Unas palabras antes de iniciar.

Mi experiencia con South Park es… curiosa. He visto muchos de los episodios, aunque saltando de temporada en temporada. No los he visto todos, así que es probable que haya algunas incongruencias a lo largo del fanfic, sí es así espero que me lo hagan saber. El fanatismo enfermo nació después de ver el capitulo "The Poor Kid" (La actitud sobreprotectora de Kenny -en este fanfic- hacía su hermana se basa en este capítulo. Si no lo han visto, les recomiendo que lo vean). No tengo palabras para describir lo que despertó en mí, pero desde entonces no dejo de amar a Kenny con locura. Ya lo hacía desde antes, pero Puff. Una bomba explotó en mi y el fangirlismo no ha parado.

El titulo… soy pésima (Y siempre lo he sido) para poner títulos, así que sencillamente le puse el nombre de una canción que llevo escuchando desde hace rato. Y para ser sinceros, por lo que pasará en el futuro, le queda bien.

Acerca de las parejas que habrá, les diré que son tres y la principal es Bunny. Las demás se irán revelando con el tiempo. Espero que disfruten y gracias por leer.


Meltdown

02-Diciembre-2011

Pasaba de la una de la madrugada cuando Karen McCormick se dio por vencida en lo que hacía. No entendía absolutamente nada de su tarea y toda la tarde se la había pasado tratando de entenderla, aunque debido al ambiente de su casa, no le sorprendía. ¿Como podía concentrarse si sus padres peleaban todo el tiempo? Su hermano Kevin también era un imbécil que se la pasaba molestándola sin ningún motivo y Kenny..., bueno, era el único con el que se llevaba realmente bien, pero apenas si lo veía en las mañanas, cuando iban juntos a la escuela.

Suspiró con cansancio y empezó a recoger sus cosas de la mesa. Ya se las arreglaría para copiar la tarea de alguien más, antes de que iniciaran las clases.

-¿Pero qué haces todavía despierta?- preguntó alguien, a sus espaldas. La chica se sobresaltó y tiró su lapicera, regando todo el contenido de esta por el piso. Kenny estaba en el filo de la puerta, con cara de pocos amigos.

-Me has dado un buen susto, tonto. No había notado que estabas aquí- le recriminó la chica, agachándose para juntar los lápices y plumas que se habían caído. El ojiazul la ayudó a recogerlos también.

-No has respondido a mi pregunta. ¿Qué haces despierta a esta hora? No tienes la edad para desvelarte y mañana tienes escuela-

-¡Tengo trece años, Kenny!- respondió la chica, algo ofendida. Ya había logrado guardar de nuevo todos el contenido de su lapicera- Y además estaba haciendo tarea.

-¿La has acabado, al menos?-

-Por supuesto que no, es imposible en esta casa. No les entiendo ni un comino a las matemáticas ni a la historia, seguro voy a reprobar. Ojalá mi ángel guardián pudiera salvarme de esto también, como siempre lo hace- agregó, con un brillo de ilusión en los ojos.

Kenny sonrió con sorna, para sus adentros. Encontraba muy gracioso imaginarse la "sesión de estudio" con su hermana, vestido como Mysterion. La escena era demasiado surreal y bizarra, como el superpoder que tenia. Pero claro, él era un asco en la escuela y por ende, Mysterion tampoco sabía una mierda. Si se encontraba cursando la preparatoria, era por pura ironía del destino.

-Bueno, como sea- continuo hablando Karen- Ya veré que hago. Me voy a dormir. Buenas noches, Kenny- se despidió, esbozando una triste sonrisa.

Su hermano le dio un beso en la mejilla antes de que se fuera.

-Buenas noches, Karen-

Unas horas después, Kenny despertaba sin muchas ganas de ir a la escuela. Tenía mucho sueño por lo poco que había dormido y hacia demasiado frío. Se acurrucó entre sus cobijas, esperando quedarse dormido de nuevo, pero un grito estruendoso lo hizo caer de la cama de bruces.

