Capítulo 3: Sospechas concretas. (Akito's POV)

Lentamente abrí los ojos. Me ardían bastante. Me vi en una habitación blanca. ¿Dónde estaba? Creí que seguía soñando, pero escuché una voz que me sacó de mis pensamientos.

— Despertaste, Akito-kun. — Le oí decir a Tsuyoshi. Me volteé a verle y ahí estaba, sentado al lado de mi cama con una mirada de preocupación.

— ¿Dónde estoy?... ¿Qué pasó?— Alcancé a decir. Me sorprendió lo cansada que sonó mi voz.

— Te encontramos en el cuarto de espejos desmayado. — Los recuerdos de esa niña se me vinieron a la mente de un solo golpe. — Por un momento dejaste de respirar, como si te hubiera dado un ataque. No lo sé.

Yo no dije nada. Su rostro… ¡Demonios, su rostro! Era igual al de ella. Las mismas facciones, los mismos ojos, los mismos labios…

— Creo que ya te di demasiado espacio. ¿Me dirás por qué estás así desde la Excursión?

No quería decirle. Me tomaría por loco. Pero, ¡Dios, era tan real! Comenzaba a convencerme de que en realidad tenía un problema mental o algo. Mi mejor amigo con gafas seguía mirándome insistente. No sabía que decir ni cómo comenzar. Estaba acorralado. Tarde o temprano tenía que contarlo, ¿no? Pero no de esta manera.

— Me tomarás por loco…— Fue lo único que se me ocurrió decir.

— Ya nos han pasado muchas locuras, ¿no crees?— Sonrió tristemente. Yo sabía a qué se refería. No pude evitar soltar una risa amarga que dejó desconcertado a mi amigo.

— Creo que… La amaba demasiado… Para ser tan joven… La amaba…

Tsuyoshi no dijo nada. Solo bajó la cabeza con tristeza. Él sabía que no tocaba mucho el tema porque me estaba haciendo daño a mi mismo, pero desde que vi a esa niña, disimulaba ya no tomarle tanta importancia. Cerré los ojos un momento pensando cómo comenzar, pero nada se me venía a la mente. No sabía de qué manera explicarlo.

— La primera noche… De excursión. No podía dormir. — Comencé tratando de ordenar mis ideas con mayor claridad. — Así que fui a dar un paseo. Me detuve en frente del lago y escuché unos pasos. Por un momento pensé que eras tú, pero no. Era…— Tragué saliva. — Era una chica, de cabellos largos… Castaño rojizo…— Tsuyoshi me miró desconcertado averiguando a dónde iríamos a parar con mi relato. — Ojos mieles… Y su piel estaba vendada.

— ¿P-Por qué?— Preguntó temeroso.

— Quizá… Por quemaduras. — Miré mi mano derecha vendada. Aun no me sanaba del todo. Mi amigo tragó saliva duramente. — Le pregunté su nombre. Ella dijo que se llamaba Sonoda Mako… Igual que el personaje que ella protagonizaba en la película…

— ¿I-Insinúas que…?

— Yo ni siquiera le dije mi nombre y lo sabía. Me dijo "Hayama"…— Continué ignorándole. — Me desmayé. Ustedes me encontraron. Cuando desperté, creí que era una ilusión. De verdad lo creí… Me lo repetí una y otra vez. Al seguir con la excursión la volví a ver. Estaba oculta en unos arbustos. Yo no dije nada. Y me convencí que no era un sueño, pero su rostro seguía sin ser descubierto. Cuando golpeé a Sengoku en el bus y salí, fui al baño de hombres y en el espejo… Allí estaba…

— ¡¿Qué?!

— No entendía por qué me hacía esto. Ella me dijo que yo era parte de su misterio. Iba a voltearme para verla cara a cara, pero me golpeó, dejándome inconsciente y en casa me dejó un mensaje que al revés significaba KURATA. Luego ustedes me forzaron a ir al parque…

— Te siguió, ¿verdad?

