NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS.

¡Hola! sé que de seguro me han de semi-odiar. No te he terminado aún mi historia "Avatar, la leyenda de Aang..." y ya estoy publicando esta. No es el proyecto original que tenía en mente, a ese le falta mucho. Ayer por la tarde me encontraba viendo imágenes de Avatar y encontré dos que me inspiraron bastante. Eso, además de los poemas de Pablo Neruda que estoy leyendo hicieron que se me ocurriera toda una historia.

Aún hay cosas que estoy pensando cómo van a pasar. Ya escribí dos capítulos y espero que esas ganas e inspiración no menguen en este tiempo que vaya a pasar. Espero que les guste la idea y cómo la iré desarrollando.


TEACH ME TO FLY

By.

Nefertari Queen.


Capítulo 1.

Conociéndose.

Ese día era cálido, podía ver el sol que se empezaba a asomar entre las nubes desde su ventana. Era hermosos ver las ondulantes formas blancas pintarse de anaranjado cuando los rayos matutinos las tocaban, en contraste con el celeste tan puro del cielo despejado.

Contemplando tal maravilla, Katara no se percató de que ya había pasado mucho tiempo. No hasta escuchar el grito de Gran-Gran:

—¡Katara, más te vale bajar ahora mismo!—dijo, más apurada que molesta.

—¡Ya voy!—fue su respuesta.

Se miró una última vez en el espejo. Tenía dos trenzas colgando de su frente, el peinado habitual de su familia, que eran recogidas por la enorme tranza que colgaba de la base de cabeza hasta la cintura. Ningún cabello desobedecía al patrón. El uniforme de la escuela estaba pulcro, sin arrugas. Consistía en una linda falda larga que le llegaba a sus rodillas, botines, la blusa a juego de manga larga. Era de color gris claro, con bordes dorados. Y tenían un escudo bordado que decía "Instituto Kyoshi"

Agarró el bolso celeste lleno de sus libros y materiales escolares, abriendo la puerta de su cuarto para salir. Bajó los escalones, encontrando a su abuela esperándola precisamente ahí. La saludó con un beso en la mejilla y Gran-Gran le tendió la cajita con su almuerzo.

—Te puse un poco más porque no has desayunado nada—le explicó—No quiero que vuelvas a quedarte dormida.

—No me quedé dormida Gran-Gran, estaba viendo el amanecer.

—Pues levántese más temprano si esas tenemos. Menudas distracciones.

—Claro.

Katara fue en dirección a la puerta para salir de la casa, pero se paralizó cuando una voz la detuvo.

—Katara.

La mano extendida casi le tiembla, tuvo que cerrarla en un puño para evitar eso. Sintió ganas de salir corriendo, desde luego no lo hizo. Apretó sus ojos y los abrió pocos segundos después, dándose lentamente y con timidez una media vuelta.

Vio a su abuela, en el segundo escalón con los ojos chispeantes de sorpresa y miedo. Estaba tan paralizada como ella. Como pudo dio dos pasos hacia la alta, imponente y musculosa figura que estaba enfrente de sí. Inclinó la cabeza con respeto.

—Me hablaba usted… padre.

Hakoda con expresión firme contestó:

—Sí… ¿No piensas esperar a tu hermano para que te acompañe a clases?

Contuvo las ganas de suspirar.

—Pero padre ¡Él no se ha levantado! Lo más seguro es que llegue tarde si le espero.

—¡No me levantes la voz!—retrocedió medio paso espantada—Y le esperarás ¿Entendido? Él es tu hermano mayor, varón, y le debes respeto ¿Entendido?

—Sí padre.

Bajó la cabeza al pronunciar esa respuesta. No importaba que tuviera un importante examen a primer ahora esa mañana de Agua-Control, no, era más importante esperar a Sokka. Y a todo esto ¿Dónde estaría Sokka?

El joven vino bajando las escaleras corriendo diez minutos después. Hakoda había entrado a su despacho, nadie le molestaba ahí. Katara vio a su hermano con enfado pero esperó a que los dos salieran de la casa para hablarle.

