SUMMARY: S&R: Historias cortas de los Merodeadores en Hogwarts

DISCLAIMER: Todos los personajes son de J.K. Rowling, bla, bla, bla. Yo sólo he aprovechado que existen para inventar la que pudo haber sido su historia.

ADVERTENCIAS: La historia contiene escenas slash

Esta historia está dedicada a Dzeta. Ella me ha apoyado siempre, ha estado a mi lado durante todo el tiempo, incluso cuando dejé de escribir. Un sorbito de Sirius y Remus para ti, guapa. Como siempre.

MEMORIAS DE PENSADERO

La Noble y Ancestral Casa de los Black

Sirius da un portazo y la gruesa puerta de madera acalla por fin los histéricos gritos de su madre. Normalmente se aguanta. No puede soportarla cuando se pone así, pero se conforma con un comentario hiriente o un bufido de desaprobación. Esa noche, sin embargo, su madre se ha pasado de la raya y él se sentía incapaz de seguir aguantando sus palabras.

La situación no es nueva. Sus padres son así desde que él recuerda, desde que tiene uso de razón se han esforzado por intentar inculcar en él una educación rancia y aristocrática. Sin resultado, claro. La cosa se agravó cuando les mandó aquella lechuza diciendo que había ingresado en Gryffindor. Durante un tiempo su padre no le dirigió la palabra y su madre trató de mover todos los hilos posibles para que lo cambiaran de casa y restaurar así el honor de su familia, según ella "mancillado por un capricho infantil y estúpido".

Desde que Sirius Black cruzó las puertas de la Torre de Gryffindor todo el furor de los Black cayó sobre él sin ninguna consideración. Durante ese tiempo su madre había dejado de considerarlo el heredero de la Noble y Ancestral Casa y se desvivía por intentar que su hijo mayor entrara en razón.

Por todos los dioses, Sirius, eres el Heredero de los Black. Compórtate como tal.

Pero Sirius no quería entrar en razón y la rebeldía de la adolescencia lo separó aún más de su familia. A Merlín gracias.

En la soledad de su enorme habitación Sirius puede admitir que tiene un carácter fuerte. Un carácter heredado de su querida madre, por supuesto. Es inquieto y desde luego nunca aprendió a morderse la lengua. Sería más fácil si fuera un poco más tranquilo y educado, como Remus. Mucho, mucho más fácil. Remus siempre pone esa cara entre escandalizada y compasiva cuando le cuenta alguna de las peleas con sus padres.

-Deberías intentar controlarte. Sé que no tienen razón, pero deberías intentarlo. Son tus padres.

Si él supiera… Si tan solo se hiciese una idea…

-Alguien debería acabar con ellos –las palabras de su madre vuelven a su cabeza como una desagradable ducha de agua fría-. Todos deberían estar muertos.

Alterado de nuevo por el recuerdo de esas palabras, Sirius es incapaz de contener su ira y su pie golpea con fuerza la puerta del recio armario de madera.

El recuerdo por la situación de Remus hace que todo sea más intenso. Si su madre supiera que precisamente uno de sus mejores amigos es un sangre sucia, si supiese que durante meses James y él se han desvivido por desvelar el secreto de la animagia y así hacerle compañía… ¿Qué diría? ¿Cómo reaccionaría si supiera que su hijo es amigo de un licántropo? Ríe con sarcasmo al pensar en su reacción si llegase a averiguarlo: su querido hijo mezclado con semejante gentuza.

Todos deberían estar muertos.

-Estúpida -escupe el insulto con todo el desprecio del que es capaz, pero no consigue sentirse mejor.

En ese momento alguien llama tímidamente a la puerta y Sirius sabe quién es antes de oírle hablar.

-¡Largo, Reggie!

-Voy a entrar, Sirius.

Sirius suelta un bufido, pero no protesta y finalmente su hermano entra en la habitación. Quienes los conocen dicen que se parecen como dos gotas de agua. Los dos son morenos, con unos bonitos ojos grises y a pesar de que se llevan seis años es evidente que son hermanos. Regulus lleva el pelo más corto, pero también él ha heredado la belleza fría de su querida madre.

-No deberías hacerla enfadar, Sirius.

Ahí está de nuevo: esa lealtad incondicional a sus padres. Sirius está a punto de decir algo, pero luego se da cuenta de que su hermano es aún demasiado joven. ¿Cuánto tardarán en echarlo a perder?

-Bah, es una bruja.

Regulus suelta una risita mientras Sirius se tumba bocarriba en la enorme cama.

-No creo que ella se tome eso como un insulto.

-Lo decía en sentido muggle –aclara-. Y por si no recuerdas los muggles quemaban brujas.

Regulus se sienta a su lado con un suspiro.

-Es nuestra madre.

-Tú no lo comprendes, Reggie –replica un poco enfadado-. Tengo amigos cuyos padres no han cogido una varita en su vida y no soporto que madre hable con tanto desprecio de gente a la que admiro. ¡No entiendo el odio que le tiene a los sangre sucia!

-Pero, Sirius –lo interrumpe su hermano con timidez, tal vez asustado de despertar su cólera contra él-, tienes que admitir que algo de razón tiene…

-¡Vaya sorpresa! ¿Ya te han lavado el cerebro? ¿Cuándo has dejado de pensar por ti mismo?

-Pienso por mí mismo –protesta.

-Ya.

-No tengo nada en contra de los muggles, hermano, pero, ¿acaso no tienen ellos su mundo? ¡Que nos dejen en paz con el nuestro! Por mucho que lo intenten nunca llegarán a ser como nosotros.

