Esta historia es una adaptacion de un libro. La historia no me perteneces y tampoco los personasjes, solo es mia la adaptacion y algunas cosas que cuadre para que fuera mejor.


Capitulo 22

— ¡Ay, Señor, ojalá supiera dónde ha ido y qué significa todo esto!

georgette heyer, El Corintio

Cuando llegó la hora de la cena, Alice y Jasper ya habían instalado a Bella en La Novia del Francés, haciendo ellos todo el trabajo mientras Bella deambulaba por la casa y hacía más llamadas infructuosas al móvil de Edward. Cada llamada sin respuesta incrementaba su ansiedad. Edward era un hombre duro. ¿Qué pasaría si ella había desperdiciado la única oportunidad que él estaba dispuesto a darle? Quizás el momento de su partida significara una especie de exorcismo permanente para él, un acto simbólico que la arrancaba de su corazón para siempre.

De pie en su viejo puesto, junto a la puerta del armario de Edward observaba a Alice trajinar. A la vista de su ropa deslucida, colgada entre los trajes caros y las elegantes chaquetas informales que Edward había dejado, le entraron ganas de llorar.

—Lo llevaré todo de vuelta a la cochera en cuanto os marchéis— dijo.

— No lo harás— repuso Alice. —Te sentirás mejor aquí. Te ayudará a comprender dónde tienes que vivir tu vida.

— ¿Cómo lo sabes?

— Simplemente, lo sé.

Bella le dio la espalda. Gordón la siguió a la planta baja donde Jasper se tomaba un descanso en el sofá del solario, bebiendo cerveza y viendo el final de un torneo de golf.

— Quiero recuperar a mi mujer— le dijo, y apagó el televisor

—Sé que estás trastornada y que éste no es el mejor momento para ti, pe ro recuperarla esta noche.

—Las has tenido durante catorce años. ¿No puedo quedármela unos días más?

—No La necesito ya.

—Piensas que soy una egoísta, ¿verdad? Por quedármela.

Jasper sonrió y dejó la cerveza encima de la mesa.

Ella se acercó a los ventanales. Mirando los montones de piedras aún sin colocar, rezó para que Edward volviera un día para terminar el murete ¿ Por qué tuvo que marcharse de ese modo? Debió concederle más tiempo y pensaba decírselo en cuanto consiguiera comunicar con él.

— ¿Por qué no contesta al teléfono?

—Porque no quiere hablar contigo.

— Me gustabas más cuando eras amable.

—No le has dejado demasiadas alternativas.

Gordon se frotó contra sus tobillos. Ella se agachó y le acarició, buscando consuelo en su calor perruno.

—¿Te acuerdas de «te querré siempre»?

—Éramos unos críos— dijo Jasper. —Lo que sentimos fue verdadero en su momento Ken y Barbie funcionan mejor en el país de la fantasía que en la vida real.

Jasper estiró las piernas.

—Creo que nunca te di las gracias por abandonarme.

— No se merecen.

—Ahora resulta fácil ver lo poco que congeniábamos— dijo él. —Yo soy demasiado aburrido para ti, y tu melodramatismo me volvería loco

—Edward adora el melodrama. Se gana la vida con él.

Jasper le dedicó una dulce sonrisa estilo Ken. Ella se sentó en la otomana.

—Debí ser más flexible con él.

—Lástima que no se te ocurriera hace unos días.

—Soy la reina del melodrama— respondió Bella desolada. —Solo aprendo a palos.

Alice entró en el solario.

—Jasper, creo que...

—No— Se levantó del sofá, su buen humor desvanecido. —Ya no. Hablo en serio, Alice. Será Bella o seré yo. ¿Cuál es tu prioridad? Decídete.

— No te atrevas a coaccionarme.

— Quieres que todo se haga a tu manera. Bien, pues, estoy aquí para decirte que las cosas no funcionan así.

— Déjate de gilipolleces.

—Si alguien es gilipollas...

—Oh, basta ya— intervino Bella. —Esperad a. estar solos para empezar el precalentamiento. Se levantó de la otomana y se detuvo en seco —¡Mary!

Los dos la miraron con extrañeza.

—Edward dijo que esta noche llamaría a Mary. ¡Daos prisa¡— Y salió corriendo de La Novia del Francés, con Jasper, Alice y Gordón pisándole los talones.

