Bronken wings

Capítulo I: Empatía

Todos los días veo gente que sufre, y todos incluso yo, sentimos como nuestra moral se derrumba al ver que no podemos hacer nada. Pero aún me trastorna entender el porque de tantas veces donde duele como si fuese mío, y el porque de otras donde escapo volteando los ojos para que no duela.

Acaso...¿Ayudar a una persona con un dolor como el propio... es un placer similar a sanar mis propias heridas?

La oscuridad se adueñó de ese pequeño cuarto, al igual que un impetuoso calor de su respiración entrecortada.

La muchacha terminó de amarrar su corto cabello con una cinta azul, y se acomodó el traje que disimulaba su figura femenina. Con el corazón en la garganta abrió la puerta y salió de allí, para terminar en la boca del lobo.

Caminó lo más ágilmente que su ropa le permitía, pero como pensaba, algo siempre tenía que salirle de forma errónea, como si su "destino" se le burlarse. Cuando llevaba unos cuantos metros y estaba a punto de bajar las escaleras hacía la puerta de salida, una rústica mano tomo su hombro y la jaló hacía atrás.

En una vertiginosa maniobra terminó inmovilizada y frente a frente con la persona que justamente quería evitar, o bueno, con el chupamedias número uno de la persona a la cual quería evitar (que llegado al caso era igual de peligroso para sus planes).

Un hombre de unos treinta la tenía sin dejarle moverse. Anzu, la muchacha, le sonrió con nerviosismo intentando darle un porqué de estar ese día a esa hora en ese lugar, cuando ya era sabido que debería estar en casa de su tutor. Pero la situación perdió su perfil infantil y hasta cómico, cuando unos pasos firmes se acercaron desde atrás del hombre, y apareció una tercera persona.

También un hombre, pero desde lejos mucho más joven e incluso a pesar de ello, con una cara mucho más fría.

El muchacho compartía con la chica el color de cabello y ojos. Pero la gran diferencia radicaba en el hecho que sus pupilas no irradiaban lo mismo.

Con una orden seca el "sirviente/chupamedias/guardaespaldas/manoderecha" del joven, soltó a la muchacha y luego de una reverencia se marchó en menos de un minuto.

Pasado unos instantes de un incómodo silencio, la joven tomo aire y se apresuró a excusarse con un rápido "lo siento", prosiguiendo a intentar bajar las escaleras por segunda vez.

Sin embargo, también por segunda vez, una mano se posó en su hombro, pero esta vez fue con una firmeza atemorizante.

Anzu volteó por si misma a ver la cara de su primo. Ya era costumbre para ella verle enfadado, pero jamás se acostumbraría a su manera de "sobreprotejerla" (por más que no quisiese admitir).

El muchacho tuvo contacto directo con los ojos nerviosos de su diminuta huésped. Y para bien, o para mal, cambió su cara de tipo frío y la convirtió en una expresión farsante y sarcástica.

Se le acercó un paso, y ella casi por instinto retrocedió. Sintió como esas manos se volvían más densas y apretujaban sus hombros.

Luego, con la más burlona de las sonrisas, el muchacho actuó de una forma sutilmente amenazante, como normalmente lo hacía. De los hombros sus manos pasaron al fino cuello, y movió sus dedos para arreglar la corbata que se veía un tanto desprolija, porque Anzu aún estaba aprendiendo a hacer el nudo.

-Sabes que no tiene ningún sentido que intentes ocultarme las cosas- susurró siguiendo con su maniobra.

Ante las palabras falsamente amables, la castaña sintió ese sentimiento seco e inmanejable llamado indignación. Y aunque cualquiera lo hubiese creído imposible, por el aspecto de sus manos delgadas y pequeñas, ella fue capaz de separar al robusto joven de un empujón (a pesar de que el hecho de agarrarlo imprevisto fue de mucha ayuda).

-No es eso- respondió con firmeza- ¡Si no te enviciaras en controlarme yo no querría huir de ti!-

Su confesión fue dura y directa, pero natural en ella. Lo que si daba un tanto de terror, como si esa crítica hubiese rebotado en los oídos del muchacho, era ver como lejos de ofenderse o fastidiarse, le miraba diciendo cosas que cada vez aprendía a interpretar de una manera más acertada. Esa vez su cara se transformó en un gesto de pseudo ternura, como si mirara a una niña que no medía sus palabras.

