Disclaimer: Tengo que hacer uno nuevo porque aquí casi no sale Jasper, pero bueh… ya saben lo que es de Meyer y lo que es mio… El piloto y el avión xD

Aclaracion: Esta historia es una secuela de Pesadilla, he intentado que se entienda sin necesidad de leer la historia anterior pero yo les recomiendo leerla para que tengan mas pistas.

Este es el link de Pesadilla, ya saben, sin los espacios http: / www. fanfiction. net/s/ 7086819/1/Pesadilla

Disfruten… Nos leemos abajo.

Realidad

Capítulo 1

Veo partir a Alice con Jasper hacia su fin de semana de reencuentro como lo autodenominé. Bajé mi mirada y allí tomado de mi mano esta Dylan, mi ahijado, mi sobrino, el hijo de mi mejor amiga al que amo como si llevara mi sangre, quien me mira con esa sonrisa tan linda y sincera que me hace suspirar dentro de toda esta confusión en la que estoy metida.

Toda la historia entre Jasper y Alice me hace sentir más confundida, ellos aparentaban ser la pareja perfecta, sin embargo los secretos y mentiras casi los habían arruinado, dañando la confianza de mi amiga en el proceso. Eso simplemente me aterrorizaba mucho más de lo que estoy normalmente, sobre todo porque ya yo he confiado antes y me habían roto el corazón.

Una vez perdimos de vista el auto, salí de mis pensamientos y guiando a Dylan entramos a la casa. Había decidido venir a cuidarlo en su propia casa, la mía ya no se sentía tan mía, se sentía "nuestra" y sabía que era así como quería que se sintiera pero no estaba segura de que eso sea lo que él quería. Era consciente de que apenas llevamos poco más de seis meses de habernos conocido y haber iniciado la relación, pero he estado enamorada antes y que esto que siento es de verdad y es lo que quiero.

¿En qué momento se me ocurrió enamorarme de un "Piloto"?

Paso por los pasillos del supermercado seleccionando entre los anaqueles lo que necesito para sobrevivir un par de semanas. Al pasar por el pasillo de las galletas me debato entre llevar o no las galletas favoritas de Dylan, él suele pasar mucho rato en mi casa, cuando Alice y Jasper salen a cenar o para asistir a cualquier otro compromiso, nunca esta demás tener un tranquilizante para esos casos. Aunque quizás pase un tiempo antes de tenerlo por mi casa, acaba de salir del hospital por una bronquitis y Alice puede estar en Modo Madre Sobreprotectora.

-¿Decidiendo si malcriar o no a tus hijos?- preguntó una voz masculina con tono de broma.

Me volteé hacia donde venia la voz y no sé cómo pude seguir respirando con el hombre que tenía enfrente, era un "Hombre" con todas las letras y de los más guapos debo decir, me miraba con una sonrisa ladeada y un brillo pícaro en los ojos, su ropa deportiva y cabello broncíneo húmedo dejaban claro que había estado ejercitándose hasta hace poco, empujaba también un carrito que como el mío estaba lleno de cosas en pocas cantidades, "como para una sola persona" pensé.

-Llévales las galletas- dijo alargando la mano hacia la marca favorita de Dylan, puso un par de paquetes en su carrito y otro par en el mío, yo aún lo miraba estupefacta, sin poder articular palabra alguna- A menos que estés a dieta y la duda sea por ti misma.

Cuando dijo esto enarqué una ceja enfadada ¿acaso me estaba diciendo que soy una flaca fatua obsesionada con mi figura?

-¿Disculpa?- pregunté como haciendo que no lo escuché bien pero mirándolo ahora con enfado.

-¡Vaya! Hasta que pude hacerte hablar- exclamó todavía sonriente.

-¿Hacerme hablar? Me llamaste "Flaca cabeza hueca obsesionada con dietas"…- le reclamé aún molesta pero mirándolo como si le hubiese salido un tercer ojo.

-No funcionó lo de los hijos, tuve que tomar medidas drásticas para poder escuchar tu voz- su sonrisa de suficiencia me descolocaba por completo.

