Disclaimer: Kiba no me pertenece, es propiedad de Studio Madhouse, solo me pertenece los personajes creados por mi.


¿Por qué?, ¿Por qué la vida es tan cruel?, ¿Por qué mi padre me tiene encerrada? Aún recuerdo la luz del sol, la cual veía felizmente con mi madre y mi hermana, en donde observábamos el sol hasta que este se escondía, y ¿qué es este cristal que tengo en mi cuello?, ¿Será por eso que me tiene aquí? Lo único que quiero en este momento, es poder… ¡SER LIBRE!


—¡Síganlo! que no escape — dijo un guardia.

—¡Rayos!, como quisieran que me dejaran en paz — decía un joven de cabellos blanco.

—Te tenemos rodeado, mocoso — dijo el guarda acorralado al muchacho.

—Mierda — se dijo el joven al ver como un grupo de guardias se acercan a él, golpeándolo en la cabeza.

¿Dónde estoy?, lo único que recuerdo es que los malditos guardias del internado me tenían rodeados y… mi cabeza, parece que me pegaron muy duro. No quiero volver a ese lugar, es un infierno, no, es peor que el infierno, ¿POR QUÉ NO ME DEJAN SER LIBRE!?

Son almas, heridas por el destino, intentaran salir de sus realidades por su cuenta, pero… ¿Qué pasara si estos 2 seres se llegarán a encontrar?


Capítulo 1: Buscando una salida.


—Toma niña, tu comida— dijo el guardia lanzando una botella con agua y un trozo de pan.

—Gracias —murmuro levemente la joven de cabellos negros y ojos rubí que se encontraba en uno de los rincones de la pequeña habitación en la que residía.

Ese pequeño cuarto, en el cual vivía desde los 5 años, 10 años de oscuridad total, 10 años de infelicidad, llanto y desesperación.

El sufrimiento de no haber asistido al funeral de su madre, el no saber en qué lugar se encontraba su hermana menor; ni siquiera se acordaba de su cumpleaños, pero, lo celebraba de forma simbólica todos los años y mañana le tocaba celebrar sus 15 años.

Por otro lado un joven de cabellos blancos y de ojos dorados, se encontraba en una celda, como consecuencia de haberse escapado del internado en donde estaba, en donde les enseñaban las tácticas de guerra a aquellos que poseían cristales de hechiceros sombríos, pero, el encierro en esa residencia lo agobiaba.

—¡Maldición! ¡Déjenme salir! – exclamaba el joven.

—Cierra la boca, bastado – le dijo uno de los guardias que lo custodiaban.

—Entonces no me queda otra forma – dijo el muchacho invocando a uno de sus espíritus, Rambos; para poder así hacer un agujero por una de las paredes del calabozo y poder salir del lugar.

—Maldito seas, Zed — gritaba el guardia quien lo observaba alejarse.


—Dumas-san, la comida esta lista — dijo un joven de cabello negro llamado Mikki.

—Iré enseguida, Puedes ver si es que hay una carta en el buzón? —dijo el señor.

— Por supuesto — dijo el muchacho y salió de la mansión.

Una vez afuera, se podía apreciar la oscuridad de la noche; él muchacho se acercó al buzón, en donde pudo notar algo extraño, pudo ver un joven de cabellos blancos sentado junto al buzón.

—¿Te encuentras bien? – preguntó Mikki.

—¿Dónde estoy? — preguntó un poco confundido el joven de cabello blanco.

—Estas en la mansión de Dumas-san — respondió el joven pelinegro.

—En la…mansión de Dumas … — dijo el joven.

—Debes estar muy exhausto, le preguntare al maestro si es que te puedes quedar— dijo Mikki, invitando a pasar dentro de la mansión, olvidando el correo dentro del buzón.

Una vez adentro, Mikki hizo esperar al joven en la sala de espera y se dirigió a la oficina de Dumas, tocando la puerta.

—Adelante – contestó Dumas al escuchar el sonido de la puerta.

—Maestro, necesito que venga enseguida, es que en la sala hay un chico y pues… yo… - dijo Mikki muy nervioso.

—Ningún problema Mikki, el muchacho se puede quedar, pero ya sabes la condición – dijo Dumas. — ¿Traes contigo el correo?

—Muchas gracias maestro, y lo lamento, lo he olvidado – dijo Mikki sonriendo y rascando su cabeza un poco avergonzado.

—No te preocupes, lo iré a buscar yo – Dijo Dumas.

—Gracias Maestro, si me disculpa me retiraré— Dijo Mikki.

—Puedes hacerlo — Dicho esto por Dumas, Mikki hizo una reverencia y se dispuso a salir de la oficina, dirigiéndose rápidamente en donde se encontraba el joven de cabellos blancos.

—El maestro dice que te puedes quedar — dijo Mikki.

—Gracias-— dijo cortante el joven.

—Pero tendrás que trabajar, ¿algún problema? — preguntó Mikki.

—Ninguno — Contestó el muchacho.

—Por cierto, soy Mikki, un gusto conocerte — dijo el joven de cabellos negros.

—Zed — dijo el chico de ojos dorados.

En las afuera de la mansión, Dumas se encontraba caminando en dirección al buzón, en el cual encontró una carta que provenía de Task. Al leer la carta, no pudo resistir una pequeña sonrisa de satisfacción.

—Compromiso, todo sea por el poder — dijo Dumas


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