Esa mirada la subestimaba, le hacía hervir la sangre. Tanto, que sin medir el hecho que luego se arrepentiría lo empujó violentamente y bajo por las escaleras hacía la salida.

Seto no se molestó en perseguirla como un idiota, al fin de cuentas, sabía dónde ella estaría, y con la persona que estaría. No era más que otro de sus empleados.


Treinta minutos, treinta minutos en los cual el joven se rindió y entró a bañarse resignado a que hoy no le pagarían. Cuando salió de la ducha encontró que tenía un mensaje de texto, el remitente era su amigo del alma Jonouchi, que le invitaba a salir esa tarde a andar de vagos por la ciudad.

Al muchacho se le formó una sonrisa fraternal, y vaciló con respecto a qué hacer .Terminó de vestirse, y con una gran decepción redacto un breve mensaje, pero justo antes de oprimir el botón para enviarlo, sonó el timbre. Y tomando en cuenta que en verdad no esperaba que Anzu se apareciera, eso fue sorpresivo.

Caminó hacia la puerta, bajó las escaleras, y pasó por esa humilde tiendecilla que justo hoy nadie podía atender.

Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver de quién (o mejor dicho de quienes) se trataba. Frente a si mismo tres chicos le sonreían con cara de picardía, como si estuviesen esperando esa expresión de asombro que predominaba en su rostro.

-Hola señor muy ocupado, ¿Ya no tienes tiempo de salir con nosotros ahora que eres empleado de Kaiba?- desembuchó un rubio con cara de broma señalándole con el dedo.

La cara del tricolor cambio por arte de magia, y su típica sonrisa amable quedó perfectamente a la vista. Los otros dos chicos, uno castaño de singular cabello en punta y el otro de pelo negro con una coleta, se le abalanzaron y lo hicieron entrar a la casa jugando brusco como ya era habitual en ellos. Pero Atem pronto logró liberarse, y les pegó mientras se reían a carcajadas del sobre esfuerzo que necesitaba hacer debido a que era el más bajo de los cuatro.

En un segundo,luego del infantiles comentarios,ya estaban todos acomodados como si fuese su casa, al fin de cuentas, gran parte de la infancia la habían pasado juntos y en ese lugar. Tanto que Otogi, con su típico modo despreocupado de actuar, simplemente se tiro en el sillón y prendió la tele con el control remoto. Al momento Honda lo miro torcido y con mucha vergüenza ajena alegando, que su actitud era maleducada.

De un momento para otro la satírica conversación sobre buenos modales se formó una discusión "muy grave".

Por su parte, en la cocina Atem escuchaba los gritos y se reía bajo, "idiotas" susurro calmado y divertido. En el mismo lugar de la casa sentado a la mesa Jonouchi miraba aparentemente distraído por la ventana. Su abstracción era tan notoria que una vez que el joven de ojos violetas lo noto, no pudo evitar sentir curiosidad.

Frente a su amigo Atem colocó una tasa con café, cuyo vapor aparentemente le quemó un poco y por eso salió de su mundo. Los ojos marrones del chico se posaron en la bebida y luego en el rostro pacifico del otro muchacho, que sorbía de la tasa con su habitual modo maduro y gentil.

-¿Y ahora que te tiene tan pensativo?- Pregunto el tricolor de una manera casual.

Jonouchi pareció pensarlo un poco antes de decirlo, de hecho, cuando estaba por balbucear una palabra, algo pareció detenerlo. Era como si viese venir lo que pasaría si habría su bocota. Frente a ello el otro chico arqueo una ceja y volvió a beber como si realmente no le importara, sabía que si era algo de una real gravedad, se lo contaría primero que a nadie.

-Oye Atem- Le llamó inesperadamente por lo que levanto la vista- Acaso tú no… ¿no deberías estar dando clases?- En eso el joven miró hacia otro lado y pensó una buena excusa, pero sin encontrarla realmente.-

Suspiro tanto por dentro como visiblemente, pues no tenía sentido que le mintiese a Jonouchi.

-Pues, la muchacha no apareció- Dijo breve y carente de interés.

-Y… ¿Cómo era que se llamaba?- Preguntó de una forma casi inocente.

-Anzu-

La conversación era similar a la de dos personas que hablaban de algo que no querían hablar, o por lo menos por el lado de Atem. El rubio vio como el nombrar a esa chica pareció traerle a su amigo un mal sabor de boca, eso, o simplemente un pensamiento que le arrancaba de los labios sus ganas de sonreír.

