¡Hola! Bueno primero que nada estoy un tanto nerviosa por subir esta nueva historia, que no es mi historia totalmente. Es una adaptación de un libro que recién acabo de leer. Amo totalmente la pareja conformada por Sam&Freddie (SEDDIE!) Me encanta su amistad-odio-amor-relación así que me anime a hacer esto. Y bueno pondré lo que todos ponen al principio (o.ó)

iCarly no me pertenece. Le pertenece al grandioso, glorioso y magnifico, Dan Schneider. Me casaría con ese hombre.

Este un fic OCC, más no AU. Eso creo yo.


Capitulo 1.- Eres grosero y detestable


Si alguna vez pensaste que ser la hija del director del colegio te otorga algún privilegio especial, ya mismo te sacaré la idea de la cabeza. Tomemos, por ejemplo, ese asunto del curso de Literatura Superior de la señorita Briggs. La señorita Briggs es una de las profesoras menos populares de la escuela Ridgeway, y casi todos los que reúnen las condiciones para entrar en sus clases se las arreglan de alguna manera para salir de ellas lo antes posible. Pero no yo, la hija del director. Es que mi padre está muy orgulloso de su programa de cursos superiores, y se sentiría muy ofendido si su propia hija no aceptara el honor de ser admitida.

Bueno, lo que es yo, no me sentía muy honrada en ese hermoso viernes de verano en Seattle, el cuarto día de mi último año escolar, sentada en la clase de la señorita Briggs con otros cuatro pobres tontos (que por sus propias razones privadas tampoco podrían salir de allí).

Algunos detalles con respecto a la señorita Briggs. Tiene más o menos 50 años, es de estatura media, con pelo de algodón, ojos de águila, lengua viperina y con bubis puntiagudas como una tachuela. Si una quiere explicarle porque de ninguna, pero ninguna manera le puede entregar su monografía a tiempo, te clava los ojos con su mirada de acero y responde: ―Es evidente que te equivocaste si pensabas que me importaría. Además antepone un ―señor al nombre de todos los autores que leemos. Por ejemplo, dice ―el señor Shakespeare o ―el señor Johnson. Como si no fueran de veras famosos escritores, sino personas comunes corrientes que trabajan en un banco o algo por el estilo. Excepto cuando se trata de Charles Dickens, a quien llama ―el querido señor Dickens. Se le humedecen un poco los ojos cada vez que habla de él, lo cual sucede a menudo. Hace tres años que estudio literatura con la señorita Briggs y nunca hemos leído nada escrito con posterioridad a 1900, porque cada vez que nos encontramos con Historia de dos ciudades o David Copperfield, o cualquiera de sus obras, la señorita Briggs exclama: ―Oh, chicos, el señor Dickens tenía tanto talento que todavía no puedo decidirme a seguir adelante‖. ¿Qué les parece si leemos Grandes ilusiones?; y así hasta las vacaciones de verano.

― Muy bien, alumnos: por favor, abran el texto del señor Homero en el renglón 137 ― ordenó la señorita Briggs, a la vez que daba agudos golpecitos con su lápiz sobre el escritorio ―. ¿Quién quiere empezar a leer?

Suspire. No se porque tenía la sensación de que mi último año iba a ser un gran engorro. No sólo por la clase de literatura y su inmutable lista de lecturas. Se trataba de mí, Samantha Puckett, y de mi inmutable vida social. En el rating de popularidad, supongo que estoy justo en el medio. Eso significa que siempre me las arreglo y encuentro un acompañante para las fiestas de promoción, pero nunca para el Gran Baile de Otoño. Las chicas realmente populares tienen invitaciones para todas las fiestas. Carly Shay, por ejemplo, mi mejor amiga fue a más o menos quinientos bailes desde que tenía, doce años. Debo admitir que ser la mejor amiga de alguien tan popular me ha dado cierto grado de respetabilidad.

Soy respetable, sí, pero no es porque brille en alguna forma especial. Quiero decir que no tengo un novio y no pertenezco a ningún grupo determinado. La mayor parte de la gente me tiene como la hija del director… un artefacto escolar tan permanente e inevitable como el lavatorio de los baños, pero no mucho más atractivo. En realidad, aunque no soy una alumna de promedio diez, ni una soplona, ni una persona obediente, de alguna manera la reputación de ser… ¡"tan buena, pobre"! A veces pienso que todo eso viene incluido en el hecho de ser la hija del director; básicamente, tendría que haber ido por ahí sembrando bombas y copiándome en los exámenes para la gente se dé cuenta que no soy tan buenita.

