Hola a todos, pues esta una historia muy gris, bueno algo gris que he escrito. A pesar de ello, lo hago con cariño y aunque sea un par de días más tardes (culpen a mi pobre y algo desgastada portátil), es para celebrarla fecha más importante de mi calendario y es … los diez y seis meses que tengo con Holic como mi novia.

Ella es lo mejor que me ha pasado en la vida y sé que parezco disco rayado, pero es lo que siento…

La amo y realmente me siento bastante mal por no haber podido publicar esta historia el propio diez y siete…y posiblemente no quedo como debería quedar, porque la volví escribir, solo espero que les agrade y que a ti mi princesa, te guste la trama y su desarrollo…Tratare de actualizar mi otra historia y espero que esta vez no tenga tantas dificultades…

Finalmente Holic, como siempre digo, tal vez no soy el chico más increíble del mundo, ciertamente tengo varios defectos y pues soy torpe (con t mayúscula), pero encontrarte es lo más sorpréndete que he vivido, para mi tu eres perfecta…Durante estos diez y seis meses, he aprendido mucho de ti, me has permitido hacer cosas que no pensé que llegaría hacer y consigo inspiración para escribir…Amarte para mí es un honor y un privilegio…De todo corazón gracias.. Gracias por estar a mi lado, gracias por ser mi apoyo, mi amiga y mi mundo gracias…Te amo y siempre te amare.. Soy tu cachorro y tu mi dueña…TE ADORO MI PRINCESA…perdóname lo tarde en publicar y como siempre espero que te guste mi amor…

Te amo mi princesa…

Advertencia: Algo denso, pesado y al principio un tanto confuso….encontraran errores ortográficos y de redacción (perdonen), algo de acción y un poco de misterio…

Disclaimer: No es mío!.. Es de Tsugumi Obah y Takeshi Ohbata y aun no me demandan.. a Dios Gracias…

Para ti mi princesa…Te amo Holic…


Caballeros de Cristal

Un caballero de cristal frágiles y quebradizos, pero siguen siendo caballeros, en su naturaleza esta la nobleza y rectitud y en su pecho un noble corazón, eres un caballero de cristal, busca la salida de este lugar….

-Solo un poco más, un poco más- Murmuraba casi sin aliento, siguiendo el mapa mental, de aquella ciudad.- Solo debo llegar a la puerta solo a la puerta.

Las balas pasaban tan cerca que podía sentir el calor que despedía la misma contra mi piel. Era perseguido brutalmente y todas mis cartas bajo la manga habían quedado atrás con los dos sujeto que logre neutralizar.

Correr, huir, debo sobrevivir. Las lágrimas rodaban por mi mejilla, mientras suplicaba clemencia, no moriré así, no así.

Los callejones se hacían más pequeños y correr sobre las nieve hacia las cosas más difíciles, era torpe y estaba aterrado, necesitaba esconderme. Doble en una esquina, cuando sentí el verdadero dolor, manifestarse como una bala, que penetraba mi pierna. Tropecé y caí, manchando de un rojo escarlata la nieve.

-Duele- Murmure, arrastrándome con mis últimas fuerzas, pues estaba a unos cuantos metros, de la puerta. Sentí como una bota pesada golpeaba mi espalda, obligándome a detenerme.

-Hasta aquí llegas- Escuche esa escalofriante voz, mientras estiraba mi mano ensangrentada hacia la puerta.

El sujeto, me empujo y pude quedar frente a él. Su ropa negra y sus facciones, que no mostraba remordimiento, a pesar de estar apuntando a solo un niño.

-Morirás- sentencio, recargando su arma y apuntando hacia mi cabeza y yo solo pude gritar con todas mis fuerzas.

-Ahhhhhhhhhhhhhhhh!

Escuche un grito y vi las aves levantar su vuelo, pero lo ignore, eso era imposible, no aquí, no en este mundo….

Invierno, la nieve blanca cubría toda la ciudad, mientras en el cielo, las nubes cargadas amenazaban con una de las más fuertes tormentas de nieve, jamás registrada.

Capa sobre capa, de ese material blanco era constituida por millones y millones de copos, formados delicadamente, parece mentira la complejidad de las cosas que construye la naturaleza.

Una suave brisa, golpeo un árbol y en el agitar toda la nieve que cargaban sus ramas, cayó al suelo y fue en ese momento cuando me convertí, en un copo, solamente cayendo, fundiéndome con el entorno, siendo libre.

Lentamente mis manos se alejaban del mesón de madera áspero y mis piernas inconscientemente comenzaron a moverse, solo para aproximarse aquella ventana, que daba al exterior y que me permitía aislarme de todo a mí alrededor.

Desintegrarme y perderme, eran palabras que me repetía una y otra vez en mi mente, la sensación de libertad, más allá de todo, más allá de cualquier cosa….Volé…

-Por favor de pie para citar el juramento- escuche aquella, voz distante, aterradora y mis alas desaparecieron, volviendo al duro suelo de mi realidad. De mala gana me levante junto a todos mis compañeros y al mismo tiempo citamos el juramento.

