Disclaimer: Ningún personajes de esta historia me pertenece ni me pertenecerá, son obra de las geniales ideas de Stephenie Meyer. La historia es total y completamente mía, espero que les guste :)

Infiltrada

By: Sofía de Lautner

Capítulo seis: Poco tiempo en el marcador…

Bella P.O.V.:

-¿Cuándo volverá tu hermana, Fred?-preguntó de repente.

Yo me giré y lo observé, como embobada. No me miraba, sino que estaba observando a los chicos hablar con Rosalie y Alice. ¿Emmett y Jasper le habían dicho algo?

-¿Porqué preguntas?-dije, simulando. Se encogió de hombros.

-Sólo para saber. –dijo, y bebió otro sorbo.

-Dentro de dos meses. Yo volveré a Madrid entonces.-confesé. Edward escupió la cerveza que tenía en la boca y tosió sonoramente. Luego se limpió la boca con la camiseta y me miró asustado.

-¿Te-te vas?-inquirió.

-Sí. Pero eso ya lo sabían…-murmuré.

-¡Claro que no! ¡Y todavía no sé cuando jugaremos contra la Push!-exclamó, alzando los brazos y tironeándose los cabellos. Parecía un auténtico loco.

-¡Pero ustedes sabían que yo venía de intercambio!-contesté.

-¡Habías dicho un semestre! ¡Eso son seis meses Fred!

-¡No! ¡Yo dije bimestre!-grité, enojada.

-¡Da igual! –vociferó. Me fulminó con la mirada y luego se marchó murmurando por lo bajo. Me encaminé echa una furia hacia mis amigas, que seguían hablando con Emmett y Jasper. Pero antes que lograra llegar y oír porqué discutían, el entrenador entró gritando con un celular en la mano.

-¡Confirmado! ¡El partido contra la push será dentro de tres meses!-gritó. Y automáticamente, la mirada de todos los que sabían que me iría recayó en mí.

-¡Mierda!-gritó Edward, azotando su lata de cerveza contra la pared. Salió golpeando las puertas y dejando el lugar en completo silencio.

-¿Y a éste qué le pasa?-inquirió el entrenador.

-Fred se va en dos meses a Madrid.-confesó Emmett. Clapp lo miró con ojos desorbitados, como quien mira a alguien que le dice que le amputarán un brazo. Luego me observó y se dirigió hacia mí, apuntándome con un dedo. Y el resto del equipo comenzó a acercarse también.

-¡¿cómo que te irás? ¡Necesitamos ganar este torneo, y lo sabes!-gritó Tyler. Jasper y Emmett al parecer notaron peligro en la mirada de sus compañeros por lo que se colocaron uno a cada lado.

-¡No debiste entrar al equipo si luego te irías!-objetó otro.

-¡Ustedes lo sabían! ¡Se los dije el día que los conocí! ¡Soy alumno de intercambio, no puedo cambiar eso! –grité.

-Cálmense todos, solucionaremos esto. –dijo Emmett, abriendo los brazos. -¿Cuántos partidos hay en dos meses? Como cinco. En esos partidos nos encargaremos de llegar a la punta en el tablero de puntajes, y cuando Be.. Fred se valla, seguiremos nosotros con la ventaja de estar punteros. Eso ayudará en algo.-

-¡No ayuda en nada! Por más que les saquemos ventaja al resto de los equipos, si cuando Fred se va comenzamos a perder, nuestros puntos caerán y nosotros con ellos.

-Éste es un equipo de veinte jugadores-gritó alguien a las espaldas de todos. Era Edward, quien había vuelto.-, de los cuales once salen a jugar. Todos juntos representamos al instituto. No sólo uno. Fred nos ayudará hasta que se marche. Y luego quedaremos nosotros, y nosotros tendremos que ganar y hacer valer el esfuerzo que hizo Fred cuando estuvo aquí. Y de esto no se hablará más.

-Edward, sabes tan bien como yo cómo estábamos antes que Fred llegara. –Mike se acercó a Edward. Yo presté atención, pues no tenía idea de cómo estaban las cosas en el equipo antes de que Fred tomara el control.—Los puntajes por el suelo, discusiones, partidos perdidos… Fred fue el punto de unión.

-Y ese punto de unión seguirá estando cuando él se marche. Y dije fin de la discusión. –contestó él, y se marchó.

Uno a uno salieron todos del salón, sin mirarse entre sí y mucho menos a mí. Al final sólo quedaron mis amigas y Emmett y Jasper.

El mes se me pasó rápido. Habíamos tenido dos partidos ya jugados, y el próximo sería a fin de mes, por lo que entrenamos duro todos los días para el momento en el que nos tocara jugar. Edward me hablaba muy poco, sólo me comentaba cosas del equipo y ya casi no se comunicaba conmigo fuera del campo de entrenamiento. Al contrario de Emmett y Jasper, quienes parecían tener la necesidad de estar junto a mi todo el día. Eran una especia de guarda espaldas a los que no les tenía que pagar, y aunque a veces resultaba molesto, debía agradecerles por estar apoyándome a pesar que me conocían hace tan poco tiempo. Rosalie y Emmett no habían echo oficial su relación, aunque pasaban juntos el 80% del día, y el 20% restante se enviaban mensajes de texto. Jasper y Alice iban más lento, se tomaban las cosas seriamente y recién el viernes pasado habían formalizado su relación presentándose como novio y novia.

El equipo se llevaba bien conmigo dentro y fuera de la cancha, ciertas veces me invitaban a beber algo luego del colegio o me invitaban a fiestas, a las que yo asistía siempre con mis guarda espaldas personales y mis mejores amigas.

En la escuela me consideraban el As del equipo, y todo el mundo hablaba conmigo en los pasillos.

"¡Hey, Fred, hay una fiesta mañana!" "¡Hola Fred! Mi cumpleaños es el viernes, hay fiesta en mi casa" "Fred, mañana entrenamiento, no llegues tarde" "Fred, ¿quieres ser mi compañero para el trabajo de ciencias?" Éstas eran las frases que oía constantemente en la escuela, más los saludos de todos y los retos de algunos profesores por no entregar las debidas tareas. Es que Fred había tomado el control. Bella jamás se habría retrasado en sus deberes, pero entre fiestas y entrenamientos, no había mucho tiempo libre.

Charlie no había vuelto todavía, pero me llamaba cada tanto para cerciorarse que yo esté bien. Me había dicho que volvía en un mes, por lo que no había otra opción que la partida del amado Fred y el retorno de la desconocida Isabella.

Hoy había un partido por la tarde, y por ende, si ganábamos, teníamos fiesta de celebración, y si no, fiesta de consuelo. De todas formas, la solución era música, alcohol y descontrol. Debía admitir que esta clase de vida no me disgustaba, aunque cuando Bella volviese eso se acabaría. En mi mente había mil y un maneras de seguir con la farsa de Fred, pero según Alice y Rosalie, sólo conseguiría problemas.

El entrenamiento de ayer había sido exhaustivo y agotador, pero sonrientes y confiados, salimos a la cancha saludando al público y luciendo nuestras amadas camisetas rojas y negras. El número diez resaltaba en dorado sobre mi espalda, con el apellido Swan debajo de éste. Las porristas cantaban animándonos, el árbitro daba indicaciones a los capitanes, y las tribunas rugían fieramente agitando los colores de nuestro colegio.

El silbido del árbitro me puso en acción. De repente, la belleza del estadio, los fanáticos y las porristas se convirtieron ahora en un borrón de colores mientras perseguía el balón. Mi mente trabajaba como siempre que entraba en la cancha, a toda velocidad, reconociendo los colores enemigos y alejándome de ellos, identificando a mis compañeros y armando jugadas rápidas en mi cabeza, mientras intentaba acercarme al arco rival. Jasper observaba atento desde nuestra portería, mientras Emmett seguía mis pasos y me ayudaba a esquivar los diferentes ataques del enemigo. Mike y Ben me apoyaban, y entre pase y pase, logramos llegar a la portería cuando el partido llevaba treinta minutos.

-¡GOOOOOOL! –exclamé, y abriendo las manos corrí por el estadio, sonriéndole al público que festejaba en las tribunas. Pronto llegaron los abrazos de mis compañeros, que me levantaron en el aire y me felicitaron. Edward llegó al instante, y sacudiéndome la cabeza, me sonrió.

-Eres un maldito genio, Fred.-dijo, y me señaló detrás de mí. Un chico de segundo sostenía una cámara y lucía una camiseta donde se leía: "Periódico escolar".—Sonríele a la cámara, numero diez.

Saqué la lengua y abracé a Edward mientras tomaba la foto, y luego, volví a la cancha.

El partido transcurrió sin incidentes ni mayores problemas. Me alegraba haber solucionado las cosas con Edward, no quería que siguiera enfadado conmigo porque no podía soportarlo. Con la gran victoria de uno a cero, salimos del vestuario listos para la fiesta. Emmett y Jasper conversaban con Edward detrás de mí, acerca de las tácticas que usarían en el próximo partido. Alice y Rosalie se acercaron al vernos salir.

Las chicas pidieron pasar por mi casa antes de la fiesta, para vestirse y producirse, y Emmett nos llevó a todos en su Jeep. Al llegar, mis amigas subieron las escaleras corriendo mientras los hombres se sentaron en la sala, frente al televisor.

-Voy al baño.-anuncié, y subí las escaleras. Me aseguré que ninguno estuviera observando y entré a mi cuarto, donde Rosalie y Alice se cambiaban.

-Ponte una camisa más decente y llévale eso a Emmett. Y busca entre las cosas de Alec la camisa blanca y negra y ésa campera de cuero que está sobre la silla y dáselas a Jasper. Llévale a Edward aquél pantalón negro, esa camisa blanca y búscale un saco también. ¡Ah! Y toma, ponte esto.-ordenó Alice, tendiéndome una campera negra y gris y señalando las demás cosas. Me quité la ropa y me puse la camisa y el saco que me había dicho, y luego tomé el resto y bajé las escaleras.

-Hey, chicos, Alice dice que se vistan con esto.-señalé. Repartí según las indicaciones de mi amiga, y todos comenzaron a desvestirse. De repente, comenzó a hacer calor.

Edward se quitó la ropa y quedó en bóxers. Y yo estaba al borde de un paro cardíaco. Se calzó los pantalones y luego buscó su camisa. Nunca me había detenido a ver la tabla de lavado que tenía en su abdomen, pero ahora no podía quitar la vista de él. Se dio vuelta y vi su espalda, mientras él hablaba con Emmett.

Deja de mirarlo. Deja de mirarlo AHORA.

Se colocó la camisa y mi temperatura bajó un poco. Pero se dispuso a despeinar su cabello frente al espejo y yo sentí que el aire se escapaba de mis pulmones en un largo suspiro.

-¿Estás bien, Fred?-dijo Emmett, intentando contener las risas.

-Eh… cla-claro, ¿porqué no iba a estarlo?-tartamudeé yo, sin quitar la vista de Edward, que ahora se estaba poniendo el saco negro. Se calzó sus zapatillas desgastadas y luego se dirigió a su mochila. Sacó algo que no alcancé a ver, y cuando volteó, casi me desmayo.

Allí estaba. El amor de mi vida, completamente perfecto, sonriéndome con una mueca torcida y ocultando su mirada bajo unos lentes oscuros, sin saber absolutamente nada acerca de quién era yo en realidad.

-Voy… a ver si las chicas están listas.-comenté, intentando despejar mi mente.

-Te acompaño.-dijo él, y maldije en mi interior. Arrojé la chaqueta de Emmett al sillón y subí las escaleras, seguida por Edward. Me detuve frente a mi habitación y golpeé la puerta.

-¿Se puede?-dije, deseando que las chicas entendiesen que había alguien conmigo.

-Claro.-contestó Rosalie por suerte.

Alice se pintaba frente al espejo del armario, y Rosalie se peinaba a su lado. Entonces recordé que el lugar estaba lleno de fotos mías, de mi infancia y de ahora, incluyendo una que Rosalie me había sacado, posando de espaldas al estacionamiento, mientras que Edward sonreía detrás mío hacia otra persona. La había tomado con la intención de salir frente a él, y tener al menos una fotografía con mi amor imposible.

-¿Cuánto les falta?-preguntó él, recorriendo el lugar.

-Un par de minutos.-contestaron a la par. Edward se inclinó sobre una foto en la que Alec posaba junto a mí haciendo una mueca rara, y yo lo observaba sonriente. La tocó con el dedo dos veces y me miró.

-Cada vez me gusta menos ese chico.-comentó. Yo sonreí en respuesta. Luego caminó hacia las demás fotos, que estaban pegadas sobre las paredes, la ventana y el armario. Tocó una en la que yo estaba sola, sonriendo, y luego se detuvo en la que aparecía él de fondo.

-¿De verdad yo le gustaba a tu hermana?-preguntó. Alice y Rosalie me miraron.

-Si… hasta que conoció a Alec. –contesté. Él frunció el ceño y siguió caminando. Miró un par de fotos más, y se volvió hacia la puerta.

-No tarden mucho.-comentó. Cerré la puerta y me apoyé contra ésta, soltando un suspiro.

-Estás al límite. –dijo alice.

-Se desvistió frente a mis ojos.-les confesé, y ambas soltaron una carcajada. –Necesito dejar de ser Fred lo más pronto posible.

…..

Hello! He vuelto, mejor que nunca.

Tengo casi listo el capitulo cuarto de Mr. X., por si alguna de ustedes lo lee, pero antes voy a actualizar el diario de E.C. Lo prometo, de verdad.

Quería contarles, que la semana pasada anunciaron los ganadores del concurso literario del blog "El gallinero crepuscular" . ¡Y adivinen quién quedó tercera! Exacto, su servidora, aquí presente. ¡Me van a dar la muñequera con el escudo de los Cullen! Si alguna desea leer el escrito por el que quedé tercera, lo buscan en mi perfil, se titula "Acantilado".

Bueno, espero que les haya gustado el capitulo de hoy. Me tardé en escribirlo porque no sabía cómo continuar. Tengo un boceto armado en mi cabeza pero cuesta ponerlo por escrito y detallado.

Sólo quería decir que como dice el título del capitulo, a Fred le queda poco tiempo, pero no se preocupen porque la historia continuará con un nuevo personaje que se convertirá en el tercero en discordia… pero para eso faltan por lo menos tres capítulos más, así que don't worry.

Las veo en el próximo capitulo! Gracias por sus comentarios y perdón por la tardanza.