POV Leo

-E-Elliot, déjame... -Pero Elliot no parecía tener intención de soltarme, sino que seguía devorando mi cuello como si fuese un lobo hambriento. Si seguía así me dejaría lleno de marcas y eso era algo que debía evitar a toda costa.-

-¿Siempre tienes que poner pegas para todo? -Me contestó él con un resoplido infantil propio de él cuando finalmente se separó de mi cuello y me miró a los ojos.- Estoy un poco mareado...

-Normal, estás borracho. -Hice un ademán de levantarme, pero el pesado de mi amo seguía encima mío, haciendo casi imposible la huida. Suspiré y pensé en alguna excusa para que me soltara.- Yo... voy a ponerme la ropa que Vanessa ha dejado para mí.

-¿...En serio? -Bien, aquella era una excusa válida para que me soltara. Tímidamente, asentí con la cabeza mientras miraba sus brillantes ojos.- Vale, pues esperaré.

Dejé de sentir el peso de Elliot sobré mi y me sentí aliviado, aunque con una sensación un poco fría. Estupideces. Me senté en el borde de la cama y le miré por encima del hombro, esperando que estuviera tumbado en la cama y a punto de dormirse, pero no fue eso lo que vi.

Él estaba allí sentado, con algunos de los botones de su camisa desabrochados, las mejillas sonrojadas por el alcohol y mirándome con intensidad. Estaba claro que no se iba a dormir por muy bebido que estuviera y que iba a esperar a que me pusiera aquella vergonzosa vestimenta que se suponía que era para dormir.

Maldiciéndome a mi mismo, me levanté de la cama para ir al lavabo y ponerme aquel cortísimo camisón que la hermana de mi amo dejó para mi. Los efectos del vino aún estaban presentes en mi, pues a duras penas llegué al baño, tambaleándome de un lado a otro.

Tras encender el candelabro del baño, pude verme en el espejo. Aunque mi pelo estaba un poco desordenado ya, no estaba tan ridículo como creía estar. De hecho parecía una chica de verdad. Tal vez entendí un poco el comportamiento de Elliot cuando pude verme así.

Entonces miré mi vestido y fruncí el ceño. ¿Cómo demonios iba a quitarme esa ropa yo solo?

Con un nuevo suspiro escapando de mis labios, me apoyé en el mármol del baño y me miré de más cerca, notando el maquillaje en mi rostro. Esto sí que sería ridículo, pero no había otra opción...

-Elliot... -Llamé desde dentro del baño, deseando que mi amo se hubiese dormido de verdad, aunque tuviese que dormir con aquella ropa.

-¿Qué quieres? -Le oí decir desde el otro lado de la puerta del baño.

-Ayúdame a... a quitarme la ropa. -Dije en voz alta, avergonzado por mi petición. No se escuchó nada durante unos segundos y recé por que se hubiese dormido. Aun así añadí:- Por favor.

La puerta se abrió repentinamente y me faltó poco para no gritar del susto que me llevé. Miré a mi amo a través del espejo, viendo en él una expresión de confusión y emoción al mismo tiempo. Parpadeé al verle así, preguntándome por qué estaba tan... exaltado.

-¿... Me ayudas o no? -Dije lentamente y en voz baja al ver que él no se movía, sino que seguía mirándome con expresión confusa y ojos brillantes.

-A-ah, claro. -Su mirada recorrió mi espalda y vio que allí había los botones que desabrocharían aquel bonito vestido oscuro con detalles azules.- No sé si sabré hacerlo pero... bueno, lo intentaré.

-Bien. Intenta hacerlo rápido, por favor. -Pedí apoyando mis codos en el mármol y apartando el pelo de mi espalda.

-¿Po-por qué te pones así? -Su rostro, ya de por si enrojecido por la bebida, se tiñó aún más de carmesí.

-... eres un pervertido, Elliot. -Reposé la cabeza en mis manos mientras le miraba por encima del hombro, esperando a que desabrochara los botones.

Para mi sorpresa, no me reprochó el haberle llamado pervertido, sino que empezó a desabrochar los botones del vestido con lentitud y torpeza, aunque con mucha delicadeza. Noté con alivio como la prenda se iba separando de mi pecho a medida que Elliot iba desabotonándolo por detrás.

Cuando estuvo totalmente desabrochado mi amo dejó caer el vestido por mis piernas ya que era palabra de honor y no tenía tirantes. Sonreí al oír su jadeo al encontrarse con mi ropa interior. Levanté mis codos del mármol con cuidado y me giré para mirarle.

-¿Sorprendido, querido? -Le pregunté imitando la voz de mujer que había utilizado en público hacía unos minutos. No podía evitar aquellos deseos de querer burlarme de él en aquella situación, aunque en principio ni siquiera pensé en enseñarle aquella lencería femenina que llevaba bajo el vestido, obviamente.- Anda, ayúdame a quitarme esto también.

-P-pero Leo... yo... es que... -Balbuceaba Elliot mirándome sin ocultarse. Parecía que mi amo era un fetichista de la ropa interior femenina. Sonreí y señalé la parte trasera del corsé, llena de lazos atados con fuerza para estilizar mi cintura.- Bueno, lo-lo intentaré.

Las manos de Elliot temblaban y no pude evitar estremecerme al notar su caliente piel sobre mi espalda, deshaciendo los nudos del corsé y liberádome de aquella tortura. Fue cuidadoso y más ágil de lo que esperaba, aún estando bebido y nunca haber hecho algo como eso.

El corsé cayó también al suelo junto a mi vestido y los ojos azules de mi amo viajaron al portaligas que llevaba sujetando mis medias. Parecía deseoso por tocar aquella prenda, así que decidí hacerle sufrir y, justo cuando iba a poner las manos allí, me aparté.

-Esto puedo hacerlo solo. -Dije inclinándome un poco para soltar el agarre de mis medias mientras me quitaba los zapatos con cuidado.

-Tsk... está bien. Date prisa y ponte lo que te ha dado mi hermana. -Ordenó fastidiado mientras salía del baño seguramente en contra de su voluntad.

Con una sonrisa de alivio, me quité al fin toda aquella lencería de mujer que sorprendentemente me iba a la perfección. Después saqué el camisón de la bolsa donde estaba guardado. Me avergonzaba el sólo hecho de imaginarme llevando aquello. Sin embargo... debía hacerlo. Así que me lo puse.

.

Abrí la puerta del baño y escuché movimiento de sábanas en la cama. Asomé la cabeza y me apoyé en el marco de la puerta, mirando hacia la cama. Me topé con los ojos de Elliot, observándome expectante y chasqueé la lengua, pues aún tenía esperanzas de que él se hubiese dormido al volver a la cama.

-¿Vas a venir? -Preguntó mi amo en un susurro que pude oír perfectamente e hizo que diese un pequeño respingo. Asentí con la cabeza, haciendo que algunos mechones de pelo cayesen frente a mis ojos.- ¿Y a qué esperas entonces?

Elliot parecía tan impaciente que no pude hacer otra cosa que ir hacia allí. La única habitación de la luz era la que nos regalaba la luna, entrando por el gran ventanal que allí había. Pude notar la intensa mirada de mi falso prometido recorriendo todo mi cuerpo mientras me dirigía hacia la cama. Un recorrido que me pareció interminable.

Con delicadeza puse mi rodilla desnuda sobre la cama para así poder subirme. No sabía cómo hacer para que la falda de aquel cortísimo camisón no subiese demasiado y dejase ver mis vergüenzas, pues no llevaba ninguna ropa debajo aunque la prenda era semi transparente.

Fui gateando por la cama hasta donde estaba mi amo y, cuando estuve frente a él, me senté, mirándole y esperando a que dijese algo. Me miró durante un rato en un silencio extraño, tenso.

-¿Dormimos ya? -Pregunté esperanzado, con una sonrisa cansada. La cabeza aún me daba vueltas y empezaba a preguntarme por qué me había puesto aquella vergonzosa ropa.

-No voy a poder dormir si estás así vestido a mi lado. -Murmuró Elliot mientras me acariciaba con torpeza y cuidado la mejilla, acercándose demasiado de nuevo.

-¿Y-y por qué no? -Aunque ya sabía la respuesta a aquello, decidí preguntar y ganar tiempo. Me avergonzaba demasiado lo que seguramente pretendía hacer mi pervertido amo y quería... retrasarlo, pero no evitarlo.

-Me pones nervioso, idiota... -Deslizó sus manos por mi cintura y mi corazón empezó a golpearme las costillas con fuerza. Se acercó de nuevo a mis labios y no evité el contacto con los suyos.