-¡KENNY YA ES TARDE, APURATE PARA IR A LA ESCUELA!-

Su madre estaba en la puerta de su cuarto, molesta.

-Si no estás listo en cinco minutos, vendré de nuevo a darte un sartenazo en la cabeza, Kenneth-

Con un bufido, el muchacho comenzó a vestirse con rapidez. Su mamá siempre cumplía con lo que decía, aunque quien solía recibir esos sartenazos, era su papá por estas peleándose con ella todo el tiempo. Y a veces Kevin, por desaparecer del mapa por un largo tiempo y regresar como si jamás se hubiera ido. Tres minutos después ya estaba en la cocina, donde Karen y sus padres se encontraban desayunando unas míseras tostadas con mermelada y un poco de leche. A él no le importaba comer mal, pero sentía algo de remordimiento por su hermana, quien ya se había acabado su ración y veía con hambre el plato intacto de Kenny. Se sentó al lado de ella y, sin que sus padres se dieran cuenta, le dio sus dos tostadas, guiñándole un ojo. Ella soltó una risita y sonrió agradecida, empezando a devorar la comida con urgencia.

Minutos después, ambos hermanos salían de su casa, rumbo a la escuela. La secundaria y preparatoria de South Park estaban muy cerca la una de la otra, por eso Kenny siempre dejaba a su hermana en la puerta de su escuela, antes de irse él a clases.

-¿Y qué ha pasado de nuevo, Karen?- empezó a hablar Kenny, tratando de tener un poco de "Tiempo de calidad" con la chica- Bueno, aparte de que no le entiendes una mierda a ciertas materias... ¿Te han molestado de nuevo o algo?-

Karen sonrió con un poco de malicia

-No..., la tonta de Mary Richardson ya no se ha atrevido a decirme nada grosero, de nuevo. El otro día llego con un moretón en el ojo y se veía ridícula- agregó, soltando una risita.

Kenny le dio unas palmaditas en la espalda, riendo con ella.

-¡Hey, Kenny!-

Craig Tucker, compañero de clase del chico, con su característico gorro azul marino, se unió a ellos en la caminata a la escuela. Karen soltó una risita tonta para sus adentros. La voz grave y profunda de Craig le parecía bastante sensual, aunque parecía que estaba constipado todo el tiempo. Su hermano y él se enfrascaron rápidamente en una conversación acerca de lo imbécil que era Cartman y ella solo se limitó a escucharlos, sonriendo feliz, hasta que llegaron a la secundaria de South Park y se despidieron de ella. Kenny con un gesto de la mano y Craig con un simple movimiento de cabeza -ni siquiera la había saludado ¿Cómo iba a despedirse?- que la dejó fascinada.


Si alguien echaba un simple vistazo a la preparatoria de South Park, parecía que nada había cambiado en los alumnos desde la escuela primaria. Eran casi todos los mismos, exceptuando a los pocos nuevos alumnos que habían llegado con el paso de los años. Sin embargo, todo había cambiado. O más bien, intensificado a la décima potencia. Las peleas entre Kyle y Cartman, por ejemplo, eran tremendas y se iniciaban por cosas insignificantes como donde se sentaban en el descanso, o porque Kyle tenía que estar todo el tiempo con Stan. Parecían una pareja de casados gruñones. Stan sencillamente los ignoraba.

-¡Pobretón de mierda!-

Oh si, ese era el "Buenos días" de Cartman. Kenny y Craig, que venían llegando, se acercaron hasta donde estaba el culo gordo, junto con Stan, Kyle y Tweek, a la mitad del pasillo más transitado de la escuela, en esos momentos.

-Cierra la boca, culón. Es muy temprano para que estés jodiendo- habló Kenny, saludando a Stan y Kyle, chocando sus puños.