-¿Funcionó? ¿De qué estas hablando?- Ya estaba comenzando a creer que el hombre lo que tenia de guapo lo tenia de loco o tarado.

-Solo quería hablar contigo, no pareces tener hijos y alguien que está a dieta no estaría en este pasillo- dijo levantando una ceja arrogantemente.

-¿Y cómo sabes que no tengo hijos?- le pregunté cuadrando los hombros y mirándolo retadoramente.

-Las cosas que llevas en tu carrito son para una sola persona y algunas son comida chatarra, de ahí también sé que no estás a dieta, una madre se preocupa por comprar cosas nutritivas para sus hijos- dijo encogiéndose de hombros.

No quise ni siquiera contestarle la sarta de improperios que estaba pensando ¿Qué se creía? Si, está muy guapo pero su arrogancia me quitó el interés por él. Además se ponía a analizarme y a juzgar sobre mí como si conociera mi vida, además de restregarme mis mayores deseos frustrados en la cara. Le lancé una mirada llena de reproche y tomé mi carrito para darle la vuelta y salir de ese pasillo.

-Espera- escuché que dijo pero no me detuve.

Termine de hacer mi compra sin volver a encontrármelo, hice la fila para pagar en la caja viendo por encima de mi hombro de tanto en tanto a ver si me lo conseguía de nuevo, si, me había molestado pero también me había gustado el tipo y no dejaba de pensar en qué pasaría si él fuera mi indicado, lo estaría dejando escapar por una tontería de querer hacerme hablar con él. Y debo decir fue una manera un tanto original.

Salí hacia mi auto en el estacionamiento del supermercado cargada de las bolsas de mi compra, abrí el maletero y organicé las bolsas allí. Me subí al auto y me dirigí a la salida del estacionamiento, disminuí la velocidad al ver que justo en la puerta por la acera del lado del copiloto iba el Sr. Arrogante cargando con sus bolsas en ambas manos trotando a paso ligero, sus brazos estirados y tensos por el peso se veían extremadamente sexys y ante eso no me pude resistir, respiré profundo y toqué el claxon, bajé la ventanilla del copiloto esperando que se detuviera.

Tuve que tocar el claxon por segunda vez porque noté que llevaba audífonos, cuestión que yo encontraba totalmente imprudente, privarse de uno de sus sentidos en la calle era peligroso. Esta vez volteo y miró el auto interrogante, pero cuando se bajó un poco y miró por la ventanilla abierta la sonrisa arrogante volvió a aparecer en su rostro.

-Vaya, pensé que había perdido mi oportunidad- dijo apoyándose en la ventanilla abierta mostrando una sonrisa torcida llena de suficiencia.

-Pues considéralo como mi buena acción del día ¿Te llevo a algún sitio?- le dije impaciente.

No respondió, simplemente pasó todas las bolsas a una sola mano y abrió la puerta, antes de sentarse puso las bolsas en el suelo del auto y se acomodó en el puesto de copiloto cerrando la puerta tras él.

-¿A dónde vas?- le pregunté, esperando que me dijera para arrancar el auto.

-¿No te parece precipitado preguntarme mi dirección antes que mi nombre?- su sonrisita de suficiencia me estaba sacando de quicio y deseé no haber sido tan impulsiva al ofrecerle llevarlo, pude haberlo dejado pasar.

Pero soy una curiosa y que pase lo que tenga que pasar.

-Soy Edward Masen- se presentó extendiéndome su mano, sorprendentemente lo dijo con total seriedad, con nada de arrogancia y eso me hizo sonreírle.

-Isabella Swan- me presenté con mi nombre completo- pero prefiero que me digan Bella- dije mientras estrechaba su mano.

El encogimiento de mi estómago no se hizo esperar al entrar en contacto. Algo en ese hombre me atraía irremediablemente, quizás el cabello cobrizo desordenado, la intensa mirada verde esmeralda o la sonrisa torcida arrogante.

