Dragon Ball y sus personajes son propiedad de Toriyama Akira.

VI.- Rey

—Papi —susurró la pequeña Bra trepando hábilmente a su regazo—. Si el abuelo era el rey de los saiyan y tú el príncipe, eso significa que... como el abuelo está en el cielo de los saiyan, donde se disputan batallas fabulosas, titá-noséqué y miti-comosediga, ¿tú eres el rey?

Vegeta observó la carita sonriente de su hija que destilaba triunfo, al parecer había destinado muchas horas a pensar en eso.

—Y si tú eres el rey, mami es la reina, Trunks el príncipe y yo una princesa.

La emoción llenaba su rostro, Vegeta enarcó una ceja ¿Qué podía contestar a aquello? No quedaba nada de Vegeta-sei, ni de la estirpe real, él jamás había sido nombrado rey.

Vegeta optó por asentir desatando la euforia de su hija, que salió corriendo por el pasillo llamando a gritos a su hermano para confirmar su teoría. Era una princesa.

Bulma se sentó junto a él en el sofá con una mueca divertida en los labios. Él la atrajo hacia su cuerpo y la besó. Para cuando quiso darse cuenta Vegeta se la había llevado, volando, de la sala y estaba en aquella caseta en la que se escondían de sus hijos para poder dar rienda suelta a sus deseos.

Se devoraron el uno a la otra, el deseo ardía entre ellos siempre vivo como el primer día. Se amaron durante horas, susurrando palabras en la boca del otro. Sudando y jadeando, temblando de placer. Con sus piernas enredadas, sin perder el contacto.

—Pobre Bra —musitó Bulma recuperando el aliento—. Que equivocada que está.

—¿De qué hablas, mujer?

—Tú y yo no estamos casados —contestó apartándose el flequillo de los ojos—. Así que con suerte yo soy la concubina real y Trunks y Bra los hijos bastardos del rey.

Vegeta la miró con una de sus sonrisas burlonas, antes le habría molestado, pero con el tiempo había aprendido a amar esa sonrisa tanto como al resto de su coraza de tipo duro y cínico.

—Creía que eso no te importaba.

Bulma le devolvió la sonrisa socarrona y se acomodó los tirantes de la camiseta, que acababa de ponerse, como quien no quiere la cosa.

—Y no me importa —declaró—. Pero a Bra le gusta la idea de ser una princesa.

—Es una princesa.

»Los saiyan no se casan, eso es una estupidez humana. No necesitas un papel para saber que... —El final de la frase quedó convertido en un gruñido ininteligible que hizo reír a Bulma.

—¿Saber que me quieres? —preguntó con tono juguetón, divertida con el leve rubor de las mejillas de él que ya miraba a otro lado—. No, no lo necesito.

El hombre bufó y bajó las manos de la cintura de ella hasta su trasero, un lugar mucho más cómodo para dejarlas descansar, sin duda.

—Estamos bien así —susurró en un hilo de voz.

—¿Te pasa algo, Bulma?

Negó con la cabeza, era tan poco frecuente que la llamase por el nombre que a veces hasta le costaba relacionarlo con ella.

—Nada, estaba recordando algo —confesó y no pudo evitar sonreír como una chiquilla.

—¿El qué?

—Es un secreto.

Bulma se levantó, apartando delicadamente las manos de Vegeta de su trasero, se puso los pantalones y se alejó bajo la atenta mirada del saiyan que no tenía ni idea de qué iba todo aquello.

Se había acordado de cuando tenía dieciséis años y partió en busca de las legendarias Dragon Balls para pedirles su deseo: encontrar un novio guapo. No había podido pedirlo, pero había encontrado a un príncipe con el que compartir la vida. Uno caprichoso, egoísta, obsesivo, poderoso, fuerte, cínico, sarcástico, pero también tímido, dulce —en privado—, comprometido, valiente, fuerte...

Las bragas de Oolong le habían valido su rey con mallas azules.

Fin

Notas de la autora:
¡Hola! Paso por aquí para añadir otro drabble, también recogido en la colección 365. Espero que os haya gustado.