Hola, aquí Kamii reportandose (desde la casa de su tía que es la única que tiene internet u.u)

Disculparan la demora, como mencioné en el blog, había estado teniendo problemas con mi computador, y perdí el capítulo, tuve que esperar hasta venir a casa de mi tía que me ayudó a recuperar los capítulos que había perdido (Amemosla todas juntas)

Así que aquí estoy, es algo corto... Pero prefiero separar la reacción para aumentar el suspenso (?)

Capitulo 19.

Amor.

BPOV.

Mi mejor amiga Ángela era la más orgullosa con mi decisión de irme después de mi dieciocho cumpleaños en septiembre, las clases darían comienzo hasta comienzos de Octubre por lo que tendría casi un mes para acostumbrarme. Estaba feliz de que pudiera cumplir mi sueño por fin, y me había dado como regalo de cumpleaños y despedidas una entrada para el concierto de mi banda favorita en Nueva York.

Viajamos junto con su novio hasta allí totalmente emocionadas; ella se quedaría conmigo esos tres días hasta mi partida, así que podríamos disfrutar del concierto juntas. Alquilamos un auto también, ya que la comisión educativa lo pagaba todo no tenía problema en gastar algo de dinero que tenía ahorrado.

Sonaba la canción más romántica, The Only Exception mientras luces moradas cubrían a la audiencia, cuando al vaivén de la gente que baila suavemente al son de la canción me hizo tropezar; al tener los ojos cerrados no lo vi venir, sentí el frío tacto tomarme por los hombros, abrí los ojos y lo vi por primera vez. Nunca había visto nada como él, aquel brillo en esos orbes dorados era indescriptible, capaz de consumir a un mundo entero con una mirada y sin siquiera pensarlo me hallaba deslumbrada bajo su hechizo. La sensación fue indescriptible, el roce de su cuerpo contra el mío me hizo sentirme atraída sin algún motivo aparente.

Él me sonrió y produjo que un escalofrió me hiciera estremecer, sentí cada parte de mi cuerpo adormecida, como si mis huesos se hubieran trasformado en gelatina de un momento a otro, y me sentí incapaz de sostenerme sobre mis propios pies; estaba siendo balanceada por las personas a mi alrededor, perdí el equilibrio nuevamente, tropezando con el dueño de aquella sonrisa perfecta, que en ese momento me tomó por la cintura en un intento de ayudar a sostenerme. Cuando la canción terminó el efecto repentino del romance desatado por solo el contacto de nuestros ojos me envolvió aún más. Cuando el concierto llegó a su fin, la banda se despidió y un temor se apoderó de mi interior, temía no volverlo a ver… Y era algo definitivo, partía mañana mismo a Londres. Me tomó de la mano y con determinación lo seguí, sin decir una palabra nos alejamos de la multitud…

.

.

¿Edward? —dije volviéndome y encontrándome con una interesante sorpresa.

Yo tampoco esperaba encontrarte aquí si esa es la pregunta —dijo con esa sonrisa torcida que había invadido mis pensamientos en las últimas horas. No sabía qué hacer, estaba entrando en pánico o algo parecido, realmente ridículo—. No me dijiste que venías a Londres —dijo en un tono que realmente no supe reconocer.

No sabía que era algo importante. No creí que fuera a volver a verte —dije sonrojándome furiosamente, ridículo, otra vez.

... Lo que hace el destino, había dicho él. Lo recordaba como si esa primera vez que lo vi en aquel concierto, hubiera sido hace unos cuantos días en vez de cerca de un año atrás. Cada momento a su lado se encontraba vívido en mi mente, como una película reflejándose detrás de mis párpados.

¿Sabes? Estudio esto porque me gusta conservar los momentos más hermosos —dijo disparando el maldito flash de la cámara demasiado cerca a mi cara e inmediatamente recuperé la visión, sentí un ligero toque en los labios, pero fue suficiente para dejarme postrada en la silla mientras él salía del auto para abrirme la puerta.

De esa manera habíamos llevado nuestra relación, e incluso en medio de besos robados y caricias furtivas se había ganado mi corazón desde que sus ojos se cruzaron por primera vez con los míos. ¿Cómo era posible amarle tanto?

