Éste es distinto de los otros. Más suave, más tierno.

FANTASÍAS DE LORD JOHN GREY V

Cerro Fraser, 1769

Claire terminó de vestirse. Su marido, totalmente alerta pese a acabarse de despertar, se puso en pie a su lado.

-¿Quieres que te acompañe?- preguntó.

Ella le sonrió.

-No, tranquilo. Vuelve a la cama.

-Está bien- replicó devolviéndole la sonrisa.

Claire le dio un beso apresurado y salió de la cabaña. Jamie la siguió con la vista y se giró luego hacia la cama, donde John Grey dormía aquella noche con ellos.

Aunque ya no dormía, al parecer.

-¿Qué pasa?- preguntó alzando la cabeza, somnoliento.

Jamie hizo un gesto con la mano, restando importancia al asunto.

-Claire ha tenido que salir un instante para atender a nuestro huésped, el indio. Parece que está peor.

-Ah- John volvió a dejar la cabeza sobre la almohada, pero no cerró los ojos, sino que siguió mirándolo. Jamie Fraser estaba soberbio vestido sólo con los calzones.

-¿Podrías dejar de mirarme así?- preguntó el escocés, nervioso. Conocía perfectamente el significado de aquella mirada.

-¿Te estoy mirando de alguna forma en particular?- replicó John alzando las cejas.

-Sabes que sí.

-Oh- John alzó de nuevo la cabeza, clavó el codo en el colchón y apoyó la barbilla en su mano para seguir observándolo atentamente-. ¿Todavía te alteras cuando te miro?

-Vete a la mierda- replicó Jamie girándose.

-Vaya, parece que sí- rió el inglés-. Bueno, pues yo llevo sólo la camisa de dormir. Si quieres, ataca.

-Duérmete ya, John- suspiró Jamie clavándole la mirada.

Éste, que estaba acostado boca abajo, alzó una ceja de modo insinuante, al tiempo que hacía gesto de deslizar hacia arriba la camisa y abrir las piernas. A su pesar, al escocés sintió que se le crispaba la boca en el intento de contener una sonrisa. Habían jugado a aquello miles de veces.

Pero ya no.

-Duérmete- repitió.

-¡Papá!- dijo entonces una voz desde la puerta. John abandonó de inmediato toda idea de coqueteo y se giró para ver entrar a William, que llegaba jadeante.

-¿Sucede algo, milord?- preguntó Jamie con respeto y preocupación. Willie apenas lo miró, con la atención centrada en su padre adoptivo.

-El indio... está muy mal- explicó-. La señora Fraser me dijo que viniera aquí a dormir.

-Vaya- dijo Jamie. Eso quería decir que el indio estaba muriendo, y que seguramente aún tardaría horas-. Entonces, meteos en el lecho si lo deseáis, milord.

-Ven, anda- dijo John con una sonrisa, alzando la manta.

-¿Cabremos los tres?- preguntó el niño, mirando a Jamie. Estaba claro que lo decía por educación; se estaba cayendo de sueño.

-Sí, no te preocupes- replicó John-. Jamie, métete en la cama para que se quede tranquilo.

Éste lo fulminó con la mirada, pero hizo lo que le decía.

Su animosidad contra John se esfumó en cuanto vio la ternura con la que arropaba al niño. William se arrimó a él con toda tranquilidad, con la firme confianza de un niño que sabe que puede contar con su padre. Aunque su corazón se estremeció de celos, se sintió también conmovido al ver que su hijo estaba inmejorablemente tratado por su padrastro. Era afortunado.

Willie se durmió casi de inmediato. John estaba de lado, girado hacia el niño, de modo que Jamie espió por encima de su hombro la cara de su hijo. El niño dormía con placidez, respirando acompasadamente. El inglés volvió la cara y descubrió la mirada del pelirrojo. Jamie esbozó una sonrisa e hizo amago de encoger los hombros. John le sonrió y echó la mano hacia atrás para buscar la suya, y él se resignó y le dejó que se la tomara. Sin embargo, el siguiente gesto de John lo sorprendió. Con su mano todavía cogida, rodeó con el brazo el cuerpo dormido de William. Al escocés se le llenaron los ojos de lágrimas al darse cuenta de que estaban abrazando a su hijo.

-Gracias- le dijo suavemente al oído.

John se limitó a apretarle la mano, pero Jamie entendió lo que quería decir. Su hijo, el hijo de los dos.