-Juro lealtad a Kira, juro conservar y mantener a costa de mi vida la utopía construida por nuestro Dios encarnado. Juro ser sincero y seguir las reglas impuesta por nuestro líder. Juro lealtad a Kira- La campana del fin de clases sonó y me alistaba a salir del salón cuando mi profesora, con cara de cacatúa desplumada, me llamo

-Setecientos, setenta y siete. Me gustaría que para el próximo juramento, lo dijera con más ánimo y más fuerza.

-Si señorita así lo hare- Dije tomando mis cosas y saliendo del salón.

¿Utopía?, para mí el concepto era intangible, extraño, etéreo, pero esa era la vida que vivimos y para muchos, era la mejor vida, pues el mundo, está libre de guerras, hambres y violencia, era tan seguro que se podía dormir en las calles, con las puertas abiertas y nada absolutamente nada ocurriría, así que existía la paz perfecta, una paz, que era emanada del gran dios Kira y que para alcanzarse debía sacrificarse ciertas cosas.

Todo niño al nacer, debe ser identificado con un numero único, un sistema de vigilancia, le rodea hasta su muerte y obtendrá todo lo que desees a medida que sus posibilidades lo permita, cualquier desviación o falla, es condenada con la muerte y su número como su historia será borrado de la faz de la tierra.

Mi número setecientos setenta y siete, aunque mi madre, prefieren llamarme Matt, es un apodo de cariño y a pesar de que recibí un nombre al nacer, pues todos me llaman por mi número.

-Hey triple siete-Escuche a lo lejos-¿Vendrás a la fiesta?.

-Hola, cuatrocientos. No yo paso- Conteste.

-Vamos, Matt no seas aburrido, además quiero obsequiarte algo de cumpleaños.

-Linda, no me gustan los tumultos, prefiero quedarme en mi casa y…

-Y consumir tu vida con las consolas- Ella suspiro- Eres una causa perdida- Agacho la mirada y yo apenas sonreí-Posiblemente yo sea la causa perdida, así que toma- La chica saco algo de su mochila delicadamente envuelto- Feliz cumpleaños Matt- Dijo ella para abrazarme fuertemente y finalmente posar un beso en mi mejilla-Lamento la demora, sé que cumpliste años hace tres días, pero espero que te guste.

-Claro que así será- sonreí amablemente- Gracias- agregue no entendiendo sus constantes manifestaciones de afecto, eran un poco incomodas para mí, pero aun así, las pasaba por alto.

-Bien debo irme- Dijo ella, en extremo sonrojada-Cuídate.- Agrego, para luego salir corriendo.

-Vaya sí que es rara- Murmure, tomando mi supuesto regalo y caminando hacia la salida de la escuela, donde antes de salir, mi número, era verificado.

- Setecientos, setenta y siete, ¿jura lealtad a Kira?- Me cuestiono una máquina.

-Lo juro- Respondí.

Al salir, retome mis pensamientos, mientras una cuidad hermosamente decorada y perfectamente limpia le daba la bienvenida a mis pasos.

Este lugar fue diseñado, para personas como yo, "niños genios", todos dignos sucesores del gran Dios Kira. Éramos educados en esta escuela especial, donde nuestros talentos, eran explotados y finalmente éramos escogidos, para ocupar un cargo de poder dentro de la gran organización, aunque muchos se atrevían a decidir que teníamos un futuro escrito y que no podíamos hacer nada para cambiarlo.

Me adentraba en el parque gran monumento, era un lugar donde se levantaban las estatuas, de las personas que habían contribuido a la gran obra de Kira.

-Uno, dos, tres- Conté los monumentos y tome hacia la izquierda, justo detrás de unos de los grandes arbustos, encontré mi lugar privado, un sitio, donde las cámaras de Kira, no pueden seguirte, un punto ciego. Este lugar lo había encontrado por accidente, cuando apenas tenía seis años y ya a mis trece, era adicto a el, pues pasaba la mayoría del tiempo, tumbado en la grama, viendo al cielo. Aquí había conocido mi adicción a los videos juegos, como a los cigarrillos, aquí tenia paz.

Hurgue dentro de mi mochila y encontré mi regalo, sabía exactamente lo que era y los sacrificios que había hecho Linda para obtener este artículo. Suspire y lentamente le quite el envoltorio, para observar un empaque extra grande de Malboros Rojos.

-Genial- Murmure, tomando uno y comenzando a degustar el grato sabor de la nicotina de en mis labios y lentamente mis ojos se hicieron pesados hasta caer en un profundo sueño…

Cuando desperté, me encontraba en la oscuridad, no sabía cuánto tiempo había pasado pero ya era hora de regresar a casa.