— Así parece… Porque… Me miró y yo la miré, corrió al cuarto de espejos y estando detrás de mí, me abrazó… Y se quitó los vendajes…— Me costaba hablar, tenía un nudo en la garganta. —… Me mostró su rostro…

— ¿Y c-cómo era su rostro?

— Igual… Era exactamente igual al de ella… Los mismos rasgos, el mismo tono, los mismos ojos, los mismos labios…

— Akito-kun…

— Entré en pánico. Ella comenzó a llorar y fue lo último que recuerdo. — Finalmente miré a mi amigo que no salía de la sorpresa. — ¿Crees que estoy loco?

— Claro que no, Hayama-kun. — Escuchamos una voz claramente familiar tras la puerta.

De esta entró una mujer joven de cabellos rojizos. Sakai Keiko.

— Usted… ¿Desde cuándo que está allí escuchando?— Fruncí el ceño desconfiado.

— Lo suficiente para decir que tu argumento aclara todas mis dudas, Hayama-kun.

— ¿A qué se refiere?— Preguntó Tsuyoshi.

— Verán…— Se acercó a las cortinas y las cerró, dejándonos un poco a oscuras. — Lo que les diré es de información confidencial, así que no se les ocurra abrir la boca. — Dijo seria.

Sentí un poco de temor por la forma en que nos habló. La situación era bastante incómoda.

— Inspeccioné en las montañas que una niña de 12 años había desaparecido. Era de cabello largo y oscuro… Que resultó ser el supuesto cadáver de Sana-chan…

— ¡¿Cómo?! Ella…— Murmuré sorprendido.

— Puede que sea así, Hayama-kun… Sana-chan… Puede estar viva…

Sentí como la emoción me envolvía y mi sangre volvía a circular con más normalidad. El dolor disminuyó un poco. Ella podía estar viva. Quizás era ella…

— Quedé muy confundida cuando me enteré. — Nos relató con una sonrisa. — Pero ese día en el parque, yo también la vi. Luego te vi a ti siguiéndola. No quise seguirlos porque pensé que quizás había imaginado cosas, pero luego ella salió corriendo y un rato después una ambulancia llegó y te subió a una camilla. Por eso necesitaba verte, pequeño. Sé que para ti fue muy difícil.

— Pues… Le estoy muy agradecido. — Y no mentía. Estaba muy agradecido con ella. Me reconfortó cuando me enteré de su muerte. Me encontraba con ella muy seguido y me preguntaba por mi salud. Aunque le mentía diciéndole que estaba bien, ella sabía que eso no era cierto.

— No hay cuidado. — Me sonrió. — Bueno, eso quería decirles. Comenzaré a visitar a ambos si obtengo otra noticia. — Se dirigió a la puerta con intención de irse, pero se volteó a verme. — Kamura-kun… Ha sido visto según unos testigos. Pero no estoy segura. — Dicho esto se fue.

Era cierto. Me había olvidado por completo de mi rival. Sinceramente nunca me agradó, pero no le deseaba esto. No así. Si era una rivalidad, debía ser justa. Necesitaba hablar con él. Kamura la había tratado de salvar, ¿no? Quizás sabía algo al respecto, pero nadie ha sabido de él…

Al día siguiente me dieron de alta. Se me notaba más animado. ¿Cómo no? Había una GRAN posibilidad de que ella estuviera viva. El solo recordarlo me reconfortaba cada vez que me sentía mal. Volví a la escuela. Todos volvieron con sus miradas extrañadas de mi regreso. No me importó. Sugita y Tsuyoshi me hacían compañía, así que no me importaba. Hace tiempo que no sabía nada de Fuuka. Le preguntaba a sus amigas, pero ellas tampoco sabían nada. Era muy raro e inusual no recibir ninguna llamada de ella.

— Hayama. — Me llamó el imbécil de Sengoku Sensei. — Ven conmigo. El inspector quiere verte.

