CHANGING TO BE HAPPY

Resumen: En la Batalla Final Harry y Voldemort se enfrentan en un cruento combate. Se lanzan un Avada al mismo tiempo pero… la magia decide brindarles una nueva oportunidad y son transportados a la época en que Voldemort era solo Tom Ryddle, un dotado alumno de Hogwarts de 16 años.

Nuestro ojiverde pasa entonces a ser el "hermanito perdido" de su otro Némesis (deben fingir para no alterar la historia y ambos se necesitan si quieren regresar a su época)... ¿Qué sucederá cuando Walburga Black, Abraxas Malfoy y demás "futuros mortífagos" convivan con el niño dorado? ¿Podrá Harry mantenerse al margen o tentará a la suerte modificando el pasado y con ello el futuro del Mundo Mágico? ¿Como afectará esto en el presente donde Albus, Sirius y los Malfoy esperan el desenlace?

Categoría: Harry Potter

Personaje: Harry Potter, Tom Ryddle/ Lord Voldemort

Géneros: Humor, Romance

Clasificación: NC-17

Advertencias: AU=Universos Alternos, Chan=Adulto/Menor, Lemon, Mpreg=Embarazo Masculino.

Capitulo: 1/20

Completa:

Beta: Antares

Disclaimers: Los personajes de este fic no me perteneces, los utilizo sólo por mera diversión.

Simbología: *_*_*_*_*_*_*_*_*_* = cambio en el tiempo.

El viaje

Era la batalla final y él ya estaba más que preparado para derrotar al maldito asesino que se le paraba en frente. A sus 15 años, y pese al oscuro poder de su adversario, estaba seguro que su rencor lo ayudaría a vencer.

— ¿Qué tienes para mi, ¡Oh, gran Harry Potter! —Dijo el Lord, lanzándole un hechizo que el muchacho esquivó con gran facilidad.

— ¡Un Avada tengo para ti, maldito! —Le gritó con fuerza, abalanzándose contra el hombre.

La lucha en los terrenos de Hogwarts llevaba más de tres horas. Era una batalla épica y ninguno de los dos bandos parecía querer rendirse. La luz y la oscuridad luchaban con todas sus fuerzas.

No había bajas hasta el momento, pero si había muchísimos heridos tanto de un lado como del otro.

— ¡Es momento de terminar con esto, mocoso! —Le dijo Voldemort.

—Avada Kedavra —gritaron al mismo tiempo, y ambos hechizos chocaron en frente.

Harry trataba con todas sus fuerzas de incrementar su poder mágico al máximo, para que el fatídico rayo no diera contra él.

Voldemort imprimía cada vez mas fuerza al suyo; y por sobre todo se dedicaba a infundir valor a sus mortífagos, que al ver que su señor estaba en tal situación dejaron de atacar al igual que los miembros del lado de la luz.

— ¡Deja de luchar, mocoso! —Gritaban los mortífagos en medio de las risas — ¡Nunca podrás contra Lord Voldemort!

Harry sentía que sus fuerzas se perdían poco a poco, pero mas nada podía hacer. Los pensamientos que evocaban a las personas que tanto había querido se fueron reuniendo en su cabeza, como una especie de calvario. No volvería a conversar con Ron y Hermione. No volvería a discutir con Draco, al cual había aprendido a apreciar luego de que Remus se convirtiera en su padrastro, y los Malfoy se cambiaran de bando. No volvería a reír de las ocurrencias de Dumbledore, no vería más a su padrino, a Sirius.

La magia fluía a borbotones y ninguno de los dos tenía mucha energía ya.

Harry hizo un último esfuerzo y se acercó al Dark Lord para incrementar la fuerza de su hechizo, pero fue inútil.

La luz verde del Avada se hizo mas intensa y comenzó a descontrolarse.

— ¡¿Qué demonios? — exclamó Harry, impresionado por la magia que los comenzaba a cubrir.

Voldemort no decía nada, pero se notaba fácilmente que no le estaba gustando el curso que tomaban los acontecimientos.

Finalmente explotó.

La onda mágica lanzó a todos lejos; mientras que a los dos principales contendientes los dejó en el centro, tirados en el suelo, inmóviles y al parecer, inconscientes.

— ¡Harry! —Gritó Remus, corriendo al lugar donde se encontraba el cuerpo de su cachorro. Era seguido por los demás, tanto Aurores, como miembros de la orden y mortífagos.

— ¡No te acerques, Remus! —Le dijo el director cuando llego a su lado.

Dumbledore lanzó una pequeña piedra hacía el cuerpo del Lord, que se mantenía junto al oji verde, y ésta se hizo añicos en el aire.

— ¿Que significa eso, Albus? —Le preguntó Severus, parado junto al hombre de edad.

—Al parecer un campo de energía los rodea. No podremos hacer nada hasta que uno de los dos reaccione y pueda disolver el campo —explicó de manera rápida.