-Bueno, Bella, gracias por el ofrecimiento… avanza unos 100 metros, vivo en ese edificio de allá- dijo señalando un edificio que efectivamente estaba la distancia que me dijo.

Lo miré fijamente y no pude evitar reírme con incredulidad por lo absurdo de la situación. Él me miró sonriendo también y arranqué el auto negando con la cabeza pero sin poder borrar la sonrisa de mi cara.

Frené frente al edificio que me había indicado y me volteé a verlo.

-En su destino Sr. Masen- le dije con formalidad.

-Le agradezco Srta. Swan- dijo aún con la bendita sonrisa arrogante torcida que parecía tener tatuada en el rostro-. Me gustaría invitarla a cenar en agradecimiento por su ayuda a este pobre desvalido esta tarde- su galantería era en extremo burlista y me fascinaba, tenía que saber más de él, no podía dejar esto hasta aquí.

-Está bien- dije y la sonrisa torcida se transformó en una completa, radiante sin pizca de arrogancia.

Me maravilla lo rápido que podía cambiar de actitud este hombre.

Se inclinó para tomar en sus manos las bolsas de su compra que yacían a sus pies.

-¿Conoces el restaurant "Frenesí"?- preguntó y yo asentí

-Te espero allí, esta noche a las 8 en punto- dijo abriendo la puerta y saliendo del auto.

-¿No me pedirás mi número de teléfono? ¿Para asegurarte de que iré o para poder insultarme en caso de que decida no ir?- le pregunté mientras cerraba la puerta.

-No tengo que pedirte tu numero teniendo tu teléfono- dijo inclinado en la ventanilla levantando mi teléfono en la mano donde no tenia las bolsas.

Lleve mi mirada al tablero de la palanca, el sitio donde solía colocar mi teléfono cuando manejaba y allí no estaba, si, era el mío. Abrí los ojos sorprendida ¿En qué momento lo tomó?

-Nos vemos en la noche- dijo con su sonrisa de suficiencia y rápidamente entró en el edificio.

Por más que me bajé e intenté entrar me di por vencida.

Se me escapó una sonrisa, se estaba asegurando de que me volvería a ver. Me encogí de hombros y regresé al auto.

-Nos vemos esta noche…- susurré en dirección a la puerta del edificio por donde había desaparecido.

La televisión emitía los sonidos de Ben 10, la comiquita favorita de Dylan y éste frente al aparato brincaba e intentaba imitar a su héroe. Yo estaba sentada en el sofá sin prestar la mínima atención a la pantalla y suspiré concentrándome en mis preocupaciones.

Edward es el hombre bueno, amable, divertido que siempre quise a mi lado, tiene defectos como todos, las veces que se queda en mi casa me saca de quicio que deje todo regado y que deje la pastilla de jabón llena de vellos, aunque, también ha sido un gran apoyo, si se daña un grifo en mi casa, no tengo necesidad de pedirle que lo acomode o de llamar a un plomero, él por iniciativa propia lo hace.

Pero… siempre hay un bendito pero… siento que hay algo que yo no sé, que me guarda un secreto y un secreto importante.

No estoy totalmente segura de esta afirmación y como ya he pensado millones de veces quizás sea que estoy paranoica con todo el asunto de Jasper y su Amante-No-Amante. Todo lo que sufrió Alice por esas mentiras, secretos, afectan y minan mi confianza.

Negué con la cabeza respirando profundo, Dylan volteó a verme extrañado.

-¿Qué pasa, Titi Bella?

-Nada, corazón, solo estoy pensando mucho y me perdí la mitad del programa.

Me miró unos momentos más con la duda en sus infantiles facciones y volvió su atención a la televisión, olvidándose de mí nuevamente.

Estaba siendo totalmente estúpida al desconfiar de esa manera de Edward, él no me ha dado razones para desconfiar de su sinceridad, en lo que no confió es en sus proyectos a futuro conmigo.