Caminaba tranquilo en las calles, repletas de monotonía, acercándome a casa, cuando vi como la ventana de mi habitación estaba abierta, sabía que no la había dejado abierta, algo raro había sucedido.

Corrí rápidamente a casa, entre a ella, solo para encontrar que todo estaba en completa y total oscuridad.

-Hola- Grite quitándome los zapatos y quedando en calcetas- Mamá- Murmure mientras a tientas, lograba llegar hasta las escaleras-Hola- repetí, temeroso de lo que pudiera salir de la oscuridad, subiendo cada escalón hasta el piso superior.

El largo pasillo, parecía querer tragarme. Lentamente camine hacia la puerta de mi habitación y con mi mano temblorosa, tome el picaporte, sintiendo como algo pegajoso y resbaladizo lo bañaba. Sin pensarlo, limpie el material de mi mano, pasándola por mi ropa y tome de nuevo el picaporte accionándolo y así abrí la puerta.

Di un paso y mis pies se empaparon del extraño líquido, el terror inundaba mis venas, cuando las luces altas de un auto iluminaron mi habitación y me mostraron que el extraño líquido no era otra cosa que sangre.

Mis manos, pies y ropa, tenía ese color, todo comenzó a dar vueltas y cuando estuve a punto de gritar una mano sostuvo mi boca mientras empuñaba una tijera contra mi cuello.

No podía verle muy bien por la oscuridad reinante, pero en un breve instante de luz, de otro auto que pasaba por la calle, me permitió divisar sus ojos, extremadamente azules, su cabello amarillo y su mano empapada de sangre. No era mayor que yo, pero sus ojos mostraban, el terror de estar en un lugar desconocido y frente a alguien que pudiera lastimarle. Dolor, compasión y algo más que no pude definir

-Estas herido- Murmure, apenas pudiendo respirar, porque el chico presionaba más mis labios y la punta de la tijera, se encajaba más en mi cuello.

-No te muevas- Me amenazo el chico.

-Quiero ayudarte- Susurre-No te hare daño-El chico medito por unos segundos, sentía que yo no podía verle, pero él sí, así que era como si me estuviera juzgando y de ello dependía mi propia vida….Lentamente comenzó a liberar mi boca. Extendí mi mano para encender la luz, cuando de nuevo sentí el filo de la tijera en mi cuello- No pasa nada, necesito ver el daño- Tome el cordel de la lámpara de mesa, la encendí y proyecte la luz hacia el cuerpo de mi invasor, topándome enseguida, con la herida de bala, en su pierna derecha.-¿Puedes moverte?- Le pregunte y él intento, dar un paso pero tropezó y cayó en mis brazos.-No te preocupes se lo que tengo que hacer.

Con cuidado corte el pantalón negro y logre localizar la herida, la desinfecte, suture y vende, apenas alumbrado por la tenue luz de una lámpara de mesa.

-No presiones tanto- Se quejó el chico mientras trataba de acomodar el vendaje de su pierna.

-Lo siento-Murmure.

-No pensé que un seguidor de Kira se disculpara- Contesto altaneramente, viéndome directamente los ojos- Y menos un galardonado genio.

-No soy un seguidor- dije- Y pues no soy galardonado

-Claro que lo eres, ese número tatuado en tu muñeca me lo dice- El chico señalo mi muñeca. Cubrí mi muñeca con mi mano y trate de ocultar mi vergüenza.- Y estos diplomas me lo confirman- Sentí como el calor cubría mis mejillas.

-Me llamo Matt- Respondí, sonriendo, ganándome una mirada de desconfianza por parte de mi inesperada visita.

-Soy Mello- contesto, levantándose del suelo y sintiendo alivio en su pierna.

-¿No tienes código de barras?- Cuestione mientras recogía las cosas ensangrentadas

-No, yo soy libre- Dijo, levantando ambas muñecas al aire- Tan libre como para herirme.- El chico se mareo y palideció

-Debes descansar-le dije tomándolo en brazos y recostándolo en mi cama. Sonreí mientras lo cubría con mis frazadas de muñequitos-Te traeré un poco de agua..

-No- dijo él tomando mi mano-No me dejes solo- Sus manos eran muy tibia, extremadamente tibia.

-Tienes fiebre- Me acerque a él, bese su frente y luego sus labios.-No puedo permitir que suba más…

-Solo quédate conmigo-Susurro prendiéndose de mi cuello, no sabía cómo reaccionar, pues a decir verdad no me molestaba su cercanía

Sin meditarlo dos veces, me recosté a su lado y abrazándolo con fuerza solo pedí que el calor de mi cuerpo, mantuviera la fiebre a raya…

-Somos caballeros de cristal, frágiles y quebradizos…-Murmuraba-Matt

-Ummm- murmure, mientras mis ojos se cerraban

-Gracias-


Para ti mi mini mello… TE AMO CON TODO MI SER.. ESPERO QUE TE GUSTE MI PRINCESA….