N.A: Sí, lo sé. Soy una desgraciada demoradora de capítulos :3 Ahora lean.

Otra promesa, ésta vez una foto.

Capítulo 3: Infraganti.

Si se hablase de su convicción para realizar sus ideales o planes, siempre era en extremo estricta. Nadie podría decir jamás que ella se rindió. Ni en ésta, ni en otras dimensiones. Si de algo estaba segura era de que su marido caería –como siempre– rendido ante sus pies. A pesar de en la primera noche, su intento de acercamiento había sido frustrado y esperaba que solo fuera una reacción pasajera, el hecho se repitió más de una vez más.

Flashback.

— ¿Vegeta? —Llamó con dulzura. Aún el baño exudaba el vapor de su ducha tibia, su esposo acababa de bañarse y ella aguardaba del otro lado autoconvenciéndose de que luego de esto, él moriría por empaparse de ella.— ¿Puedes ayudarme?

Él por su parte limpiaba distraídamente sus oídos hasta oírla. Gruñó por lo bajo, sabía que podría entrar en cualquier instante y quizás desnuda para acompañarlo, de modo que su baño duró minutos menos que de costumbre. Observó por el rabillo del ojo expectante, presentía que ella se traía algo entre manos. Él jamás la había rechazado, salvo claro en los primeros años de su relación… Probablemente estaría furiosa.

— Vegeta. —Llamó nuevamente y hastiado, el príncipe se encaminó a su dormitorio vestido con una simple toalla. Claramente estaba en desventaja. Al salir del baño se miró al espejo esquivo y para su desgracia se había ruborizado. Apretó la quijada y sacudió levemente. Ella estaba de espaldas, sentada al pie de su cama matrimonial.

— ¿Qué? —Preguntó con aprehensión.

Ella llevaba un vestido negro de seda que abultaba su escote y minimizaba su cintura. Ese vestido erótico y coqueto de coctel. Ceñido y a pesar de ser largo, tenía un corte del lado izquierdo que mostraba sensualmente una de sus piernas.

Uno de sus blancos brazos se señaló a sí misma por la espalda.— Sabes que no puedo subir la cremallera, amor. —Más dulce aún, más erótica que su propio vestido negro ajustado.

Vegeta tragó saliva y se acercó con su mejor rostro de estar jugando al póker. Tantos años de práctica en sin emociones le caían como anillo al dedo a ese instante. Se posicionó detrás de ella y sus afilados sentidos se estremecieron al sentir ese aroma afrodisíaco.

— "Maldita." —Pensó el saiya. Ella sabía exactamente cómo ese aroma le llegaba hasta la médula y lo hacía retorcerse. Le excitaba. Lo adoraba. Le provocaba lamer cada espacio de su piel de porcelana.— "Maldita sea." —Se dijo nuevamente. Lo estaba provocando, era claro que ese último encuentro fallido era suficiente para disparar los nervios de la heredera de Corporación Capsula. Ella lo estaba tentando, ella quería que él fuese débil, frágil ante sus encantos. Pero el príncipe de la raza saiyajin era un poco más observador y anticipado. Él no caería en la trampa.

El cierre subió tan rápido como él se retiró de su lado y se colocó su traje de batalla color azul. Los celestes ojos de la mujer se abrieron agigantados y luego se volteó.— ¿Dónde vas? —Cuestionó escéptica a creer que realmente esa situación se estaba repitiendo.

— A entrenar. Tú vas a una cena de negocios ¿Cierto?

— Pues, sí… —Contestó contrariada.

— Entrenaré hasta tarde, no esperes por mí.

Finalizó y sin más se retiró por la ventana. Bulma simplemente no pudo sentirse más ridícula.

Fin del Flashback.

Ahora lo más importante era el nuevo bebé en camino. En ese instante no podía estarse permitiendo tal estrés simplemente por la falta de deseo sexual de su siempre activo esposo. Era demasiado extraño, sin embargo. Deseaba preguntarle cual era el problema pero su orgullo estaba también lastimado. Ser rechazada no era algo fácil de procesar, menos aún por su esposo y padre de sus hijos.