Con todo, no podía menos que soñar que este año sería distinto. Tal vez dejara de ser Sam Puckett, la hija del director, y empezara a ser popular o hermosa o sociable. Tal vez…

― Samantha Puckett ― llamó la Srita. Briggs, interrumpiendo mis cavilaciones ― ¿Tendrías la amabilidad de leer en voz alta para nosotros?

Otra cosa negativa de la Srita. Briggs; La manera en que dice: "¿Tendrías la amabilidad?" o "¿Te importaría?". Es su forma de recalcar que somos estudiantes y que, por más que no nos importe, no podemos decirlo porque estábamos a punto de recibirnos.

Abrí mi ejemplar de La odisea y comencé a leer en voz alta. En realidad, no me importa tanto. No es tan estresante porque los demás siguen la lectura en sus textos. Además, después los profesores no vuelven a llamarte porque consideran que ya has participado lo suficiente.

Las ventanas del aula estaban abiertas y la cálida brisa de septiembre golpeaba en las persianas. Escuché como mi propia voz bajaba y subía al ritmo de las palabras. Llegué a la parte en que Ulises y sus compañeros asestan el golpe contra el ojo del cíclope:

Después, entre todos, alzamos el palo y lo introdujimos con gran fuerza en el ojo del gigante dormido, que chirrió como cuando el herrero enfría un hierro al rojo…

¡BAM!

Mi voz se quebró y yo prácticamente me salí de la piel, dado que el ruido se había producido justo detrás de mí. Me di vuelta en mi asiento y vi a Shane, el capitán del equipo de futbol, tendido en el piso con los ojos cerrados y un enorme chichón en la frente.

― ¡Oh por Dios! ― exclamó irritada la Srita. Briggs desde su atril ―. Alumno Beckley, ¿Tendría la amabilidad de volver a ocupar su asiento?

Las pestañas de Shane aletearon, pero él no se despertó.

Duke, que estaba sentado junto a Shane, levantó la mano.

― Srita. Briggs, Shane se desmayó.

La Srita. Briggs frunció el seño. Dio la vuelta a su escritorio y se ubicó para ver mejor a Shane.

― ¡Dios mio! ― musitó.

Se apresuró a recorrer el pasillo y se arrodilló junto a él.

― ¿Beckley? ― le dio unas palmaditas en la mejilla. ― Beckley ¿estás bien?

Shane gimió. Abrió los ojos y vio a la Srita. Briggs. Volvió a cerrar los ojos.

― ¿Beckley? ― La voz de la Srita. Briggs se hizo más aguda. ― ¡Shane, despierta!

Él lanzó un gran suspiro y habló con los ojos todavía cerrados.

― Creo… creo que me desmayé.

La Srita. Briggs también suspiró.

― Ya lo veo ― dijo ― ¿Qué ocurre? ¿No desayunaste esta mañana?

Shane tragó saliva.

― No. Quiero decir, sí, desayune. Fue sólo que… oír lo de… lo del palo ardiente…

Volvió a tragar saliva.

La Srita. Briggs se acomodó sobre sus talones y le dio unas palmaditas en las manos.

― Vamos, vamos, Shane ― dijo con energía ― No hace falta que hables más del asunto. ¿Quieres ir al consultorio de la enfermera Lara Bogart?

Él hizo un gesto afirmativo.

― ¿Puedes caminar?

El asintió.

Los labios de la Srita. Briggs se fruncieron ligeramente.

― Te convendría abrir los ojos, Beckley. ― Se puso de pie. ― Samantha, si fueras tan amable, ¿tendrías la bondad de acompañar al Señor Shane al consultorio de la enfermera Lara, dado que fue tu apasionada lectura lo que pareció impresionarlo?

Volvió al frente del aula golpeando los tacones contra el piso.

Ayudé a Shane a levantarse y salimos con paso lento al vestíbulo. Mientras nos alejábamos, oí que la Srita. Briggs decía:

― Bien, jóvenes, creo que todos acabamos de ser testigos de que el poder de la literatura es realmente grande.

Puse los ojos en blanco. Ya podría ver la pregunta del examen final: ¿Qué poderosos versos de La odisea, hicieron que el capitán del equipo de futbol, Shane se desmayara?.

Shane se frotó la frente.

Yo traté de no mirar el espantoso chichón que tenía sobre el ojo.

― ¿Estás bien? ― pregunté con voz suave.