Yo no dije nada, solo me levanté de mi asiento y lo seguí. Tenía un mal presentimiento, porque sentía la mirada de ese imbécil en mí, mirándome con odio y satisfacción. ¿Qué clase de emociones tenía ese idiota? Entré a la oficina del inspector y me miró con ¿lastima?

— Hayama-kun… Siéntese, por favor. Lo que diré no será fácil. — Yo obedecí, pero fruncí el seño. ¿Qué demonios le pasaba?— Mire, su profesor, Sengoku, lo ha encontrado muy agresivo estos últimos meses debido a la muerte de la señorita Kurata Sana.

Miré al inspector sorprendido. ¿Adónde quería llegar?

— Comencé a creerle cuando lo vi a usted golpear a su maestro en el autobús. — Me miró con decepción. — Creo que usted debe dejar de venir a esta secundaria. Comienza a ver cosas, también. Alucina…

Me paré bruscamente del asiento. Estaba molesto. No. Más que molesto. ¿Cómo sabe eso? Escuché una suave risa por parte de mi maestro a mis espaldas. Lo agarré del cuello.

— ¡¿TIENES PRUEBAS?! ¡¿DESDE CUÁNDO ME SIGUES Y ME ESPÍAS, MISERABLE?!

— ¡HAYAMA-KUN! ¡CÁLMESE AHORA MISMO!

— ¡TÚ CÁLLATE!— Me volteé a verle. — ¡¿DESDE CUÁNDO ESTÁS DE SU LADO?!— Grité hecho una furia.

— Lo lamento, Hayama-kun, pero usted debe irse a un centro de salud para personas… Con problemas mentales…

— ESO ES UNA MIERDA, ÉL ES EL QUE QUIERE DESHACERSE DE MI. — Señalé a Sengoku Sensei.

— Hayama, lo único que queremos es ayudarte. — Sonrió con hipocresía. Cómo odiaba eso.

— Sengoku Sensei tiene razón. No puede volver a menos que tenga un certificado médico, diciendo que puede tener usted.

Miré con rabia a ambos. Miré primero al inspector, luego e volteé a ver a Sengoku Sensei y le pateé su asqueroso hocico. Ignorando los regaños del inspector, me largué de la oficina.

Tsuyoshi, estando cerca de allí, se acercó a mí con cierto temor.

— Akito-kun… ¿Qué sucedió?

— Ese bastardo… Lo sabe.

— ¿Qué? ¿Qué cosa? ¿Quién?

— Sengoku… Sabe que he visto a Sana. — Dije mencionándola por primera vez por su nombre.

— ¡¿QUÉ?!

— ¡No grites, idiota!

— P-Pero, ¡¿cómo lo supo?!

— ¿Crees que lo sé? ¡Demonios! ¿Qué hago? La próxima semana, me llevarán a un centro mental.

— ¿Y eso por qué? No estás loco.

Lo fulminé con la mirada. Era muy difícil de hacerle entender.

— El bastardo de Sengoku le dijo al inspector que estoy enfermo de la cabeza.

— Pero el director jamás lo permitiría…-

— El director no está. Aprovechó la situación de que no lo estuviese… Ahora ¿qué haré?

— Akito-kun…

Llegué a casa en la noche. Antes de entrar, revisé el buzón si había una carta o algo. Encontré un trozo de papel. Tenía algo escrito con una letra muy familiar. "Quiero verte" decía. Era de ella. ¿Quería verme? Volteé el trozo y había otra cosa al otro lado. "Pero no puedo, tendré que resistir". Ya no me causaba temor, sino un poco de emoción y nerviosismo.

— Yo también quiero verte…— Murmuré para mí mismo, pero sentí como si me hubiese escuchado. — Pero también tengo muchos problemas.

Entré a casa y le conté todo a mi padre y a Natsumi. Por suerte, ambos estaban de mi lado. No tuve otra opción que contarles lo de Sakai Keiko y lo de mis encuentros con Sana.

— ¡Dios mío! Entonces… Sana-chan… ¿Puede estar con vida?

— Sí. — Contesté tomando un sorbo de jugo.