Prefirió no mortificarse por esos pensamientos y compartir la noticia del embarazo con su familia. Sus ancianos padres por supuesto apremiaron las buenas nuevas e inmediatamente la señora Briefs llamó por su grupo de robo-catering para iniciar el festejo. ¿Qué es de un embarazo sin un 'Baby Shower'?

— Invitaré a todos tus amigos, será una fiesta muy divertida. ¡Oh Kami! Necesito hacer una lista de compras.

— Cálmate mamá. No hace falta tanto preparativo. —Dijo sonriente ante la desbordante felicidad de su madre.

— ¿Bromeas hija? Cuando nació el pequeño Trunks no me permitiste hacer una celebración y fue tu primer hijo. Ni siquiera me permitiste mencionarlo. —Rápidamente y como damisela en apuros, colocó la palma de su mano sobre su mejilla y frunció el ceño entristecida.

Bulma frunció de igual manera, en su capricho por querer sorprender a todos sus amigos con su hijo, el día de la llegada de los androides, no se dio cuenta cuánto le restaba a la felicidad de la abuela primeriza.— De acuerdo, planéalo como más te guste. —Permitió sonriente. Ésta vez le daría el gusto.

Llegar a casa con una fotografía de Bulma desnuda en su adolescencia era peligroso, pero ya se había retrasado y había prometido a Milk llegar en horario a casa para cenar. Tragó saliva, estaba nervioso, no era propio de él andarse con esas guarradas, ni propio, ni cómodo.

Se retrasó un segundo a las afueras del hogar con la esperanza de que Gohan no revelara su ubicación cercana a su esposa. El guerrero se posicionó detrás del tronco de un árbol y se cercioró de no ser observado.

— Oye Kaioh. —Llamó casi susurrando. — Kaoih Shin, oiga. ¿Me escucha? —Volvió a llamar sin respuesta. Después de todo lo que había insistido no podía ser que simplemente se haya quedado dormido. Debería de estar babeandose aguardando por la fotografía tal y como lo haría Roshi. — ¡Supremo! ¡Supremo tengo lo que le prometí!

— … —.

— Maldición. —Se oyó de los labios del guerrero más noble del mundo.

Rou Kaioh Shin en cambio permanecía inmóvil en su planeta observando sus acertados movimientos de escondite, cómodamente desde su desecho planeta. Se giró un segundo y apreció nuevamente los derrapes de la esfera que Vegeta le lanzó antes de retirarse. Frunció los labios y acarició su cien.— "Debes aprender una lección, Goku." —Ciertamente después de todo el daño emocional, no le permitiría regresar tan fácilmente y cumplir su añeja promesa. Él regresaría a su hogar con esa depravada imagen.

Y así se vio obligado. Se giró sobre sus talones con un gesto de dolor. Debía enfrentar a su enojada e indignada esposa y hacer las paces. No podían permanecer enojados, ¡ella cocinaba!

De pronto lo que Rou Kaioh temió, Goku pensó en su problemática técnica de teletransportación y detuvo su marcha.

— ¡Ya sé! ¡Me teletransportaré y se la entregaré! Así todo esto terminará de una buena vez. —Con certeza apoyó su mano hecha un puño en la otra palma extendida. El supremo se hincó sobre sus rodillas y presionó con fuerza los dedos en aquella esfera de cristal.

— ¡No! ¡No lo hagas!

El otro apoyó dos dedos sobre su frente y frunció el ceño. Estaba listo.

Desgraciadamente, no por nada Rou Kaioh era uno de los seres supremos más místicos y poderosos del universo. Al menos provocar la caída espontánea del enorme árbol a sus espaldas no era una tarea exactamente complicada.

Inmediatamente advirtió cómo aquella amplia sombra se agigantaba, cómo ese pobre par de aves que yacía en una de las ramas del frondoso espécimen se retiraban agitando sus alas con violencia y además, por sobre todo lo anterior ese crujir exagerado de la madera cada vez más próximo.