Él dejó escapar una bocanada de aire y sonrió.

― Sí, o al menos creo que lo estaré.

Caminamos en silencio. Shane es la estrella de atletismo de la escuela y resulta muy buen mozo a su manera, con un cuerpo muy bien formado. Probablemente muchas chicas se habrían sentido emocionadas de acompañarlo a cualquier lado, incluso al consultorio. Pero yo conozco a Shane desde el jardín de infantes. No era emocionante para mí, sólo era un poco más de todo aunque a lo que estaba acostumbrada: Shane en su rol de muchacho popular, y yo en mi rol de la hija del director.

Nos detuvimos frente a la puerta del consultorio de la enfermera Lara y la secretaria, la señora Johnson, hablaba con un chico al que nunca había visto.

Era un muchacho de buena apariencia, delgado, bien formado debo decir, con vaqueros y una remera bajo una muy usada camisa de franela. Llevaba corto el pelo castaño obscuro, aunque un poco despeinado, como si se hubiera pasado las manos por él mientras esperaba que la increíblemente lenta señora Johnson se ocupara de él. No vi sus ojos hasta que no se dio vuelta para mirarnos. Eran de un café obscuro y brillante, con largas pestañas marrones. En una chica habrían resultado espléndidos, pero en un muchacho parecían… bueno penetrantes. El chico me miró con una expresión que no terminé de entender.

― ¡Shane Beckley! ― exclamó la enfermera Lara ― ¿Qué te pasó?

Shane se tocó el chichón de la frente.

― Es una larga historia ― dijo ― ¿Podría recostarme un rato en la camilla?

― Por supuesto ― repuso la enfermera mientras lo tomaba del brazo ― Rebecca Berkowitz está allí ahora, pero sólo tiene calambres. Podemos hacer que saga de allí.

El chico nuevo sonrió y yo sentí que me encogía. Bueno ¡adiós privacidad para Rebecca Berkowitz!

Vi que la enfermera Lara se llevaba a Shane y me di vuelta para retirarme.

― Un momento, Samantha ― me atajó la señora Johnson ― Te presento al estudiante más reciente de la escuela Ridgeway. ― Se volvió hacia el muchacho nuevo ― Esta es Samantha Puckett, la hija de nuestro director. Te acompañará a la clase.

Traté de sonreír con indiferencia, pero de buena gana había matado a la Sra. Johnson. "Samantha Puckett la hija de nuestro director" ¿Es que jamás tendría oportunidad de demostrar que yo tenía una identidad propia?

La señora Johnson sonrió.

― Primero tenemos que completar unos formularios. Bien, jovencito… ― Revolvió algunos papeles. ― ¿Tu nombre es Fredward?

― Sí, pero llámeme Freddie― dijo el chico nuevo.

La señora Johnson terminó de llenar los formularios. Ella jamás permite que lo hagan los estudiantes mismos, porque dice que no les entiende la letra. Mi padre dice que escribe todo en código para volverse indispensable e impedir que él la eche. Por supuesto, si eso es cierto, todo el sistema escolar quedaría reducido a nada cuando ella se retire.

La señora Johnson mordisqueó la punta de su lapicera y examinó los papeles. Lugo extendió la mano a Freddie.

― Bienvenido a la escuela Ridgeway, Freddie Benson. ― Hizo un gesto en dirección a mi. ― Samantha te mostrará donde está tu armario y te acompañará a tú primera clase, que es…― Volvió a revolver unos papeles. ― Literatura Superior con la señorita Briggs.

―Que suerte para Freddie, pensé.

La Srita. Briggs entregó a Freddie unos veinte libros de texto un millón de hojas de papel. Juntos salimos del vestíbulo.

― Acabo de conocer a tu padre ― dijo Freddie, en un tono como al pasar.

Lo miré por el rabillo del ojo. Casi había deseado que Freddie hubiera tenido su encuentro de bienvenida con el señor Wolf, el asistente del director. Pero luego recordé que se encontraba en un congreso por el fin de semana en Grand Rapids, cosa de la cual me había enterado porque esa noche su hijo Gary Wolf daba una fiesta.

Decidí cambiar de tema.

― Deja que te ayude con eso ― dije. Tomé algunos libros texto y la pila de papales que llevaba. Miré el papel que indicaba el número del armario de Freddie. ― Tu armario está por el sur. Te mostraré donde es y podrás dejar los libros allí o hacer cualquier otra cosa.

Freddie pareció divertido.

