NdA: Gente, ¡hasta aquí hemos llegado! ^^ Ha sido un placer hacer esta etapa del viaje con vosotros/as y espero veros en la quinta parte, que confío en que sea en septiembre u octubre. ¡Muchos besos y gracias a todos por leer!

Capítulo 36 Otro curso terminado

Querido Scorpius,

¿Cómo estás? Espero que ya se te haya pasado el disgusto por la derrota de quidditch. Es una lástima, pero estoy convencido de que el año siguiente volverás a llevar a Slytherin a la victoria. No hagas caso de tus compañeros. Es lo malo que tiene ser el Buscador: sueles llevarte la gloria cuando tu equipo gana, pero te hacen responsable cuando el equipo pierde.

El ministerio me ofreció la posibilidad de ayudar a sus expertos en Pociones a preparar una buena reserva de antídoto, pero decliné su ofrecimiento. Ellos pueden hacerlo tan bien como yo, ya que ahora ya no supone ningún misterio, y me vendrá bien descansar. Ha sido más de un año obsesionado con esa poción y he llegado a soñar con ella. Necesito variar un poco.

También he pensado en invitar al profesor Zhou a pasar unos días con nosotros en verano. No podrá volver a China, con la Cuarentena. Y además de ser un hombre muy agradable, estamos en deuda con él.

El jueves fuimos a un concierto de piano en la mansión de los Withers. Eso me hizo pensar en tu madre, aunque no es como si necesitara una razón en concreto para hacerlo. Pero creo que ella lamentaría saber que tu hermana ha dejado de tocar. No hace falta que vuelva a las clases, si no quiere, pero me gustaría que este verano trataras de convencerla para que toque de nuevo, simplemente por gusto.

Pero continuando con el concierto, sucedió algo hilarante. A mitad pieza, el joven Benjamin Withers, de tres años y medio de edad, irrumpió en la sala completamente desnudo a excepción de un tocado apache y recorrió la sala corriendo y lanzando el grito de guerra mientras su torpe elfo trataba de capturarlo. Como puedes comprender, la gente estalló en carcajadas y el concierto quedó momentáneamente interrumpido. Esto demuestra lo increíblemente difícil que es adiestrar como es debido a los elfos. Y a los niños.

También me enteré de que corre el rumor de que los Yaxley están acusando con fuerza la caída de nuestra economía. Tú vas a piano con Alexandra Yaxley, ¿no es cierto? ¿Has notado algo?

Aquí estamos todos bien. Tu abuela se lesionó ayer la muñeca, practicando conmigo, pero no es nada grave. El doctor Pinetree le dijo que llevara una muñequera un par de días y que con eso sería suficiente. Me alegra anunciarte que ya domino por completo el Trinarius Fulmen y soy capaz de acertar a los tres blancos en movimiento la inmensa mayoría de las veces. Si vuelvo a enfrentarme a esos Parásitos podré dejarlos fuera de combate de tres en tres.

Bueno, eso es todo. Tengo muchas ganas de teneros en casa de una vez. Y sí, no te preocupes, te dejaré ir a pasar un par de días con Albus para su cumpleaños. Te quiere,

Draco Malfoy.


Aquel lunes tuvieron los últimos exámenes del curso. El martes por la tarde salieron los resultados finales y, como era habitual, todos se agolparon frente a los tablones para conocer su destino. Scorpius buscó rápidamente las notas de cuarto y lanzó una exclamación de alegría. Primero en Transformaciones, segundo en Defensa, tercero en Encantamientos y Aritmancia… Su nota más baja era el séptimo lugar en Cuidado de Criaturas Mágicas.

Albus también lo había hecho muy bien. Era primero en Defensa, segundo en Encantamientos e Historia de la Magia… Su nota más baja era en Transformaciones, y allí había quedado el octavo.

Todos lo habían hecho bastante bien, en general. En Slytherin, Diana tenía las notas más bajas y había suspendido Encantamientos, pero podría pasar a quinto sin problemas. Charles Paltry tenía cuatro suspensos; Scorpius no sabía si le pasarían de curso o le harían repetir cuando fallara los TIMOS. Mei había acabado la primera en Aritmancia, Runas, Estudios Culturales, Defensa y Pociones, aunque en Herbología y Cuidado de Criaturas Mágicas había pasado por los pelos.

-Este es el último año que venimos a ver las notas –comentó Britney. El año siguiente eran los TIMOS y las notas las enviarían a casa. En sexto no había exámenes propiamente dichos y en séptimo eran los ÉXTASIS, cuya calificación también llegaba por correo.