Fue un beso como los anteriores, tierno y cuidadoso, sólo juntando los labios. Pero de repente pareció que quería devorarme y cogió mi nuca, decidido a investigar mi boca. No pude más que abrir mis labios y dejar que hiciera lo que quisiera. Entonces noté que, seguramente por su inesperiencia, mordía mi labio.

-Ai. -Me quejé separándome un poco de él y echándole una mirada molesta.

-¿Qué? -Preguntó frunciendo el ceño y acercándome más gracias al agarre de sus manos sobre mi cintura.

-Tus dientes...

-Lo siento. -Se disculpó tan sólo, volviendo a juntar nuestros labios casi a la fuerza. Por alguna razón me molesté y decidí morderle también el labio, por lo que el que se separó esta vez fue él.- ...Idiota.

-No hagas lo que no quieres que te hagan. -Recité mientras le abrazaba por el cuello y sonreía burlonamente.

-Eso dímelo después de que acabemos. -Elliot sonrió también, pero con malicia y tal vez con un poco de perversión. Aquello me inquietó y me estremecí.

Sus manos acariciaron mi espalda y mi vello se erizó al instante. Por la delgadez de la prenda que llevaba sus manos parecían acariciarme directamente la piel. Elliot aprovechó mi despiste para dirigirse de nuevo a mi cuello. Noté como succionaba con fuerza y supe que aquello dejaría marca.

-¡Elliot, no hagas eso! -Casi grité intentando separarme de él sin demasiado éxito. De todas formas notar sus labios en mi cuello me quitaba la mayor parte de mis fuerzas; el alcohol se ocupó de las restantes.- I-idiota, como alguien lo vea...

-No me importa que alguien lo vea. -Contestó mientras me cogía por las caderas con una sorprendente facilidad y me hacía sentarme sobre su regazo.- Eres mi sirviente y esa es la marca que lo confirma.

-Yo no soy un animal que deba ser marcado... -Me quejé sonrojándome al notar su obvia excitación justo debajo de mi, tensando sus pantalones.- N-no quiero un amo pervertido.

-Eres tú quien me provoca, estúpido. -Observó mi cuerpo, tan sólo cubierto por el fino camisón, y sonrió de lado.- Llevando este camisón tan corto, sin nada debajo...

-¡Estás borracho! -Exclamé totalmente avergonzado mientras llevaba mis manos al borde del camisón por inercia, intentando bajarlo más sin demasiado éxito.

-Ya me he dado cuenta. -Elliot se rió un poco, desconcertándome. Entonces de nuevo vio una apertura por mi despiste y sus manos fueron de nuevo a mis piernas desnudas, subiendo peligrosamente hasta los muslos y el borde del camisón.-

-T-tampoco hagas eso... -Nervioso, noté como sus manos se colaban bajo mi ropa y me acariciaba con delicadeza la entrepierna, causándome una especie de descarga eléctrica por todo el cuerpo. Por inercia intenté cerrar las piernas aunque no lo conseguí.- N-nh, no...

Aunque me quejaba por las caricias de mi amo, no tenía ninguna intención de evitarlas ya que era la sensación más agradable y extraña que había tenido nunca. Poco a poco mis piernas se fueron destensando y mi cuerpo dejó de resistirse tontamente ante aquel placer.

No pude evitar jadear cuando noté como Elliot finalmente cogía mi miembro y empezaba a acariciarlo en un calculado vaivén terriblemente placentero. Arqueé la espalda y apoyé mis manos en sus rodillas, dejando mi pecho desprotegido, cosa que mi amo no pasó por alto.

Con su mano izquierda bajó lentamente los finos tirantes del camisón, dejando así gran parte de mi pecho al descubierto. Se relamió antes de lanzarse a morder todo lo que podía, incluidos mis pezones. Cada vez que mordía dolía más, pero se mezclaba con el placer que me producía su mano derecha y no podía distinguir si realmente me dolía o me gustaba.

-Hace daño. -Decidí quejarme entre jadeos y pequeños gemidos involuntarios.

-Entonces creo que eres masoquista. -Gruñó divertido antes de lanzarme contra la cama, bocarriba. Le miré sorprendido y molesto por haber dejado de acariciarme, pero poco tardo en ponerse entre mis piernas y hundir la cabeza entre ellas.

