Disclaimer: Kiba no me pertenece, es propiedad de Studio Madhouse, solo me pertenece los personajes creados por mi.


En las afuera de la mansión, Dumas se encontraba caminando en dirección al buzón, en el cual encontró una carta que provenía de Task. Al leer la carta, no pudo resistir una pequeña sonrisa de satisfacción.

—Compromiso… todo sea por el poder — dijo Dumas.


Capítulo 2: Un paso para la libertad.


Como quisiera ver la luz del día, ser libre, pero ¿Sería capaz de hacer cualquier cosa para obtener mi libertad? Tal vez, tal vez.

Mientras estaba sumergida entre mis pensamientos, la puerta del calabozo se abre bruscamente, provocando que me asustara y que me escondiera debajo de mi cama.

—¡MOCOSAA! ¡¿DONDE TE HAS METIDO?! — gritó uno de los guardias.

—¡Oye idiota, si le gritas de esa manera no saldrá! – dijo el otro guardia que acompañaba al primero.

—Ok, oye niña, te tenemos buenas noticias, así que sale de tu escondite —dijo el guardia. Mi susto desapareció, así que salí de mi escondite.

—¿Qué es lo que ocurre? —pregunté.

—Que al fin podrás salir de esta pocilga —dijo uno de los guardias.

—¿En serio?, no es una broma? —pregunté no muy confiada.

—Claro que sí, su padre ordenó que la liberáramos — dijo el otro guardia — Así que por favor retirémonos de este calabozo.

—Ok — dije sonriendo y saliendo del lugar el cual fue mi hogar durante 10 largos años.


—Ya sacaron a esa del calabozo — preguntó el rey de Task, el cual era el padre de Roya.

—Viene en camino su majestad —dijo el guardia personal del rey.

—Muy bien — Dijo – Al fin podré utilizar a esa chiquilla, y así obtener más poder — pensó para sí mismo, embozando una sonrisa.

—Su majestad, la joven ya está fuera del salón — dijo uno de los guardias.

—Háganla pasar — dio la orden él rey.

En ese momento la joven hace ingreso al gran salón del palacio, un poco asustada, ya que hace mucho tiempo que no veía aquel salón, y sobre todo a su padre, el hombre que la había mandado a encerrar.

—Tanto tiempo querida — dijo el rey levantándose de su trono y abriendo sus brazos.

—Cállate —exclamó la joven de cabellos negros.

—¿Cómo te atreves a gritarle al rey?! — dijo uno de los guardias quien se disponía a golpear a la muchacha, pero fue detenido por el mismísimo rey.

—No importa, al fin al cabo es mi sangre — dijo el rey.

—¡¿Por qué me sacas ahora?! ¿Qué es lo que quieres de mí? —dijo la joven con lágrimas en sus ojos.

—Simple, eres una mujer joven… —dijo el Rey.

—¿Y que tiene eso que ver? – preguntó la joven de ojos rojizos.

—Necesito aliarme con un sujeto, y para eso necesito que te cases con él — dijo fríamente el rey.

—Eres un monstruo, ¡TE ODIO! – exclamó la joven mientras era expulsada del gran salón por los guardias.

La joven Roya fue llevada a una hermosa habitación, la cual era muy amplia y lujosa, la muchacha quedó asombrada por la belleza de aquella recamara.

—Quédate aquí y no salgas —dijo el guardia quien salió inmediatamente de la alcoba.

La muchacha se dedicó a inspeccionar cada parte de la habitación, encontrando un gran armario, que en su interior había un sinfín de lujosos vestidos, la chica escogió uno, lo dejo encima de la cama, y se dirigió al baño para poder tomar una relajante ducha.

Una vez terminada la ducha, se colocó el vestido, el cual hacia resaltar la belleza de la joven, la cual todo estos años se había escondió entre la sucia tierra y los harapos con que vestía. Sujetó su cabello con una coleta dejando 2 mechones sueltos a los costados de su rostro. Se veía hermosa.

—Mikki, ¿puedes arreglar la habitación que queda disponible? —dijo Dumas.

—Si maestro — dijo muy entusiasta el joven de cabello negro.

—Ah, y dile al chico nuevo que te ayude —volvió a decir el hombre.

—Como usted lo ordene — dijo Mikki antes de retirarse de la oficina de Dumas.

—Ese idiota debe de estar desesperado por querer casar a su hija con alguien como yo —dijo Dumas — pero lo que me interesa es el poder oculto que se dice que tiene esa niña, con ese poder seré el más poderoso.

—Zed, el maestro dijo que me ayudaras a ordenar una habitación — dijo Mikki.

—Ok —dijo el chico cabello blanco.

Los 2 jóvenes acomodaron la habitación, una vez que terminaron los demás sirvientes les mandaron a decir que esperaran que llegara un carruaje a fuera de la mansión, y así que se dirigieron a la entrada de la gran casona.

—¿A quién querrá que esperemos en maestro? Casi nunca tenemos visitas de este tipo – dijo Mikki un poco pensativo.

—Quien sabe… — dijo Zed.

—Mira, ahí viene una carroza —dijo Mikki apuntando dicha carroza.

Al llegar el carruaje a la entrada de la mansión, pudieron observar bajar de el al rey de Task y junto a él una hermosa joven que se encontraba cabiz baja.

—Hemos venido a ver a Dumas — dijo el Rey de Task.

—Enseguida le avisaré —dijo Mikki entrando a la mansión en busca de Dumas.

—Tú, mocoso toma las maletas — dijo el Rey ordenándole a Zed.

—… —él chico chasqueó su lengua muy molesto pero obedeciendo la orden.

—Con cuidado con las cosas de mi hija —dijo El rey.

—No es necesario, no te preocupes— dijo Roya dándole una pequeña sonrisa a Zed.

—… — no contesto nada, solo tomo las maletas y condujo a los visitantes hasta la sala de espera.


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