Iride e rose

Hermione es una rosa. Ha crecido protegida y sus encantos han sido cultivados. Su aroma es atrayente porque debe serlo. Una rosa defectuosa no entraría al palacio. Y quizás, Romeo le rechaza porque es demasiado fácil. Cualquiera le querría. Cualquiera se embriagaría en sus pétalos y querría probar la suavidad de su piel. Pero él no desea ser lo que su padre ordena, porque su padre es un tirano y Romeo espera que se parezcan lo menos posible. Y si su padre sería capaz de casarse con Hermione con la misma frialdad con la que ordena toques de queda bajo pena de muerte y subas de impuestos impagables para su pueblo, entonces él no mirará dos veces a esa muchacha. Y ni siquiera lo planeó, porque sería algo que no podría decirle ni a su madre, gran confidente. Una exigencia de su corazón: el lirio que crece con la lluvia entre las rocas, que ha soportado el sol, que se ha salvado de que lo arranquen o pisen despiadadamente. El lirio salvaje. Julieta. Preferencias son preferencias y no espera que nadie lo entienda.