Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia pertenece a Renee Roszel.

Capítulo 1

¡Bella querida, gemelos!

Bella frunció el ceño e intentó estirarse, pero el dolor de las caderas la hizo detenerse. Era como un sueño extraño en el que Edward estaba al parecer muy preocupado, aunque lo cierto es que a ese hombre no le quedaba estar preocupado, normalmente era una persona muy tranquila.

Sintió de nuevo dolor en las caderas e intentó abrir los ojos y despertarse, pero estaba muy cansada y lo único que quería era estar sola. De repente recordó algo y sintió la necesidad de quedarse de nuevo dormida.

Cuando sus ojos se abrieron del todo, hizo una mueca. ¿Por qué tenía la cabeza sobre aquel sofá de terciopelo y las piernas retorcidas sobre el frío suelo de madera?

Se incorporó sobresaltada, aturdida al descubrir que se había quedado dormida. Se restregó los ojos y vio dos velas encendidas sobre una mesa llena de polvo. Esa era la única iluminación, pero suficiente para saber que su hermana pequeña no estaba en el sofá, Bella estaba consolándola, acariciándola, ¡Pero se había marchado! Bella se levantó de un salto.

-¿Alice?

En la oscuridad pude ver a las recién nacidas envueltas en su gabardina. Era un bulto encantador sobre el sofá. Dio gracias a Dios por aquello, se colocó su chaqueta de lana y comenzó a asustarse. Era una casa muy fría y su hermana acaba de dar a luz prematuramente. Había tenido dos niñas gemelas, estaría débil y con frío, ¿dónde podía haber ido?

-¡Alice! ¡Alice!- repitió, desesperada-. Por favor, ¿dónde estás?

En ese instante, oyó los pasos de alguien y se giró rápidamente hacia la entrada. Un hombre alto apareció en la puerta, justo en una zona donde la luz no llegaba, ¿Qué estaba sucediendo? Estaba tan cantada, tan agotada emocionalmente, que los ojos le estaban jugando una mala pasada. ¿O estaría alucinando? Con un poco de suerte, puede que siguiera dormida. ¡Claro, esa era! Estaba dormida, y aquel hombre impresionante no estaba de verdad allí. Allí sólo estaba ella con su hermana, dormida al lado de sus hijas.

Bella cerró los ojos y apretó los puños

-¡Por favor, por favor que me despierte de esta pesadilla!-

Sin embargo, escucho el sonido de unos pasos que avanzaban hacia ella y lo único que pudo hacer fue acercarse a las gemelas y protegerlas.

Cuando el hombre llego al sofá, escucho un sonido incoherente, algo gutural, y al mismo tiempo sintió unas manos que la sujetaban del brazo.

-Bella…- su nombre fue dicho con suavidad, y ella sintió que comenzaba a temblar ligeramente-. Sé que no soy el hombre de tus sueños, pero tampoco creía ser una pesadilla. Dame una oportunidad.

¡Ella conocía aquella voz! Pero no podía ser él, no podía ser Edward. Él estaba pasando un mes en mes en Hawái, o por lo menos eso había dicho la última vez que hablaron.

Ella bajó los brazos y abrió los ojos, lo primero que vio fueron dos ojos de color verde que brillaban como dos hermosas esmeraldas.

-¿Edward?- aunque la luz no era buena, ella conocía aquellos ojos-. ¡Edward! Gracias a Dios que estás aquí, Alice ha desaparecido. Tienes que ayudarme a encontrar…

-Tranquila- le dijo Edward tomándola entre sus brazos-. Ya he llevado a Alice al coche y he llamado al hospital para decir que vamos hacia allá.

Bella se abrazó a él con todas sus fuerzas, tan aliviada al escuchar sus palabras que ni siquiera pudo decir nada.

-¿Qué estás haciendo en Branson?

-Lo de siempre- contesto rápidamente él, abrazándola con cariño- Ya sabes: derrotando dragones y salvando damiselas en peligro…

Para Bella escuchar aquella voz y sentir sus brazos era mucho más de lo que nunca hubiera imaginado. Pero, desgraciadamente, el hombre se separó en seguida, señalando con un gesto a las sobrinas de Bella.

-¿Qué te parece si rescatamos a esas pequeñas damiselas?

La muchacha no terminaba de entenderlo, pero Edward la estaba haciendo sentirse tan bien que incluso sonrió. Un escalofrió le recorrió la espalda. Era un noche muy fría de septiembre, demasiado fría dada las circunstancias.

Él debió notar el temblor de ella, porque se quitó la chaqueta y se la puso alrededor de los hombros. La envolvió el calor del cuerpo masculino y su conocido olor, agradecida metió los brazos en las mangas y se abrazó a sí misma. Hacía mucho tiempo que no necesitaba tanto que la consolaran.