—¿Por qué te has quedado dormido ahora?

—Perdón—dijo, rebuscando en su mochila buscando algunos libros—No me desperté… no sé porqué. ¿Y porqué no te fuiste?

—Papá no me dejó, ya lo conoces.

—Ah ya… creí que aún estaba de viaje.

—Parece que ha vuelto.

Sokka se estremeció tanto como su hermana. Hakoda era un hombre noble y bondadoso de joven, ellos mismos recordaban cuántas veces jugaban y se divertían en el pasado, cuando eran pequeños. Pero al morir su madre, Kya, Hakoda se hundió en una profunda depresión que le volvió violento, iracundo, arrogante y necio. Y sus hijos sufrían bastante por ello. Todo el amor y respeto que le tuvieron fue convirtiéndose al pasar el tiempo en un profundo temor.

Sokka tenía diecisiete años y Katara quince. Esperaban ansiosos cumplir los dieciocho, la mayoría de edad internacional para poder escaparse del yugo paterno. Hakoda controlaba sus vidas como le daba la gana. Y el ser un alto noble de la Tribu Agua del Sur lo empeoraba todo.

Ellos vivían en Ba Sing Se, la capital del Reino Tierra, una ciudad enorme, hermosa pero muy injusta. Odiaban que tuvieran separadas a todas las clases sociales. No les parecía algo… bueno.

Hakoda era uno de los cinco embajadores oficiales de la Tribu Agua del Sur. Y aunque su lugar correspondiente era el Reino Tierra, por ende Ba Sing Se, seguido debía viajar a otras ciudades importantes de ese país para cerrar acuerdos o a juntas importantes. Sus viajes eran constantes y un alivio impresionante para sus hijos.

Él quería que Sokka y Katara fueran jóvenes de sociedad, y ninguno de los dos ignoraba que entre sus sueños aspiraba casarlos con importantes diplomáticos. Cosa que ellos odiaban. A las fiestas que acudían con sus padres no se les podía llamar así, eran más aburridas que nada y la gente tan fría que despreciaban. Pero esa era la vida que les tenían predispuesta.

El Instituto Kyoshi, ubicado en el sector alto de la ciudad (donde ellos vivían) era un complejo enorme de edificios donde ellos estudiaban diferentes materias. Poesía, literatura, artes, danza, política, geografía, historia, redacción, diplomacia… y combate.

Era la clase que Katara más disfrutaba de todas. En ese Instituto estaban inscritos personas de todas las naciones y tenían excelentes maestros agua. Aunque ella fuera una, su padre odiaba que entrenara como tal aunque al menos lo consentía. Y ella era feliz por eso. Sokka, que no tenía poderes, entrenaba en el combate con espada.

Llegaron cuando acaban de tocar la campana. Salieron corriendo a sus respectivas clases. Katara entró con su mochila casi cayéndose al gimnasio de Agua-Control, donde estaban casi todos sus compañeros y el estricto Maestro Pakku.

—Señorita Katara, cuando usted lo desee podemos empezar.

—Claro maestro.

Dejó su mochila en los cubículos correspondientes y después se unió a la fila de alumnos. Tras un calentamiento básico, Pakku los puso en combates.

El gimnasio estaba lleno de botellas enormes con agua y una piscina de cinco metros de profundidad, para que los alumnos pudieran ejecutar bien sus movimientos. Katara peleó en tres ocasiones, y ganó en las tres.

Todo hubiese sido perfecto de no ser porque al final de la prueba tenían que hacer un pulpo de agua. Por más que intentaba a Katara no le salía aquella técnica. Se esforzó bastante sin conseguirlo y eso le valió un buen sermón por parte del Maestro Pakku.

Terminada la clase, Katara no podía creer lo mal que le fue en la última actividad. Estaba realmente malhumorada. Fue en dirección al salón de Historia, su siguiente clase. Tomó asiento en el pupitre que le correspondía. Al lado de ella estaba Suki, una amiga muy querida para ella.

—¿Cómo te fue?

—Mal, no pude hacer una práctica.

—A mí me parece que te exiges demasiado.