-Ya estaremos en quinto –dijo Damon, ufano.

Scorpius asintió, sonriente. Le encantaba pensar en todo lo que haría al año siguiente si Albus y él eran nombrados prefectos. Morrigan le sacó de sus pensamientos con un ligero codazo.

-Venga, vamos a ver la clasificación de las Casas.

Scorpius y los demás se fueron a ver los relojes de arena. Tal y como sospechaban, Ravenclaw había mantenido la diferencia y seguía en primer lugar. Varios alumnos de esa Casa estaban ya allí, felicitándose mutuamente. Slytherin estaba en segunda posición y le seguían Gryffindor y Hufflepuff.

-¡Los segundos! Bueno, no está mal, a Ravenclaw era imposible ganarle este año.

-Somos los mejores –dijo entonces Bletchley, que andaba por allí con sus amigos.

-Anda, no presumas, que habéis ganado sólo por Mei –contestó Morrigan, burlona.

-¿Y qué? ¿Acaso no es Ravenclaw?

Albus llegó en ese momento con Amal, Rose, Urien y Camilla.

-Joder, los terceros.

Scorpius le pasó el brazo por los hombros.

-Bueno, no te agobies, tus notas son geniales. ¿Qué tal vosotros? –preguntó, dirigiéndose a los otros Gryffindor.

Esa tarde parecía que no se hablaba de otra cosa. Siempre ocurría lo mismo cuando colgaban las notas. Al fin y al cabo, ya no había nada por lo que preocuparse, ni clases ni deberes ni ejercicios… Nada, sólo la promesa de las vacaciones.


Mei miró a su alrededor con aire satisfecho. Por primera vez desde que había entrado a Hogwarts, el Gran Comedor estaba engalanado con el azul y bronce de Ravenclaw. Y aunque seguía pensando que esa competición era una bobada, y más aún en tiempos de guerra, no pudo dejar de admitir que ganar la Copa de las Casas era una sensación agradable. Además, Tarah y Rebecca estaban entusiasmadas.

Cuando McGonagall hizo oficial la victoria de Ravenclaw, las otras Casas aplaudieron. Seren, Albus y Scorpius le sonreían desde sus respectivas mesas. Mei les devolvió la sonrisa, contenta, aunque su alegría menguó un poco al recordar a Angela, secuestrada por los Parásitos dos años atrás. Ella nunca tendría oportunidad de ver a su Casa alzándose con la victoria, no tendría oportunidad de nada. Pero Mei apartó ese pensamiento de su cabeza porque no era lógico dejarse llevar por la tristeza en un momento de celebración.

Después de la cena, la última del curso, todos volvieron a sus Salas Comunes. Los más rezagados se pusieron a hacer el equipaje, pero Mei lo había hecho después del almuerzo, cuando se habían acabado las clases. Un chico de sexto puso la radio y sacó a bailar a su novia, y algunas parejas más se animaron a hacer lo mismo. Se notaba que la gente estaba de buen humor, entre las vacaciones y la Copa. Mei nunca le había dado demasiada importancia a eso de ser Ravenclaw, siempre le había costado sentir los colores, pero esa noche se dio cuenta de que podía notar esa conexión con sus compañeros.

-La verdad es que ya pensaba que nosotros nunca ganaríamos nada –dijo Rebecca, con ojos soñadores.

-Sí, aquí parece que lo menos importante es sacar buenas notas –protestó Tarah-. Quidditch… ¿A quién le importa?

-Eh, a mí me gusta el quidditch –replicó Rebecca, que volaba bastante bien y pensaba presentarse a las pruebas al año siguiente-. Pero no deberían dar tantos puntos por la Copa, eso es verdad.

-Aun así, hemos ganado –les recordó Mei, con orgullo.

-Pero no ha sido por las buenas notas –dijo Tarah, que como buena Ravenclaw no dejaba pasar una discusión con facilidad-. Ha sido porque tú has encontrado ese antídoto.

-Bueno, pero al menos eso tiene que ver con adquirir conocimientos –replicó Mei.

Tarah lo pensó un segundo y luego asintió.

-Tienes razón. De todos modos, la verdad es que estaría contenta aunque nos hubieran dado los puntos por subir tantas escaleras.

-Eso no estaría mal –rió Rebecca-. McGonagall debería plantearse instalar ascensores.

-Lo secundo –dijo Mei.

Tarah dio una palmada.