Quiero buscar la manera de pedirle que se venga a vivir conmigo, cuando no está trabajando y por ende viajando de un lado del mundo al otro siempre está en mi casa, así que no tiene sentido que el continúe manteniendo su apartamento en el centro de Seattle cuando yo tengo una casa en uno de los mas cómodos condominios y que realmente no está lejos del centro.

Me da miedo, temo que me rechace, que él no piense en esta relación tan seriamente como la pienso yo, porque ciertamente esto se ha dado muy rápidamente pero es que se siente tan natural, como si fuera lo que tiene que pasar.

Dylan se sentó a mi lado y recostó su cabeza en mi regazo viendo todavía la televisión, pero tenía sueño, se le notaba y yo comencé a acariciar sus cabellos distraídamente, mientras seguía evaluando los pros y contras de lo que planeaba proponerle a Edward.

Sentía que Edward es el hombre indicado para formar una familia, esa que siempre he deseado, la que siempre he anhelado al tener tan cerca a mi pequeño ahijado, muero de ganas de tener mi hijo propio, un pequeño que dependa de mí como Dylan lo ha hecho de Alice.

Edward era el hombre que he elegido como el padre de mis hijos, sabía que sería un buen padre, lo veía en sus acciones con mi pequeño ahijado, aún cuando no era nada suyo se comportaba con él como un padre, quizás más bien como un tío cómplice de travesuras, pero se había ganado el afecto del pequeño y verlo interactuar con él me ha hecho imaginármelo con un pequeño con el mismo tono de mis cabellos y los ojos verdes de él, una mezcla de ambos.

La cuestión es cómo lo tomaría él cuando se lo dijera…

-::-

El teléfono de la casa sonaba incesantemente mientras me subía los pantalones apresuradamente luego de orinar, ¡es que una no podía hacer sus necesidades en paz! Seguramente era Alice desesperada por saber de su pequeño, el cual dormía profundamente en su habitación, después de una rápida ducha y perfectamente arropado, sin darme mucha pelea.

Corrí al salón y tomé el teléfono rápidamente.

-Ya Alice, Dylan está perfecto, no es necesario que empaques para regresar, solo estaba en el baño- le dije de golpe por que conocía lo extremista que podía llegar a ser mi amiga si al segundo timbrazo no le contestaba, quizás ya hubiese arrastrado a Jasper de regreso y vendrían a medio camino.

-¿Y pensabas en mí mientras te tocabas?- la aterciopelada voz de Edward me hizo reír y me tumbé en el sofá.

-Ed- suspiré en respuesta- No me estaba tocando y si lo hubiese estado haciendo no estaría pensando en ti- le dije siguiendo su broma.

-¿Entonces en quién?- preguntó con voz ofendida, pero también había diversión en su tono.

-Mmmm- fingí pensarlo un momento- Johnny Deep estaría muy bien- dije convencida

-Haz herido mi ego cariño- dijo fingiendo dolor, me carcajeé fuertemente.

-¿Cómo estuvo el vuelo?- pregunté cambiando de tema pero aún con la sonrisa en mis labios. Edward siempre me hacia reír.

-Ehh bien, todo bajo control linda- sentí un ligero titubeo pero lo dejé pasar.

Comenzamos a hablar de todo y de nada, como siempre solíamos hacer, lo quiero, ese hombre se ha ganado mi corazón a pulso, con hechos reales, no con palabras bonitas, ni con regalos caros, se lo ganó siendo él mismo, arrogante, odioso y hasta prepotente pero también divertido, detallista, amable. Una combinación extraña pero atractiva y si a todo eso le sumamos su físico que quita el aliento, el resultado es la vida que deseaba.

Hablamos hasta que tuve que trancarle porque Alice me llamaba a mi celular para saber de Dylan. Le di un informe y ella se escuchaba feliz, me alegré por mi amiga, ella estaba saliendo de un mal momento en su matrimonio pero por el amor que se tenían lo estaban superando, paso a paso. Creo que el gran problema de Alice fue que siempre creyó en su vida como un perfecto cuento de hadas que según sus propias palabras terminó siendo una pesadilla de la que no podía despertar. En cambio yo, yo tenía los pies sobre la tierra, no cometería los errores de Alice, no idealizaría a Edward como ella idealizó a Jasper, no vería la vida con los lentes rosas porque no era así y verla de un solo color le quitaba su verdadera belleza.