Cuando miró de nuevo a Edward, él estaba tomando a las gemelas entre sus brazos. Ella lo siguió hacia la entrada, pero por alguna extraña razón recordó el extraño sueño y no pudo evitar darle unos golpecitos a Edward en la espalda.

-¿Me llamaste querida hace rato?

Bella creyó notar duda en su forma de caminar, luego la miro de reojo e hizo un ruido con la boca.

-Claro que sí, las llame a todas queridas Swan así no tengo que recordar el nombre de cada una.-

La muchacha se ruborizo sintiéndose un poco ridícula.

-Lo siento, creo que estoy un poco histérica.

-Olvídalo- contesto, acomodando a las niñas en los brazos abiertos de Alice, para ayudar luego a Bella a subir al asiento trasero del Volvo plateado que era su inseparable amigo.-Por cierto, feliz cumpleaños Bella.- añadió inclinándose y susurrándole en el oído.

Antes de que ella pudiera reaccionar se alejó y se subió al asiento del conductor. Mientras arrancaba, ella sonrió con timidez, mirándose las rodillas. Debería haberse imaginado que a Edward no se iba a olvidar. Uno de los bebes gimió y Bella miro a su hermana menor.

-¿Todo bien, Alice?

La joven madre miró hacia atrás y sonrió. Aunque parecía cansada, su expresión era alegre.

-Con tu ayuda y la de Edward ¿Cómo puedo estar mal?

Y sin previo aviso, Bella sintió unas ganas enormes de llorar. Fue como si en ese momento, una vez que todo había pasado, se diera cuenta de los nervios de aquellos días. Gracias a Dios que todo había salido bien.

Edward tomó su celular en ese momento.

-Llamará a la estación de policía. Rosalie fue allí para decir que habían desaparecido.

Dejó un mensaje en el teléfono de Rosalie, diciendo que fuera a encontrarse con ellos en el hospital. Bella se recostó en el asiento de piel, agradecida de que Edward estuviera con ellas, solucionándolo todo.

Pero, de pronto recordó el otro asunto y se mordió los labios con fuerza, porque prefería el dolor al recuerdo. No era momento de pensar en cosas desagradables, en amarguras y traiciones. Era el momento de recordar cosas buenas. Miró los hombros anchos de Edward y luego sus manos blancas y estilizadas, que agarraban el volante. Si, Edward era una cosa buena. Pensaría en él.

Edward había entrado en su familia como hermanastro 15 años atrás. Aunque solo había vivido en casa de su padre 3 años junto con su tía Elizabeth Masen, quien se había hecho cargo de él cuándo sus padres Carlisle y Esme Cullen murieron, su tía nunca permito que fuera adoptado legalmente , las hermanas Swan se habían negado a separarse de él, incluso cuando su tía se escapó con otro hombre. A pesar de que no era un pariente propiamente dicho, lo querían mucho.

Además, Bella pensaba que tenía un especie de sexto sentido para aparecer siempre que las hermanas lo necesitaban.

Y ella estaba encantada de que él, en esos momentos, estuviera con ellas.

Bella aceptó el café de máquina que Edward le ofreció. El ala de maternidad del hospital de Forks estaba situada en una zona nueva añadida al edificio antiguo. La sala de espera era como en todas partes: fría y aséptica. Tenía una alfombra que parecía innecesaria, en medio de aquel silencio, y las paredes pintadas de blanco con algunos adornos en tonos turquesa y malva. El mobiliario consistía en sillas de madera, también de color turquesa con brazos, pero incomodas para cualquier persona normal. Pero Bella estaba agotada y emocionalmente exhausta.

Aunque también alegre. El doctor los había informado de que Alice y las niñas estaban fuera de peligro.

-¿Dónde está Rosalie?- pregunto Edward, sentándose en la silla a su lado.

-Ya conoces a Rosalie. Estará dando instrucciones sobre lo que se debe hacer.

-Claro nuestra Rose se siente la mamá de todos- dijo pasando un brazo alrededor de los hombros de Bella-. ¿Qué tal estás?

Sabía que se refería a James, pero no tenía ganas de hablar de él, todavía estaba dolida por el hecho de que la hubiera abandonado. Tomó un trago de su café caliente y asintió.

-Estoy bien, ahora que sé que Alice y las niñas están bien.

-Te portaste muy bien-comentó, sonriendo con aquella sonrisa torcida que siempre la había consolado cuando era una niña tímida, temerosa de las tormentas y del ladrido de los perros. De casi todo en realidad. El gran Edward había entrado en sus vidas sin temer a nada. Era siete años mayor que ella y bastante maduro-. Fuiste muy inteligente al poner aquella vela en la ventana, Bella.

No pudo evitar sonreír ella también, aunque tenía pocas fuerzas. El olor de él la envolvió, como algo antiguo y conocido.

-Gracias. No tenía idea que tú serías la respuesta a mis plegarias.