Edward había sido mi primera historia de amor, mi primer amor real y me habría encantado que también fuera el dueño de mi primera vez. Desde niña soñé con mi príncipe azul, y casi lo tuve conmigo antes de aquel fatal accidente cuando creí haberlo perdido todo. Entonces el cuento de hadas acabó, llevándose con él todas mis esperanzas de ser amada, de ser tratada con cariño y tener una primera vez inolvidable… Sería una primera vez inolvidable sin dudas, bien sabía yo que cosas como ésta no se superaban jamás.

Pero tenía algo mejor. Tenía la posibilidad de crear nuevos recuerdos.

Tenía la posibilidad de hacer el amor por primera vez.

Edward me depositó sobre mi cama con demasiada delicadeza, como si temiera que por cualquier movimiento brusco fuera a quebrarme en pedazos. No tardé en acercarlo a mí, porque no quería ni podía esperar más. Aún no entendía cómo es que lo había resistido tanto tiempo… Nuestros labios se separaron por unos contados segundos, sus ojos que hace unos minutos eran totalmente dorados, se encontraban oscuros en casi toda su totalidad.

Su olor y su sabor me mareaban, eran totalmente embriagantes en partes iguales. Cada uno de mis sentidos estaba alerta, expectantes por sus caricias. Me volví a acercar a él, porque en este momento parecía demasiada la distancia entre nuestros cuerpos. Cerré los ojos con fuerza al sentir sus labios sobre los míos, acabando con los pocos centímetros de distancia que nos separaban, se sintieron como si fueran kilómetros, entre nosotros. Delineé su labio inferior con mi lengua, pidiendo el acceso para profundizar nuestro beso, él abrió su boca para mí y la recorrí en toda su extensión; mientras él hacía lo propio con mi cuerpo, cubriendo cada parte de él que sus manos conseguían alcanzar.

Cuando el aire se hizo necesario para mí, sus labios trazaron un camino lento de besos húmedos, descendiendo por mi mandíbula, hasta alcanzar la sensible piel de mi cuello. En ese momento me sentí arder, un profuso fuego me abrazaba por todos lados. Inevitablemente mi cabeza cayó hacia atrás cuando su lengua trazó el contorno de mis senos que sobresalía de la camisa demasiado ceñida al cuerpo en la que Alice me había metido.

Sus labios se alejaron de mi piel, y pude leer con claridad el pánico que se reflejaba en sus ojos cuando se cruzaron con los míos, que debían ser un reflejo de los suyos. Pero estaba decidida, quería esto, lo anhelaba—. ¿Bebiste demasiado? —Quizá debería sentirme ofendida, pero negué con firmeza.

—Un poco de alcohol no me produce nada—. Y era cierto, tenía buena resistencia. Y no quería pensar en lo que pudiera pasar, aunque no creía que sería nada malo. Quería dejarme llevar esta vez, porque sabía que lo amaba y porque alguna vez había escuchado una sabia frase que decía que el futuro era cada segundo más incierto y que el presente es lo único que tiene certezas.

— ¿Entonces estás segura? —Yo asentí y llevé mi mano hasta sus cabellos, atrayéndolo hacía mí. Mi lengua se adentró nuevamente en su boca, aunque esta vez sin molestarme en pedir permiso. Jalé su cabello cuando sentí sus dientes mordisquear mi labio inferior con fiereza pero intentando ser delicado, se estaba tratando de contener. Gemí en su boca cuando empezó a acariciar mis costados y me separé de sus labios jadeando por encontrar algo más aire. Entonces sus dedos trazaron un camino, repetidas veces, por la línea de mi mandíbula, de nuevo a mi cuello, detrás de mi oído y hasta el comienzo de mis pechos, una y otra vez… —Eres hermosa.