—¡Claro! Es Agua-control, debe ser perfecto.

Se callaron cuando entró la profesora con un estudiante nuevo atrás de ella. Todos los alumnos, callados y sentados, miraron con curiosidad al chico.

—Buenos días clase—saludó la profesora—Quiero presentarles a un estudiante nuevo que tenemos el honor de conocer.

El chico era calvo, con el tatuaje de una flecha celeste estampada en su frente. De piel algo pálido y ojos grises, tenía unos rasgos de lo más curiosos, unos que Katara no recordaba haber visto.

—Su nombre es Aang, es un maestro aire.

El chico saludó con una reverencia y después habló:

—Vengo del Templo Aire del Sur, no sé cuánto tiempo permanezca aquí pero espero que podamos ser amigos.

Se sentó donde la maestro le indicó y la clase transcurrió con normalidad. Aang sabía mucho de historia, porque respondía a todo lo que le preguntaban con facilidad.

Concluida la clase los alumnos se perdieron entre los pasillos buscando el salón correspondiente. Katara caminaba al lado de Suki cuando de repente a la morena la detuvo una mano suavemente posada sobre su hombro. Al voltear para ver quién le hablaba, se sorprendió de que fuera Aang.

—Hola—saludó—¿Puedo ayudarte en algo?

—Eh… sí.—parecía algo avergonzado—La maestra me dijo que tú tienes un horario igual al mío y me pregunto ¿Podrías ayudarme por el día de hoy a ubicarme en la escuela?

Katara le sonrió.

—Claro. Acompáñame.

—Bueno Katara, me marcho a mi clase—dijo Suki desapareciendo rápidamente.

Caminaron los dos en silencio y cruzaron una de las explanadas para llegar al otro edificio. Iban caminando en silencio y sumidos cada uno en sus pensamientos. Fue Aang quien, sumido en su curiosidad, rompió aquel silencio haciendo una pregunta simple, pero necesaria:

—¿Cómo te llamas?

Comprendió ella que había omitido una presentación correcta. Así, deteniéndose un poco para verlo de frente, dijo:

—Mi nombre es Katara. Tu eres Aang ¿Verdad?

—Sí. Mucho gusto conocerte Katara.

Le tendió la mano a modo de saludo. Ella la aceptó gustosa para estrecharla, soltó un pequeño jadeo cuando, viéndola fijamente, encontró ese mismo tatuaje celeste con forma de flecha.

—Pero…. Pero… ¿No lo llevas solo en la cabeza?

La pregunta fue más como un susurro. Estaba muy sorprendida. Aang le sonreía mientras iba apartando la tela de sus mangas para mostrarle el rastro de la línea celeste, subiendo cada vez más a sus hombros.

—No. Es un tatuaje de cuerpo entero. De la cabeza baja a la espalda, llegando hasta mis pies y también recorre los brazos.

—Y… ¿Por qué?

Katara no se daba cuenta que seguían caminando.

—Son las marcas de un Maestro Aire. Cuando dominas el elemento te hacen los tatuajes; simbolizan la paz interna y el desarrollo espiritual ¿Nunca antes habías visto a un Nómada del Aire?

—No. Solamente conozco la Tribu Agua del Sur y Ba Sing Se.

Asintió.

—Comúnmente no venimos mucho a Ba Sing Se—fue la respuesta de Aang—Y los que están aquí no son Maestros plenos, así que no llevan tatuajes.

—Pero…¿Por qué no vienen mucho aquí?

—Ba Sing Se tiene principios que van en contra de los nuestros—respondió, como si aquello la causara aflicción. Pensativo, Katara miró de reojo y descubrió que ya era muy tarde.

—¡Vamos a llegar tarde!—dijo, agarrando la mano del chico y jalándolo para apurarlo, mientras corrían al salón.

Afortunadamente el maestro no había llegado. Tocaba la clase de Poesía, una de las favoritas de Katara; ella no era realmente buena escribiendo versos, pero le encantaba leer los compuestos por escritores destacados. Sentía siempre una emoción impresionante, como si la transportaran a otros lugares y momentos.