Entró como un vendaval en la casa de los Witlock, justo en el momento en que Mary bajaba las escaleras. Había cambiado el estilo gótico por unos pantalones recortados de cintura demasiado baja y un top transparente, que no alcanzaba a cubrirle las costillas. El día anterior cuando Bella la interrogó al respecto, había respondido con mirada calculadora que estaba explorando su sexualidad. Incluso en su estado de invalidez emocional, Bella supo que la estaba poniendo a prueba y no había respondido al desafío.

— ¿Qué le has hecho a Edward?— gritó Mary, quitándose la cinta del pelo.

— ¿De qué estás hablando?

— ¡Se ha ido!

— ¿Cómo lo sabes?

— Él me lo ha dicho.

Bella se envaró.

— ¿Cuándo?

— Hace unos minutos, por teléfono.

Bella se dejó caer sobre el último escalón y hundió la cara entre las manos.

— Ya has hablado con él.

— Estaba totalmente desolado— continuó Mary con tono acusador. —Le has dejado plantado, ¿no es así?

Bella no consiguió responder.

Una cosa era que Edward se marchara. Otra, muy distinta, que cor tara todas las vías de comunicación. Bella no tenía intención de tolerarlo. A primera hora de la mañana del lunes llamó a su editor y preguntó por las relaciones públicas de Edward. Cuando la mujer respondió Bella asumió su mejor acento norteño:

—Marie Gordón al habla. Del programa de entrevistas de Oprah.

— ¿Gordon? No me suena el nombre.

—Soy nueva. Esto es muy precipitado pero a Oprah le gustaría contar con la presencia del señor Cullen para su programa de esta semana. Para que esto sea posible, necesitaría hablar con él hoy mismo. Stephen King quiere el espacio, y ya sabe que se puede poner muy pesado

—Creo que el señor Cullen no está disponible.

—Claro que está disponible. ¡Se trata de Oprah!

—Me sentiría más cómoda si hablara con mi contacto habitual.

—Por desgracia sufrió un accidente de coche esta mañana. Nada serio. Pero estará inmovilizada por un tiempo.

—Qué raro Hablé con él hace menos de diez minutos.

—Debió ser mientras esperaba la ambulancia.

La mujer colgó

Alice cedió a la presión de Jasper y volvió a su casa el sábado por la tarde eso no significaba que dejaría a Bella a su aire, y decidió celebrar la merienda de reconciliación y perdón en La Novia del Francés

—Así resultará más simbólica— dijo.

Llegó la tarde del lunes. Mientras Alice aclaraba en el fregadero los platos manchados de chocolate, pensó que debería estar contenta de cómo habían salido las cosas. Bella estaba tensa como un muelle y al principio hubo cierto nerviosismo, pero las Sauces del Mar habían venido dispuestas a perdonar. La absolución de Angela estaba garantizada de antemano y a Jessica ya la había ablandado el afecto que Bella había mostrado por Tom. Lauren sucumbió cuando Bella mostró entusiasmo por las fotos de su niño de tres años, aunque el resentimiento de Rosalie era profundo, y no cedió hasta que Bella la rodeó con los brazos y le dijo: «Perdóname o mátame.»

En cuanto a Edward... Dijeron que era muy propio de Bella llevar a un hombre a esos extremos, pero no la recriminaron y la tensión de ella se fue relajando. Para cuando desapareció el último pastel de chocolate de dos pisos preparado por Alice, Bella ya volvía a pertenecer a las Sauces del Mar. Y volvía a ser la lider

Alice cogió el último plato y lo metió bajo el chorro de agua. Las otras cinco estaban sentadas en el solario, riendo y compartiendo recuerdos de cosas que ella no había vivido. No tenía por que sentirse abandonada ella misma había insistido en fregar los platos, pero tenía la impresión de haber vuelto a los dieciséis años.

Agarró el trapo de secar con disgusto. Sabía cuánto había echado de menos Bella a las Sauces del Mar y debería estar contenta de haber sido ella quien volviera a reunirlas. Aunque también eran sus amigas, y a Alice le gustaba creer que era su líder. Hasta ahora, era ella, quien tenía la última palabra sobre las fechas de las próximas reuniones y sobre quién llevaría qué a las tertulias. Era ella quien calmaba los ánimos y escuchaba las confidencias de las demás. Y se le daba bien ese papel. A partir de ahora, sin embargo, todo sería distinta Salvo que Bella se fuera de Parrish.

Esta posibilidad la serenó un poco. Ella no quería que Bella se fuera. Ahora ya eran hermanas y no pensaba renunciar a ello ni siquiera para aferrarse a su posición como líder de las Sauces del Mar Cuando volvió a reunirse con ellas en el solario se sentía un poco mejor, aunque la conversación prosiguió sin incluirla.