-::-

El fin de semana pasó rápidamente y más pronto de lo que me imaginé me vi libre de mi misión de niñera, mis amigos se veían tan tranquilos y en paz consigo mismos y con el otro que me hicieron sentir orgullosa de ellos.

Nerviosa, terminé de preparar una cena de bienvenida para Edward, era miércoles y con suerte estaría libre hasta principios de la próxima semana. Esta cena era especial y si todo salía bien el fin de semana lo pasaríamos de mudanza entre su apartamento y mi casa.

Confío en que su repuesta será positiva, apuesto a que ese apartamento tiene hasta tela de arañas en todos los rincones y una gruesa capa de polvo, exceptuando por donde él pasa para ir en busca de nuevas mudas de ropa, quizás él mismo esté esperando el momento en que yo le plantee venirse a vivir conmigo.

La puerta se abrió y salí corriendo al pasillo de entrada, él sonriendo lanzó la mochila al suelo, ya venía sin el uniforme, supongo que habrá pasado por su apartamento antes de venir, me lancé a sus brazos enroscando mis piernas en su cintura y me recibió gustoso, cerrando la puerta detrás de si con el pie.

Sentí sus labios en la piel de mi cuello y automáticamente dirigí los míos a su encuentro, el beso fue intenso, sus manos sosteniéndome por el trasero apretaban la carne de mis nalgas y ansiosa me restregué contra su cuerpo, me recostó contra la pared y sus manos comenzaron a viajar por mi cuerpo, recorriendo un camino ya memorizado anteriormente.

-La… cena…- medio articulé entre suspiros mientras sus labios viajaban a la piel de mi cuello y pecho- Se enfría…- murmuré casi perdida en la pasión que se desataba en cuanto nos tocábamos.

Había sido así desde el primer momento, había sido así desde aquella primera cita y no me avergüenzo de ello. Entre nosotros había una química inigualable, como encender un fósforo en una línea de pólvora y como ese fuego nos dejábamos llevar el uno por el cuerpo del otro.

-Para eso está el horno microondas- dijo mientras pasaba mi camiseta por mi cabeza, sacándomela dejando mis pechos al descubierto, estaba en casa, no tenía por qué usar brasier, él gruñó y llevó sus labios directo a besar mi pezón derecho. Yo enredaba mis dedos en sus cabellos y apretando su cabeza contra mí para evitar que dejara de hacer lo que estaba haciendo.

Me separó de la pared y caminó conmigo cargada al salón, me lanzó en el sofá y se quitó su camisa, cuando procedió a desabrochar sus pantalones yo seguí su ejemplo y me deshice de mi corto short de jean y de las bragas, me miró con tanta picardía y su sonrisa de medio lado destilaba lujuria.

Lo tomé de la mano y lo hice sentarse en el sillón a mi lado, pasé una pierna por encima de las suyas y quede a horcajadas, nuestras intimidades sin tocarse pero tan cerca que podía sentir el calor de su erección y él podía sentir el calor de mi centro palpitante.

Tomé posesión de sus labios y me siguió pero unos segundos después me vi doblegada por la insistencia de su lengua sobre la mía, sus manos paseando por mi cuerpo encendían mi piel por donde quiera que pasaban, hasta que una de ellas fue a dar en mis pliegues, buscando el botón que él conocía que activaría mi impaciencia por tenerlo.

Él parecía desesperado por poseerme y en cuanto su dedo consiguió mi clítoris le aparté y tomé su miembro en mi mano, posicionándolo en mi entrada y empujé, llenándome de él. Comencé una cadencia lenta y tortuosa, cabalgándolo a un ritmo que era desesperante tanto para él como para mí, él movía sus caderas contra mí, encontrándome en plena estocada pero podía sentirlo presionándome a aumentar la velocidad y cedí, aumenté el ritmo y él lo tomó como una señal para tomar el control.