— ¿Qué haremos ahora? —Preguntó Lucius al llegar junto a su esposo.

Dumbledore, sin que nadie lo notara, comenzó a murmurar en voz muy baja. Poco a poco, ante la atónita mirada de los demás, los mortífagos empezaron a caer.

— ¿Qué esta pasando? —Gritó alguien entre la multitud.

—Es el director —dijo Hermione, al ver como el hombre seguía murmurando el hechizo hasta que el último de los mortífagos cayó.

—Aurores, si me hacen el favor, ¿Podrían escoltar a los desmayados a una celda del ministerio? Estoy seguro que el Ministro dictaminará que se hará con ellos —decretó, para luego apuntar con su varita a los cuerpos de Harry y Voldemort. No pudo hacer nada, ni siquiera levitarlos —bueno, tendremos que dejarlos aquí y montar guardia para esperar a que despierten.

Todos estaban impresionados, ¿Qué harían ahora?

Todo le daba vueltas y no podía abrir los ojos. ¿Qué se supone que había pasado?

Se enfrentaba a Tom Ryddle. Pero luego del último ataque todo se volvió negro y ahora le estaba costando horrores levantarse.

Lentamente abrió un ojo. Quedó segado por el sol de medio día. Los cerró y luego analizó sus propias sensaciones ¿No se supone que cuando estaban pelando era casi media noche?

Hizo un gran esfuerzo y se sentó.

—Bien, por lo menos estoy en Hogwarts —dijo, al divisar el castillo que se imponía frente a él.

Miró los alrededores buscando algo que no cuadrara.

— ¿Dónde esta el sauce boxeador? —Exclamó viendo el espacio vació ¿Lo habrán destruido en la batalla? se preguntó a si mismo.

Tambaleándose, se puso de pie apoyando una mano en su rodilla. Estaba realmente agotado y no sabía bien de donde estaba sacando fuerzas para no perder la conciencia.

Escuchó un gemido a su costado. Al voltear y ver quien era retrocedió instintivamente ¿Por qué demonios no esta muerto? chilló en sus pensamientos.

Ahí, quejándose de un supuesto dolor mientras sobaba la parte de atrás de su cabeza, se encontraba la versión adolescente de Tom Ryddle.

El oji negro elevó la mirada y de un salto se puso de pie frente a Harry.

— ¿Aun no te mueres, mocoso? —Preguntó molesto, lo que causo cierta gracia en el menor.

—Lamento arruinar tus planes, pero no, aun no me muero. Y no lo haré hasta que te haya destruido —le dijo de frente. Trató de buscar su varita, pero no la veía por ningún lado — ¡Accio varita! —Pronunció, pero nada pasó.

— ¿Qué pasa, Potter? —Le dijo con burla — ¿Tu varita no te reconoce? —Añadió, mostrándole el arma que estaba a unos pasos de él.

— ¡¿Cómo? —Gritó tomándola, pero la varita salió disparada de sus manos como si se negara a que él la cogiera.

—Esto es inverosímil. Realmente no te reconoce —se rió burlón, pero procesó la idea en su mente ¿Por qué demonios, Potter no puede agarrar la maldita vara? Era bastante desconcertante.

— ¿Qué haces aquí afuera, Ryddle? —Dijo una voz a sus espaldas, y ambos se giraron instintivamente.

Parados frente a ellos se encontraba un grupo de tres jóvenes y una mujer, todos envueltos en túnicas de la casa de las serpientes.

Tom estaba impactado. Ahora si no entendía lo que estaba pasando pero no podía estar equivocado. Los que estaban frente a ellos eran los que se juntaban con él mientras se encontraba como estudiante en Hogwarts.

— ¿Qué demonios esta pasando aquí? —Dijo Harry, ciertamente contrariado.

No era idiota, pero le confundían dos de las personas que estaban frente a el. El mas alto de todos, que parecía mayor que los demás, era demasiado parecido a Lucius Malfoy; aunque su mirada era muchísimo mas fría. Y el otro tipo, moreno y alto, le recordaba terriblemente a los hermanos Lestrange.

— ¿Quién es el chico, Tom? —Preguntó la única mujer presente. Una exuberante rubia de ojos azules.

— ¿Walburga, Walburga Black? —Preguntó el moreno, logrando que Harry mirara a la mujer con cara de espanto.

— ¿Qué pasa, Ryddle, olvidaste a tus compañeros? —Se burló el hombre moreno que estaba frente a él. Era alto, de tez clara y el cabello corto de color castaño.

—Avery —dijo reconociéndolo.

—Sí, definitivamente algo malo te esta pasando —acotó el que se parecía a Malfoy.

—Abraxas… ¿Me podrías explicar que es lo que esta pasando aquí? —Le dijo Tom, ganando con ello una exclamación a su lado — ¡Tú, quieto donde te vea! —Advirtió a Harry, que parecía tratar de escapar.