— ¿Y recuerdas cuando caminamos a ciegas por el salón de Lauren y rompimos la lámpara de su madre?

— ¿Y cuando el padre de Angela nos pilló fumando?

— ¿Y aquella noche que fuimos a la Punta y luego el coche de Jasper no arrancaba?

— ¿Os acordáis de cómo...?

— ¡No, no me acuerdo!— estalló Alice, sorprendiéndose a si misma. —Yo no era una Sauce del Mar por entonces. Y en el fondo tampoco lo soy ahora. Y os agradecería que mostrarais un poco de consideración por mí y no pasarais el resto de la velada hablando de cosas que desconozco.

Un silencio denso cayó sobre el grupo. Rosalie se quitó una pelusa de los pantalones. Lauren empezó a hacer girar su anillo de bodas. Sólo Bella parecía divertida, y arqueó sus elegantes cejas para observarlas a todas con fingida sorpresa.

— ¿Queréis decir que nunca la habéis iniciado?

—Nunca se nos ocurrió— respondió Jessica.

Rosalie recogió las piernas sobre el sofá.

—Eras tú quien se ocupaba de las iniciaciones.

—Es cierto, lo era.— Bella dirigió su atención a Alice, que en absoluto se sintió reconfortada por la astucia de aquellos ojos Chocolates.

—Alice, sal de la habitación mientras votamos.

—¿Votar?

Bella la miró con altivez.

—Quieres ser una Sauce del Mar en toda regla o no?

Alice le devolvió la altivez punto por punto.

— ¿No os parece que ya somos mayorcitas para estas chiquilladas?

—No

Al final, Alice dejó de protestar, en parte porque no le servía de nada y en parte porque Bella volvía a dar muestras de su viejo espíritu. Además, quería ser una Sauce del Mar en toda regla.

La llevaron en volandas a la sala de estar, donde tuvo que esperar.

Y esperar

Pasaron varios minutos. Al final, se hartó y volvió enfadada al solario

— ¿Os importaría decirme qué demonios os lleva tanto tiempo?

Rosalie señaló a Angela, que estaba tendida en el suelo.

—Oh votamos hace rato, pero Angela quería enseñarnos sus nuevos ejercicios abdominales y se nos ha olvidado llamarte.

Esto encendió a Alice.

— ¿Qué os habéis creído? Sólo porque la señorita diosa vuelve a caerle bien a todo el mundo, no voy a permitir que nadie me pisotee.

Bella resopló.

—Nos ha salido susceptible.

—Siempre lo ha sido— admitió Rosalie.

Jessica miró a Alice con aire de suficiencia.

—Mas vale que cuides tu lenguaje cuando hablas con nosotras. To davía nos has superado la ceremonia de iniciación, y podemos retirar la invitación en cualquier momento.

Alice cruzó los brazos y empezó a tamborilear el suelo con el pie.

— ¿Qué clase de ceremonia es?

Esto bastó para desatar un largo debate, porque nadie recordaba la ceremonia con exactitud aunque todas estuvieron de acuerdo en una cosa: necesitaban una fotografía de George Michael.

— ¿Para qué?— preguntó Alice agotando la paciencia.

Jessica se tiró de un tirante del sujetador.

— Debes jurarle amor eterno.

— Pero bueno...

— Tienes que hacerlo— insistió Rosalie. —Es parte del ritual de las Sauces.

— Pero no tenemos ninguna foto— puntualizó Lauren. —Angela metió la mano en su bolso y sacó una Biblia.

—Tengo una idea.

— ¡No vamos a utilizar una imagen de Jesús!— exclamó Rosalie

Angela pareció decepcionada pero cedió grácilmente a la presión del grupo. La discusión prosiguió aunque sin conducir a nada, Al final, Jessica se ofreció a investigar los CD de Edward.

— ¡Mirad! Tiene el último álbum de los U2. Alice podría jurar por Bono.

Lauren inspeccionó el CD.

— No sería lo mismo.

Bella dio el CD a Alice con una sonrisa de picardía

— Besa la foto de Bono y jura amarle por el resto de tu vida

Alice vaciló un momento.

—Vale, pero sólo por su dedicación a las buenas causas— precisó.

Por desgracia, la cosa no terminó ahí. Según parece, tenían un saludo secreto que nadie recordaba. También solían sentarse en. pasando de mano en mano un collar perdido hacía años.

— Hay una cosa crucial— dijo Rosalie. —Tienes que decirnos qué chico te gusta más.

—Jolines, tendré que pensármelo— ironizó Alice.

—No muestra demasiado espíritu Sauce del Mar— comentó Lauren

— También tiene que contarnos un secreto sexual— dijo Jessica

— ¿Un secreto sexual?— Alice alzó la vista al techo . —Teníais once años cuando formasteis el grupo. ¿Cuántos secretos sexuales teníais a esa edad?

—Unos cuantos. Rosalie encontró un ejemplar de El placer sexual de su madre.

Alice levantó las manos.

—De acuerdo. Hace un par de noches tuve un sueño erótico con Harrison Ford.

— ¿Y quién no?— replicó Lauren, poco impresionada. —Hace falta un secreto mejor

El mayor secreto sexual de Alice la falta de deseo padecida, incluso respecto a su propio marido era algo que no pensaba compar tir con nadie. Fingió reflexionar en el tema.

—Vale ¿Qué tal esto? Rosalie, ¿recuerdas cuando te quedaste Mary para que Jasper y yo pudiéramos ir a aquella conferencia en Miami

—Pues sí

—No había tal conferencia en Miami. Reservamos una habitación de hotel en Memphis y pasamos el fin de semana jugando a los esclavos sexuales

—Era mentira pero las reacciones fueron más que satisfactorias.

— ¡Eres una furcia!

— ¿ esclavos sexuales?

—Con esposas y todo?

—Con todo— enfatizó Alice.

Bella no se lo tragó pero mantuvo la boca cerrada, cosa que hizo pensar a Alice lo agradable que era tener, por fin, una hermana.

— ¡Se le han empañado los ojos!— exclamó Rosalie. —Menudo fin de semana tuvo que ser

Alice sonrió a Bella.

Bella le devolvió la sonrisa y comentó:

—Ni siquiera yo podría competir con un fin de semana así.

Alice se reacomodó en el sofá antes de que la embargara una nueva oleada de emoción.

— ¿No ha llegado ya el momento de encender la vela de la iniciación?

—Aún no.— Bella arqueó una ceja calculadora. —Queda una cosa por hacer...

Angela se levantó del sillón y dijo:

—No. Eso no lo haremos.

—Es necesario para que Alice sea oficialmente una Sauce del Mar— repuso Bella.

—Madre mía— Rosalie echó la cabeza atrás y soltó una risotada.

Jessica gruñó.

—No debí comer tanto chocolate.

—De acuerdo, pero no se lo diremos a nadie— dijo Lauren. —Ya sabes cuánto me odia mi suegra. Si lo descubre, nunca dejará de atormentarme.

—Hacer, ¿qué?— preguntó Alice, sin estar segura de querer saberlo.

Unos momentos de silencio. Se miraron unas a las otras. Finalmente, Angela explicó con voz queda:

— Tenemos que desnudarnos y correr tres veces alrededor de La Novia del Francés.

Alice las observó, incrédula.

— Estáis bromeando, ¿verdad?.

Jessica soltó un resoplido.

—Ojalá.

Angela meneó la cabeza.

—Es verdad. Cada vez que ingresaba un miembro nuevo en las Sauces del Mar...

— Que por fortuna no sucedía muy a menudo... — interpuso Rosalie.

— ... esperábamos hasta que Bella convencía a su madre de que nos dejara a todas pasar la noche aquí.

— Preferiblemente en verano, para dormir en la galería, al aire libre— añadió Lauren.

—Cuando Charlie y Renee ya estaban dormidos— prosiguió Angela —nos desnudábamos y corríamos en cueros alrededor de la casa.

— Nunca oí hablar de eso— dijo Alice .

—Era nuestro secreto mejor guardado.

—Nuestro único secreto— apostilló Jessica secamente.

— Ni siquiera los chicos lo saben.

—Apenas está anocheciendo — dijo Alice . —Y dudo que haga quince grados fuera.— Bella le sonrió.

—Entonces más nos vale correr rápido.

Siguió un debate sobre los términos y las condiciones pero al fnal, sólo hicieron una concesión a la madurez: acordaron no quitarse los zapatos

—Ya sabía yo que debí ponerme braguitas nuevas— se lamentó Jessica unos minutos después, cuando se estaban desnudando en el solario

—Que alguien compruebe que todas las luces están apagadas.

—Estoy ahorrando para una liposucción. De veras que sí.

—Me gustaba más cuando odiábamos a Bella. Mira qué piernas

— ¡Oh, Dios mío, Alice tiene un chupetazo descomunal! Jasper no perdido el tiempo, ¿eh?

Desnudas y entre risas, se reunieron delante de la puerta trasera.

— ¿Todas listas?— preguntó Rosalie.

— ¡Listas!— declararon.

Bella cogió el pomo y abrió la puerta de par en par.

— ¡Viva las Sauces del Mar! — gritó.

Y salieron corriendo.

La decisión impulsiva de Jasper y Mary de salir a dar un paseo nocturno les llevó hasta el final del pasaje Mockingbird. Al alcanzar el camino de entrada a La Novia del Francés, se detuvieron en seco. Mary fue la primera en recuperar la voz.

— ¿Crees que se han vuelto locas o algo?

—Desde luego, eso parece.

No dijeron nada más durante unos momentos pero, al final, Mary se sintió tan horrorizada que no pudo callarse por más tiempo.

—Tú no deberías mirar, papá.

—Cariño, no me lo perdería por nada en el mundo.

Risas histéricas llegaron a sus oídos, un juramento, un chitón. Las mujeres desaparecieron por un lado de la casa.

Mary frunció el entrecejo.

—Si los chicos del colegio se enteran de esto, no pienso volver a clase. Hablo en serio.

—Nos iremos juntos de la ciudad.

—Estas cosas no pasaban antes de que Bella volviera.

—Si se queda, empeorarán.

—Aun así no quiero que se vaya.

Jasper le dio un apretón en el hombro.

—Yo tampoco.

Mary contuvo el aliento cuando las mujeres reaparecieron por el otro lado de la casa, con su madre en cabeza.

—Esto es muy embarazoso.

—Lo peor es que dudo que hayan probado siquiera el alcohol— comentó Jasper.

—Yo siempre pensaba que mamá es perfecta.

—No puede evitarlo, cariño. Las mujeres del Sur nacen con el gen de la locura.

— Yo no. — Jasper suspiró.

—Tarde o temprano seguirás su camino.— Con un siseo repentino, se encendieron los aspersores y las mujeres empezaron a chillar.

— No puedo seguir mirando— dijo Mary.

Jasper ocultó la cara de su hija contra el pecho y sonrió

—Por la mañana fingiremos que fue un mal sueño.

Bella apagó el despertador. Era martes, el día que pensabe irse de Parrish. Apoyó la cabeza en la almohada de Edward y aspirando su aroma familiar, rezó por que volviera a casa antes de que ella tuviera que cambiar las sábanas. Se sentía desgraciada. Intentó desembarazarse de la desdicha recordando la noche anterior y las Sauces del Mar. Sonrió. Alice le había hecho un regalo inapreciable.

Consiguió levantarse de la cama tarea nada fácil últimamente y vestirse para ir a la librería.

— Pensaba que estarías haciendo las maletas— dije Sue cuando Bella le ofreció la tarta de arándanos que había intentado comer

—Un cambio temporal de planes. Me quedaré un poquito más.

La cara de Sue resplandeció.

— ¿En serio?

Bella asintió y le contó lo que había pasado con Edward

— ¿Se fue? ¿Así, sin más?

— Así, sin más— respondió Bella, alentada por el gesto dignado de Sue.

— ¿Qué vas a hacer ahora?

— Seguiré intentando localizarle.

Sue la miró con compasión.

— Por lo que me cuentas, tardarás un tiempo en dar con él. Parece que no desea ser localizado.

— Llamaré a su editor. Alguien tiene que saber dónde está.

— Más vale que inventes algo más convincente que ese rollo de Oprah que me has contado.

— Lo haré.

El editor de Edward descolgó el teléfono al segundo tono.

—Mike Newton.

—Lady Mary Posh Wicket al habla. Le llamo desde Londres.

— ¿Quién dice que es?

—Soy la directora de la Oficina Real de la Jarretera de Su Majestad. Tengo noticias importantes para un autor suyo. Sir Edward Cullen… Ah pero seré tonta. Aún no es Sir Cullen. Por eso necesito hablar con él aunque parece que no contesta al teléfono.

—Me temo que no sé dónde está.

— Pero qué cosas dice, caballero. ¿He de creer que ha extraviado a uno de sus más relevantes autores?

— ¿Perdón?

— Tal vez quiera ser usted quien informe a Su Majestad de la desaparición de sir Edward, porque, desde luego, yo no pienso decírselo.

— ¿ Quién es usted ?

— Debo insistir en que localicen a sir Edward inmediatamente.

— No sé quién es usted pero tengo trabajo que hacer.

— ¡ No hasta que me diga dónde demonios se ha ido Edward, capullo!

Hubo una pausa.

— ¿Eres tú, Bella Swan?

En esta ocasión, fue ella quien colgó

espero les este gustando y me lo dejen saber en sus comentarios :*