-Vamos a hacernos una foto –dijo, levantándose y yendo hacia las habitaciones-. ¡Esto hay que celebrarlo!

La última noche del curso siempre tenía un aire festivo, pero aquel día era aún más intenso, como si la gente no tuviera pensado ir a dormir en ningún momento. Debía de ser la Copa de las Casas. Esa impresión se agudizó cuando Flitwick entró en la Sala Común, lleno de animación.

-Lo habéis hecho muy bien, chicos. Estoy muy orgulloso de vosotros. Le he pedido a los elfos que os traigan algo de beber y de comer para que podáis celebrarlo como se merece.

Mei estaba llena después del suculento banquete de fin de curso y había oído a varios compañeros hacer comentarios en el mismo sentido, pero nadie protestó cuando aparecieron bandejas con pastelillos y jarras con zumo de calabaza frío.

-¡Por Ravenclaw! –exclamó la prefecta de séptimo.

-¡Por Ravenclaw! –repitieron todos a una.


Albus dejó la jaula en la que llevaba a Nemo en el portaequipajes del vagón del Expreso. Amal, Urien, Rose y Camilla estaban con él, todos charlando animadamente sobre las vacaciones. Scorpius estaba en el vagón contiguo con sus amigos. Por el pasillo pasaban alumnos de todos los cursos transportando sus mascotas, hablando y riendo.

-Menos mal que ya se acaba el curso –dijo Amal de pronto-. Espero que el año que viene sea mejor.

Estaba más serio de lo que era razonable estar el primer día de las vacaciones y Albus supuso que pensaba en todo lo que le había pasado. A decir verdad, si uno se paraba a pensarlo aquel había sido un curso difícil, pero a él le costaba un poco diferenciarlo de los sustos de los cursos anteriores. Albus se dio cuenta de que ya tenía más o menos asumido que siempre pasaría algo, que ningún curso transcurriría sin verdaderos sobresaltos. Sólo cabía desear un poco de suerte para sobrevivir un año más.

-Yo tengo unas ganas de ver a mi madre… -comentó Rose, con anhelo.

-Seguro que está bien –dijo Albus. Había recibido dos cartas de tía Hermione desde su recuperación y en ambas sonaba como siempre había sonado. Pero él también tenía muchas ganas de asegurarse con sus propios ojos, así que podía comprender a su prima.

Entonces hubo un pequeño alboroto fuera y se oyeron un montón de carcajadas y Charles Paltry asomó la cabeza por la puerta, riendo.

-Yo me parto. A un crío de primero se le acaba de correr su rata macho en la mano.

Albus y los demás soltaron una carcajada y se levantaron a toda prisa; aún alcanzaron a verlo entrar a uno de los baños con la mano extendida y cara de asco. Cuando volvieron a sentarse, todavía se reían y ese pequeño instante de seriedad que les había embargado unos minutos antes había desaparecido.

El tren se puso en marcha, hacia el sur, agarrando velocidad a cada vuelta de sus ruedas de acero. Era un sonido que a Albus le gustaba, le hacía pensar en principios. Tenía muchas ganas de ver a sus padres, a su familia y, sobre todo, tenía ganas de que Scorpius pasara un par de días en su casa, por su cumpleaños. Iba a ser genial tenerlo allí, estar a su lado todo el día sin tener que preocuparse de clases y de deberes. Y seguramente él podría ir también a pasar unos días a Malfoy manor. Iba a ser el mejor verano de su vida, estaba seguro.

Al cabo de un rato, Scorpius entró en el compartimento. Ya se había cambiado e iba vestido con unos pantalones oscuros y una camiseta de los Falmouth Falcons. Albus aún llevaba los pantalones y la camisa del uniforme, con las mangas arremangadas porque allí dentro hacía calor.

-Eh, ¿qué tal? –dijo Scorpius-. Me vengo aquí que hay más paz.

Urien se levantó y se sentó junto a las chicas para que Scorpius pudiera sentarse al lado de Albus.

-¿Qué pasa?

-Damon y Morrigan están discutiendo sobre un malentendido que hubo entre sus familias en el siglo XVIII.

-¿En serio? –exclamó Rose con incredulidad-. Ya son ganas de discutir.

-Dímelo a mí –dijo Scorpius.

Albus asintió, completamente de acuerdo, pero entonces vio cómo estaba mirando Camilla a Scorpius y entrelazó la mano con él posesivamente. Era su novio, caray, ¿tanto le costaba entenderlo? Camilla se dio cuenta y se hizo la despistada.

