N/A: Antes de empezar con el capítulo quería dar las gracias a quienes aún leéis estas historias. En especial a los que dejasteis un review en el último capítulo: Dzeta y Atte.

A Nicky Lupin y Alwin quería decirles que gracias a su insistencia estoy intentando escribir el último capítulo de "Y decirte que te quiero". De verdad, lo estoy intentando. Si os digo la verdad ¡ni siquiera recordaba que lo había dejado incompleto!

Lo dicho, GRACIAS POR LEER, GRACIAS POR COMENTAR y gracias, sobre todo, por animarme a seguir escribiendo.

Espero que os guste el capítulo.

.

MEMORIAS DE PENSADERO

5. UN NUEVO CURSO

-Vamos, Remus, despierta.

Remus gruñe y esconde la cabeza debajo de la almohada.

-Todavía es de noche...

-No, de eso nada. Es de día. ¡Por fin! Y si no te das prisa, Peter se comerá todos los bollitos de miel.

Remus se pone alerta bajo las sábanas.

¿Bollitos de miel? Su estómago protesta.

-¡Eso es chantaje, James!

La risa de su amigo hace eco en la habitación.

-Lo sé, Remus, lo sé. Vamos, ¡arriba!

Remus permite que retire las sábanas y saca la cabeza de debajo de la almohada.

-¿Se puede saber por qué estás tan contento? –gruñe cuando la luz le hace entrecerrar los ojos.

James muestra una sonrisa que ilumina la habitación como el primer sol de la mañana.

-¿Tú qué crees? ¡Hogwarts, Remus! Estamos en Hogwarts y es el primer día de clase. ¡Llevo todo el verano esperando que llegara el uno de septiembre! ¿Viste a Lily ayer? Creo que se ha cortado el pelo. ¿No crees que está guapísima?

Remus sonríe.

-Sí, James, está guapísima.

-¡Eh! -James le lanza una advertencia medio en broma, medio en serio, seguida de un calcetín sucio que aterriza en su pecho-. Ni se te ocurra querer quitármela.

-Tranquilo –Remus arruga la nariz mientras coge el calcetín con dos dedos y lo deja caer al suelo. ¿Cómo puede estar el cuarto tan desordenado si sólo han pasado allí una noche?-, ni se me pasaría por la cabeza.

-No esperaba menos de ti, amigo mío. Por cierto, Peter ya está en el comedor. Dice que no ha dejado de pensar en esos bollitos en todas las vacaciones.

-No me extraña.

-Y Sirius está en el baño. O eso creo -James recoge su cartera con un silbido-. ¡Te espero abajo!

-Vale, bajaré enseguida.

-¡No tardes!

James sale de la habitación tarareando una canción. Remus sonríe y se pone en pie mientras piensa en la suerte que tiene de tener un amigo como él. Puede contar con los dedos de una mano las veces que le ha visto enfadado. Siempre parece feliz y contento y es único en buscar siempre el lado bueno de las cosas. No como él. O como Sirius, piensa. Sirius parece estar siempre enfadado con el mundo. Su forma de ser es mucho más agresiva, más invasiva. Todas sus emociones parece llevarlas al límite: si está feliz, es el más feliz. Si está enfadado no hay ofensa más grande que la que le han hecho, y si está hundido nadie tiene derecho a ser más desgraciado que él. Pero luego es capaz de sorprenderles -de sorprenderle- con un abrazo cariñoso y unas suaves palabras en el oído cuando nadie mira.

Remus nota un agradable cosquilleo en el estómago. Últimamente se siente siempre así cuando piensa en Sirius, como si le faltara un poco la respiración. Empezó a finales del curso pasado, pero se ha vuelto más intenso durante las vacaciones: mientras estaba encerrado en aquel centro para licántropos Sirius se convirtió en su refugio. Cuando necesitaba desconectar de todo era su imagen la que acudía a su memoria. Todavía no sabe por qué aquel abrazo en el baño le afectó tanto, pero lo cierto es que se encuentra mucho mejor desde entonces, como si le hubieran quitado un peso de encima.

Yo no me preocuparía por la cicatriz.

Sin saber por qué, sonríe al recordar sus palabras.

Las chicas se pelearán por ti.

Mueve la cabeza con un suspiro.

-Sí, claro...

