Hola, lectoras. Bienvenidas a esta historia. Antes que nada quiero decir algunas cosas:

Va a ser más corta que "Cambio de destino", alrededor de una veintena de capítulos, y no tiene mucho que ver con esta. Tampoco hay vampiros. Sí es un Edward+Bella, y tiene contenido erótico. Muy erótico, aunque al principio no lo parezca, así que estáis avisadas, si no os van los lemons no es vuestra historia. Las que habéis leído "Cambio de destino" ya sabéis que no pretendo ser una escritora, gracias a Dios no me gano la vida con esto...nada más pretendo entretener. Lo he escrito en plan comedia romántica, lectura ligera y sin complicación, y la M de la clasificación es por las escenas eróticas. En cursiva están los pensamientos de los personajes y flash backs, y en cursiva entrecomillada el texto que escribe cualquiera de los personajes. Espero no liaros...

Disclaimer. La historia es mía, pero el argumento que me inspiró la historia es de Bleriana, del blog The Cold Shower (por cierto...sólo para adultas) . El link lo podéis encontrar en mi perfil (en inglés), aunque os recomiendo que lo leáis después de este primer capítulo para no espoilearos más. Pero quiero aclarar que he tuneado esa idea a voluntad de mis personajes, porque, como sabéis las que escribís, ellos tienen personalidad propia. Me gustó cuando leí el argumento que Bleriana sugería, pero en aquel momento estaba escribiendo Cambio de destino y decidí que era una buena historia para cuando terminara (de momento) con mis vampiros... Necesitaba algo en plan relax. Ah... y los personajes tampoco son míos...qué sorpresa en un fanfic, ¿no? para las que vayáis despistadas, son de S. Meyer ;). Hay que decirlo, ya sabéis.

Gracias a Anaidam, Nurymisu, Pegn y Maria José por su ayuda. Especialmente gracias a Nurymisu por el título de la historia (eres genial, nena, pero sabes que el que te gustaba más no podía usarlo, ;)).

Publicaré una vez a la semana, lunes o martes.

Y, sin más, os presento el primer capítulo. ¡Ah, Felices Fiestas a todas, y un mejor año 2012!


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Capítulo 1

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"Rozó la cara del vampiro con las yemas de sus dedos, apenas un leve tacto que despertó en él anhelos de sensaciones más intensas. Sin embargo se contuvo, permitiéndole a ella que le acariciara libremente."

—¿Y ahora qué? Mierda, ¿qué?

Bella leyó el texto una y otra vez, esperando que en su mente aparecieran las palabras que debían seguir a esas malditas frases que, de tanto leer y repasar, se sabía de memoria, pero su mente era un enorme lienzo de color blanco inmaculado. Ni una sola manchita para guiarse.

—Vale, ya, definitivamente lo dejo.

Se frotó la cara con ambas manos, agobiada. Era su quinta historia publicada en el foro de fanfics y estaba teniendo aún más buena acogida que las previas, pero a medio relato su musa, la muy petarda, había cogido las maletas y se había ido de vacaciones sin avisar. Con las otras historias no le había pasado nada de eso y no sabía qué hacer. Siguió contemplando la pantalla casi sin pestañear hasta que le picaron los ojos.

—¿Qué has dicho, Bella?—su amiga Alice salió del almacén tambaleándose cargada con varios tomos del Anatomía de Gray. Era una chica menuda pero con una fuerza fuera de lo común.

—Nada, nada—Bella cerró rápidamente la pestaña del navegador de su pequeño portátil y se acercó a ayudar a su amiga. Se recordó a su misma que tenía que dejar de pensar en voz alta.

—Bella, sé perfectamente lo que estabas haciendo. Intentabas escribir en horas de trabajo. Siempre haces lo mismo, y siempre te digo que no me importa. La librería es de mis padres, no mía—rezongó Alice con voz cansina, cediéndole parte del peso.—Déjalos allá, anda. Luego los colocaremos en las estanterías—señaló con la barbilla hacia una mesa.

—Vale, tienes razón. Estaba escribiendo.

—Y pensando en voz alta. Una costumbre que hizo que te pillara escribiendo y te hiciera confesar todo—sonrió.—Aún no te he agradecido bastante que me metieras en el mundo de los fics, en serio, y Jasper... tampoco—rió con picardía.—¿Sigues atascada?

—Sí, sigo seca. Oye, ¿cómo pueden estudiar todo esto? No sé cómo no tienen la cabeza más grande de lo normal para que les quepa todo. Como esos extraterrestres que salen en "Star Wars" tocando en la cantina. Uf— resopló y depositó los libros en la mesa indicada por Alice.

—Ya le diré a mi hermano que le comparas con E.T.—se burló ésta con una mueca, descargando su peso.—¿Salía una cantina en esa peli? No me acuerdo de eso.

—¡Con E.T., no! Con... bah, es igual— se encogió de hombros. Su amiga sabía menos de cultura friki que el abuelo de Heidi.

Volvió al almacén a por más libros mientras la imagen de Edward aparecía en su cabeza, y no pudo evitar una sonrisa al imaginar al chico más guapo que jamás había visto transformado en un extraño alien.

—Además,—la siguió su amiga—tú en tu carrera también lees muchísimo, aunque no tengas que aprenderte los libros de memoria. ¿Has comenzado a repartir curriculums?—dijo sin ninguna pausa.

Para Bella era un misterio de la naturaleza que su amiga tuviera la capacidad pulmonar suficiente para hilar una frase tras otra sin necesidad de respirar. Podía haberse dedicado a ser cantante. Bien pensado, quizá podría ambientar el próximo fic en una ópera. ¡No! Mejor algo romántico tipo "El fantasma de la ópera". ¿Dónde está mi libretita para anotar las ideas? Anotó mentalmente la idea de la ópera para que no se le olvidara.

—Eh—una mano le pasó por delante repetidas veces—Tierra llamando a Bella. ¿Estás conmigo o con los aliens de antes?

Bella parpadeó y dibujó una sonrisa de disculpa, continuando con su trabajo. Alice frunció el ceño. Sabía que su amiga era despistada, pero las últimas semanas la cosa estaba siendo casi alarmante. Constantemente se quedaba mirando al vacío con aire soñador y de vez en cuando sonreía de forma bobalicona o, a la inversa, fruncía el ceño en un estado de concentración total. Por no comentar lo de hablar sola. Sabía que estaba enfrascada en encontrar alguna idea que la sacara del bloqueo mental que tenía, pero empezaba a preocuparle un poco. Veía que la afición de su amiga por la escritura estaba empezando a convertirse en un pequeño tormento en vez de un placer. Además, se sentía inútil al no poderla sacar del atolladero. Lo había intentado, pero al parecer sus estudios de diseño habían absorbido toda su creatividad.

—Buenos días, chicas—la voz masculina golpeó hasta la última de las células del cuerpo de Bella y se sintió vibrar como si fuera un gong.

Por dios, si hoy no me inspiro, no me inspiraré de ninguna de las maneras. Sólo de escucharle casi tengo un orgasmo. Bella se estremeció de placer al escuchar el conocido timbre de voz del hermano de Alice. Desde que lo había conocido sabía que por varios motivos estaba fuera de su liga, pero eso no le impedía fantasear con ese pelo alborotado, ese cuerpo de vicio y esos ojos verdes que cada vez que clavaban su mirada en ella temía que la hipnotizaran.

Lo miró sonriente, sabiendo que se había sonrojado levemente. Afortunadamente, Edward no leía sus pensamientos, lo cual era una suerte. Y aunque los conociera, dudaba que le importaran demasiado.

—Hola, Edward. ¿Vienes a por el Harrison? Todavía no ha llegado. Si hubieras llamado te habrías ahorrado el viaje. Tenemos otros tratados de Medicina Interna, si quieres...

—No, no, el doctor "House" dice que tiene que ser el Harrison o "nos lo podemos meter por donde tenemos el cerebro"—trazó comillas en el aire mientras imitaba al jefe de Medicina Interna del hospital donde hacía sus prácticas. El mote se lo había ganado a pulso.

—No hay para tanto, hermanito. Siempre hablas de él como si fuera un mal bicho, pero es cliente nuestro y de vez en cuando nos cuenta chistes divertidos. Seguro que exageras. Oye, además ¿no te dije que te traería el libro cuando llegara? Cada vez tengo más claro que no me escuchas—simuló estar ofendida.

—Sí, te escucho, pero pasaba por aquí y me dije... voy a ver a mi simpática hermanita—hizo una mueca y se giró, en apariencia para mirar las repletas estanterías de la librería médica donde trabajaba su hermana.

En realidad lo que quería era cambiar de tema y que Bella no viera su expresión apurada. Desde que había conocido a la nueva amiga de Alice llegada desde Phoenix a mitad de curso, no perdía oportunidad de verla siempre que podía, pero no quería que ella se diera cuenta.

Todavía no, hasta que arreglara un tema pendiente.

Bella Swan se había trasladado a Seattle desde el sur del país por asuntos familiares, y la extrovertida Alice Cullen la había adoptado en su círculo, convirtiéndose en un breve espacio de tiempo en buenas amigas. Los Cullen eran propietarios de una librería médica y les habían ofrecido a ambas trabajar en verano. Ellos habían preparado un largo viaje para celebrar a lo grande su trigésimo aniversario de boda, y las dejarían a cargo de todo. Ambas aceptaron; serviría para ganarse un dinero mientras buscaban un trabajo tras terminar sus estudios.

Ambas chicas se pusieron a hablar de sus cosas, mientras él se maldecía repetidas veces por su problema. Si no fuera por él, sería capaz de pedirle una cita a Bella, pero...

Escuchó la suave voz de Bella comentando asuntos de trabajo con Alice y contuvo las ganas de golpearse la cabeza varias veces contra la librería. Estúpido, tienes que ponerle solución, no puedes seguir así, se dijo mientras tomaba un volumen y hacía como que lo ojeaba.

Hoy mismo hablaría con Jasper. Decidido.


—Te lo juro, tío—susurró Edward, su cara del color de la lata de coca-cola que se llevaba a los labios.

—¿Desde hace un año?—Jasper abría tanto los ojos que parecía que se le iban a salir de las órbitas—¿Un año sin mojar porque una tía dijo que no sabías follar? ¿Cuándo la mayoría de mujeres con las que nos cruzamos te comen con los ojos? ¿Y desde entonces no se te levanta?

—Chaval, hazme un favor, cuando te montes la consulta de psicología no trates a suicidas. Perderás mucha clientela —Edward hizo una mueca de disgusto y bebió otro sorbo. Se alegró de estar a solas en casa.

—Lo siento, lo siento—el rubio palmeó el hombro de su amigo.—Estaba en modo amigo, ahora me pongo en modo psicólogo.

—¿En modo amigo? Un amigo no se ríe de que a un colega no se le ponga dura cuando está con una tía—comentó el cobrizo, aún mosqueado.

—¡No me he reído! ¡Estoy flipando! ¿Captas la diferencia? Es como si Alice me dijera... me dijera... yo qué sé, que en realidad odia la moda y se está dedicando a eso para contentar a tus padres... vale, vale, no lo estoy arreglando—añadió en tono comprensivo ante la iracunda mirada de su amigo.—Veamos... modo psicólogo, on. Recapitulemos. Según lo que me has contado, un día estabas en casa de Jessica, esperando que se terminara de vestir, y sin quererlo escuchaste una conversación telefónica que ella mantenía con otra de tus ex.

Edward asintió, recordando el vergonzoso momento.

Llevaba una hora aguardando a que Jessica terminara de arreglarse y, harto de esperar, se había acercado a la habitación de ella, sorprendiendo una conversación de esta con Lauren, uno de sus numerosos ligues.

Tenías razón, Lauren, está buenísimo pero en la cama es un desastre. Creo que de todos los orgasmos que he fingido me podían dar un Oscar, un Emmy, y hasta un Grammy porque he llegado a cantar, tía. Llámame lady Gaga.

Edward escuchó atentamente, pendiente de saber quién era el pobre tipo del que hablaban. Las chicas podían llegar a ser muy crueles cuando hablaban de hombres. De pronto la sonrisa se congeló en su cara... era Jessica, la chica con la que él, Edward Cullen, estaba saliendo, quien hablaba en presente con una de sus propias ex.

¿Qué?

La evidencia le iluminó la mente y entonces se imaginó aplastado por un peso de 15 toneladas."¡Joder, hablan de mí! ¿Desastre en la cama? ¿Orgasmos fingidos? ¿Lauren también piensa que soy malo en la cama? ¿Cuántas más lo piensan" Sintió la sangre huir de su cara, no, de toda su cabeza incluyendo el cerebro, y hasta se mareó. Se tuvo que apoyar en la pared durante unos instantes, los justos para retomar sus fuerzas y largarse de casa de Jessica. Durante el camino no paró de imaginar a todos sus ex ligues riéndose de él. Al cabo de unos minutos Jess recibió un mensaje de móvil con las palabras "hemos terminado" y eso no aumentó mucho la popularidad de Edward en el entorno de ella.

A pesar de todo, seguía habiendo muchas chicas en la Facultad de Medicina, en el Hospital y en todo el campus en general que estaban dispuestas a perseguir al guapo interno, pero desde aquel día él había sido incapaz de excitarse con ninguna chica. Se había besado con algunas y había tenido suficiente evidencia como para no querer volverlo a intentar.

—Dime una cosa, Ed—Jasper adoptó su pose más seria y profesional y se frotó la barbilla.—¿Te masturbas?

—Claro, tío, qué quieres, ¿que reviente?

—Obviaré que ese comentario lo ha dicho un futuro médico. Y entonces sí te funciona, ¿no?—Edward asintió.—Bien, bien... –pasaron eternos minutos en los que Jasper pareció intensamente concentrado. Edward estuvo tentado de zarandearlo a ver si estaba durmiendo con los ojos abiertos, hasta que rompió el silencio.—Entonces la causa es psicológica—sentenció.

Edward abrió los ojos y la boca exageradamente.

—¿No me digas?

—Vale, vale, sé que parece obvio, pero es importante tener claro que no hay ningún problema físico detrás de ese... pequeño problema.

—Oye, chaval, de pequeño nada.

—No me refiero a tu pene, sino al problema.

—Yo hablaba de lo mismo—carraspeó Edward. La conversación comenzaba a volverse un tanto surrealista, y empezaba a arrepentirse de contarle su problema a su amigo.

—Sinceramente, Ed... yo preferiría que te tratara un especialista—suspiró Jasper, bajando la mirada.

—No voy a ir a ningún especialista a contarle este problema. Confío más en ti. Venga, Jazz, inténtalo. Acabas de terminar la carrera, seré tu primer caso, y si me curas te traeré muchos clientes—sonrió a pesar de todo.

—Sólo si me prometes que si no funciona irás a un sexólogo.

—De acuerdo... Y ahora dime, ¿qué crees que podría hacer para que se me vuelva a levantar en condiciones?

—Tío, estudias medicina, habla con propiedad.

—No estoy en el aula, joder, Jasper. Estoy con mi mejor amigo. Céntrate.

—Está bien... veamos... creo que tu problema no viene de que oyeras decir eso a Jessica ¡déjame seguir! —levantó el dedo para silenciar a Edward.—El problema viene de que la crees.—Entonces Edward cerró inmediatamente la boca, al darse cuenta de que su amigo tenía razón.

—Sigue—instó con súbito interés, asintiendo.

—Sea o no sea verdad lo que esas brujas hablaban, lo que importa es que ahora crees que no eres capaz de satisfacer a una mujer. Y tu cuerpo te escucha. Lo que debes hacer es convencerte de lo contrario.

—¿Cómo? ¿Cómo puedo recuperar la confianza que tenía? ¿Saber si una chica está fingiendo su orgasmo? ¿Y si está haciendo sonidos lujuriosos cuando en el fondo está pensando... vaya plasta de tío, a ver si termina ya?—Hizo una pausa, agobiado.— Me gustaría ser el tío ese de la película "Lo que piensan las mujeres". Así sabría la verdad.