Cuando nuestros ojos se encontraron de nuevo agradecí infinitamente estar acostada, estaba segura que de no ser así mis piernas no soportarían mi peso por demasiado tiempo, me sentía perdida en medio de una nebulosa dorada al ver que el miedo cambió de manera casi palpable por firmeza y lujuria. Él se acercó de nuevo a mi cuello, su lengua trazó el camino entre mi cuello y el lóbulo de mi oreja una y otra vez, encendiendo sensaciones antes totalmente desconocidas para mí. De un momento a otro bajó, posando su lengua en el comienzo de mis pechos nuevamente.

Gemí con fuerza cuando tomó mis senos entre sus manos y los apretó para luego empezar a masajearlos. Ambos nos estábamos descubriendo, sus caricias eran suaves y delicadas, pero firmes a la misma vez… La idea de que él también llevara tiempo deseando esto, deseándome… encendió algo nuevo en mí. Llevó sus manos al espacio entre mi cuello y mis hombros, y lentamente empezó a quitarme la chaqueta que me cubría. Sentí mi piel ponerse de gallina mientras sus dedos bajaban despacio la fastidiosa tela. Empecé a odiar la ropa por interponerse entre nosotros.

Le hice el trabajo fácil y me senté, el sonrió por mi desesperación y con rapidez lanzó la chaqueta en alguna parte de la habitación en medio de la oscuridad. Volví a recostarme, él se acomodó entre mis piernas desnudas y empezó a acariciar con dedicación mis muslos, acercándose con mucha frecuencia a mi centro que se moría por sus caricias lascivas. Su lengua bajó hasta mi tobillo y sentí sus labios trazar con vehemencia un camino húmedo hasta mis muslos de nuevo, temblé bajo su tacto. Me sentí al borde de la locura cuando volvió a mi entrepierna, pero lo único que hizo fue desapuntar el primer botón de mi short de jean y volver a repetir el proceso en mi otra pierna. Sentía sus manos por todas partes, apretando, acariciando y pellizcando cada fracción de piel en mi cuerpo que alcanzaban, mientras que con sus dientes bajaba la cremallera del molestoso short. Nuestros cuerpos se necesitaban, se anhelaban, se buscaban el uno al otro sintiendo la creciente necesidad de llegar al fin a lo más maravilloso… No quería esperar más, pero sabía que él quería hacerlo especial para mí, porque no quería hacerme sentir como un objeto y estaba cumpliendo a cabalidad su propósito. Sus caricias firmes eran a la vez cariñosas, sus ojos dorados me trasmitían todo el amor que sabía que sentía por mi… ¿Cómo dudar?

Amaba lo diferente, amaba que no necesitáramos una gran preparación anterior para llegar a esto, aunque quizá nos habíamos tardado en llegar hasta aquí. Amaba que solo él pudiera hacerme sentir especial, sin necesidad de rosas, velas, champaña y música relajante. Amaba lo diferente, amaba que Edward no necesitara cosas tan cliché para hacerme sentir especial. Incluso sin muchos detalles, lo tenía a él y ¿Qué más podía pedir?

En cuanto se deshizo de mi short, dejándome únicamente en el encaje rojo sangre que Alice me había obligado a usar, decidí que era hora de cambiar de posición. Él entendió la idea cuando intenté sentarme y tomó mi lugar, dejando que me acomodara sobre su regazo, mis piernas dobladas a cada uno de los lados de sus caderas. Sentí su dureza en mi punto más sensible y un chillido se escapó de mis labios de manera involuntaria, él jadeó y con un leve movimiento se presionó contra mí. Lancé mi cabeza hacia atrás, y él aprovechó para besar nuevamente mi cuello expuesto ante sus labios. Moví mis caderas contra las suyas una vez más y… ¡Dios!, esto se sentía realmente bien, de una manera que sobrepasaba lo absurdo.

Él, osadamente llevó una de sus manos hacía el encaje de mi ropa interior y empezó a tantearme, acariciándome distraídamente sobre la fina tela a la vez que su boca se apoderaba de la mía con pasión desatada. Me sentí mareada, las sensaciones en mi interior eran confusas y lo único que quería era desatar el nudo que se estaba formando en la parte baja de mi vientre. Mis manos acariciaron su cabello de manera impaciente, denotando e increíble torbellino de sensaciones que todo esto me provocaba.

¿Qué estaba esperando?