Se giró y miró por el rabillo del ojo, se le venía encima.

Muy a pesar de ser el hombre más poderoso del universo. El salvador constante del mundo y una vez, salvador de más de una galaxia… Goku, podía ser algo… lento.

— ¿Goku? ¿Eres tú? —Cuestionó Milk abriendo rápidamente la puerta de entrada. No era la única a quien el escandaloso sonido había captado su atención.

Del otro lado, el árbol desplomado, sus raíces completamente fuera de la tierra junto a un enorme agujero de lo que resultaba ser su anterior posición. Repentinamente todo aquel desecho arbusto se movió nuevamente y debajo se arrastró el brazo del musculoso saiyajin.

La mujer frunció el ceño y cruzó los brazos. Indignada. Ciertamente esos juegos impropios de un adulto responsable, le irritaban.

— ¡Deja de juegos Goku! ¡Compórtate y entra, la cena está lista! —Exigió cerrando la puerta.

Pobre Goku, no le quedó más opción que dejar su teletransportación para otro momento.

— ¿Pero qué—Se cuestionó pero otro llamado se le vino encima.

— ¡¿Acaso no me oíste? —Regresó y cerró nuevamente con aún más violencia.

No tenía opción, de demorarse un minuto más probablemente terminaría con una demanda de divorcio pegada en la puerta de entrada junto con una orden de restricción.

Goku, como todos ya sabemos… es un hombre de convicciones bien establecidas. Siempre antepondría el bien ajeno al propio y si debería morir cincuenta veces para salvar al universo completo y sus confines, bien lo haría sin reproches.

Pero su sumisión a la hora de enfrentar a su encabronda esposa era aún más fuerte.

Se arrastró de debajo del árbol a sabiendas de que no podría dedicar ni un segundo a su efectiva técnica de teletransportación, y que, como todo un hombre y correcto padre de familia tendría que sentarse a la cabecera de la mesa y disfrutar de la comida casera de su amada mujer.

— ¡Siéntate ya! —Le ordenó la amada, señalando con furia su determinado asiento— ¡Come! —Le gritó sirviendo su suculenta cena— ¿Verdad que está delicioso? —Le cuestionó en un agradable tono acompasado de una tierna y cálida sonrisa que a Goku le congeló hasta la médula.

— Por supuesto que sí, Milk. —Contestó antes de atiborrar su garganta de los fideos caseros.

La cena transcurrió sin más. Gohan fue interrogado ferozmente por su madre abocada a sus estudiaba a grado universitario y la exigencia era mayor, pero en sí nada para aquel joven súper Saiyajin. Sin embargo la fuerza sobre humana de su hijo no era suficiente para enfrentar las ansias de una colegiatura sobresaliente de aquella madre también, con cualidades sobrehumanas.
Al finalizar cada una de las deliciosas recetas de esa frondosa mesa, el ama de casa, cumpliendo su labor matutino, levantó los platos y se colocó sus guantes plásticos de color rosa. Lista para finalizar esa jornada.

¡Era el momento ideal! Tenía el estomago lleno, ya había cumplido como marido, sentándose en la punta de la mesa, junto con sus hijos y disfrutado de lo que con tanto sacrificio, su mujer había preparado para ellos.

— Me imagino que no piensas ir a la cama sin bañarte antes —Dijo ella sin moverse del sitio ni descuidar su quehacer. Parecía que tenía un censor de movimiento que captaba el rumbo de los pies de Goku. No podía ser que presintiera de esa manera que el susodicho ya estuviera retirándose al dormitorio matrimonial. Pero sí, lo sintió y él se detuvo en seco al oír tal suposición. ¿Qué se suponía que debía hacer?

Ella resopló ante la nula respuesta. — ¡Ve a tomar una ducha! Has estado todo el día fuera de casa y ni creas que dormiremos en la misma cama sin que antes te des un baño.