Es raro, pero de momento Remus no quiere hacerse preguntas. Está en Hogwarts, acaba de empezar el curso, y lo único que quiere es bajar al comedor, comer tantos bollitos de miel como pueda y empezar las clases del día: Transformaciones, Pociones, Herbología.

Sonríe mientras se pone en pie. Rebusca en el cajón hasta encontrar una muda limpia y se dirige al baño arrastrando los pies. Su estómago ruge con furia. ¿Por qué tenía James que recordarle los bollitos de miel?

El castillo es ya a esas horas de la mañana un hervidero de alumnos preparándose para las primeras clases. Para Remus siempre será un misterio por qué a los demás alumnos les gusta tanto madrugar con lo bien que se está entre las sábanas.

El baño parece estar más tranquilo, sólo un par de alumnos frente a los espejos, peinándose y lavándose los dientes, poniéndose al día sobre lo que han hecho durante las vacaciones.

Mientras no le pregunten a él...

-Buenos días, Lupin.

-Buenos días.

Se fijan en su cicatriz, ¿quién no se fija? Pero no dicen nada, no se atreven.

-¿Qué tal tus vacaciones?

Busca rápido algo que decir, algo que no deje entrever las largas jornadas en aquel horrible centro. Sus compañeros de clase han pasado su verano haciendo turismo en lugares exóticos, visitando a familiares lejanos o poniéndose morenos en las costas del sur de Europa.

-Las vacaciones bien... -contesta-. Muy cortas.

Espera que esa frase sirva para que no sigan preguntando. Parece que funciona.

-Eh, Remus, por fin despiertas.

Sin saber por qué, su corazón da un salto cuando lo ve. Saliendo de la ducha, con el pelo aun goteando y una pequeña toalla enrollada en su cintura.

-B-buenos días.

Sirius sonríe y su sonrisa le recuerda a Remus el abrazo de anoche y de pronto su estómago parece haberse puesto del revés.

-Ha sido James, ¿verdad? Le dije que no te despertara. Parecía que necesitabas dormir.

Los alumnos se marchan, comentando entre ellos algo de las asignaturas del próximo curso. Sólo quedan ellos, frente a frente, en un cuarto de baño lleno de vapor y olor a jabón.

Sirius coge otra toalla y empieza a secarse el pelo.

-¿Te vas a duchar? Te espero.

Remus asiente y se dirige a una de las duchas. Siempre elige la última, a salvo de las miradas. Tiene que esconder sus cicatrices para evitar preguntas. Se desnuda rápido y cuando el agua hirviendo golpea sus heridas da un salto. Todavía duelen. Aprieta los dientes y deja que el agua le resbale sobre la cabeza y los hombros doloridos. Podría quedarse allí todo el día, bajo el agua cálida de la ducha.

-¿Has visto a James? Es insoportable verlo tan contento, ¿no crees?

Sirius habla casi a gritos para hacerse oír a través del ruido del agua. Remus sonríe.

-Sí, completamente insoportable.

-Está obsesionado con Lily. ¡No puede ser bueno! Lily esto, Lily lo otro... Vale que la chica no está mal... pero lo de James es ya exagerado. ¿Qué hace a Lily tan especial, eh? ¡Hay muchas chicas guapas y listas en el colegio que estarían encantadas de que James las persiguiera!

Remus se enjabona con cuidado de no tocar ciertas heridas. Algunas todavía duelen demasiado.

-No es culpa suya. No puedes elegir de quién te enamoras...

-¿Y qué sabes tú de eso?

Le sorprende escucharle tan cerca, justo al otro lado de la pared de azulejos. De pronto Remus se siente expuesto y se queda completamente quieto, como un animal en mitad de la carretera mientras ve las luces del coche acercarse.

No te asomes, por favor, no me veas así.

Pero Sirius no se asoma. Permanece allí, justo al otro lado, tan cerca que puede oírle respirar.

Piensa en la pregunta que Sirius le acaba de hacer.

¿Qué sabe él del amor?

Mira su cuerpo, aún enjabonado bajo el agua de la ducha y tiene ganas de llorar. Nada. Absolutamente nada. ¿Quién va a fijarse en él con ese cuerpo? Todas esas heridas... Tantas marcas...

-¿Remus?

