Necesitaba recordar, lo único que me venia a la mente una y otra vez era el dolor aguijoneante de la daga clavándose en mi pecho, partiendo en dos el corazón y haciendo que la sangre, que se movía rápidamente por la presión de la batalla, se desviara manchando cada centímetro de mi cuerpo hasta llegar a la cara.

Mi cráneo, destrozado por la caída que hizo mi cuerpo desde el risco, me torturaba con imágenes.

Sangre, Gritos, cuerpos arrebatados de su alma cayendo desde el filo de la espada enemiga.

En la guerra, todo estaba destinado a eso, Sufrir, Gritar y Morir.

No quedaba nada.

Lentamente, deje de pensar llevando mi mente a la Tierra donde no sufría, donde no pensaba, a la Tierra del Olvido.