Por ser los últimos en llegar debieron compartir el asiento. Katara siguió haciéndole más preguntas de maestros aire hasta la llegada de la profesora. Era una mujer estirada, alta, estricta, que de espíritu y romance nada poseía. Empero, era excelente escritora. Katara siempre se preguntaba cómo podía componer tan hermoso si a simple vista parecía que no tenía sentimientos.

—Buenos días clase—hasta su voz sonaba inflexible—Espero que hayan cumplido con sus deberes. Han de pasar de uno en uno a recitar un poema.

Katara quiso pegarse mentalmente ¡Estaba en la segunda fila!

Las dos muchachitas de la primera fila pasaron y recitaron cada una un poema espléndido. Pero, como siempre, la maestra les encontró errores en su dicción, entonación, en la letra… ¡Siempre en algo!

Era ahora su turno.

Se paró y caminó dudosa hasta pararse frente a todos sus compañeros. Trató de recordar el poema que llevaba memorizando desde hacia varias semanas. Abrió la boca y comenzó a pronunciar las palabras:

Amo el amor que se reparte

En besos, lecho y pan….

La maestra, parada al lado de la ventana y viéndola fijamente con sus ojos verdes no parpadeó en todo el rato que tardó para declamar. Terminando, Katara cometió un error de dicción que le fue imperdonable a la mujer.

—Deben esforzarse mucho más—declaró—Tome asiento.

Vio a Aang y preguntó:

—Ya que usted es nuevo, dígame ¿Conoce alguna poesía que quiera declamar al grupo?

—Sí, conozco una ¿Me permite?—dijo, haciendo ademán de pararse.

—Adelante.

Katara iba sentándose mientras Aang se paraba, alcanzó a inclinarse para susurrarle al oído:

—Lo hiciste muy bien.

Ya de pie, caminó y también recitó un poema. Uno que Katara no había leído nunca, y que le pareció hermoso:

Hoy, este día fue una copa plena,

Hoy, este día fue una inmensa ola,

Hoy, fue toda la tierra

Hoy el mar tempestuoso

Nos levantó en un beso

Tan alto que temblamos

A la luz de un relámpago

y. atados, descendimos

a sumergirnos sin desenlazarnos

Hoy nuestros cuerpos de hicieron extensos,

Crecieron hasta llegar el límite del mundo

Y rodaron fundiéndose

En una sola gota

De cera o meteoro

Entre tú y yo se abrió una nueva puerta

Y alguien, sin rostro aún,

Allí nos esperaba.

Katara no recordaba nunca haber visto a la maestra con los ojos tan abiertos, y sorprendida. La forma en que Aang hablaba, cómo movía sus manos y bajaba los ojos en los momentos más importantes. La forma en que acariciaba cada palabra dándole sentimientos a las letras… eso era poesía.

Aang pasó y se sentó al lado de la Maestra Agua. Pasaron varios minutos antes de que todos se quitaran el asombro. Muchas mujeres vieron entonces a Aang de otra manera, casi enamoradas. Sintieron hacia él mucha atracción.

Pero de todas ellas fue Katara la que le miró de reojo mientras esos grises ojos no despegaban su vista del frente; ¿Qué tenía ese muchacho que lo hacía tan atrayente?


Primer Fragmento: De Crepusculario, Pablo Neruda.

Segundo: De Los versos del capitán, Pablo Neruda. Ese es poema completo.

El capítulo no habla realmente mucho de cómo se irá desarrollando la historia. Está ubicada en el mismo mundo de la serie original, pero jamás existió la guerra. No habrá muchos problemas políticos ni nada del estilo, es más bien romance. Está muy basada en poemas de Neruda que seguro aparecerán más.

Esas son las direcciones de las imágenes que me inspiraron, una de ellas es la que cambié en mi foto de perfil. Si quieren verlas:

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.net/fs70/i/2010/136/0/a/Kataang_Color_by_

No tengo nada más que decir. Solamente espero que me sigan en este nuevo proyecto que acabo de empezar. No creo que sea un fic largo, ni tedioso.

¡Nos leemos!

chao!