la japonesa no estaba segura de qué dulce le gustaba más. ¿Chocolate o vainilla? ¿Fresa o Mango? ¿Tres leches o seco?

¿Desde cuándo existía todo eso?

La caja registradora hizo su típico ruido de impresión de ticket, eso significaba que la otra persona ya había comprado un pastel. ¿Cómo pudo escogerlo tan rápido? ¿Y cómo podía estar ella todavía sin decidirse qué hacer?

—¿Puedo ayudarla en algo?—preguntó una voz varonil y muy fuerte atrás de ella. Volteó discretamente para encontrarse con un empleado, alto y delgado, de tez clara y cabello despeinado. Su nariz grande y ojos alargados le daban una expresión penetrante muy extraña.

Lo que más le perturbó, y molestó, fue la inconfundible chispa de lujuria que ardía en su pupila gris. La miró libidinosamente, escaneando su cuerpo de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, deteniéndose en ciertas partes.

A Yumi le dieron ganas de darle una bofetada en ese mismo instante, pero se contuvo por dignidad y le contestó con mucho enfado:

—No, gracias. Déjeme sola.

Se apartó y fue a otro estante donde fingió poner su absoluta atención a unos panecillos. El empleado se le acercó disimuladamente y por la espalda le habló, casi a susurros.

—Anda, déjeme ayudarle.

Apenas iba a reaccionar de esa modo tan peculiar suyo, cuando sintió una mano posarse sobre su hombro y estrechándola en un abrazo fuerte, protector, sobre todo, muy posesivo. La colonia que tanto le gustaba inundó sus fosas nasales y sintió el conocido cuerpo pegado al suyo, fornido y atlético.

—Puede dejarnos solos si gusta—dijo al empleado, con voz enojada—No necesitamos de sus servicios.

El asustado empleado murmuró entre dientes un "sí" antes de desaparecer más rápido de lo que Yumi le había visto venir. Sonrío para sus adentros, después, miró a su salvador con fingido enfado.

—¿Y cómo va a darte uno una sorpresa si te la pasas arruinando todas?—señaló después al pastel que había en su mano, envuelto por una bolsa de papel—No me digas que de repente se te antojo comerte uno entero.

Ulrich río.

—No, pero te vi tan absorta buscando uno entre los centenares de la repisa, que me vi obligado a ayudarte.

—Ya había escogido uno para ti.

—¿Cuál?

Perfecto, no sabía que más responderle. Apenas abrió la boca para producir algún sonido, y Ulrich ya le había dado un fugaz beso.

—Dejémoslo así—y la abrazo, saliendo de la pastelería a un ritmo lento—Y digamos que tú escogiste el pastel.

—Sí, mejor dejemos así las cosas.

Él le tendió la obra de repostería envuelta en papel y ella simplemente lo cargó con tranquilidad. Mientras caminaban, pensaba en ese empleado y en esa pastelería. Bueno, al fin y al cabo terminó siendo un buen día.


Si, ya se que no es ni tan largo ni tampoco la gran cosa. Pero ojalá les haya gustado. Tengo ya dos capítulos terminados pero aún así creo que en este fic tardaré más que con "Una Alumna Nueva" en actualizar. No tengo muchos ánimos de hacer notas largas, pero no me privo de agradecerles por leer el capítulo y más les agradeceré si algún comentario me dejan.

¡Nos vemos!

chao!