Me ha nacido esta historia luego de buscar algunas pairings inusuales por este sitio. Luego, al buscar imágenes, dije "¡Yay! Quiero escribir algo sobre ellos!". Este es el resultado y me ha gustado. Sólo espero les guste tanto como a mí.

Disclaimer: Naruto no me pertenece. Sus personajes son de Kishimoto. Si fuera ío, habría yaoi más explícito *risas*.


- Hace meses que lo notamos muy débil, Hokage – comentaba la nueva asesora y miembro del consejo de la aldea – Ya no tiene la misma fuerza y los reportes de nuestros ANBU dicen que ya no puede hacer más de 3 clones a la vez – declaró.

- No me he sentido bien, Suzaku – respondió el rubio, sentado tras el escritorio que Tsunade solía destruir a menudo con sus arrebatos.

- ¿El estado del sello sigue siendo efectivo? – Cuestionó el otro adulto, que acompañaba a Suzaku.

Se mordió la lengua y trató de no mover un músculo de su cara que revelara signo alguno de desconfianza. Naruto sabía perfectamente que el sello no estaba bien. Hace meses que había liberado a Kyubi de su encierro. Él ya no era más un Jinchuuriki. Ahora no era más que un simple humano, el Hokage de la aldea oculta de la hoja.

- ¿Insinúas algo respecto a Kyuubi y a mí? – Alzó una ceja, molesto – Sabes muy bien que logré dominarlo – Odiaba mentir, no le salía bien, pero protegería y defendería su decisión, la cuál fue respaldada por su capitán ANBU de raíz y amigo Sai.

- Si veo algo anormal en Hokage-sama se los informaré, no tienen por qué preocuparse – la típica sonrisa de hule en el rostro del pelinegro pareció convencer a los ancianos del consejo. Los escoltó hasta la puerta y la cerró con calma, esperando escuchar sus pasos alejarse para hablarle a su amigo – Naruto, tarde o temprano lo descubrirán – se sentó en la silla frente al rubio, esperando su respuesta.

- Lo sé, Sai – se reclinó y echó su cabeza hacia atrás, cerrando sus ojos.

Por su mente pasaba la idea de decir la verdad. Contarles que había hecho, cuánto tiempo llevaba viviendo y escondiendo al ser más odiado de la villa, del país entero también. Pero aquel monstruo, como le llamaban, sólo necesitaba ser comprendido. Necesitaba tener a alguien a su lado para mostrarle las bondades del mundo. Y él lo necesitaba, porque le enseñó a vivir, a perseguir sus sueños, a no depender de él.

- Creo que me iré – escuchó decir a Sai – Me encargaré de mantener una barrera en la oficina – dijo, mientras cerraba la puerta y dejaba a Naruto con la interrogante.

¿Para qué demonios necesitaba una barrera en su oficina de Hokage?

Iba a acomodarse para quedar perfectamente sentado, pero algo se lo impidió. Cuando abrió los ojos se dio cuenta de que estaba frente a frente con Kyuubi, quién le depositaba un tierno y posesivo beso en los labios, saludándole con sus caninos brillantes y una sonrisa.

- ¡¿Qué haces aquí? – Le gritó asustado, y luego se tapó la boca para evitar llamar a los ANBU que le vigilaban en las sombras.

Nadie llegó. Tres segundos que podrían haberle asesinado, pero ninguno de sus escoltas apareció. Estaba a solas con el odio personificado. Aquel de cabellos rojizos, con las mismas marcas en la cara que él.

- Sentí que me necesitabas. Escondí mi presencia hasta que salieron esos vejestorios del edificio, aunque sigo escondiéndola – explicó, sentándose en el escritorio frente a frente con el rubio.

- Es muy peligroso, Kyuubi – le reclamó en voz baja.

- ¿Peligroso? Sigo siendo un bijuu, Naruto – Le recordó, con cierto tono burlón – Puedo destruir todo este país si quisiera, pero no lo hago. Y es sólo por ti, kitsune – Su última palabra salió casi como un ronroneo, mientras se acomodaba el flequillo frente a sus ojos.

Prefirió no discutir con su novio. Sabía muy bien que era un caso perdido, ya que siempre terminaba convenciéndole. Eran veinticuatro años de vida contra más de quinientos que tenía el otro. Experiencia de sobra, especialmente para convencerle a él, aunque fuera a base de mimos, besos furtivos y palabras cariñosas.

- Se dieron cuenta que ya no puedo hacer más de 3 clones – explicó, llevando su cuerpo hacia el regazo del mayor, abrazándole por la cintura – Probablemente también sienten que es bastante poco el chakra que llevo de ti, sospechan que te quieras liberar –

- ¿No sería mejor decirles, Naruto? – Le preguntó, mientras le acariciaba la rubia y sedosa cabellera a modo de masaje y tranquilizarle – Estoy dispuesto a aceptar sus condiciones – admitió.

Naruto se levantó de golpe, mirando a Kyuubi sorprendido y asustado. Hace dos meses no hubiese podido convencerlo de lo contrario, y ahora se ofrecía a acatar órdenes que probablemente intentarían acabar con su vida. ¿Qué había sido de esa despiadada masa de energía negativa que habitaba en su cuerpo anteriormente?