Siguió moviendo sus manos por los costados de mi torso, cintura y cadera; las llevó al borde de mi camiseta y yo levanté los brazos para que pudiera sacarla con más facilidad. Esta vez él no fingió pudor como solía hacer siempre, y pellizcó mis pezones erectos sobre el encaje rojo del sostén. Sentí su dureza crecer aún más si es que es eso posible y dar un casi imperceptible brinco. Un sonido gutural salió de sus labios, y todo en mi interior se removió.

Este torbellino de sensaciones me mataría de la forma más placentera jamás inventada.

Llevó sus labios a uno de mis pezones, y lo mordisqueó sobre la tela. Mis manos fueron nuevamente a sus cabellos, atrayéndolo con un poco más de fuerza de la necesaria a mi cuerpo porque necesitaba sentir su piel contra la mía. Puedo asegurar que lo escuché reírse, por mi impaciencia supongo y no pude evitar sonreír en respuesta por la forma en la que me conocía, incluso en un ámbito en el que aún no nos descubríamos del todo.

En cuanto pude volver a enfocarme, fruncí el ceño al darme cuenta que Edward estaba demasiado vestido, así que poco a poco y con manos temblorosas empecé a desapuntar los botones de su camisa negra, pero el trabajo se hizo demasiado difícil así que acabé por hacer saltar varios botones y él me ayudó a lanzarla a la nada junto con el resto de mi ropa.

No era la primera vez que veía a Edward sin camisa, pero parecía como si lo fuera. Su rostro, su sonrisa de satisfacción, sus pectorales y abdomen muy bien definidos… todo él era maravilloso. Mi mirada viajó por cada una de las partes descubiertas de su cuerpo, e incluso me atreví a imaginar que había más allá del comienzo de la V en sus caderas que se perdía debajo del cierre de su pantalón, que parecía a punto de estallar por el visible bulto que se estaba formando en su entrepierna.

Tracé sus abdominales, y luego bajé un poco más para desabrocharle el cinturón. Por lo menos fue más fácil que quitarle la camisa. Fui tras el cierre de su pantalón y el levantó sus caderas para facilitarme el trabajo, tal y como yo había hecho con él. Se los quité y los lancé a la pila de ropa al otro lado de la habitación. Mordí mi labio inferior y me presioné contra su protuberancia, ganándome un gemido de su parte. Qué hermoso preámbulo…

Con sus dedos trazó un camino por mi espalda, repitiéndolo varias veces para después deshacerlo, y con lo que pareció un simple toque mi sostén se deslizó por mis brazos, dejándome expuesta ante su vista. Él no dudó en acercarse y trazar un círculo con su lengua alrededor de uno de mis pezones, para luego tomarlo entre sus dientes y mordisquearlo un poco mientras una de sus manos masajeaba y pellizcaba el otro, prestándoles atención equitativa para disfrutar las sensaciones por igual. Casi grité, y me arqueé bajo sus manos que hacían maravillas por mi cuerpo, no supe en qué momento éstas se alejaron de la sensible piel de mis pechos para deshacerse del único trozo de ropa que quedaba entre nosotros, deslizó mis bragas por mis piernas y se dirigió a mi centro.

Cuando sentí uno de sus dedos tocar mi hinchado clítoris, me sentí morir.

Una avalancha de placer se apoderó de mí, mientras él, con una de sus increíbles manos masajeaba uno de mis pechos y con la otra acariciaba y pellizcaba mi clítoris.

Estaba avivando el fuego en mi interior. Si hace unos minutos ese nudo sin fin parecía apretarse más y más fuerte en mi vientre, ahora sentía como si mi interior estuviera a punto de estallar en una explosión nuclear… Y la sensación incrementó por mil cuando sus dedos fueron reemplazados por su lengua. Me sentí caer en un abismo sin fin.