Una sombra repentina se formó en los ojos de Jonouishi y la seriedad, como pocas veces, tomo el control de su voz.

-Pareces preocupado por algo- Al escuchar ese comentario Atem salió de sus pensamientos con el fin de disimular, pero eso no fue efectivo.- Si me preguntas, creo que algo no te está convenciendo.

-¿Con respecto a qué?- Le respondió de mal humor intentando hacer sonar a sus palabras como una locura.

-No lo sé, dímelo tú- Habló "sabiendo de lo que hablaba".

El escenario se tornó frío. O mejor dicho, quizá lo que se tornó frío era el corazón del muchacho con mirada violácea, como cada vez que intentaba enfrentarse a los pensamientos que Jonouishi le estaba obligando a enfrentar.

Un segundo suspiro dejo que la razón surgiese por si sola a favor del rubio, de manera que sus opciones se achicaron a contarle o a ignorarle. Optó por la primera

-Anzu no vino, y hoy se supone que debía pagarme-

Su amigo quedó en silencio, no quería tener la crueldad de preguntarle, pero casi por instintos sabía supo que su preocupación estaba arraigada a una deuda, y a una necesidad. Dentro de unos días cerraría la inscripción para el colegio, y ni la madre ni el abuelo de Atem habían conseguido el dinero suficiente como para pagar el seguro y la inscripción de Atem y su hermano.

Jonouishi se sintió un poco vil al haber tocado esa fibra tan sensible nuevamente, pero su rostro callado y lamentable se bañó con una duda al escuchar que Atem siguió hablando.

-Y la verdad, me molesta que falte, pero también me sorprende que la hayan dejado faltar- Antes de que Jono pudiese preguntar Atem se le adeltantó a responder- Es sólo que… Seto Kaiba es tan rígido con ella, simplemente me cuesta creérlo.

Como de costumbre, Jonouchi se puso rojo de furia ni bien escuchó ese condenado nombre. Él le tenía una repulsión absoluta a ese tipo, y era de las pocas personas que con la cual no lograba congeniar siquiera por obligación, o más específicamente, por convivencia escolar.

Jono infantilmente dio vuelta el rostro con una cara de furia nada tomable en serio –No me sorprendería si la tratara mal, ese tipo no quiere ni a su hermanito menor- Susurró refunfuñando, pero lo suficientemente fuerte como para que llegara a oídos del tricolor.

La verdad, ese comentario infantil lo llevaba nuevamente a un pensamiento que le incomodaba en lo más profundo de sí mismo. Él recordaba a Seto como una persona solitaria, abstraída, egocéntrica y de mal genio, pero siempre lo vio unido a su hermano. Durante esos años lo tuvo como la cara opuesta a su lado de la moneda, porque él era muy rico, pero aun así se aferraba a su hermano pequeño como lo única que en verdad "Tenía", igual que lo hacía él mismo.

Pero desde hace algún tiempo, siquiera ese pequeño niño de pelo negro y largo, parecía poder penetrar en el corazón de Kaiba. Sin darse cuenta los ojos del muchacho se agrandaron pensando en que Seto había tomado un cambio muy radical en su carácter desde que asumió la vice presidencia hace un año.

Aunque en verdad no era de su incumbencia, necesitaba saber que tanto influenciaba en Anzu toda esa locura que representaba tener a esos familiares, que seguramente no eran capaces de darle un hogar verdadero.


Para la sorpresa de cualquiera, cuando Jonouchi comenzó a indagar a Atem con sus preguntas virtuosas sobre su "pequeña alumna", el dúo anti-dinámico repentinamente cesó su discusión y aparecieron en la concina diciendo que en la puerta había algo que no sabía si era "Un niño muy andrógino o una niña vestida disfrazada de niño prodigio"

A la mente de un Atem en apuros llegó la imagen de Anzu, que normalmente solía ir a su clase con traje o con ropa holgada, tanto que él mismo llego a dudar en su mente si era hombre o mujer. (Aunque claro que los otros dos hicieron ese planteamiento más en tono de broma que de otra cosa).