-¿Tu novio judío no te hizo bien el trabajo ayer, en la cama, Cartman? ¿Por eso estas enfadado?-

-¡Cierra la boca, Craig!- chilló Kyle, ofendido. Craig soltó una risita y se fue de ahí, con Tweek, despidiéndose con una señal grosera. Stan y Kyle le hicieron lo mismo, poniendo muy en alto su mano con el dedo medio extendido.

-Jodido Craig- susurró Eric, viendo al mencionado reír a carcajada limpia con Tweek, a lo lejos. Tucker acompañaba a su amigo a su salón. En la preparatoria había dos grupos por cada grado y la pandilla de Craig había quedado dividida, mientras que Stan y compañía seguían juntos.

La campana sonó estruendosamente, perforando sus oídos e indicando que las clases habían iniciado y tenían cinco minutos para entrar a su salón. Básicamente, la rutina escolar siempre era la misma: Kyle, como jodido niño genio, se sentaba hasta enfrente. Stan detrás de él, Cartman dos asientos detrás de Stan y el rubio hasta la última banca que estaba en la fila que daba a la ventana, donde Craig se sentaba, para echarse a dormir tranquilo. Las clases empezaban y Kenny se quedaba dormido, teniendo una suerte tremenda para que los profesores no lo descubrieran nunca y se despertaba automáticamente a la hora del almuerzo, como si su estomago le diera un puñetazo en la cara, exigiendo que lo llenara de comida. Para su suerte, dado que nunca llevaba algo para comer, alguien siempre le daba la mitad de su almuerzo. Y la mayoría del tiempo resultaba ser una chica diferente. Ser pobre y jodido, pero GUAPO, resultaba ser un comodín en la vida. Kyle le recriminaba a regañadientes que no tenía que dormirse en clase, pero él nunca le hacía caso. Morirse tantas veces lo había convertido en un "cínico de mierda", como Stan, aunque jamás había visto mierdas hablando y andando por ahí. El resto de las clases se la pasaba dibujando mujeres desnudas con tetas enormes en sus cuadernos. Si tenía algún talento, seguro era ese. Tal vez, cuando creciera, crearía su propia revista de dibujos eróticos y se volvería muy famoso. Si no moría en horario escolar de alguna forma horrible, prácticamente esa era su rutina en la escuela. Después variaba mucho lo que hacía. Salía con sus amigos si tenían buenos planes, sino se iba con alguna chica linda a tontear un rato, o a leer revistas pornográficas en el supermercado. O inclusive se iba con Craig y su pandilla a tomar un par de cervezas.

Pasaban de las once de la noche cuando Kenny regresó a su casa. Iba feliz de la vida porque esa tarde había tenido suerte con Bebe. La chica lo había invitado a su casa y toda la tarde se la había pasado tocándole los enormes senos que tenia, tonteando con ganas. Ni siquiera notó cuando su madre le gritó histérica que "su casa no era un hotel de paso, que si pensaba solo llegar a dormir, que mejor se largara". Con una sonrisa de idiota, llegó hasta la cocina, donde Karen estaba haciendo garabatos en su cuaderno, con cara de aburrida.

-Eso parece un buen par de tetas, hasta tienen bonitos pezones- señaló, apuntando con su dedo uno de los garabatos de la chica. Karen tomó aire, sorprendida, y haciendo una cara de susto tremenda

-¡No es cierto!- chilló, con la cara roja de la pena.

El rubio rió. Era obvio que no, pero amaba molestar un poco a su hermana. No siempre se la pasaba sobreprotegiéndola.

-Por supuesto que sí- insistió.- Yo tengo libretas llenas de dibujos con tetas de mujeres. Tal vez es un don de los McCormick dibujarlas con perfección.

-¡KENNY!-

-Vale, vale, es una broma- se rindió el otro, aún riendo. Karen soltó un bufido y arrancó la hoja de la libreta, roja como tomate.