-Te sorprenderías si conocieras a Remus –murmura Sirius-. O a Lily. Sus padres son muggles y son dos de los mejores magos que conozco.

-Pues serán una excepción.

Sirius decide no hacer caso del comentario.

-Mamá tiene la mente más cerrada que una nuez.

-Bueno –ríe su hermano-, yo diría que sois los dos prácticamente igual de cabezotas.

Sirius lanza un suspiro teatral.

-Supongo que tienes razón.

-Entonces, ¿intentarás ser más considerado durante la cena? No digo que le pidas perdón, sé que no vas a hacerlo, pero tal vez si te controlas un poco…

Igual que Remus. ¿Qué manía tienen todos con que se controle?

-Lo haré si ella lo hace –replica enfadado. Y Regulus no puede dejar de notar que sus palabras suenan a amenaza.

-Bueno –suspira-, al menos no es un no.

Esa noche la cena transcurre en silencio. Los Black cenan sin pronunciar una palabra, mientras los elfos domésticos colocan ante ellos los más deliciosos manjares. Sirius piensa en el Colegio, en las divertidas comidas con sus amigos, en el Gran Comedor lleno de risas. Tiene ganas de volver y lo peor de todo es que aún faltan dos semanas para que empiece el curso. Intenta imaginar qué estarán haciendo sus amigos.

-No me ha gustado nada tu actitud de antes.

La voz de su madre consigue devolverle a la realidad y todo él se pone alerta, preparado para saltar. Regulus lo mira desde su lugar, en la silla de enfrente.

-¿No has oído a tu madre? –ahora es su padre el que habla y Sirius tiene que apretar los dientes para intentar controlarse.

-Sí, padre.

-Deberías pedirle perdón.

-No voy a hacerlo.

Su madre suelta el cubierto en el plato y el leve tintineo hace que todos salten en la silla.

-Todavía eres mi hijo.

-Desgraciadamente.

-No te consiento que me hables así, Sirius.

-Lo siento, madre, pero no sé contestar de otra forma a los que insultan a mis amigos. Es más, creo que eres tú la que tienes que pedir perdón.

Un frío glacial se extiende por la sala. Todos tienen sus ojos clavados en él y Sirius se limita a pinchar algo en el plato y llevárselo a la boca.

-Un Black nunca debería tener semejantes amigos -Sirius tiene que hacer un esfuerzo para no contestar, pero al parecer su madre no ha tenido o no perteneces a esta familia, Sirius, y no puedes mezclarte con esa gente. Debes estar con los de tu clase.

-¿Mi clase?

-Tú no eres como ellos. ¿Por qué te empeñas en llevarnos la contraria? ¿No entiendes que lo hacemos por ti?

Sirius suelta el tenedor todo lo delicadamente que puede –que no es mucho- y la mira directamente a los ojos.

-Lo siento madre, pero por mucho que te duela no voy a cambiar.

-¡¿Por qué? –grita ella-. ¿Por qué tuvieron que maldecirme con un hijo como tú?

-Ni idea. Pero si te sirve de consuelo yo tampoco he tenido mucha suerte con la familia que me ha tocado.

-¡Es suficiente! ¡Vete ahora mismo a tu cuarto!

En ese momento Sirius siente una extraña sensación de euforia al haber conseguido sacar a Walburga de sus casillas. Con una sonrisa alza la copa y le da un sorbo al vino.

No tiene tiempo de probarlo. Su madre es tan rápida que no ve la varita hasta que ha pronunciado las palabras. Casi había olvidado que no debe insultarla. Con un gemido, Sirius deja caer la copa de cristal, que se hace añicos contra el suelo, mientras se lleva las manos a la garganta, luchando por un poco de aire.

Regulus se pone en pie y Sirius oye vagamente a su padre, tratando de calmar a su madre.

Por un momento Sirius piensa que esta vez no parará a tiempo. Que va a morir allí, en el suelo alfombrado del salón. Y no volverá a ver a sus amigos. No volverá al Colegio. Quedará para siempre entre esas paredes, convertido en un fantasma, tratando de vengarse de su madre…

De pronto, cuando cree que no podrá aguantar más, la presión cesa del todo y Sirius lucha por un trago de aire que le llena los pulmones de golpe. Cuando alza la vista la ve allí, con la cara desencajada, todavía señalando en su dirección. Su padre apoya una mano en su brazo y Regulus sigue en la misma postura, pero cuando Sirius lo mira baja los ojos al suelo, como si se sintiera avergonzado.

-Vete a tu cuarto, Sirius. Ahora.

La voz de su padre es firme y Sirius sabe que tiene que obedecer. Para cuando se pone en pie ya ha decidido que ésa será la última vez que coma en esa casa. Que será la última vez que lo humillen.

Sale del salón con la cabeza alta, intentando aparentar firmeza, pero se derrumba al cruzar la puerta.

Cuando ve a Kreacher en la puerta casi espera que el elfo le demuestre un poco de apoyo, ya que su familia no lo ha hecho.

-Se lo tiene merecido. El amo debería aprender a comportarse.

Pero sus palabras le demuestran que está completamente solo, que nadie va a poyarle dentro de esas paredes.

-Tranquilo, Kreacher –consigue contener las lágrimas a duras penas-. A partir de ahora no tendréis que preocuparos por mí.

Cuando llega a su habitación apenas puede ver por las lágrimas.

NoX