¡Hola, perras!
Podéis matarme, sí, podéis. Os doy permiso.
No voy a poner excusas, no subí capítulo antes porque no escribía y no escribía porque no tenía inspiración y no tenía inspiración porque estaba vaga.
No hay más.
Lo siento mucho, sé que queríais que subiese capítulo y que dejase de hacerme la remolona pero oye, que ya hay nuevo capítulo, alegraos :)
Si alguien se acuerda de mí y de mi fic y de Tim y de Claire espero que le guste el capítulo.
Y lo de siempre; si os sabéis la canción ponedla en un review.
Gracias, feas :)

P. D: ¿Puedo repetir más la palabra "nuevo" y "capítulo"? No, creo que no.


The green lights turn to red,
all the streets set in my head
Changing all of the things I just said

Uno, dos, tres pasos. Tan sólo uno más para llegar a la puerta.
El momento temido.
Sabía lo que se desencadenaría al cruzar el umbral de la puerta, al poner un pie en tierra ajena.
Bombas.
Balas.
Un tiroteo.
Mi madre era la terrorista más experimentada, precisa y retorcida de nuestro propio Estado particular.
Conocía las técnicas de tortura más modernas, las preguntas infalibles para conseguir buenos resultados en un interrogatorio y las armas perfectas (contener la rabia y la frustración) para volar por los aires a todos y todo a su alrededor.
Temer no era la palabra exacta; estaba cagada.
Llegaba hora y media tarde a cenar.
Mi madre me había anunciado por la mañana que prepararía la cena, nos sentaríamos a la mesa ella y yo y hablaríamos tranquilamente.
Era escalofriante, un suceso sospechoso.
También me había gritado la hora a la que me esperaba antes de que yo saliese por la puerta, huyendo de sus argumentos.
"A las seis. Recuérdalo." dijo, casi suponiendo que lo iba a olvidar.

Pero yo realmente no lo había olvidado; lo había repetido mentalmente una y otra vez mientras Tim mordía mi cuello y besaba el lóbulo de mi oreja.

"A las seis. Dios mío, recuérdalo."

Y entonces fue demasiado tarde. Tim me atrapó y me contuvo, apresándome entre sus brazos, yo dejándome llevar por sus deseos.
Lo olvidaba todo a su lado.
Era terrorífico; incluso a veces olvidaba mi nombre y mi existencia, olvidaba prácticamente mi anatomía y me sentía flotando por algún sitio.
Le amaba.
Tanto, tan profundamente, rozando la perfección, haciendo mella en mis sentimientos, escarbando en la coraza que me había protegido tiempo atrás.
A veces me sentía desnuda junto a él, desatada de los prejuicios de los demás y de las opiniones infundadas y unida únicamente a la realidad de sus iris color verde oliva.
Y era algo tan reconfortante...
Sin embargo, al separarme de él y tener que volver a casa siempre me esperaba la mirada temperamental de mi madre.
Yo tenía muy claro lo que parecíamos y lo que éramos para ella; dos adolescentes idiotas enamorados.
Pero éramos mucho más que eso.
Seríamos eternos.

La zancada final y...
Nada, sólo silencio.

Estaba desorientada, ¿dónde se encontraban los gritos y reproches de mi madre?

Caminé hasta la cocina, donde ella removía el contenido de una olla con una cuchara de madera, zapateando con la puntera de sus tacones en el suelo.
Tenía el aspecto de una bruja.
Notó mi presencia y se giró lentamente.
Tres.
Dos.
Uno.
Y estalló.

— ¿Se puede saber dónde estabas?- chilló, como si necesitasen saberlo también las personas externas a nuestra casa.

No preveía su reacción tan inmediata y contesté balbuceando, atropellando palabras:
—Mamá, estaba en... estaba con... ¡Dios Santo, estaba con Tim!

Mi madre soltó un bufido y negó con la cabeza, de manera exagerada.

— ¡Te dije que lo recordases!, ¡te dije que sería a las seis!, ¿por qué demonios no has entrado por esa puerta a las seis?

—Lo recordé, mamá, sabía perfectamente que era a las seis pero se me fue el tiempo.- contesté, con un tono parecido a una disculpa.

Ella se me quedó mirando durante unos segundos, de arriba a abajo pero sin apenas mover los ojos y dijo con la voz cansada y tomando pausas innecesarias:

— ¿Se te fue el tiempo en qué?

No supe qué responder, no lo tenía claro.
Salí del instituto y Riggins me llevó a su casa y después pasaron unas horas que a nosotros nos parecieron minutos.
No se me fue el tiempo; dejó de existir, se hizo ínfimo y banal.

