Corregido y resubido.

Pareja: ¡Los adoraaaables Elliot y Leo~! *^* ¿No son perfectos? ¡No respondáis! Sé que lo son... (?)

Advertencias: Es un pecado que no haya ningún ElliotxLeo rated M en español, así que este será el primero. So... LEMON INSIDE. En el último capítulo tal vez haya spoilers que en realidad sólo entenderéis si habéis leído el arco de Humpty Dumpty al completo~

Disclaimer: Todo este mundo super cute y dramático a la vez viene de mano de la troll profesional Jun Mochizuki, conocida por el fandom como MochiJun(?).

Notas: Habrá diferentes puntos de vista en cada capítulo~

Disfrutad~!


POV Leo

Aah. La biblioteca, el único lugar que me da el silencio y la tranquilidad que necesito para poder relajarme y que, milagrosamente, también consigue aplacar el complicado temperamento de mi amo, Elliot Nightray.

Aunque me gusta la compañía de Elliot cuando está tranquilo, es mejor cuando puedo leer solo, sin nadie alrededor, escondido entre las grandes estanterías de la silenciosa sala. Así que cuando no tengo que cuidar de mi amo, me escabullo a la biblioteca de Lutwidge. Pero siempre acaba pasando algo que me molesta, como...

—¡Leo! —Grita una voz conocidísima para mí, violando el delicioso silencio de la sala.— ¿Estás aquí, Leo?

—Elliot, deja de gritar. —Suspiro enfadado, asomándome por la esquina de la estantería donde estoy apoyado. Miro a Elliot y sé que pasa algo. Parece más alterado de lo normal.

—Tienes que ayudarme.—Estando ya frente a mí, me mira con serenidad y cautela. Va a pedirme algo... y no me va a gustar, lo presiento.— ¿Lo... lo harás?

—Depende de lo que sea. —Y con esa pregunta de tono dudoso me lo confirma. Va a pedirme algo y no solo no me va a gustar, sino que será horrible. Cierro el libro que está sobre mis rodillas y le miro fijamente a través de los mechones de cabello.

—Verás... —Se rasca la nuca y mira a un lado, haciendo ver lo avergonzado que está. Ni si quiera sabe cómo comenzar, por lo que veo. Son detalles que no se me pasan.— Ya sabes que Vanessa siempre me está molestando con el tema de tener una prometida y todas esas cosas, ¿verdad?

—Sí. —Asiento mientras me levanto del suelo y dejo el libro en la estantería en la que estaba apoyado.— Aunque lo que no sabe es que eres un rompecorazones que ya ha rechazado alguna que otra señorita enamorada.—Le digo con una sonrisa cuando me giro de nuevo.

—¡C-cállate, Leo! Estoy hablando en serio. —Carraspea y frunce el ceño, intentando dominar su genio ante mis burlas.— En fin, que... bueno. Con tal de que me dejase en paz le dije que ya tenía una candidata a prometida y... me ha dicho que... que la lleve este fin de semana conmigo a la casa Nightray.

—Oh~—Estúpido Elliot. Sonrío ante su naciente rubor.— ¿Y cómo se supone que quieres que te ayude yo en eso?

Entonces Elliot me clava sus ojos azules, mirándome con intensidad, sin deje de diversión alguna en su bello rostro. Aunque suelo aturdirme un poco cuando me dedica toda su atención, me recorre un escalofrío y tengo un mal presentimiento.

—Eres mi sirviente. —Empieza Elliot, alzando ligeramente la barbilla y tomando porte de noble. Probablemente no consiga ver mis ojos tras el pelo y las gafas, pero sé que me está mirando directamente a ellos.— Así que tú harás el papel de prometida frente a mi familia.

No es posible. No... ni siquiera entiendo esa propuesta viniendo de un chico alborotador como él. Yo... ¿su prometida? ¿Está loco? Ladeo un poco la cabeza, buscando la gracia a la broma que acababa de soltar, pero él me sigue mirando con seriedad. Ahora sí que creo que ha perdido toda la cordura que pudiese tener ese fanfarrón.

—No. —Digo sin más después de un largo silencio. ¿Me río o me enfado? Me pregunto qué estúpido razonamiento ha seguido el estúpido de Elliot para creer que yo aceptaría una estúpida petición como esa. ¡Ni siquiera soy una chica!

—Leo...—Elliot cierra los ojos y se muerde el labio mientras respira hondo. Sé que está intentando no gritarme y empezar una pelea.— Por favor.

—¿Por qué debería aceptar una propuesta sin sentido como esa?—Parece estar haciendo grandes esfuerzos por contener su mal temperamento y eso quiere decir que de verdad me necesita. Tal vez... tal vez eso me enternece un poco. Pero sólo un poco.— Pídeselo a una chica de verdad.

—Pero no quiero involucrar a ninguna chica en esto. Es...

—Vergonzoso. Tú eres muy vergonzoso. —Le dedico una sonrisa burlona. Es una gran oportunidad para reírme un poco de él.

De repente es como si el dicho de "la gota que colmó el vaso" se representara ante mí. Elliot aprieta los dientes y su entrecejo se frunce. Sus ojos azules parecen arder a pesar del frío color que poseen.

Y cuando parece que me va a pegar un buen puñetazo en la cara, baja la cabeza y noto sus manos agarrándome las muñecas. Ahora mismo no parece un noble para nada.

—No volveré a pedirte nada así nunca más. —Con un hilo de voz, Elliot me suplica (o algo así) por primera vez en su vida.— Así que por favor...