— Ojalá sea cierto. — Sonrió mi padre. — ¿Qué hay en cuánto mandarte a un centro de salud mental?

— Iré. — Contesté sin más. Mi familia me miró desconcertada. — Les demostraré que no estoy loco. Yo sé lo que vi.

Natsumi solo sonrió mientras que mi padre solo asentía. Bueno, me sentía feliz por su atención y comprensión. Por un momento creí que me tomarían por loco. ¿Quién no? Pero ellos confían mí. Me fui a dormir temprano. Mañana no iría a la escuela. No quería tener más problemas con ellos. Quería demostrarles que yo decía la verdad.

— Donde quiera que estés… Buenas noches. — Dije en un susurro.

Lo último que oí antes de dormir fue un "Buenas noches, Hayama".

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La semana llegó rápido. Estaba en frente de una institución mental que nos sugirió el bastardo de Sengoku. Quise ir solo, por eso me encontraba aquí, sin nadie a mi alrededor. Al entrar, no había nadie. Me resultó bastante raro.

— ¿Hola?

— ¿Sí?

Era una voz ronca y muy grave. Me resultó extraño. Me volteé encontrándome con un tipo que no tenía ni pinta de ser médico. Sonrió malévolamente al verme. Retrocedí tratando de ponerme en guarda, pero sin darme cuenta, había otro hombre a mis espaldas, me agarró de los brazos.

— ¡¿QUÉ DEMONIOS…?! ¡SUÉLTENME!— Comencé a forcejear, pero por más que intentaba, no lograba zafarme.

— Ahora si te creerán un descerebrado si te inyectamos esto. — Me mostró una jeringa con un líquido indescifrable para mí. ¡¿Querían drogarme?!— Sengoku nos pagará muy bien…

— ¡¿QUÉ?!— Muy bien. Siempre supe que él me odiaba, pero nunca creí que llegara a tales extremos. Lo más importante que tenía en mi cabeza era ¡¿CÓMO DEMONIOS SALDRÍA DE ESTA?!

Una silla salió disparada a toda velocidad detrás de mí, estrellándose con el rostro del tipo que quería drogarme. El otro sujeto que me mantenía inmóvil me soltó por la sorpresa. Yo aproveché para golpearlo en la nuca para dejarlo inconsciente. Me volteé para averiguar quién e había ayudado. Era un ¿chico? Vestía una blusa, pantalones, zapatos y gorro negros. Fruncí el seño claramente confundido. Me dio la espalda con la intención de irse, pero yo lo detuve con un grito:

— ¡Oye! ¿Quién eres tú? ¿Y por qué me salvaste?

Movió su cabeza dejando ver su perfil a lo lejos. Llevó su mano a su gorro y se lo quitó. Contuve el aliento. Al quitarse el gorro, se dejó caer una larga melena castaña rojiza. Lentamente caminé hacia la persona que creí que era un chico. Era ella. ¿O estaba soñando? Al estar detrás de ella, traté de decir algo, pero ella se me adelantó.

— Je… Aun… No sabe cuidarse…— Murmuró con la voz quebrada.

— ¿Qué?— Pestañeé confundido.

Ella comenzó a sollozar. Lentamente se volteó.

— Aa-chan… Aun no puede cuidarse solo, ¿verdad?— Murmuró con los ojos llenos de lágrimas y una triste sonrisa.

— S-Sana…

Mi voz sonó quebrada. Tenía unas enormes ganas de llorar. ¡Era ella!

— Hayama…-— Iba a decir, pero yo la corté con un abrazo.

— ¡Eres tú! ¡Demonios, eres tú, Sana! ¡Estás viva! Estás viva…— Fue lo único que pude decir. Ella no respondió y comenzó a llorar con más fuerza…

AAAAAAAAAAAAAHH! Incluso yo lloré escribiendo esto y más encima escuchando música triste ;n; Me apuré en escribirlo porque no tendré tiempo después :c Espero que les guste. Este cap tiene mucha ternura comparado con los otros ;-; REVIEEWS! /