Mi madre permaneció mirándome, aguardando pacientemente, repiqueteando sus zapatos más a medida que transcurrían los minutos.

Me hice pequeña, del tamaño de una mota de polvo.
Estaba cohibida y algo herida.
No tenía conocimientos suficientes para explicar nada, me había quedado en blanco.

—No lo sé, mamá.- conseguí susurrar, bajando la vista al suelo.

Pude contemplar cómo se le saltaban las lágrimas y el rostro se le enrojecía de rabia.
No me soportaba y me dio miedo; jamás había sentido tal rechazo de su parte.
Frunció los labios y comenzó a gritar frases sin sentido, más para su propia conciencia que para mí, frases del estilo de:
"Te dije que esto ocurriría, debías haberte preparado"

La miré con extrañeza y ella acabó por sincerarse.

—No me gusta ese chico. ¡No quiero que vayas con él!

Se me abrieron los ojos desmesuradamente.
Aquello no tenía explicación alguna.

— ¿Por qué, mamá?, ¿Es acaso por qué crees que me voy a marchar de casa? ¡Pues no es así, pero debes saber que algún día lo haré!, ¡No pienso quedarme en este pueblo de mala muerte para siempre!

Fue tan extraño oírme pronunciar esas palabras... tanto que no pensé que fuera yo la que las decía.
Jamás se lo había contado a nadie, incluso me lo escondía a mí misma alguna que otra vez.
Era duro admitirlo; había nacido y crecido en Dillon y, de alguna manera, me había dotado de todo lo que tenía en la vida.
Pero también me había quitado todo aquello importante.
Mi padre nos había abandonado tras mudarnos, mi familia había ido menguando y nos había resultado imposible viajar hasta donde se encontraban, había perdido amigos y mis oportunidades de triunfar en algo iban desapareciendo a un ritmo vertiginoso.
Entendía por qué asustaba tanto a mi madre la idea de marcharme, aparte de porque se quedaría sola porque pensaba que yo seguía la estela de mi padre y me iría dejando en Dillon todo aquello importante y aportando problemas y desgracias.
No quería causar daño ni buscaba una ruptura ni separación.
Quería lograr algo por mi propia cuenta, de manera independiente, sin estar sometida a la mirada atenta de aquellos que creían que lo único en lo que debías destacar era en los deportes.
Y por otro lado estaba Riggins, que tenía todo lo que yo no: experiencia en los deportes e inmensas posibilidades de triunfar.
Me alegraba muchísimo por él pero a la vez me daba cuenta de porque éramos tan compatibles.
Nos faltaba algo a los dos, carecíamos de una pieza del puzle, de un engranaje del mecanismo.
A él le faltaba confianza y perseverancia.
A mí, valor y liderazgo.
Y de ese modo, el uno se complementaba al otro.

En ese momento de la reflexión mi madre abrió la boca y articuló:

—No le apruebo, no apruebo a ese tal Tim Riggins. Me parecía bien todo el asunto de cuidarle mientras estaba en coma pero ahora... Te mereces algo más.

Finalizó con una frase devastadora que hizo que me estremeciese; un escalofrío recorrió mi columna.
No podía callarme, no era capaz de dejarlo pasar.

—Ni siquiera le conoces, ¡ni siquiera te has molestado en conocerle!- chillé, notando como se formaba un nudo en mi garganta y como empezaban a escocerme los ojos de las lágrimas acumuladas que amenazaban con salir a disfrutar de las vistas.
Dos perlas cristalinas rodaron por mis mejillas.
Mi madre tenía la boca entreabierta y expresión de buscar algo que decir. Sus labios se movían suavemente, luchando por soltar alguna palabra, la que fuese. No tenía nada que decir.
A cambio, levantó una ceja, retándome; su cerebro sólo pudo expresar el sentimiento más honesto que se moría por revelar.

No lo aguanté más, no pude vivir más bajo aquel techo y di dos amplios pasos, escapando de la cocina, y me apresuré hasta la puerta.
La abrí y la cerré tras de mí, dando un portazo.
El aire revolvió mi cabello y lo colocó sobre mi rostro.
Surgió un llanto descontrolado y ruidoso; casi como si me ahogase.
Comencé a correr, rápido, lejos.
Necesitaba olvidarme.
Necesitaba no tener constancia del tiempo.
Dejar de vivir en Dillon por unas horas.
Dejar de vivir en el mundo.
Necesitaba flotar por algún lado.
Me puse a correr con más ímpetu y fiereza.
Iba a casa de Tim.
Quedaba lejos pero eso no me importaba.
Dependía de él.