Intenté reprimir los gemidos tapándome la boca con las manos al sentir la cálida lengua de mi amo moverse por una zona tan sensible para mí. Era una sensación increíble, mejor aún que la que causaban sus manos. Tal vez con intención de molestarme, tan sólo daba pequeñas lamidas a mi miembro, sin metérselo entero en la boca. Me estaba sacando de quicio, volviéndome loco.

Mordiéndome el labio para no dejar escapar ningún sonido, puse mis manos con timidez en su cabeza y le estiré del pelo. Elliot me miró y esbozó una ancha sonrisa. Sí, tan sólo quería sacarme de quicio con esa lengua suya. Fruncí el ceño y me removí, impaciente.

Entonces, cuando menos me lo esperaba, él hizo lo que le había pedido. Fue tan repentino que no pude evitar soltar un largo gemido que seguramente se escuchó incluso en la planta de abajo, donde estaban todos los invitados. Escuché cómo Elliot se reía por lo bajo y chasqueé la lengua.

-Lo has hecho aposta. -Siseé enfadado y avergonzado, intentando incorporarme un poco para poder verle.

-Sólo quería la venganza por no haberme dejado quitarte el portaligas. -Respondió infantilmente mi amo. Mirándome durante un momento para volver después a su trabajo con la boca.

-E-estúpido... Elliot... -Gemí tan bajo como podía mientras dejaba caer de nuevo la cabeza en la almohada y arqueaba la espalda un poco. Noté la lentitud con la que se movía Elliot y volví a molestarme, picado por la impaciencia.- Mh... m-más rápido.

-Después el pervertido soy yo, eh. -Se quejó Elliot, abrazando mis piernas y haciendo caso de mi petición.

Seguramente mi amo nunca había hecho eso nunca, pero como yo tampoco había sentido esa sensación en mi corta vida, supuse que lo hacía más que bien. Me atrapaba con su lengua y el movimiento de sus labios rodeando aquella extensión tan sensible.

Agarré las sábanas con fuerza, sabiendo que no podría contenerme mucho más. Intenté decírselo a Elliot pero no lograba formular las palabras que quería, aunque él pareció entenderme. Abrí más mis piernas, dejándome llevar completamente por aquellas fuertes sensaciones que amenazaban con volverme loco.

El estúpido de Elliot no se separó aún cuando le avisé y no pude hacer otra cosa que acabar en su boca. Realmente era un estúpido. Pensé que empezaría a quejarse por aquello, pero él simplemente se separó y tragó lo que tenía en su boca. Mis ojos se abrieron todo lo que podían, mirándole incrédulo.

-¿Qué? -Preguntó mientras limpiaba sus labios con la manga de su camisa y me miraba de manera interrogativa.

-Menos mal que mañana no recordarás nada. -Suspiré y me giré en la cama, quedando boca abajo, exhausto.

-Claro que lo recordaré. -Noté sus labios en mi espalda, dando pequeños besos por encima del camisón y me estremecí: aquello no había acabado, por lo menos para él.- Estoy ebrio, pero no tanto.

-S-seguro, por eso haces estás cosas. -Aún con la cabeza apoyada en la almohada, le miré por encima de mi hombro. Él pasó la mano por debajo de mi cuerpo, justo en mi vientre, y hizo que alzara tan sólo el trasero.- Elliot, no...

-Tranquilo, no te haré daño. -Me cortó, apoyándose contra mi y haciendo que mi respiración se agitase de nuevo. Era obvio que seguía excitado.- ¿No eres mi prometida? Te tengo que hacer mía.

-No digas tonterías. -Me ruboricé al escuchar aquellas palabras, ya que por fin había confirmado mis sospechas sobre sus intenciones. En el fondo tenía algo de miedo, pero no iba a hacérselo saber, claro.

-No son tonterías... Yo... -Por un momento pareció totalmente sobrio, ya que desvió la mirada hacia un lado y bajo el tono de voz hasta susurrar:- ...supongo que te quiero sólo para mí.

Cerré los ojos, seguramente más avergonzado que él y abrí un poco más mis piernas. Elliot había dicho esa tipo de cosas así que... tampoco era malo darle una "recompensa" por ello, ¿no?

"Lo que hace un poco de alcohol..." murmuré mientras oía cómo se desabrochaba el pantalón, tan nervioso como yo.

No quise abrir los ojos hasta que noté algo rozar mi trasero. Aunque estaba avergonzado decidí dejar de esconder mi rostro en la almohada y me apoyé en el cabezal de la cama, teniendo así una mejor vista de lo que estaba sucediendo a mis espaldas, literalmente.

Elliot apoyó el pecho contra mi espalda y noté como algo oprimía mi entrada, molestándome. Gruñí un poco cuando empezó a doler y entonces noté algo en mi boca. Eran los dedos de mi amo, pidiendo acceso a mi boca. Sin entender realmente para qué quería hacerlo, la abrí y dejé que metiese allí sus dedos, como deseaba hacer.

-Lámelos. -Escuché que decía con voz ronca por la excitación y la vergüenza.

-¿Para qué? -Pregunté con curiosidad, obedeciendo la orden.

-Así no te dolerá tanto.

Dejé de lamer los dedos de mi amo, totalmente ruborizado por lo que se disponía a hacer. Cada cosa que hacía era nueva para mi y no podía dejar de avergonzarme por ello.

Cuando creyó que sus dedos estaban lo suficientemente húmedos, los sacó de mi boca y entonces noté como empezaba a metérlos dentro de mi. Dios, era tan molesta aquella sensación.

Sólo quería que los sacara, pero por mucho que me quejé Elliot parecía no escucharme. Seguía con aquel movimiento tortuoso allí detrás como si supiese exactamente lo que hacía.

-Ya casi está... -Susurró mi amo cerca de mi oreja con la respiración aún agitada. Quise decirle algo, pero tan sólo me salían quejidos de los labios. Él como respuesta me dio un tierno beso en la cabeza que me despistó un poco de aquel dolor molesto que me estaba haciendo sentir en el trasero.

Justo cuando pensé que no aguantaría aquello, Elliot sacó los dedos de mí, provocándome un suspiro de alivio. Pero claro, no podía simplemente acabar así. Aquello tan sólo había sido una preparación. Temblé al pensar lo que vendría después y, al echar una ojeada a lo que pasaba detrás de mi, me asusté aún más.

-¿De verdad piensas meter esoahí? -Pregunté ya sin ocultar el temor en mi voz, mirándole con incredulidad.

-Pero si tampoco es para tanto. -Elliot bajó la mirada y se miró a si mismo, alzando una ceja y preguntándose el por qué de mi reacción.

-¡Tal vez no sea para tanto, pero no va a caber! -Intenté moverme, pero mi amo cogió mis caderas y lo impidió. Me dedicó una sonrisa que intentaba parecer tranquilizadora, pero en ella también pude ver su preocupación y los nervios que le carcomían. Suavicé mi expresión, compadeciéndome un poco de él quién sabe por qué razón.- Elliot... tal vez... bueno, probémoslo.

No sabía por qué, pero siempre acababa convenciéndome para hacer cosas estúpidas y que con mucha probabilidad serían perjudiciales para mí. Esta vez no era una excepción. Seguro que aquello acabaría siendo perjudicial para mi. Seguro.

Aun así, no pude más que suspirar y pegar mi mejilla contra el cabezal de la cama, esperando el dolor que seguramente me recorrería al sentir toda aquella extensión dentro de mí.

Mordí mi labio con fuerza cuando noté su caliente miembro rozando mi entrada y pensé que me embestiría tan fuerte que no podría reprimir un gran grito de dolor. Para mi sorpresa, no fue así.

Ya sabía de antes que Elliot, a pesar de ser tan infantil y terco, era también muy gentil y noble; pero nunca pensé que en una situación así se andaría con miramientos.

Entró lentamente, observando cada una de mis reacciones. Incluso era molesta para mi toda aquella atención que estaba prestando a mi expresión.

-Hazlo de una vez. -Murmuré mientras le miraba por encima del hombro, empezando a impacientarme yo también.

-Pero no quiero hacerte daño y... -Cansado de su habladuría, moví las caderas provocando así un gemido por su parte y haciendo que se callara por fin. Me molestaba que tuviera que hablar justo ahora.

Me sorprendí a mi mismo viendo lo ansioso que estaba por que Elliot fuese rudo conmigo. Tan sólo quería que me estampara contra la pared, agarrase mi pelo y... me ruboricé con lo indecente que estaba siendo en ese momento. No podía negar lo que quería.

-¿Estás bien? -Preguntó temeroso mi amo, pareciendo más sobrio que nunca. Le reproché con la mirada por aquel estúpido comportamiento.

-No, no lo estoy. -Casi gruñí, aún sin entender bien mi propio comportamiento.- Quiero... quiero que agarres mi pelo y lo hagas de una vez.

-...De acuerdo. -Quise tapar mi boca por las tonterías que estaba diciendo, pero al ver la sonrisa de mi amo me olvidé de aquella idea.

Entró por completo dentro de mi por fin y empezó con un lento vaivén que me mataba. Era doloroso y sentía como si me estuviese desgarrando por dentro, pero a la vez sentía que con cada suave embestida tocaba el mismo cielo.

Ni siquiera intenté reprimir los gemidos que empezaban a salir de mi garganta, ni las pequeñas lágrimas de dolor que se formaron en el borde de mis ojos entrecerrados.

Elliot pareció recordar mi petición y cogió mi pelo con una mano aunque sin estirarlo ni llegar a hacerme daño. Enredó sus dedos entre mi oscuro cabello y estiró hacia detrás con suavidad, haciendo que arqueara ligeramente mi espalda y separase mi mejilla del cabezal de la cama.

De mientras decidió aumentar el ritmo y la fuerza de las embestidas, subiendo así también el volumen y la intensidad de mis gemidos; pero en ese momento no me importaba en absoluto. Sólo me importaba aquel doloroso placer que estaba sintiendo en ese momento, amenazando mi cordura hasta el extremo.

El pervertido de mi amo tenía una mano libre y supo exactamente lo que debía hacer con ella. Con rapidez y sin dejar de acariciar todo lo que podía de mi cuerpo, que empezaba a perlarse de sudor, llegó hasta mi entrepierna, acariciándola con experiencia.

-¿Duele? -Preguntó Elliot de nuevo entre jadeos, sin soltar mi pelo ni dejar de masturbarme.

-Ngh...¡nh...n-no! -Gemí a la vez que negaba con la cabeza y empezaba a sentir calor en el bajo vientre, sabiendo lo que vendría después.

-Leo, e-es tan estrecho... -Escuché gemir también a mi amo, apoyándose encima de mi de nuevo y soltando por un momento mi pelo.- ¿Puedo... acabar dentro?

-¿E-eh? -No entendí a lo que se refería en un principio, así que giré un poco mi rostro hasta encontrarme su mirada. Estaba más cerca de lo que esperaba y por eso desvié mis ojos de su rostro por un momento.

-Idiota, ¿es que tengo que explicarlo? -Bufó separando unos centímetros su pecho de mi espalda. Sus manos dejaron de agarrar mi pelo y estimular mi entrepierna, agarrando ahora con fuerza mi cintura.- N-no me falta mucho para... eh... ¿Puedo o no?

Sonreí un poco ante su torpeza al hablar de esos temas y el color sonrojado que adquirían sus mejillas al tratar de explicarse. Asentí con la cabeza y, sin que apenas me diese cuenta, salió de mi por completo y me giró.

En un momento me hizo quedarme boca arriba en la cama, jadeando y sorprendido por el rápido moviemiento.

Le ví entre mis piernas, con la camisa semi abierta y jadeando por el cansancio. Me excitó la manera en la que la luna reflejaba su luz contra las pequeñas gotas de sudor del cuello de Elliot. Era simplemente erótico. ¿O tal vez era yo el indecente?

No me dio demasiado tiempo a pensar en aquello, pues mi amo cogió mi cintura de nuevo, elevándo mi pelvis y entrando de nuevo en mí, ya sin delicadeza alguna. Rodeó mis piernas con sus brazos, consiguiendo así llegar más profundo en mi interior, causando nuevos gemidos procedentes de mi garganta.

Se inclinó para besarme con intensidad, como si estuviese aún hambriento después de todo. Correspondí de la misma forma, haciéndole que yo tampoco estaba saciado aún. Pude sentir cómo sonrió a mitad del beso, tal vez por mi iniciativa o tal vez porque podía notar como ahogaba mis gemidos con su propia lengua.

Embistió con mucha más fuerza que antes y sentí que llegó hasta el fondo, hasta un punto que me hizo gemir sin que ni siquiera me importase el desgarrar mi garganta, aún con mis labios sellados.

Con sorpresa, Elliot me miró y parpadeó. Parecía maravillado viéndome jadear de placer, sintiendo una especie de veneno ardiendo correr en mis venas junto a mi sangre. Sonrió con satisfacción e intentó llegar de nuevo hasta aquel punto.