- Estoy respetando la privacidad de tus pensamientos, pero si sigues viéndome con esa cara pensaré seriamente en volver a conectar nuestras mentes, mi pequeño kitsune – una media sonrisa se formó en sus labios.

- Yo… Tú… - dudaba, tímido y sin poder expresarse como quería - ¿De verdad? – Atinó a decir, recibiendo un beso por respuesta.

- Me enseñaste que debía darle una segunda oportunidad a todos. Además, soy la pareja del Rokudaime Hokage, el Kyuubi de Konoha. Si pudiste convencer al Uchiha bastardo y lograr que le castigaran solo por dos años, creo que podremos conseguir algo bueno para mí – sonrió, como sólo lo hacía con su Naruto, aquel niño, muchacho joven y ahora adulto que compartió con él desde su nacimiento y le enseñó que tenía esperanza aún en su vida.

Tocaron a la puerta, distrayendo a ambos. Naruto no sabía qué hacer, estaba tratando de crear una vía de escape segura para el pelirrojo, pero el otro hizo velozmente unos sellos y se transformó en un pequeño zorro de nueve colas. Le guiñó un ojo y se escabulló bajo el escritorio, ocultándose.

- Adelante – permitió el oji azul, sintiendo como la barrera desaparecía ante el nuevo visitante y se reducía a una pequeña área que cubría el escritorio. Definitivamente Sai controlaba muy bien la situación, y de seguro la observaba de cerca, de tal forma que podía saber cómo expandir y contraer su protección.

- Hokage-sama, vengo a entregar el informe – Sasuke cerraba la puerta detrás de él, avanzando hacia el escritorio y depositando la carpeta con los papeles necesarios - ¿Me permite? – Pidió, con solemne calma.

- Adelante, teme – sonrió de lado, recordando la rivalidad de antaño de ambos.

- Hay una barrera protegiendo tu escritorio, usuratonkashi – señaló – Y a menos que sea de oro, lo cual sé que no es así, estás protegiendo al zorro que está transformado en algo pequeño – alzó una ceja. La barrera volvió a expandirse mientras hablaba, aislando los sonidos y habilidades del exterior.

- Kukukuku… - se rió el zorro, saliendo de su escondite y subiéndose al escritorio del rubio – No sabía si era tu sharingan o esos byakugan tratando de encontrarme hace unos días – Deshizo su transformación, quedando sentado nuevamente en el escritorio de Naruto.

- Teme… - una ligera molestia sobresalía de la sien del rubio, una palpitante vena - ¿Qué te he dicho de vigilar nuestra casa? – recalcó el hecho de que vivía con Kyuubi, un tanto alejado del resto de la villa.

- Me lo pidió el consejo – explicó – No encontré mejor oportunidad para decírtelo que ésta – Se cruzó de brazos.

Discutieron por unos minutos, obviando el hecho de que el pelirrojo estaba en medio de ambos. Conocía el temperamento de ambos, las reacciones y no quería entrometerse. Sabía lo suficiente como para entender que Naruto necesitaba desahogarse con su mejor amigo, aunque terminaran en más de algunos golpes.

- Ya cálmense, niños – levantó sus manos y las puso frente a ambos, antes de que lograran golpear sus puños contra la cara del otro – Tu amigo ya está casi sin chakra, la barrera no soportará mucho tiempo más. Te esperaré en casa, Naruto. Y gracias por mantener silencio, Uchiha – desapareció en una voluta de humo gris y rojo, desapareciendo su chakra del lugar y de toda cercanía del edificio, dejando a ambos chicos anonadados.

- Ten cuidado – fueron las últimas palabras del azabache antes de salir de la habitación – Hasta luego, Hokage-sama – se despidió, cerrando la puerta y dejando al rubio con sus pensamientos.

- Será una difícil reunión – dijo al aire, frotándose el arco de su nariz con fuerza para calmar sus nervios - ¡ANBU! – Llamó, y en menos de medio segundo apareció un hombre enmascarado – Informa al consejo que mañana a las diez me reuniré con ellos, en el despacho del señor feudal – ordenó.

- Enseguida, Hokage-sama – y se retiró, llevando la orden a los ancianos.

Esa noche, Naruto no pudo conciliar el sueño hasta que su querido Kyuubi le envolvió con sus brazos, materializó dos de sus colas para enrollarle y le infundió un poco de cálido chakra que le ayudaba a descansar.

- Por ti, viviría otros mil años para volver a encontrarte – susurró, antes de acompañarle en el sueño al rubio de ojos azules que le cautivó lo que él creía no tener: un corazón.


Bien, he de admitir que soy mi propio Beta, así que trato de re-leer y corregir mis errores. Si encuentran alguna falta, ya sea por una letra que no escribí u otros, culpen a mi teclado. Ya está viejo y suele trabarse.

¿Un review? Al menos para saber si continúo o dejo esto en una historia de cinco capítulos *risas*