― Wow, lo dices de una manera tan… profesional. Como si todo el tiempo no hicieras otra cosa que mostrarle sus armarios a la gente. Autoritaria al mismo tiempo indiferente. ¿Eres una estudiante regular?

― ¿Qué quieres decir?

― ¿Vas al colegio aquí o este es tu empleo? ¿Eres algo así como la embajadora de los estudiantes?

― Oh, vamos. ― Fruncí la nariz ― Claro que voy al colegio aquí.

― Bueno, uno nunca sabe ― se defendió ―. Pensé que tal vez ya hubieras terminado la secundaria y que tu padre, por ser el director, te había dado este empleo.

Lo miré fijo. ¿Estaba bromeando?

― A los padres les gusta ayudar a que sus hijos consigan empleo, ¿sabes? ― siguió Freddie ― Escucha esto. Durante un verano trabajé en un supermercado y estuvieron a punto de echarme porque no conseguía que la máquina registradora anduviera rápido. Además, les hacía toda clase de favores a mis amigos, de modo que me resultaba difícil lograr que el balance saliera bien. Pero mis padres sacaron una máquina registradora de juguete del altillo, y todas las noches yo me paraba atrás y ellos pasaban junto a mí simulando que comparaban artículos de almacén en nuestra propia cocina.

Yo fruncí el ceño.

― ¿Y eso que tiene que ver con…?

― Bueno, supongo que tu padre quería ayudarte. Profesionalmente, quiero decir. Para encaminarte. Y debo decir que te estás desempeñando muy bien. Como si hubieras nacido para ser la asistente de director o algo el estilo.

Sentí que las mejillas me ardían.

― No recuerdo… no recuerdo haber pedido tu opinión ― tartamudeé.

Los ojos de Freddie se agrandaron sorprendidos.

― ¿Por qué te pones tan nerviosa? No puedes culparme por encontrar extraño que no estés en clase.

― Me limité a acompañar a Shane al consultorio ― dije en tono cortante ―. Eso no me convierte en un comité de recepción unipersonal.

― ¿Shane es ese tipo que parece como si alguien le hubiera dado en la cabeza con una sartén?

― Ajá ― asentí, aliviada por hablar de algo que no estuviera relacionado con mi capacidad como embajadora de estudiantes.

Empezamos a subir las escaleras.

― ¿Es tu novio?

No pude evitar la risa.

― ¿Shane Beckley? Claro que no. Él es…― Furiosa, deje de hablar. La idea de salir con Shane Beckley era de lo más extravagante, pero no había ninguna necesidad de que es tipo lo supiera.

― Me imagino que debe ser difícil conseguir citas cuando una es la hija del director ― Comento Freddie, pensativo.

― ¿Por qué lo dices?

― Oh, supongo que… ― Freddie pareció reflexionar. ― Bueno, la hija del director de mi otra escuela también tenía mi edad y era… bueno insignificante y… en fin, es una historia realmente espantosa, pero fue al baile de graduación con su tío. Pensó que no se darían cuenta pero no engañó a nadie.

Mi presión arterial debió haber subido a veinte en dos segundos. Llegamos al final de la escalera. Apreté los puños con tanta fuerza que me lastime las palmas de las manos.

― Eres grosero y detestable…

Él pareció sorprenderse.

― Hey, hey, hey espera, yo no digo…

― ¡Me comparas con una chica insignificante que tiene que usar a sus parientes como acompañantes! ― grité. No podía creerlo. Diez minutos antes tenía esperanzas de que durante este año escolar pudiera brillar un poco, y viene este tipo y me dice lo más campante que es inútil… que no soy más que la insignificante hija del director.

― No te estaba comparando ― Protestó ―. Me limitaba a decir que debe resultar duro ser la hija del director. Si contra los otros… digamos, cinco millones de problemas.

Me quedé helada.

― No tengo cinco millones de problemas.

― No me refería a ti. Me refería a…

― Mi único problema ― dije en voz bien alta y clara ― es que ya desperdicié demasiado tiempo en permitir que me insultes.

Le arrojé a los brazos los libros que llevaba. Él se tambaleo un poco y dejó caer dos de ellos. No espere a que los recogiera. Furiosa, tiré sus formularios al aire y bajé a los tumbos la escalera, en medio de una llovizna de papales blancos.

En definitiva, ese chico seria un gran dolor de cabeza.


¿Les gusto? Espero que si, gracias a todos y si gustan comentar se los agradecería mucho *-*