La voz de Sirius es apenas un murmullo que desaparece tragado por el ruido cuando unos alumnos entran en el baño riendo, corriendo, armando jaleo. El momento pasa. Remus se apresura a lavarse el pelo y termina la ducha más rápido de lo que le gustaría. Se viste dentro, para que nadie pueda verle desnudo. Cuando sale, Sirius le pregunta con la mirada, pero él no quiere contestar.

-¿Vamos?

Bajan al comedor en silencio, sin saber muy bien sobre qué pueden hablar. Cuando llegan, James les hace un gesto con la mano y les indica un par de sitios libres a su lado. Peter les saluda entusiasmado con la boca llena.

-¡Buenos días! Bajáis tarde.

Peter alarga a Remus un par de bollitos de miel.

-Los he guardado para ti -anuncia orgulloso.

-En realidad había guardado más, pero se los ha ido comiendo mientras esperaba -aclara James.

-¡Al menos me he acordado de él!

-¿Y no te has acordado de mí? –pregunta Sirius un poco dolido.

-Lo siento, Sirius, no sabía que te gustaban los bollitos.

-¡¿Estás loco, Peter?! ¡¿Hay alguien en este castillo a quien no le gusten?!

-Tranquilo, Sirius –dice Remus ofreciéndole uno-. Seguro que ponen otra bandeja de bollitos recién hechos enseguida.

-Menos mal que te tengo a ti, Remus –dice con voz lastimera sin apartar los ojos de Peter.

Están tan entretenidos que no se dan cuenta de la presencia de McGonagall hasta que ésta habla.

-Señor Lupin.

Remus da un respingo en la silla, Sirius se queda petrificado a punto de dar un bocado a su preciado bollito.

-¿Sí?

-Cuando acabe con el desayuno y antes de que empiecen las clases me gustaría que se pasara por mi despacho.

-Sí, profesora.

Minerva los saluda con una inclinación de cabeza y se aleja sin decir nada más.

-¿Qué ha sido eso, Remus?

El chico traga saliva.

-Ni idea...

.

El despacho de McGonagall siempre ha inspirado cierto respeto a los chicos. Está en la segunda planta, en la galería de retratos de los antiguos profesores del Colegio. Justo entre Ghilgamesh el Zurdo y Catherine de los Bosques. Remus respira hondo antes de atreverse a llamar a la puerta. Todos los alumnos están aún en el comedor, aprovechando los últimos minutos antes de empezar el curso. James y los demás se ofrecieron para acompañarle, pero sea lo que sea lo que le tiene que decir McGonagall, Remus prefiere escucharlo solo.

No es consciente de haber hecho nada aún. El curso acaba de empezar y todavía no han tenido tiempo de hacer ninguna trastada. ¿Será por algo relacionado con su cargo de prefecto?

-¿Qué querrá?

Llama con suavidad, casi como si esperara que ella no le escuchara y poder tener así una excusa para salir corriendo.

Pero no en vano McGonagall se convierte en un felino cuando se transforma. Su oído está tan desarrollado como el de los gatos.

-Adelante.

Remus respira hondo antes de girar el pomo y abrir la puerta...

-Ah, aquí está el joven Lupin. Entre, entre.

Remus entra en el despacho, sorprendido de encontrar allí a la enfermera.

-Buenos días, Poppy.

-¡Circe santísima! -La mujer da un par de pasos hacia él y le coge de la cara para fijarse mejor en la cicatriz de su rostro-. ¿Pero qué te ha pasado, criatura?

-Como ve, el señor Lupin ha sufrido un... accidente.

-Parece que me ataqué a mí mismo durante la transformación –explica con un hilo de voz.

-¡Vaya heridas! ¿Te duele? Tienen una pinta horrible… ¿Tienes más?

Remus agacha la mirada, un poco cortado.

-Bueno, también tengo algunos arañazos en el pecho.

La enfermera le levanta la camisa sin concesiones y Remus se ruboriza un poco cuando McGonagall levanta una ceja al ver su torso desnudo.

-Es peor de lo que imaginaba.

-Sólo son arañazos...

-¿Crees que podrás hacer algo, Poppy?

