Este es un fanfic que me aventé a escribir hace no mucho tiempo. Así como sé que muchos tienen fanfics escritos, les invito a que también se animen a escribir fanfics que puedan ver publicados aquí en mindbenders club. Mientras tanto, me gustaría que me dijeran que opinan de este fanfic que estoy a punto de dejarles. Es una ligera introducción al fanfic en general. Perdón por los "horrores" gramaticales, de estilo y todos los tropos literarios errados, pero prometo corregirlos tan pronto como pueda.

Detrás de la última locura.

Capítulo 1: Al perder la estrella

"Un loco enamorado sería capaz de hacer fuegos artificiales con el sol, la luna y las estrellas, para recuperar a su amada." Johann W. Goethe.

Al caer llorando sobre la cama, se dio cuenta de que no podía llorar por una causa que quizás ya era cosa del pasado.

O quizás no del pasado, pero si una causa que le indicaba que era mejor seguir adelante que solo permanecer de bruces contra aquel mueble. No sería tarea fácil el arrancarse casi toda una vida de coexistencia, mas parecía una medida necesaria. La vida aún continuaba para ella, empero, para él, un nuevo ciclo comenzaba. Sin embargo, ya no sería lo mismo.

En aquel arranque de depresión que la tomó por la espalda, Katara había reflexionado cientos de veces sobre lo último que vivió con el hombre con el cual compartió toda una vida. Y ahora ya no estaba...solamente no estaba...

La historia que estoy a punto de narrar en las siguientes líneas comenzó en una aciaga noche de fines de invierno, justo medio año antes de que la funesta fecha que pondría fin al ciclo que aquel hombre legendario llegara. Es inusual que la lluvia ataque en esa estación, mas su furia golpeaba con suma furia, cual si el cielo se estuviera cayendo en pedazos.

-No me siento bien, Katara- musitó Aang, el cual apenas si podía hablar por tanto ajetreo. Un ataque de tos súbito lo había apaleado.

-Me temo que tendremos que salir volando a ciudad república - contestó Katara con un tono de preocupación notorio.

Algo no podía estar bien. Era extraño que una tos le hiciera sentirse tan grave. Era un síntoma común para alguien que ya tenía una edad avanzada, mas cuando el avatar decía "no me siento bien" era porque no se sentía bien.

Ella lo temía. Llevaban meses los síntomas que aquejaban a su esposo. Por ejemplo, una mañana se despertó, y notó que Aang se encontraba afuera de la casa, practicando aire-control junto con Tenzin. Katara los había divisado, y al marco de la puerta los observó durante un rato. Pese a que ambos estaban bastante divertidos, hubo un momento en el que Aang no se pudo mover y, enseguida, cayó al suelo. Tenzin se había preocupado mucho, y trató de levantarlo, mas el avatar se negó, pese a que su pierna se encontraba inmóvil.

Ahora ambos se encontraban volando hacia el centro de Ciudad República en busca de uno de los mejores médicos de la zona...

"¿Qué es lo que tiene Aang?" pensó la maestra agua "igual no puedo predeterminar nada hasta que el doctor nos diga algo".

O-O-O-O-O-O

Todavía con la mirada fija en el techo de la casona en la tribu del agua del sur, Katara dio un lánguido suspiro que, con todos los cambios de los últimos días le hizo pensar en cómo vivió junto con Aang la enfermedad. No sería nada fácil re-hacer su vida a los casi setenta años de edad.

Pese a que Tenzin y sus demás hijos la acompañaron el día del sepelio, en aquel inmenso lugar apenas si se sentía reconfortada, pero no del todo bien ¿Qué otra cosa, además del tiempo, le quedaba a alguien a su edad?

-Me temo - dijo el doctor en tono serio - que su esposo no tiene mucho tiempo de vida

-¡¿Qué? - le preguntó Katara al especialista

-me temo que el avatar pronto tendrá que mudarse a comenzar un nuevo ciclo.

-pero ¿Por qué?

-el avatar tiene una enfermedad extraña que quizás pudo haber obtenido en el iceberg hace ya varios años. La degeneración de sus células y todas las cosas que traía adentro el iceberg hicieron que su cuerpo se esté prácticamente "aviejando" a velocidad de vértigo. Tanto su cuerpo como su mente comenzarán a tener fallas de la edad. Aunque, le advierto algo. Tendrá más posibilidades de enfermarse gravemente de cosas como un simple resfriado. Otra cosa que quizás ocurra es que tendrá breves momentos de lucidez.

-¿Lucidez?

-si...usted sabe. Estará olvidando cosas constantemente. Quizás llegue a desconocer donde está, con quién está, o incluso a él mismo. Perderá un poco la noción de si mismo ¿Me explico?

En tanto Aang se encontraba sentado afuera (puesto que se negó a oír el diagnóstico médico), Katara se estaba enterando de algo que cambiaría el rumbo de lo poco que quedaba de sus vidas para siempre.

-Y ¿Qué puedo hacer yo?

-Solo le queda esperar, señora – comentó el médico con tristeza en su habla.

Esperar… ¿A qué? Esperar a que la vida se le fuera entre los dedos ¿Esperar qué?

Ella sabía que el negarse a perder algo así como así era una acción egoísta, pero las alas duraban poco, y en un momento se cansarían ¿Qué más podía hacer? Lamentablemente el médico tenía razón.

"Esperar", como lo dijo aquel sujeto, fue una palabra que tuvo otro significado para la maestra agua. Entonces ¿Cómo fueron los últimos días de Aang y Katara juntos?