Atem pareció entrar en un repentino ataque de adrenalina cuando literalmente saco a las patadas a Jonouchi que comenzó a preguntar en voz alta cosas un tanto indebidas. El joven rubio a lo último camino por voluntad propia al encontrarse cara a cara con la chica y con la cómica escena de él siendo empujado por su amigo. Se podría decir que al ver a la jovencita todos recuperaron la compostura, los tres individuos salieron de la casa hechos unos señoritos Ingleses, lo único que hicieron fue mirar de reojo antes de salir.

A pesar de la escena un tanto anti-profesional, Atem se recuperó de su agobiante sesión de preguntas indebidas e ilógicas a la cual que Jonouchi lo había sometido, y finalmente respiró aliviado.

Anzu le miro un breve instante con la confusión plasmada en la cara, pero bajó el rostro cuando esos ojos oscuros le miraron directamente.

El ambiente se volvió irrespirable entre la seriedad y la lejanía de ambos. Pero un pequeño, tercer y último suspiro, cortó los nervios y como si el aire le volviese a fluir por los pulmones. Él joven podía ver las pupilas bajas de la chica vacías y resignadas, como si estuviese esperando una especie de castigo.

En esa situación lo conveniente hubiese sido hacer valer su autoridad de alguna manera. Pero antes de poder intentar decir algo, en su mente las preguntas de Jonouchi y lo que estuvo pensando se volvieron a aparecer traicionando olímpicamente a su objetividad.

Simplemente leyó en sus ojos el cansancio y la molestia, como si ese fuese el último lugar del mundo donde quisiese estar. Simplemente en ese segundo de su personalidad vio reflejada su actitud de hace algunos años, cuando él también se sentía así.

Durante un debate moral de sólo instantes, el muchacho conservo su compasión muy personal y algo rara de ser vista, y la utilizó sin vacilar. En vez de regañarla, como si se tratara de una niña, puso sus dedos mayor y anular en la frente de la chica, y la empujó hacia atrás haciendo que subiera la mirada.

-Por ser la primera vez, te perdono que hayas llegado tarde- Le dijo inexpresivo directo a la cara.

A la muchacha le traicionaron sus aún latentes actitudes de niña, y se ruborizó. No tanto por que la haya tocado de una manera tonta y amable, sino porque no aguantaba esa mirada fuerte sobre ella, que era firme, pero no agresiva.

En una orden seca le dijo que entrase a la casa, y ella obedeció sin dar vueltas. Pero mientras la muchacha se adelantó varios pasos, él quedó atrás abstrayéndose de apoco. Observando con una mezcla de sorpresa y amargura como siquiera la ropa de hombre podía disimular su espalda netamente femenina. Y mirando a una persona tan diferente, pero tan parecida, se replanteo esa pregunta que Jonouchi le había hecho "Si es tan molesto para ti, ¿Por qué continuar?"

Y con su traicionero subconciente al mando, pensó en las cosas que seguro debía aguantar.

"Todos tenemos alguien al cual amamos... que nos lastima"

Lo sabía perfectamente, él había pasado por lo mismo. Y en ese preciso momento, cuando la chica notó que estaba caminando sola y lo llamó con respeto, seenfrentó al sentimiento. Y aceptó que ella le causaba empatía.


*Notas de autor

Well…quiero cantar aleluya .w., ¡Termine el primer cap! xD. Graciosamente esto es de lejos todo lo contrario a lo que tenía planeado como primer cap, pero digamos que simplemente surgió, y me convenció lol…. Creo que es largo de valde, porque dice mucho pero no explica nada (¿y que esperan? Es el primer cap! Xd, ok no -w-)

¿Me pregunto si no hice a Atem demasiado tsundere? Xd. Pero admito que a diferencia de otras veces, en esta trabaje con su personaje de manera muy cómoda… es raro, Anzu y Kaiba no me cuestan demasiado, pero Atem es un jodido tema para escribir, debe ser equilibrado por eso cuesta mucho describirlo demostrando sentimientos ._.

Pero ni modo, me gusta, y espero sobre todo que a ustedes también les haya gustado y/o interesado :3. Por cierto, mil disculpas por haber dejado la historia colgada por tantos meses, sucede que este año se volvió más vertiginoso de lo que hubiese esperado, y no ayudó mucho la muerte de mi notebook (y compu de pie, en la cual por cierto tenía el cap uno original ._.u)

Ok, no tengo más para decir. Comenten si gustan, y por favor corríjanme en lo que consideren necesario :3