-Déjame ver... Tengo un ungüento que creo que servirá para las heridas más frescas. Quizá pueda hacer algo con esa fea cicatriz de la cara, aunque no creo que desaparezca del todo. Y tengo que mirar a ver si me quedan algunas flores de escarcha. Son muy buenas para la cicatrización. Pero creo que se me terminaron casi todas el curso pasado... Pediré a Hagrid que vaya al pueblo a por algunas cosas... ¿Podrías pasarte por la enfermería después de clase?

-Claro.

-Ya puedes bajarte la camisa -Remus obedece-. Veo que no fue tan bien en ese centro... –añade suavizando la voz.

-No mucho -confiesa.

-Ya… Bueno, bueno, no te preocupes, aquí haremos lo que podamos para ayudarte a controlar tu enfermedad.

-Gracias.

-De nada, cielo, ya sabes que estamos aquí para ayudarte.

La sonrisa de la enfermera es tan sincera que Remus tiene que hacer un esfuerzo para contener las lágrimas.

-Es todo entonces, ya puede marcharse, señor Lupin.

Remus agacha la cabeza a modo de saludo.

-Hasta luego entonces.

-Adiós, adiós. Y no olvides pasarte por la enfermería después de clase.

-Claro, allí estaré.

Sale del despacho con la sensación de quitarse un peso de encima. Así que sólo era eso...

-¿Qué ha pasado?

Los susurros de Sirius le llegan desde algún lugar escondido.

-¿Qué haces aquí? -pregunta también en voz baja mientras se acerca a él.

-Quería saber qué quería la profesora de ti.

-Nada importante. Poppy estaba en el despacho. Ha visto mis heridas y me ha pedido que me pase por la enfermería después de clase para darme un ungüento.

-Ah, así que era eso.

-Sí. Siento decepcionarte.

-No importa –sonríe Sirius colocando un brazo sobre sus hombros-. Ya buscaremos alguna excusa para volver a su despacho. Y ahora será mejor que nos demos prisa. ¡No querrás llegar tarde a tu primera clase!

.

-¡No puedo creerlo!

-¿Ha dicho algo, señor Potter?

-No, profesora –murmura James mordiendo las palabras.

-Bien. Pues como decía, antes de que el señor Potter interrumpiera…, el lunes tendrán que traer un ensayo sobre las propiedades del bezoar. Recuerden que los TIMOs están a la vuelta de la esquina y no pueden dormirse en los laureles. La única forma de sacar una buena nota es empezar a trabajar desde el principio.

-¡Nueve meses! –protesta James cuando al fin salen de clase-. ¡Faltan nueve malditos meses y ya tenemos deberes de todas las asignaturas! ¡Es el primer día de clase!

-Es injusto –dice Peter-. ¡Y sólo es martes! El fin de semana tendremos tantos deberes que no podremos hacer nada aparte de estudiar…

-Eh, Remus, ¿qué pasa? –James se ha dado cuenta de la mirada de su amigo.

Remus sacude la cabeza.

-Nada, es sólo que he estado mirando y… los exámenes empiezan el 14 de junio.

-¿Y?

-Hay luna llena el 12 –explica Sirius. A nadie parece extrañarle que se conozca tan bien el calendario lunar.

-Oh -Peter le da una palmadita en la espalda-. No te preocupes, Remus. Podemos organizar sesiones de estudio y ayudarnos unos a otros.

-No vamos a hacerte los deberes, Peter –protesta Sirius.

Peter se sonroja.

-¡No te estoy pidiendo que me hagas los deberes! Sólo digo que podríamos estudiar juntos… para ayudarnos.

-Es buena idea, Peter –dice Remus con una sonrisa-. Podemos hacer un calendario y empezar este fin de semana.

-Sí –suspira Peter-. Como decía: va a ser un aburrido y largo fin de semana.

Sirius le echa el brazo sobre los hombros a Remus.

-Deja de preocuparte, Remus. Todavía falta mucho y además estoy seguro de pasarás los TIMOs sin problema. Todo saldrá bien, ya verás.

Remus asiente, pero todos saben que no será fácil para el hombre lobo. Las lunas llenas siempre le dejan agotado. ¿Cómo va a enfrentarse a algo tan importante como los TIMOs justo después de la transformación y conseguir buenos resultados? Remus suspira mientras sigue a sus amigos hacia la siguiente clase. Una cosa es cierta: aún es pronto para preocuparse.