El viaje transcurría sin incidentes. El día era soleado y el paisaje que se veía por las ventanas, verde y precioso. Albus se sentía feliz. Scorpius y Rose habían terminado llevándose bastante bien. No es que fueran los mejores amigos, pero Rose había comprendido por fin que Scorpius era de fiar. Y el resto de su familia, su madre, sus tíos, sus abuelos, comprobarían también por sí mismos lo genial que era.


Harry llegó con un grupo de aurores y Cuervos a King's Cross. Todavía no había nadie, faltaban casi tres horas para que el expreso de Hogwarts entrara en la estación.

Levantar todas las protecciones habituales llevó su tiempo. Anti-Aparición, anti-Trasladores, hechizos de glamour… Hasta usaron runas para proteger el andén. Poco después de terminar, después llegó una pareja, dos tipos que tenían una hija en primero. Harry conocía de vista a uno de ellos porque trabajaba en el ministerio, en el Departamento de Juegos Mágicos y Deportes, y había sido de los que más había protestado por las consecuencias que la Cuarentena iba a tener en los equipos de quidditch, imposibilitados para jugar competiciones europeas.

Los siguientes en llegar, cosa rara, fueron Ron y Hermione. Ella caminaba con bastón y probablemente cojearía el resto de su vida, pero era la única consecuencia de las heridas sufridas. Todavía estaba animada, todavía tenía ganas de lucha. Era Ron el que parecía haberse asustado más con todo aquello y Harry sabía por él mismo que habría sido feliz si Hermione hubiera optado por alejarse de la lucha contra los Parásitos. Conociéndola, aquello tenía pocas posibilidades de hacerse realidad, pero no podía dejar de entender a Ron porque él sentía algo parecido cada vez que pensaba en los peligros que habían corrido sus hijos.

-Qué pronto habéis llegado –dijo, yendo a saludarlos.

-Sí, caminar entre la multitud con el bastón aún me cuesta un poco –explicó Hermione.

-Y no queríamos aparcar el coche muy lejos –añadió Ron-. ¿Cómo va todo?

-Tranquilo, de momento. Pero pronto llegará la marabunta.

Era difícil equivocarse, porque era como pronosticar que algún día llegaría el invierno. Los padres entraban en parejas o pequeños grupos al andén, unos vestidos de magos –muchos de luto-, otros con ropa muggle. Como era habitual desde que los ataques y desapariciones habían empezado, no llevaban con ellos a sus hijos más pequeños y miraban a su alrededor con algo de desconfianza. Harry era el primero en sentir esa desconfianza, porque su misión esa tarde era asegurarse de que no había Parásitos infiltrados, y por lo tanto debía sospechar de todos. Sin embargo, no pudo evitar que su semblante se suavizara con una sonrisa, que algo agradable calentara su interior, cuando vio llegar a Draco con sus cuñados. Su primer impulso fue caminar rápidamente entre el gentío para saludarlo, para charlar un poco con él, pero se contuvo porque sabía que debía contenerse, que debía disimular un poco su interés para no alejarlo de su lado.

Por fin Draco lo vio y le dedicó una media sonrisa de las suyas. Harry ya no pudo más y se acercó a él. Theo y Daphne lo recibieron con expresiones resguardadas, muy Slytherin. Draco, sin embargo, no ocultaba que se sentía contento de verle y le dio una palmadita en el hombro mientras le estrechaba la mano.

-¿Qué tal todo? –le preguntó Harry.

-Como siempre. ¿Y tú?

-Bien. ¿Teddy ya está en Malfoy manor?

-Sí, ha llegado al mediodía. Luego ha desaparecido y tampoco hemos visto a madam Kanievska, pero por supuesto no quiero insinuar nada.

Harry esbozó una sonrisa. Su ahijado era discreto, pero era un secreto a voces que tenía un lío, no muy serio, con la secretaria de madam Tereshkova. Cuando Teddy le había contado que quería cortar con Victoire porque deseaba estar con otras mujeres, no lo había dicho por decir, eso desde luego. Aunque claro, Draco y él no eran los más adecuados para criticarlo en ese aspecto.

Si por él hubiera sido, se habría quedado hablando con Draco el resto de su vida, pero estaba trabajando, así que se despidió y volvió a mezclarse entre la multitud. Todos los Weasley habían llegado ya y Harry observó a Ginny, pensando en el cumpleaños de Albus y en la visita que Scorpius iba a hacerle. Habían cambiado mucho las cosas y no pensaba que Scorpius fuera a tener problemas en territorio Weasley, pero se habría sentido un poco más tranquilo si los chicos hubieran estado en Grimmauld Place con él. Ginny, por su parte, había dicho que tenía ganas de conocer a Scorpius mejor y había sonado sincera al decirlo.