Jadeé, grité, gemí y temblé debajo de él—. ¡Edward! —Chillé cuando uno de sus dedos se adentró en mí, esto era extraño pero se sentía realmente bien; marcando un ritmo lento que me estaba volviendo loca. Me presioné contra él en busca de mayor fricción, estuve a punto de pedirle que dejara de torturarme pero lo único que salió cuando abrí la boca fue un grito gutural al sentir sus dientes mordisqueando mi botón de placer. Me moví en círculos alrededor de sus dedos, buscando con desesperación todo el contacto que fuera posible obtener para aplacar un poco esta sensación, me arqueé rogando por una fricción imposible. Mi cuerpo pedía a gritos tenerlo dentro de mí, porque aunque sus maravillosos dedos de pianista estaban a punto de llevarme al borde de la locura, no era suficiente. Lo quería a él… todo él.

Dentro.

De.

Mí.

Ahora.

Me dejé hacer porque me sentía incapaz de pedirle que parara. ¿Quién en su sano juicio lo haría? Mordí mi labio inferior, intentando con todas mis fuerzas no gritar demasiado fuerte, tratando de ahogar los sonidos pero al final me deje ir, gritando cuando añadió un tercer dedo en mi interior, y empezó a moverlos esta vez con más rapidez que antes, una y otra vez… entrando y saliendo a un ritmo incesante y cambiante, primero lento, luego rápido y viceversa; curvándolos en mi interior y disparando todo dentro de mí. El placer era absurdo. Todo esto era absurdo. Deje caer mi cabeza hacia atrás, viendo de la manera más literal posible, puntos de colores a nuestro alrededor cuando el orgasmo me alcanzó. Perdí la noción de todo a mí alrededor, sumiendo mi mente en medio del remolino de sensaciones que se apoderaba de mí y dejándome llevar por los increíbles efectos colaterales que abarcaron mi cuerpo.

Él siguió moviendo su lengua con frenesí sobre mi sexo, no dándome uno, si no dos orgasmos de manera consecutiva, multiplicando el impacto dejado por estos. En cuanto se alejó de mi sexo, lo atraje hasta mis labios, sin importarme el hecho de que estaba probándome a mi misma en ellos, no me importaba, ya nada más importaba en este instante. Aproveché que la posición esta vez era más cómoda para ambos y lo ayudé a deshacerse de sus bóxers, sin perder tiempo y tomarlo entre mis manos. El jadeó por la sorpresa y empezó a decir una sarta de incoherencias mientras lo acariciaba.

—No… No puedo por… —empezó a decir, pero sus palabras se vieron ahogadas por un gemido cuando apreté sutilmente su miembro y moví mi mano derecha de arriba hacia abajo, mientras mi mano izquierda delineaba la punta de su erección para luego descender hacia sus testículos—. Quiero… dentro de ti —fue lo único que pude entender en medio de su diatriba ininteligible. Sin embargo seguí moviendo mis manos con un poco más de rapidez, nada comparado con lo que él podía hacer pero no por eso dejaría de intentarlo, quería que se sintiera tan bien como yo lo había hecho. Me sentí poderosa por causar estos efectos en él, casi como si pudiera yo sola con todo el mundo, pasé distraídamente las uñas por su longitud y sonreí para mis adentros al sentir su cuerpo estremecerse bajo mi tacto.

Él gruñó y en un movimiento desesperado tomó mis manos, poniéndolas a cada uno de mis costados.

—Te amo… y te necesito, ahora—. Dijo al ver el puchero que hice cuando me alejó de él —Dime si te duele—. Asentí, sin hacer un drama por no permitirme darle el mismo placer que él me dio a mí… tenía la eternidad para arreglar ese pequeñísimo detalle. Porque sería la eternidad lo que compartiría a su lado.

Lo sentí posicionarse en mi entrada, y todos mis sentidos estaban expectantes de nuevo. No era virgen, pero el dolor que me habían causado podría haber dejado daños secundarios… Sin embargo, el dolor que había sentido no se comparaba con el placer que me causaba el sentir su miembro entrando lentamente en mí. Sentí como si tocara las estrellas con las manos. No me importó nada más, todo se bloqueó en mi mente y ay nada más existía. Éramos Edward y yo, y el maldito calor que envolvía nuestros cuerpos, unidos como uno solo, como debía ser, como debería seguir siendo hasta el infinito.