.

-Me he marchado de casa.

-¡¿Qué?!

-¡Silencio ahí detrás!

Están en clase de Aritmancia. Es la única clase en la que están solo ellos dos. Sirius cree que ha llegado el momento de contarle lo ocurrido a Remus.

-Repite eso –dice Remus en voz más baja.

-Quería decírtelo antes…

-¿Qué ha pasado?

Sirius se encoge de hombros.

-Mi madre.

El profesor está entretenido contestando una duda de un alumno unas mesas más atrás, así que aprovechan para hablar en voz baja.

-¡Pero, Sirius!

-No fue culpa mía –protesta un poco enfadado. Remus no tiene idea de cómo son sus padres. Si lo supiera…

-Perdóname –dice el licántropo un poco arrepentido al ver la expresión de su amigo-. Sé que debes de tener tus motivos, pero irte de casa… ¿Lo sabe James? ¿Qué vas a hacer?

-James lo sabe, claro que lo sabe. He pasado la mitad de las vacaciones en su casa.

Remus aprieta los labios un poco dolido. Así que acudió a James. Hace semanas. Y él no tenía ni idea…

-Entiendo.

El profesor vuelve a llamar la atención de los alumnos y les pide que abran el libro. La clase sigue con normalidad y ellos no vuelven a hablar. Remus no sabe por qué está tan dolido, por qué le molesta tanto que Sirius no le haya dicho nada antes. Sabe que James es su mejor amigo y que es completamente normal que acudiera a él en primer lugar, por eso no entiende esa opresión en el pecho.

Cuando suena el timbre anunciando el final de clase se apresura a recoger sus cosas y sale del aula sin esperarle.

-¡Eh! –le llama Sirius apresurándose tras él-. ¡Eh, Remus, espérame! -Lo alcanza en el pasillo, de camino a su siguiente clase-. ¿Qué te pasa?

-Nada.

-¿Nada? ¿Estás enfadado?

-No estoy enfadado, Sirius.

-Sí que lo estás –Sirius le agarra del brazo y le obliga a detenerse-. Oye, no te lo dije antes porque… Bueno, quería mandarte una lechuza y explicártelo, pero no sabía si podrías recibir correo en ese centro y además no sabía cómo contarte por carta algo tan importante. Luego pasaron los días y pensé que era mejor decírtelo en persona y…

-No tienes que darme explicaciones –dice soltándose de su brazo y empezando a andar de nuevo. Sirius suspira y se apresura detrás de él.

-¡Remus, sólo he tardado un día en contártelo! Y no te lo dije ayer porque no me parecía oportuno. Tú tenías tus propios problemas y no quise quitarte protagonismo…

Remus se detiene tan bruscamente que Sirius casi tropieza con él.

-¿Quitarme protagonismo? –realmente no sabe por qué está tan enfadado.

-Oye –se queja Sirius-, no malinterpretes mis palabras.

James y Peter les alcanzan junto a la puerta. Todavía siguen mirándose cuando llegan a su lado.

-Hola, chicos, ¿qué tal la clase?

-Bien –contesta Remus cortante-. Muy interesante, de hecho. Os espero dentro.

James mira a Sirius con curiosidad.

-¿Qué le pasa?

-Se lo he contado.

-¿El qué? –pregunta Peter intrigado.

-Luego, Peter –suspira Sirius, pasándose una mano por el pelo-. Mejor te lo explico luego.

.

Remus se las apaña para sentarse en una de las primeras filas, lejos de sus amigos. No le apetece tener a Sirius a su lado tratando de dar explicaciones durante toda la clase. Sabe que no debería enfadarse con él. Sirius tiene sus propios problemas y su manera de solucionarlos y es normal que acudiera a James cuando se fugó de casa, no podría haber sido de otra manera. ¿Pero por qué no le dijo nada antes? ¿Acaso no son amigos? Remus suspira intentando prestar atención a las explicaciones del profesor. Intenta concentrarse en tomar apuntes para vaciar su cabeza de otros pensamientos… cuando de repente empiezan a aparecer unas palabras sobre su pergamino, dos líneas por debajo de donde él está escribiendo.

Lo siento…

Las letras aparecen despacio, y luego desaparecen.

No te enfades.

