La estancia en penumbra hacía más difícil saber de quién eran esas manos, los jadeos retumbaban en las paredes frías, sin embargo él solo sentía calor, un apabullante calor mezcla de pasión y dolor.

Sentía las fuertes embestidas entrando y saliendo de su cuerpo, la mano que acariciaba su torso y que jalaba con fuerza su propio miembro, agarrándolo sin cuidado ni delicadeza, frotándolo con fuerza y haciéndole estremecer entre dolor y placer. La otra mano le obligaba a tener una de sus piernas en alto mientras él se apoyaba en la pared, entre gritos y quejidos, mezcla de un dolor y un placer extraño que le quemaba por dentro.

Las lágrimas rodaban por sus mejillas, su cuerpo temblaba como si unas fuertes descargas eléctricas lo sacudieran sin consideración; echó la cabeza atrás, obligado por una mano que le agarraba con fuerza del pelo, y sintió como unos labios le besaban con fuerza, más bien le mordían. Entre un jadeo y otro consiguió deshacerse del beso con otro mordisco, notando la sangre de su captor escurrir por su labio y mezclarse con la suya.

Le miró con los ojos encendidos de rabia y pudo contemplar al joven detrás de él, quien le embestía con tanta brutalidad, el que perforaba su cuerpo sin importarle…pudo ver con perfección esos ojos verdes que tan bien conocía…

Antonio se levantó jadeando y empapado en sudor, aún sentía las manos abrasándole la piel, creía sentir el sabor de la sangre, incluso palpitar su entrada y…

Bajó la mirada hacia las sábanas y una vez allí la llevó hasta su entrepierna, su capital estaba alzada y no era una simple erección matutina, sino el resultado de una excitación que para él hacía años que debía de haber desaparecido.

Sonrojado por el sofoco y la vergüenza se tapó rápidamente, envolviéndose de nuevo entre las sábanas. Aquello no podía estar sucediendo, no de nuevo, no entendía el porqué aquellos recuerdos habían vuelto a su mente y habían aparecido en sus sueños. Habían pasado más que años desde aquello. Se encogió sobre sí mismo, con las mejillas aún sonrojadas, cerró los ojos con fuerza; tenía que calmarse, tenía que hacerlo, pero esos ojos verdes le perseguían.

Hundió el rostro en la almohada dejando escapar un suspiro que más parecía un jadeo y un nombre escapó de sus labios a la vez que sus manos bajaban lentamente a su capital.

-Arthur…-su nombre se le escapó de los labios mientras acariciaba su propio cuerpo, otorgándose el placer que no había podido terminar de sentir en su sueño.

Pensó en el inglés y una imagen perfecta de su rostro y de su cuerpo se formó en su mente mientras mordía suavemente la almohada para evitar gemir más alto, casi le pareció oír al inglés susurrarle al oído "no te contengas, déjame oír tu voz, español" Maldito, hasta esas palabras en su cabeza le encendían más.

-Ca-calla…maldito, inglés…-jadeó ahogando un gemido mientras en su mente, Arthur, continuaba sonriendo con suficiencia, acariciándole con ferocidad, devorando su cuerpo.

Antonio tembló y dejó escapar un gran gemido a la vez que se venía, contempló jadeante su mano manchada, con los ojos entrecerrados del cansancio y la respiración aún acelerada. Cerró los ojos y se ovilló en las sábanas; no podía negarlo, nunca dejaría de sentir esa fuerte pasión por el inglés, nunca conseguiría sacar de su mente por completo aquellas violaciones que en parte, fueron consentidas. Nunca conseguiría deshacerse de su pasado y aún menos de sus sentimientos.