¡Hola a todos! Esto es una especie de fic largo, sólo que no lo es. Después de terminar Revelations, se me ocurrió hacer una serie de drabbles/oneshots (según me dé) sobre Sofia Sartor. Me quedé prendada de ella en el juego y me parecía que podría ser interesante, tanto por su relación con Ezio como por ella. Así que me propuse escribir sobre ella. Los fics seguirán los eventos de Revelations en principio e irán relacionados entre sí, así que cuidado porque habrá SPOILERS DE ACR a montones. Habrá mucho Ezio/Sofia, advierto, aunque el énfasis estará en ella.

Además, ya que Sofia es un personaje ligado a los libros, se me ocurrió que el título de cada capítulo podría ser el título de un libro de cualquier época. Pueden estar más o menos relacionados o sólo ser una vaga mención; pero bueno, veremos si no me arrepiento de mi decisión XD.

Como último detalle, por si acaso alguien se lo pregunta: no pondré la tilde en Sofia, ya que el nombre se entiende que está en italiano (al igual que no ponía la tilde en Maria Thorpe porque es inglés).

En fin, cierro la boca. ¡Espero que os guste!


Título: Grandes esperanzas.
Personaje:
Sofia Sartor.
Palabras: 763.
Advertencias: leves spoilers. Situado tras la primera aparición de Sofia en el barco.
Notas: el título de este capítulo es Grandes esperanzas, como la novela de Charles Dickens. Aunque la relación con Pip es más bien contraria: mientras que éste sí auguraba 'grandes esperanzas' para su futuro, Sofia no tanto xD.


A Sofia le gustaba la sensación de volver a casa cuando cruzaba el umbral de la entrada de su librería. El olor característico de los libros y pergaminos antiguos llenaba la sala, un aroma que Sofia podía recordar desde su infancia con cariño. Cuando entró después de tantas semanas, tras la larga caminata que separaba el puerto de su tienda, la recibió aquel ambiente que tanto echaba de menos cuando debía ausentarse; aunque, al mismo tiempo, Sofia no podía evitar percibir un aire de soledad que impregnaba cada rincón de la librería. Allí estaba una de sus más preciadas compañías, la de los libros; pero sólo eso. La atmósfera fría y espesa se había expandido por la casa en todo el tiempo que ella había permanecido fuera y una brisa suave se colaba desde el patio; la chimenea estaba impoluta, nadie había encendido incienso y el silencio más sepulcral se había acomodado entre aquellas paredes.

Sofia estaba acostumbrada, pues hacía ya unos años que vivía sola en Constantinopla. Sin embargo, a veces echaba de menos a su familia; el calor de la compañía que recibía de sus padres, las conversaciones junto a las llamas del fuego, las risas. Ellos habían preferido pasar el resto de sus días en su Venecia nativa, mientras que Sofia había regresado adonde pertenecía. Esa decisión había desilusionado a sus padres con creces, y Sofia sabía que, a pesar de sus éxitos con la librería, ellos se sentirían decepcionados porque ella había elegido el camino de una mujer soltera vendiendo libros en un lugar tan lejano. Una elección que la anclaba a la soledad eterna según la firme convicción de su padre.

A pesar de las circunstancias, Sofia mantenía el buen humor. Constantinopla era una ciudad que le daba todo lo que más deseaba, que la llevaba de vuelta a los días de una infancia dulce, y que siempre parecía recibirla con una sonrisa. Como aquel extraño que la había ayudado con sus paquetes desde el puerto. Sofia pensó que había algo de porte real en su aspecto, en la forma en la que hablaba y en su educación; pero el muchacho insistió en que tan sólo era un estudiante mientras la había acompañado amablemente a la puerta de la librería.

Entretenida en esos pensamientos, la mujer comenzó a adecentar su hogar: necesitaba encender la chimenea, un poco de incienso para eliminar el olor de humedad, iluminar las salitas y preparar algo de té caliente. Recogió los libros que había conseguido en Rodas y, una vez tuvo la bebida caliente lista, se apresuró a acomodarse delante de su escritorio con la vista clavada en aquellas piezas. Eran impresiones recientes que todavía se conservaban bien, como un ejemplar nuevo de la Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum de Beda venido desde las Islas Británicas. A Sofia le gustaba coleccionar libros de cualquier índole, temática o procedencia; y últimamente había desarrollado un interés por las obras anglosajonas, de las que su librería andaba más escasa en comparación con clásicos griegos y romanos o con los autores italianos. Pasó las hojas con cuidado, sin detenerse demasiado en leer nada excepto líneas o párrafos sueltos. Cuando se quiso dar cuenta, el té ya se había enfriado y la única luz procedía de la chimenea y las lámparas de aceite que tenía esparcidas por la tienda. Calculó que ya debía de ser más de medianoche, así que con cierta resignación cerró el libro y comenzó a apagar todas las luces.

Las horas volaban con rapidez entre los muros de la librería. Había regresado de un viaje largo, pero nada había cambiado. Ni siquiera tuvo clientes desde su regreso a primera hora de la mañana. Se había conformado con escuchar el rumor de la gente en las calles cercanas, el crepitar del fuego y el arrullo del agua del patio trasero. La calma la invadía cuando regresaba a casa, y nada fuera de lo común sucedía. Mañana despertaría y todo continuaría el mismo curso, la misma rutina que Sofia no despreciaba y que amenizaba con las novedades que traían sus clientes o con la emoción de descubrir qué había tras las páginas del último volumen adquirido. No había grandes esperanzas en el futuro próximo, salvo sus modestos deseos en lo que respectaba al negocio de la librería y, acaso, imprenta más adelante. Ya había cumplido su sueño y ésa era la vida que llevaba; sosegada, libre de complicaciones y llena de libros.

Lo que Sofia no sabía es que todo estaba a punto de cambiar con la futura llegada de un misterioso hombre encapuchado a su librería.

-fin-