Muy a su pesar una sonrisa se perfila en sus labios. Él mismo inventó este conjuro hace un par de años, para que pudieran mandarse notas en clase sin que los profesores se dieran cuenta.

Está a punto de escribir que no está enfadado, pero antes de posar la pluma en el pergamino aparece un nuevo mensaje.

La próxima vez que me fugue serás el primero en saberlo.

Lo prometo.

No iré a casa de James, sino a la tuya. Directamente.

Apareceré en mitad de la noche cargado de maletas y con mi lechuza en el hombro.

En el pergamino aparece el dibujo de un monigote con una maleta y un bulto en el hombro que debe de ser una lechuza. Sirius nunca ha sido muy bueno dibujando.

Así que más te vale tener ya una habitación preparada por si acaso…

Aunque…, lo siento, Remus, pero no creo que me fugue de nuevo, porque a partir de ahora viviré en casa de James y sus padres no son como los míos. ¡Gracias a Merlín! (No creo que existan otros padres como los míos, la verdad. El mundo no podría soportar a otra Walburga)

Remus arriesga una mirada a su amigo. Sirius está inclinado sobre su pergamino, muy concentrado mientras escribe. A su lado, James le mira con curiosidad. No es normal que Sirius tome apuntes en clase con tanto interés. Remus vuelve a fijarse en su pergamino, las palabras vienen y van y no quiere perderse nada.

Aunque eso será sólo mientras estemos en la escuela, porque luego pienso buscarme mi propia casa. James se irá a vivir con Evans (si consigue que ella acepte ser su novia, claro. Y lo conseguirá, por supuesto, ya sabemos lo pesado que puede llegar a ser) y yo me niego a estar en mitad de la parejita mientras se besuquean y se hacen arrumacos.

Pero tú y yo podríamos irnos a vivir juntos.

Remus se sonroja. ¿Vivir juntos?

El profesor ha parado de hablar. En la clase lo único que se escucha es el rasgar de la pluma de Sirius sobre el pergamino.

¿Qué te parece? Podríamos alquilar un pequeño piso en Londres, en el centro. Podríamos ir andando a Kensington. Y a la National Gallery. Incluso a la Biblioteca. Apuesto a que eso te gustaría.

¿Qué me dices, Remus?

¿Te vendrías a vivir conm…?

-¡Señor Black!

Sirius alza la cabeza al instante.

-¿Sí?

-¿Puede repetir al resto de la clase lo que acabo de decir?

Sirius abre la boca y la cierra un par de veces y mira a James buscando ayuda.

-Yo… Bueno, estaba hablando de, de…

Se despista cuando ve unas palabras perfilarse en su pergamino. Sirius parpadea intentando leerlas antes de que aparezcan del todo.

Lo siento. No hay manera de que me vaya a vivir contigo.

Sirius contiene la respiración, olvidando por un segundo que la clase entera está pendiente de él.

Se te ha olvidado un pequeño detalle.

Sirius alza las cejas intrigado.

¿Cómo vas a tener escondido a un hombre-lobo en un "pequeño" apartamento en el centro de Londres?

Sirius intenta contener la carcajada, pero lo consigue a duras penas.

-¿Qué es lo que tiene tanta gracia, señor Black?

Sirius se atraganta y se atora intentando dar una explicación.

-¡N-nada! Yo sólo…

-Entrégueme su pergamino.

-Pero…

-AHORA, Señor Black.

Sirius se levanta y le acerca el pergamino. Para cuando llega junto al profesor las palabras de Remus hace rato que han desaparecido. El profesor lo mira intrigado. En el pergamino sólo hay escritas un par de líneas con el título de la asignatura y algunas frases del principio de la clase. El profesor se lo devuelve con el ceño fruncido.

-Siéntese.

Sirius se dirige a su sitio con la cabeza gacha, guiñando un ojo cuando pasa cerca de Remus.

-Bien. ¿Por dónde íbamos?

-Hablábamos de las consecuencias económicas de la primera guerra mágica, profesor.

-Cierto. Gracias, señor Lupin. Si abren la página 14 del libro podrán encontrar una definición…

Para cuando acaba la clase no hay ni rastro de enfado en el licántropo y Sirius se esfuerza en ser el mejor amigo el resto del día, siguiéndole a todas partes como un perro faldero.