El recuerdo vívido de mi primera vez llegó a mi mente, pero intentando con todas mis fuerzas lo ignoré. Este era Edward, él que me hacía sentir frágil y amada, el que había estado ahí en mis mejores y peores momentos… En medio de sus caricias no quería olvidar, quería sentir, quería amar, quería ser amada, quería crear más recuerdos y quería que el sintiera que era así, que no tuviera miedo de hacerme daño. Deseaba más que nada que sus huellas quedaran marcadas en mi piel, que sus besos siguieran causando estragos en mi mente, haciéndome olvidar todo a mí alrededor y atesorar cada uno de sus movimientos.

Cuando al fin lo sentí totalmente en mi interior, una oleada de placer provocó un estremecimiento que llegó hasta la punta de mi dedo meñique. La sensación en vez de ser incómoda era placentera. Me aferré a él con ansiedad, rodeando sus caderas con mis piernas y posando mis manos en sus hombros. Él notó mi comodidad, y empezó a moverse en mi interior. Una de mis manos viajó para recorrer su espalda y la otra se perdió rápidamente entre sus cabellos, atrayéndolo hacía mis labios. Sus manos estaban aferradas a mis caderas para marcando el ritmo en el cual se balanceaban nuestros cuerpos, sabía que se estaba reprimiendo. Lo conocía bastante bien como para saber que no estaba dando todo de si por miedo a hacerme daño—. No… te contengas —dije entre jadeos—. Confío en ti.

Sentí como si estuviéramos en el mismo nivel. No solo él tenía poder sobre mí y mis sentimientos, yo también lo tenía. Estábamos sincronizados, en todo sentido, como si no fuera nuestra primera vez… Como si conociéramos el cuerpo del otro de memoria. Nos besamos con suavidad, alargando el momento al máximo. Esto era sobre nosotros dos, sobre nuestros cuerpos unidos como uno, sobre nuestro amor interminable, sobre nuestras promesas de estar juntos para siempre… Todo consumado en un solo acto, sin necesidad de palabras ni de nada más. Éramos nosotros dos, para siempre.

Quería sentirle más, quería que no tuviera reservas conmigo… quería tantas cosas, y todas lo incluían a él. Empezó a acariciar mis muslos mientras aumentaba gradualmente la rapidez e intensidad de sus embestidas dentro de mí, se separó de mis labios para besar mi cuello y luego mordisquear mis pezones, una de sus manos fue directamente a mi clítoris y chillé cuando pellizcó aquel botón que estaba a punto de acabar con mi cordura. Tomé su rostro entre mis manos, miré fijamente en sus ojos, que estaban negros casi en toda su totalidad nuevamente—. Te amo —intenté susurrar, pero acabó siendo un chillido de placer al final. Él gruñó y se movió a una velocidad que no podía ser normal, que no era normal. Después de unas cuantas embestidas más estalló dentro de mí, y yo con él…

—Te amo —. En medio de mi estado de sopor no pude responderle, temblaba, y él me abrazaba con firmeza para sostenerme, pero no me separé… porque quería sentirlo un poco más en mi interior ¡Dios! Se sentía tan bien, tan normal… tan apropiado. Delineé su barbilla con mis dedos, acaricié su mejilla con ternura y sonreí, mas una lágrima escapó de mis ojos, haciendo el recorrido por mi mejilla—. ¿Qué pasa? —Le sonreí y negué con la cabeza. Porque no era nada malo, era demasiado bueno…

—Te amo —susurré, y después de unos segundos su risa llenó el silencio—. Eres mi cable a tierra —le dije, para después unirme a sus risas.

Estaba cansada, pero no quería cerrar los ojos… quería guardar este momento por siempre.

—Estaré aquí cuando despiertes —. Susurró en mi oído.

—Siempre —. Pude verlo asentir antes de dejar que finalmente mis parpados cedieran.

Es mi primer lemmon, no me juzguen u.u Gracias a Constanza Moreno por ayudarme con el capítulo, fue de gran ayuda.

Ahora, ¿golpes? ¿flores? ¿zapatos? ¿mucho amor?

Lo que sea ! Pero su opinión

Las quiero *~*

Kamii