Mi amo consiguió el efecto que deseaba, llegando hasta el fondo de mi ser. Casi por inercia mis brazos se aferraron a él y clavé mis uñas en su espalda, creando pequeñas linías rosadas. Mis piernas también rodearon sus caderas y dejé así que tuviese un mejor acceso.

-Leo, no aguanto m-más... -Ví como Elliot apretaba los dientes durante un momento y parecía resistirse al orgasmo. Ya sin timidez decidí darle un beso para que así se dejase llevar.

También yo pude conseguir lo que quería, porque pareció despistarse cuando le bese y finalmente se vino en mi interior. Noté aquel cálido líquido en mi interior y me estremecí ante aquella extraña sensación.

Sus expertas manos no se hicieron de rogar y fueron directas a mi miembro. No hicieron falta muchas caricias hasta que no pude aguantar yo tampoco y, tensándome, me corrí en mi propio vientre y también en su mano.

Cansado, Elliot apoyó su frente contra la mía durante unos segundos y después se dejó caer a mi lado mientras aún jadeaba.

-Eh, Elliot... -Dije entre jadeos mientras miraba con la vista perdida el techo, intentando recuperar la respiración.

-¿Qué? -Escuché preguntar a mi amo mientras giraba la cabeza para mirarme.

-Creo... creo que hemos bebido demasiado. -No sabía por qué le había llamado, tal vez tan sólo quería escuchar su voz, así que dije cualquier tontería que se me pasó por la cabeza.

-Oh, ¿de verdad? -Elliot se rió un poco entre dientes y después suspiró.- Ha sido genial.

-Hm... ¿realmente te ha gustado? -Aunque estaba seguramente más cansado que mi amo, me acerqué hasta él y me tumbé encima suyo, mirándole de cerca.- Nunca había hecho nada así por lo que tampoco sabía qué debía hacer...

-Idiota, yo tampoco lo había hecho nunca. -Una de sus cejas se arqueó, mirándome un poco molesto mientras entrelazaba sus manos en mi espalda.- Además, más te valía a ti no haberlo hecho nunca... eres mi prometida y eres sólo para mi.

-Eres un estúpido. -Le contesté avergonzado mientras veía cómo se reía por mi sonrojo. Le di con suavidad en la mejilla con mi mano, intentando desviar su mirada de la mía sin demasiadas ganas.- Yo no seré sólo para ti si tú no eres sólo para mi.

-Leo... -Mi corazón latió rápidamente cuando vi que su expresión se enternecía y alzaba un poco el rostro, tal vez para besarme. Pero cuando tan sólo unos milímetros separaban nuestros labios, susurró:- ...de verdad estás ebrio.

-¡...T-te odio! -Grité dándole unos golpes demasiado flojos en el pecho, causando su risa. Realmente me sentía débil después de todo.

Me quité de encima suyo, enfadado por la respuesta que me había dado el estúpido de mi amo y me tumbé de lado, dándole la espalda. Entonces noté cómo se removía en la cama y que se levantaba. Por un momento pensé que se habría enfadado, pero después noté que quitaba la sábana de debajo de mi y volvía a meterse en la cama.

-Buenas noches, Leo. -Susurró Elliot a mi oído mientras nos tapaba a ambos con la fina sábana y después me abrazaba por la cintura pegándome a él.

-Buenas noches... -Contesté todo lo avergonzado que podía estar, dejándome abrazar por aquel estúpido amo al que, aun así, quería.


Hola :33

Por fin acabo el maldito capítulo, ostia ya (?)

La verdad es que me ha gustado escribirlo, pero no dejo de pensar que es demasiado OoC :_D

Por esa misma razón hice que Elliot y Leo bebiesen vino, porque así tendría una excusa para su comportamiento.

¡Oh, vamos, todos sabemos ya que Ellie no es tan echao p'alante! (?) Bueno, yo me entiendo (?)

Como sea, espero que os haya gustado y esas cosas. Era mi primer fanfic de ellos, así que it's something(?)

Pensaré hacer un poco de lemon en el próximo cap también é_é - NO VA A PARAR, ESTÁ DESCONTROLADA. (?)

Eh, dejo de decir tonterías :_D

¡Seguid leyéndome como hasta ahora~! ´w`)/