Suspiro y sacudo un poco la cabeza. Tuerzo los labios, intentando negarle a mi yo más tierno ceder ante este amo de aspecto vulnerable. No lo consigo y sé que me arrepentiré por este momento de debilidad.

—¿Cómo y cuándo se supone que me transformaré en una bella señorita, entonces?—Digo finalmente con voz cansada por la lucha interior que he perdido en unos pocos segundos. Aun así, Elliot parece revivir. Alza la cabeza de nuevo y me esboza una radiante sonrisa que me deja pasmado, aturdido... pero en el fondo, siento algo cálido cuando le veo sonreír de esta manera.

—¿De verdad? ¡Leo...!—Su sonrisa se dulcifica y estrecha los ojos poco a poco mientras posa una mano en mi desordenado pelo.— Gracias...

Sin responder a mi pregunta, se va diciendo cosas como "¡Por fin podré cerrar la estúpida bocaza de Vanessa!". Sólo cuando me quedo solo y el silencio vuelve a caer como una suave manta me doy cuenta de la estupidez que acabo de aceptar y de lo extraño que ha sido todo en general.

He aceptado convertirme en una mujer e interpretar el papel de prometida delante de la familia de mi amo, que también me conoce a mi desde hace tiempo. ¿Caerá Vanessa en una trampa tan cutre como esa? Ni siquiera sé si podré hacerlo bien.

Ya no hay marcha atrás, así que tendría que empezar a buscarme la vida ya que Elliot no va a facilitarme un vestido de mujer ni nada por el estilo. Necesito a alguien que me ayude pero no tengo ni idea de a quién pedirle algo así.

Entonces, por primera vez en mi vida, agradezco el estrépito que alguien hace al entrar en la biblioteca.

Una chica de largo y rubio cabello entra estrepitosamente en la sala, cayendo junto con el montón de libros que intentaba llevar ella sola.

—¿Estás bien, Ada? —Le pregunto mientras le tiendo una mano para que se levante del é mientras me acercaba a ella y le tendía la mano para que se levantase del suelo.

—A-ah... Sí, gracias, Leo. —Sonríe la hermana de Oz Vessalius, tomando tímidamente mi mano.— Eres muy amable.

—Oye, Ada... —Murmuro mientras le ayudo a recoger los libros que ha tirado por el suelo.— ¿Podrías ayudarme con un asunto?

.

—¡¿Le has pedido ayuda a Ada Vessalius?! —Grita Elliot dejando de lado su adorado libro, "Holly Knight".

—¿Y qué esperabas? Yo no tengo vestidos de mujer ni sé cómo debo maquillarme ni nada de eso. —Contesto desde mi cama, que está paralela a la suya, mientras leo un libro.— Estúpido Elliot...

—¡¿Qué has dicho, Leo?!

—¿Prefieres que no haga de tu prometida? —Al decirlo, empalidece de repente y me hace sentir un poco mal, pero por lo menos se calma.— Por mí sería mejor así.

—No, claro que quiero que seas mi prometida. Quiero decir... —Y de repente se le corta la voz y se sonroja. Me aparta la mirada durante unos segundos, lo cual me hace sonreír.— Quiero decir que no me ha gustado que tomases la decisión sin mi opinión.

—Entiendo.—Cierro el libro que tengo en las manos. Ya no puedo concentrarme en él.— Si querías opinar sobre ese tema no tendrías que haberte ido sin más antes.

—Está bien, está bien. —Bufa Elliot como un niño pequeño. Veo que me mira de reojo y alza una ceja.— ¿Qué vas a hacer para que no te reconozcan mañana?

—Eso es una sorpresa. —Le espeto mientras me levanto y voy hacia la puerta de la habitación.—Me podrías haber dicho que era mañana.

—Bueno, te lo estoy diciendo ahora.—Se cruza de brazos y baja repentinamente la voz.— Pasaremos el fin de semana allí.

—¿El... el fin de semana? ¿Entero?—Pregunto alucinado, mirando a mi amo con incredulidad.— No puedes decirlo en serio.

—Tampoco es tanto tiempo, Leo. —Susurra Elliot, mirándome con algo de temor.

—Bueno... Ya no puedo dar marcha atrás. —Ruedo los ojos, aceptado ya todo lo que venga.— ¿A qué hora tengo que estar listo?

—Vanessa dijo que enviaría un carruaje sobre las cuatro de la tarde.—Me sonríe nervioso.

—Bien, pues voy a preparar las cosas para mañana con Ada. —Abro la puerta y, justo antes de salir, me giro hacia Elliot y le digo dulcemente:— Duerme bien, mi querido futuro marido~.

Cierro rápidamente la puerta mientras escucho cómo mi infantil amo exclama vulgaridades y maldiciones hacia mi persona. Recorro los pasillos con una sonrisa al pensar en lo rápido que se avergüenza Elliot, aún cuando digo las cosas de broma.

Tras planear con Ada Vessalius cómo me vestiría, maquillaría, peinaría y algún que otro detalle, vuelvo a la habitación.

Elliot ya se ha dormido y tiene la sábana toda revuelta, tirada en el suelo. Este chico... Le tapo con cuidado para que no se despierte y después me siento en el borde de mi cama. Con cuidado, me quito las gafas y aparto el cabello que no me deja ver con claridad.

Tengo que evitar que en la mansión Nightray me reconozcan, así que tendré que dejar al descubierto mis ojos y cepillar mi pelo. No me gusta porque odio ver el mundo que me rodea... aunque me gusta observar a Elliot. Es un chico curioso.

Así que si es por él... en fin, habrá que hacerlo.