Sin lugar a dudas, darle la bochornosa foto al Supremo Kaioh Samma no sería tan fácil como el creía.

Se irguió nuevamente y asintió con la cabeza, a pesar de que ella estuviera de espaldas, sabía que había captado ese débil signo de subordinación.

No le quedaba más opción, de modo que caminó a paso seguro resignando un suspiro y totalmente sumiso a las órdenes de su mujer. Tomaría una ducho y una vez desnudo se dijo a sí mismo que bien le hacía falta después de tanta tensión y malos ratos del día.

Con una enorme y marcada sonrisa se adentró a la ducha y dejó que el agua caliente y esa fuerte presión de agua agitaran en su rostro y bajaran los extraños decibeles de ese cabello azabache.

Como toda correcta y perfecta mujer de casa y familia, no le tomó ni cinco minutos lavar y guardar en su lugar cada uno de los utensilios de cocina utilizados, ni los trastos ni las hoyas. Como nunca había sobras que guardar en envases herméticos, o resguardar para el día siguiente en el congelador, Milk secó sus manos con un trapo de cocina y se dirigió a su cuarto. Mientras más se acercaba más claramente oía la intensidad de la ducha y percibir el vapor que desprendía el baño. Al ingresar al dormitorio, tal y como un niño… Su esposo había dejado ese uniforme anaranjado tirado en el suelo, el cinturón azul en medio de la cama y las botas en la entrada, junto a la puerta. Y como una esposa termina siendo muchas veces madre de su marido —en especial ella— se dedicó silenciosamente a levantar todas y cada una de las prendas que perdió a su paso. El mal olor que desprendían no le sorprendió, y se tomó la pequeña molestia de orear el traje típico del guerrero, el gran salvador del universo.

Lo que cayó como pluma de su bolsillo, meneándose graciosamente de un lado al otro hasta caer detenido por el suelo no le quitó la respiración. Ese papel y esa imagen no fueron comprendidas sino hasta que se agachó a tomarlo despreocupadamente del suelo…

No había palabras para reproducir todo lo que la mente de Milk estaba maquinando, todos esos cabos sueltos inexistentes y todos los celos que siempre tuvo al fin parecían tener una explicación llana y simple. Goku y Bulma estaban teniendo una aventura.

Ella estaba tan inmersa en la situación y tan extremadamente furiosa que prefirió tomarse dos segundos sentada en el borde de la cama y pensar en sus siguientes pasos a dar, pero casualmente el teléfono de casa sonó y a pesar de su amargura cogió el tubo y saludó en un tono poco cordial.

— ¡Hola!

— ¿Milk? —Cuestionó la dadivosa voz de la señora Briefs, inolvidable. Ante la afirmación de la cuestionada, ella prosiguió— ¿Cómo estás querida? Llamaba para darte aviso de que mañana le haremos un Baby Shower a Bulma, ¡está embarazada! ¿no es una gran noticia? Lamento no enviarte una invitación formar, pero es que estoy tan emocionada que quiero hacerlo lo antes posible. ¿Vendrás verdad?

La aludida permaneció en silencio unos segundos, pensando en la gran noticia, el acontecimiento de la familia Briefs… El nuevo bebé. ¿Sería posible que…

— Ahí estaremos, no tengas la más mínima duda.

— ¡Gracias querida! Entonces nos veremos mañana, adiós.

Milk regresó su mirada a la grotesca imagen que tenía entre las manos, la guardó discretamente entre sus ropas y dejó en el canasto de la ropa sucia, el uniforme. Ésta pelea sería mujer contra mujer. Y Milk ya estaba arremangando sus ropas para dar comienzo al primer round.

Continuará…

N.A: ¿Hay lectores aún? ¿Alguno? ¿me queda aunque sea unito? Jaja

Como siempre, de una fan a todos los fans de Dragon Ball, espero que les haya gustado y que AL MENOS una sonrisa me hayan dedicado, muchachas/os.

Nos vemos en el próximo. C: