Regalo de cumpleaños para Esteban :) perdon el retraso. Te quiero.


John Coffey observaba tranquilamente el cielo. Esperaba con paciencia algo que sabía que era poco probable que pasara pero estaba acostumbrado a esperar.

Se encontraba sentado en un tronco caído, con su sucio overol azul. Solo estaba así, sentado, esperando.

Se encontraba a un kilometro de la carretera. Podía ver a las viejas y polvorientas camionetas avanzar lentamente por el asfalto.

John Coffey con su enorme cuerpo y su color de piel parecía un chiste para la época en la que apareció. Sin quererlo, John Coffey intimidaba a todas las personas que lo veían, casi nadie se molestaba en tratar a ese gigante de color que era más dulce que el algodón de azúcar.

Aquel día, una pequeña niña de pelo rubio largo apareció.

-¿Eres un gigante? -le preguntó con inocencia, a una distancia que ella consideraba prudente.

Jhonn Coffey volteó a ver a la pequeña criaturita que le hablaba.

-No -le contestó tímidamente.

-Mi papá dice que los gigantes son personas muy grandes y muy fuertes. -dijo sentándose a su lado- Tu eres muy grande y pareces muy fuerte ¿seguro que no eres un gigante?

John Coffey sonrió.

-No, no lo soy.

-¿Seguro? -insistió la niña y el hombre negó con la cabeza.- Entonces si no eres un gigante ¿qué eres?

¿Qué era? Esa pregunta se la había hecho durante toda su vida y lo seguiría haciendo minutos antes de morir.

Alguien gritó a lo lejos y la pequeña volteó la cabeza y saludó a alguien. La figura le hizo señas y ella se acercó.

John Coffey no volteó, no quería asustar a quien estuviera hablando con la pequeña.

La niña no tardo en regresar con una niña unos años más grande. Venían agarradas de la mano.

La niña mayor lo vio con suspicacia.

-Mi hermana dice que eres un gigante. Yo creo que eres un ogro. ¿Lo eres?

-No. No soy ni un gigante ni un ogro. Solo soy un hombre -les contestó.

-¿Y qué hace aquí, señor hombre? -preguntó la más pequeña.

-Espero. -dijo mientras observaba a las hermanas sentarse a su lado.-

-¿Qué espera? -el hombre se encogió de hombros- Mi mamá dice que nunca se debe de esperar solo. Así que lo acompañaremos hasta que descubra que es lo que espera.-John les sonrió- ¿Tiene hambre señor hombre? Traje unos panques. -La niña repartió uno para cada uno y se los comió en silencio.

La niña más pequeña le dio una pequeña mordida a su panque pero volteo a ver a John Coffey y simultáneamente volteo a ver su panque. Se levanto de su lugar y le ofreció silenciosamente el panecillo.

El gigante la vio y la niña le sonrió. La pequeña mano blanca de la niña contrastaba con la enorme manaza de él.

-Coma mucho, señor. -dijo todavía sonriendo.

La hermana mayor compartió la mitad de su panque con la menor y no volvieron a decir nada.

John Coffey se sentía feliz. Sonrió con timidez y precaución, se alegro de que pudiera estar ahí en ese momento con las niñas. Esos seres tan puros e inocentes que no tenían los prejuicios de los hombres y que no lo juzgarían... que no lo juzgaban.

Suspiro.

-Nos tenemos que ir -dijo la mayor- papá debe de estar buscándonos. -tomo de la mano a su hermanita y la ayudo a levantarse.- ¿mañana estará aquí? Mamá va a ser pay de queso ¿le gustaría un poco?

John asintió y se despidió de ellas con un gesto. Ellas agitaron las manos en señal de despedida.

La noche cayó y el gigante siguió sentado en el tronco observando las estrellas. Miles y miles de puntos sonrientes brillaban para él esa noche.

El gigante decidió buscar un lugar donde resguardarse para poder dormir. Durmió pensando en las lindas niñas que lo habían encontrado más temprano en el día y le pidió a ese ser supremo con el que, de vez en cuando, hablaba, que las cuidaras y las dejara convertirse en mujeres de bien con hermosas familias.

El sueño del gigante nunca se pudo hacer realidad.


Espero que les halla gustado