Se movió con una rapidez impresionante, tumbándome en la alfombra y quedando sobre mí, sus movimientos quitándome la cordura, haciéndome jadear, gemir, murmurar palabras de éxtasis entrecortadas, pidiendo, suplicando por más.

Su boca viajaba de mis labios a mi cuello, se irguió y yo abrí los ojos para admirar la belleza del placer en su rostro, me miraba de la misma manera, sus manos viajaron de mis costados por mis brazos a mis manos, entrelazando nuestros dedos me deje ir al clímax, quedándome sin aliento, apretando mis piernas en torno a su cintura mientras continuaba entrando y saliendo de mi cuerpo con un ímpetu fuerte y poderoso.

Lo sentí llegar dentro de mí unos segundos después, sus músculos se tensaron y apretó mis manos entre las suyas, una breve y silenciosa maldición escapó de sus labios mientras se liberaba y bajando poco a poco la velocidad de sus embestidas se tumbó sobre mí, apoyando su peso en sus antebrazos.

Su nariz se paseaba, como la caricia de las alas de una mariposa, por la piel de mi cuello y mi hombro, me estremecí por las ligeras cosquillas que su roce en ese sitio me ocasionaba allí.

-Hola Tú- me dijo levantando la cabeza y viéndome a la cara, le sonreí satisfecha.

-Hola…- le dije en un suspiro- primero tomas mi cuerpo y luego saludas- le dije con falso reproche.

-Así son las cosas, cariño- me dijo encogiéndose de hombros, rodó y se acostó en la alfombra, con uno de sus brazos me arrimó más contra su cuerpo y yo quedé con medio cuerpo sobre el suyo, pasando mis manos lánguidamente por su pecho mientras sus dedos recorrían distraídamente mi espalda.

-Bienvenido a "Casa"- le dije viéndolo a los ojos, esperando que entendiera el sentido que le estaba dando a la última palabra.

Me miró seriamente mientras yo esperaba alguna pregunta de su parte al respecto, esperé unos minutos y cuando estaba a punto de volver a hablar fui interrumpida por el teléfono, me aparté de él y me arrodillé en la alfombra buscando alcanzar el teléfono en la mesa junto al sofá y al inclinarme un poco y alcanzando el teléfono sentí una nalgada no muy fuerte pero si excitante sobre mi trasero desnudo.

-¿Bueno?- contesté mirándolo enojada.

Edward solo se encogió de hombros con esa sonrisa traviesa marcada en su rostro y gesticuló silenciosamente "Tú me tentaste".

-Bells- Reconocí la voz del otro lado de la línea y sonreí sinceramente.

-Pensé que te habías olvidado de mi- le dije mientras Edward me observaba, suspiró un poco frustrado y se levantó, lo vi ponerse sus bóxer y sus pantalones y caminar a la cocina.

-No me he olvidado de ti, solo he estado muy ocupado, las cosas no están fáciles por aquí- pude sentir la tristeza en su voz mientras me ponía mis bragas.

Tomé la camisa de Edward y me separé del teléfono un segundo antes de contestarle para ponérmela.

-¿Algún avance?- pregunté preocupada.

-Nada, la misión está muy difícil linda, estoy a punto de darme por vencido- podía sentir la angustia en su voz y sentí pena por él.

-Paciencia, ya verás que lo lograrás, conseguirás lo que quieres- dije dirigiendo mis pasos a la cocina.

Edward revisaba los platos que yo había dejado servidos y los colocaba en el microondas, se movía como en su casa y eso a mí me encantaba, verlo tan a gusto en mi casa era precisamente lo que quería.

-Quizás consiga algo, pero temo que al final no será lo que quiero- suspiró frustrado.

-Siendo pesimista no lograrás nada- lo regañé.

-¿Qué hay de beber?- me preguntó Edward y yo me dirigí a la nevera y saqué el jugo de naranja natural que había preparado para la cena. Ed lo tomó y lo llevó a la mesa.

-¿Estás con él? Lo siento, no quería causarte molestias. Hablamos otro día- se despidió sin apenas esperar respuesta, el "No, espera" se quedó atorado en mi garganta al escuchar el tono en la línea del teléfono.

Preocupada suspiré trancando y colocándolo en el mesón de la cocina. Edward me esperaba sentado en la mesa, me miraba con el ceño fruncido. Señal de que la llamada lo había molestado, como todas las anteriores que había recibido del mismo interlocutor en su presencia.

-¿Cenamos?- preguntó impaciente.

-Edward, sabes que no es lo que estás pensando- le dije sentándome en la mesa a su lado extendiendo mi mano hacia la suya, el movió la mirada hacia mi mano sobre la suya.

-¿Qué estoy pensando? Tus conversaciones con ese tipo son tan crípticas que no tiene sentido que aún estando yo en la misma habitación te asegures de que yo escuche, es como si tuvieran una especie de código secreto- reclamó furioso levantándose de la mesa y caminando de un lado al otro resoplando con fuerza.

Me quedé tranquila, silenciosa, esperando que él terminara de descargar toda su frustración para yo luego rebatirle todas y cada una de sus inseguridades.

-¿Qué quieres que piense Bella? Si cuando estoy hablas con él, cuando no estoy más de una vez te llamo y está el teléfono ocupado porque estás hablando con él… ¿Estás conmigo o con él?- Me miraba aguardando respuesta.

-¿En serio quieres que te responda eso de nuevo Edward?- le pregunté levantándome y haciéndole frente- Te lo explicaré con dibujitos como a mis alumnos a ver si así lo entiendes mejor- mientras hablaba exageraba mis gestos, haciéndolos más gráficos-. Soy su "única" amiga- le dije haciendo énfasis en la palabra- O por lo menos la única con la que puede hablar libremente de lo que está pasando sin sacar a relucir el pasado.

Respiré profundo calmándome y me acerqué a él, me miraba interrogante y quizás un poco anhelante.

-¿Dónde está el Edward arrogante y seguro de sí mismo que conocí? ¿A qué viene toda esta inseguridad?- le pregunté suavemente, poniendo mis manos sobre sus mejillas, obligándolo a mirarme a los ojos y con mi mirada tratando de trasmitirle mis sentimientos.

-Tú haces que me vuelva inseguro Bella, no sé qué me pasa, nunca me había comportado de esta manera- dijo colocando sus manos sobre mis muñecas pero manteniéndolas en el mismo sitio.

-Vente a vivir conmigo Edward- le pedí de pronto, había pensando miles de maneras de proponerlo, sugerirlo quizás pero me salió así, tan directo como siempre ha sido nuestra relación.

Por sus ojos vi pasar la sorpresa, la confusión, la duda, el discernimiento, confusión nuevamente, entendimiento y finalmente la decisión…

-No, Bella…- sus labios se abrieron, pronunciando las palabras que menos me imaginé saldrían de su boca luego de mi propuesta, atorando la respiración en mi garganta en forma de nudo y dejándome temblando sin poder abrir mis labios.

-::-

Nota de Autora: Mis Nenas que me vienen desde Pesadilla, gracias por estar aquí y por esperar, esta historia se me ha hecho difícil porque estoy habituada a mis Jasper y Alice. No abandonare esa pareja… Seguiré con el proyecto secreto que tengo por ahí para publicarlo algún día.

Espero les guste esta historia y bueno cualquier cosa no duden en preguntarme, las que son nuevas acá Bienvenidas! He tratado de hacer esta historia lo más independiente posible pero inevitablemente habrán puntos de conexión!

Gracias Totales a mis Amadas y Adoras Betas por apoyarme y darme ánimos con esta historia! Esta Historia es por y para ustedes Ginegine y betzacosta.

Gracias a las que me insistieron por saber más de este Sexy Piloto xD