El tren llegó por fin. Los aurores y los Cuervos empezaron a organizar a los padres rápidamente para entregar a los niños de forma ordenada. Harry atisbó el rubio cabello de Luna en una de las primeras filas, alguna cabeza Weasley algo más atrasada. Cuando el tren se detuvo en la estación, los niños comenzaron a bajar uno a uno, también de forma ordenada. Harry vio a Milena, la hija de Dean, y a las gemelas de Oliver. Michael, Fred y Roxanne bajaron juntos. Al cabo de unos segundos le tocó el turno a Rose y Hugo. Harry se acercó un poco y vio cómo sus sobrinos corrían hacia Hermione y la abrazaban con fuerza, con una intensidad especial. Tal y como esperaba, sus propios hijos fueron los siguientes. Para entonces él ya estaba cerca del tren y pudo recibirlos como cualquier otro padre. James, Albus, Lily… Faltaban palabras para expresar lo mucho que se alegraba de volver a verlos.

-¿Estáis bien? –preguntó, observándoles, disfrutando de aquellos primeros segundos de su presencia-. ¿Qué tal el viaje?

-Muy bien.

Ginny estaba allí también, abrazándolos, besándolos, riendo. Y también estaban los Malfoy y los Nott, porque Scorpius, su hermana y sus primos habían bajado del tren después de Albus y sus hermanos. Draco parecía muy feliz, y como le pasaba siempre que se sentía así, su rostro se iluminaba, volviéndose irresistible.

-¡Tía Hermione!

James, Albus y Lily, después de haberle saludado a él y a Ginny, rodearon rápidamente a Hermione mientras le preguntaban si estaba bien y si le dolía.

-Estoy bien, estoy bien –contestó ella, sonriente-. Vamos, chicos, tenemos que dejar sitio a los demás.

Draco se acercó a Ginny.

-¿A qué hora quieres que vaya Scorpius?

-Después del almuerzo –contestó ella.

-De acuerdo. Scorpius, despídete de Albus. Nosotros nos vamos ya a casa.

El niño, que ya no era tan niño en realidad, asintió y miró a Albus con una mezcla de cariño y pena.

-Bueno…

Albus asintió con la misma expresión.

-Nos veremos pasado mañana.

Los dos eran la viva imagen del amor adolescente y Harry no sabía si reírse o conmoverse, sobre todo porque había una parte de él a la que le afectaba ver a un joven clon de Draco mirando con adoración a un joven clon suyo. Quería que Draco lo mirara así a él algún día.

-Chicos, venga… -dijo Draco, con impaciencia.

Albus suspiró, lanzó una mirada apurada y fugaz hacia los adultos que tenían alrededor y dio un paso adelante para darle a Scorpius un beso breve, pero tierno. Harry se fijó en cómo la mano de Albus acariciaba aquel pelo rubio, idéntico al de Draco y sintió un ramalazo de envidia.

-Te llamo esta noche –murmuró Scorpius.

Draco puso los ojos en blanco, aunque parecía divertido.

-Sí, rien de mieux qu'un amour adolescent (1) Anda, vamos. Harry, ya hablamos. Weasleys…

Con eso, Draco se perdió entre la multitud con sus dos hijos. Harry aún escuchó a Scorpius decir que tenía que despedirse de Seren y de Mei. Sus propios hijos y Ginny se dispusieron a marcharse también.

-Te esperamos en La Madriguera –le dijo ella, puesto que iban a reunirse allí para cenar todos y celebrar la vuelta de los niños.

-Vale, en una hora como mucho estaré allí.

Entonces se marcharon y otros padres y otras madres ocuparon su lugar, buscando a sus hijos. Harry procuró volver a centrarse en su trabajo. Pero su mente vagaba con facilidad, habían sido demasiadas emociones en pocos minutos. Tenía muchas ganas de pasar un rato más con sus hijos, de disfrutar de su compañía. Y pensaba a menudo, con añoranza, en el beso que se habían dado Scorpius y Albus. Draco… Había pensado que le gustaba Draco, pero ya no estaba muy seguro.

Empezaba a sospechar que, en realidad, ya se había enamorado de él.

Fin

(1) "No hay nada como un amor adolescente". Pero no sé francés, así que si me he equivocado, que alguien me lo corrija XD