Una expresión enigmática, casi dolorosa surgió en el rostro de Edward, Bella no entendía porque, aunque fuera lo que fuera, desapareció enseguida. Probablemente era cansancio. Estaban todos agotados.

-Así que tú y tus sobrinas comparten el día del cumpleaños.

Ella no había pensado en eso.

-Me imagino que sí- respondió, con una carcajada falta de humor. Dio un bostezo y se tapó la boca, luego miró al hombre que estaba a su lado-. Lo siento, ha sido una noche muy larga.

Edward sonrió, con una sonrisa más apagada que la anterior.

-Demasiado larga. Llegué hacia media noche al aeropuerto de Port Angeles. Cuando Rosalie fue a decirles que yo había llegado, descubrió que no habían vuelto de su paseo. Las estuvimos buscando durante horas hasta que decidimos separarnos. Entonces, ella se fue a la comisaría y fue cuando yo vi la vela en la ventana de la mansión.

-Fue por casualidad. Alice no podía quedarse sola y el segundo bebé tardó mucho en nacer. Tenía que hacer algo.

Hubo una pausa y Bella se sintió incomoda, sin saber porque.

-Rosalie me hablo de James- dijo, finalmente él-. Si quieres, podemos hablar de ello.

Al recordarlo, los músculos de mandíbula se le tensaron y el corazón se le encogió. Lo único que pudo hacer fue mover la cabeza. Suponía que el tema saldría tarde o temprano.

-No puedo- dijo con los ojos húmedos.- Todavía no, gracias.

-No te preocupes, puedo esperar. ¿Dónde está Jasper?- preguntó para cambiar de tema.

Bella suspiró, agradecida de poder pensar en otra cosa.

-Está en el aeropuerto de Denver, aislado por una tormenta. Parece que solo le quedan dos ciudades- contestó, tomando un sorbo de su café y sonriendo- Cuando hablé con él hace media hora me, me dijo que daba por concluida la gira. Para ser exactos me dijo: "No me importa si mi libro es número uno en ventas y si a mi editor le da un infarto. Pero de lo que estoy seguro es que iré con Alice y mis hijas tan pronto como la tormenta me deje salir de aquí". Jasper es un gran hombre.

Notó que Edward la miraba seriamente. Ella tardó unos segundos en poder sostener aquella mirada y sintió que sus ojos y corazón se llenaban de cariño. Le pareció maravilloso el hecho de tenerlo ahí a su lado.

Llevaba el cabello bronce despeinado como siempre y la corbata floja; dándole un aspecto que recordaba más al joven rebelde que había conocido muchos años antes, que al prestigiado dueño de una cadena de hoteles del momento.

Se había subido las mangas, dejando al descubierto sus poderosos antebrazos, sus fuertes brazos que una vez la habían rescatado de un árbol donde se había subido y del que no podía bajar. Brazos que la habían llevado paternalmente al doctor cuando se hizo una herida en el muslo con el pedal de la bicicleta…Bella se mordió el labio al recordar cómo le había gritado, diciéndole que lo odiaba y que lo despreciaría siempre. Por supuesto, no era cierto. Él se había reído de ella y le había dicho que estaba loca por él, y que lo sabia perfectamente.

Bella esbozo una sonrisa. Era cierto que estaba loca por él, al parecer no lo había sabido disimular. Se pasó una mano por el cabello, y sintió un deseo tremendo de que la tomara entre sus brazos, como lo había hecho cuando era una niña asustada. Necesitaba que la consolaran.

-Las niñas no tenia que nacer hasta octubre, ¿no es así?- la pregunta la saco de su ensoñación.

-Si dentro de dos semanas- contesto, un poso ruborizada-. ¡Oh, Edward, todo ha sido mi culpa!-añadió con lagrimas en los ojos.

-¿Tu dejaste embarazada a Alice?- pregunto con una mueca divertida.

Bella no pudo evitar soltar una carcajada.

-Edward tus negocios te tienen muy ocupado. Necesitas tomar un curso de sexualidad humana- contesto con una mueca de incredulidad, aunque menos triste después del chiste de él- Si yo no hubiera estado tan mal , Alice no habría sugerido que diéramos un paseo y no habríamos estado a solas lejos de todo cuando ella se puso de parto.

-He oído decir que algunas veces los gemelos son prematuros. No tienes que culparte.

Ella lo miró con gratitud en los ojos.

-¿Has tomado un curso?

-Me acabas de decir que tenía que tomarlo.

-Ese curso no- dijo apoyándose en su brazo y bostezando-. Me refiero a uno en que te enseñen lo que tienes que decir.

La sonrisa complacida de Edward pareció atravesarla, luego vagamente noto que la taza le era quitada de las manos y una sensación de abandono total la sumergió en el sueño.

¡Hola chicas!

Como pueden darse cuenta decidí editar esta historia

pues había algunas cosas de las que no estaba totalmente

segura, espero que les guste, y me haga saber su opinión.