-¿Es que acaso todos los niños de tu edad se la pasan pensando en sexo?- exclamó, aún algo escandalizada- Creo que voy a tener problemas con mi tutor...

-¿QUÉ?-

Automáticamente, Kenny dejó de reír y se puso muy serio.

-¿Qué dijiste, Karen...?-

-Que si todos los niños de tu edad se la pasan pensando en sexo, hermano. Tal vez los diecisiete años es cuando todos nos volvemos imbéciles por el sexo o algo así-

Kenny sacudió la cabeza, en negación.

-Los chicos nos volvemos imbéciles por el sexo desde mucho antes, te lo aseguro. Pero mencionaste a un tutor...-

-Pues claro. Justo en la madrugada te dije que no le entiendo una mierda a ciertas materias. Yo no tengo tan buena suerte como tú y necesito que alguien me explique o voy a reprobar. Apenas llegue a la escuela, solicité que se me asignara un tutor-

-¿Pero por qué dijiste que tendrías problemas con él?-

-Es de tu edad- respondió la chica, como si nada.- De hecho creo que va en tu escuela-

Kenny se sintió desfallecer por un momento. Su hermana era una víctima perfecta para que alguien le metiera la mano a la menor oportunidad. No era muy guapa, pero cualquiera podía aprovecharse de su situación social para abusar de ella y chantajearla para que no dijera nada. Prácticamente se estaba imaginando los peores escenarios, como el gran pervertido que era, y por lo bien que conocía a todos los cerdos de su escuela. Corrió hacia donde estaba la chica y comenzó a zarandearla de un lado a otro.

-¡No puedes tener a un tutor más viejo que tú, Karen!-

-¡¿Pero qué rayos te pasa, Kenny? - chilló la chica. Su hermano estaba haciéndole una escena por algo tan insignificante.

-¿Quien es? ¡Dímelo ahora mismo!- exclamó el rubio, con un tono de dolor en la voz. Necesitaba saber su nombre, para romperle todos los huesos como advertencia de que no se atreviera a ponerle un dedo encima a su hermanita menor.

Karen lo miró como si fuera un subnormal. Tomó su mochila y sacó el papelito donde le indicaban quien era su tutor y cuando tenía que verse con él para las sesiones de estudio.

-Leopold...Stoch- leyó, esperando ver la reacción de su hermano.

-¡¿BUTTERS?- gritó el otro, abriendo la boca desmesuradamente- ¡PERO SI BUTTERS ES UN PENDEJO!-

-¡Mi tutor no es ningún pendejo!- chilló la chica, en defensa.

Por supuesto que no lo era. Y Kenny lo sabía. Pero Butters era... ¿Cómo decirlo? Ni siquiera podía definirlo. Cuando era niño se juntaba con él, pero habían pasado los años y ahora era muy diferente. Butters pasaba siempre desapercibido por que se la pasaba todo el tiempo absorto en ser "un niño bueno". Siempre estaba estudiando y se la pasaba alejado de los demás, casi rayando en "marginado social". Y si tenía algo de pendejo por que Cartman era lo más cercano que tenia a un amigo. Aunque fuera de eso, Butters era el chico perfecto para ser tutor de su hermana. Era muy inteligente y demasiado buen portado y tímido, o marica, para atreverse a hacerle algo "indebido" con ella. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta que Karen lo había dejado solo en la cocina. Se echó a correr hacia el cuarto de la niña, lanzando una avalancha de preguntas apenas abrió la puerta y asomando la cabeza. Tenía cierto toque de locura en su mirada.

-¿Por qué Butters es tu tutor? ¿Cómo te lo asignaron? ¿Cuándo se van a ver? ¿Qué materias te va a explicar?-

-¡Kenny, no jodas!- exclamó molesta la chica, dándole de lleno un portazo en la cara a su hermano, quien se tambaleó y cayó de espaldas inconsciente a la mitad del pasillo.