—No se a que te refieres, pero creo que Wal te preguntó algo —le dijo refiriéndose a la pregunta que había hecho Walburga.

—Esperen, esperen —pidió tratando de ordenar las ideas en su cabeza — ¿Qué año es este? —Preguntó meditando.

—Estamos a 1942 —dijo la mujer extrañada —2 de mayo de 1942.

— ¡Imposible! —Gritó Harry, llamando la atención de los otros cinco.

— ¡Bien, quiero saber que es lo que esta pasando aquí y quien demonios es ese mocoso! —Dijo Malfoy, cansado de no entender nada. Un Malfoy lo sabe todo, se dijo para si mismo.

—Denme un minuto —dijo el Lord, mientras camina en dirección de un choqueado Harry. Lo tomó del codo y lo alejó un poco de los demás —Bien, Potter, al parecer viajamos en el tiempo y estamos en mi época de estudiante —dijo molesto.

—Eso es imposible —negó el muchacho.

— ¿Me quieres decir entonces por qué tu varita no te reconoció? —Le preguntó —lo más probable es que sin mi magia ni siquiera existirías en este momento —vio la cara de confusión que tenía el menor y pensó para sí ¿Y se supone que este mocoso estúpido, me iba a matar? —Por si aun no lo notas, no llevas la marca en la frente y no estas usando tus lentes —Harry se tocó la frente y efectivamente no la tenía, y tampoco los lentes, aunque no le molestaba la visión —en esta época, ni siquiera existen tus padres, por lo que lo único que te mantiene con vida es mi flujo de magia que sigue en tu cuerpo.

— ¿Entonces tengo magia limitada? ¿Sólo la tuya? —Dijo asustado, empezando a entender un poco a ese demente — ¿Qué haremos? —Preguntó cruzándose de brazos.

—Por el momento fingir, para no cambiar mucho el curso de la historia —vio que el menor tenía una expresión igual de idiota que antes —por si no lo notaste, aun no puedo asesinarte. Si no volvemos los dos en el tiempo no vuelve ninguno, así que prefiero tenerte vigilado.

—Y según tú ¿Qué vamos a decir? —Exclamó molesto.

—Que eres mi hermano menor —respondió como si nada.

— ¿Por qué demonios tengo que ser tu hermano menor?

—Porque si te aplican un hechizo para ver tu línea mágica verán solo mi magia en tu cuerpo. En primos es un poco diferente, solo en hermanos es igual por que el flujo de magia viene de los mismos padres… en mi caso, de mi madre y ese Muggle —dijo con desprecio.

—Bien, ¿Pero cómo le haremos con la historia de mi llegada? Si mal no recuerdo se supone que tú eres huérfano —replicó, burlándose de su falla en el brillante plan.

—Diremos que recibí una carta anónima y en ella me decían de tu existencia. Yo te busque en secreto y solo hasta hoy te pude encontrar. Así que por tu bien compórtate como el hermanito pequeño que admira terriblemente a su gran hermano mayor —le dijo con una sonrisa de lado.

— ¡Ya quisieras! —Refunfuñó desviando la vista —Bien, entonces así será —añadió decidido.

Mientras tanto una persona los observaba desde una de las torres del castillo.

El director se puso de pie rápidamente. Se encontraba en el despacho junto al matrimonio Malfoy y a su hijo mayor, Draco; además de Sirius y Severus. Todos analizando las posibilidades.

—Señor ¿Se encuentra bien? —Le preguntó Remus.

—Ya se donde están Harry y Voldemort —dijo, cerrando los ojos mientras trataba de hacer memoria.

— ¿Cómo? —Intervino Lucius.

—Están en el pasado, en la época en que Tom, era alumno de Hogwarts —dijo tajante.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro? —Refutó Sirius, ansioso por la noticia de la supuesta aparición de Harry pero dudando.

—Estoy empezando a recibir recuerdos —dijo abriendo los ojos —hasta el momento sólo recuerdo que los miro por la ventana de mi despacho.

— ¿Cómo puede pasar eso? —Preguntó el profesor Snape.

—Seguramente todos los que estábamos en esa época empezaremos a recibir recuerdos —explicó.

—Por lo que yo también recibiré recuerdos ¿No? —Dijo la profesora Mcgonagall.

—En efecto Minerva, tú, Hagrid, yo y creo que incluso la pequeña Myrtle Morseferth —dijo, analizando la situación.

— ¿Myrtle la llorona? —Preguntó Draco, que se mantenía junto a su padre.

—Efectivamente, recuerden que ella estaba viva en esa época —dijo firmemente —sólo espero que no hagan alguna estupidez que cambie el curso de la historia.

Ahora sólo podían esperar, y ver que es lo que iban a hacer Harry y Voldemort para volver a la época actual.