—Mira, Ed, si comienzas a oír voces en tu cerebro lo mejor será que consultes a un psiquiatra antes de pensar que lees el pensamiento de nadie—repuso Jasper con fingida seriedad.

—Ja, ja, ja—se burló el estudiante de medicina.

—Eh—la cara del rubio se iluminó.— Vamos a intentarlo. Creo que sé dónde puedes empezar a saber lo que piensan las mujeres—exclamó en tono conspirador, alzando ambas cejas repetidas veces.—Puedes saber mucho sobre sus fantasías eróticas.

—¿Cómo?—preguntó el futuro médico, confuso.—Además las fantasías son eso, fantasías.

—Claro, pero son un buen material por donde empezar—su amigo agitó la mano como restando importancia al asunto y se levantó. Acercó el portátil que estaba sobre la mesa y tecleó en el buscador.—Aquí—sonrió de oreja a oreja.

—¿Aquí?—miró la pantalla con atención.—¿Qué es esto?

—Son fanfics, o fics. Historias escritas por fans con los mismos personajes que la original pero distintos argumentos.

—Fanfics... nunca he leído ninguno.

—Busca los clasificados como mayores de 17. A Alice le gustan especialmente los que van sobre vampiros.

—¿Vampiros?—Edward abrió mucho los ojos.—Oye, ¿ya sabes que si mi hermana se entera de que me cuentas esto eres hombre muerto? Ahora sé que Alice lee historias guarras.

—Habla con propiedad, nene. Historias eróticas. Pues ella sí sabe que guardas revistas "guarras"—arqueó las cejas varias veces— en el fondo de tu armario bajo las cajas de zapatos y no les ha dicho nada a tus padres, así que espero que le guardes el secreto.

—¿Qué? ¿Có... como?—farfulló Edward boquiabierto.

—No creo que le importe que lo sepas tú—sonrió el rubio.—Alice tiene menos manías. Y además no tiene por qué enterarse, porque yo no se lo voy a decir y tú tampoco, ¿no?

Edward miró fijamente a su amigo, aún sin palabras, y negó lentamente con la cabeza. ¿Cómo sabía su hermana...?

—Venga, Ed, céntrate—tecleó y se abrió una pantalla con varios títulos.— ¿Ves? Si escribes en el buscador "Penumbra" salen un montón.

¿"Penumbra"? ¿Esas novelas romanticonas de vampiros?–puso cara de asco mayúsculo—Pufff, no creo que me gusten las historias, Jasper. Ya sabes que me gusta mucho todo tipo de lectura, pero eso... Eso es para tías.

—¿Me vas a hacer caso o no?—cortó Jasper, un poco mosca por la actitud poco colaboradora de su amigo.— Mira, será mejor que lo dejemos.—Movió la mano para cerrar el portátil pero Edward lo detuvo.

—No, no. Perdona... es que no sé qué interés puede tener toda esta cosa rosita y almibarada para mí—seguía contemplando la pantalla con desagrado.

—Deja de poner cara de haber comido algo pasado, tío. No seas despreciativo. Esto es un compendio de cómo funciona la sexualidad femenina.

—¿Y no sería mejor comprarme un libro tipo "Sexo para dummies"?—seguía dubitativo.

—Tío, esto es trabajo de campo. Es lo que tú querías, meterte en la mente de las mujeres. Primero te toca hacer esto, y dentro de un par de semanas nos dedicaremos de lleno a la terapia. Mira, te voy a enseñar unos cuantos, y luego les echas un vistaz...oh, oh, Alice.

Cerró la pestaña y abrió rápidamente una web de psicología, la primera que tenía en sus favoritos, justo a tiempo de que su novia entrara en el comedor de la casa de los Cullen.

—¿Qué estáis haciendo?—miró a ambos con curiosidad primero y luego con suspicacia, entornando los párpados.

—Nada, comentando un caso psiquiátrico que Edward ha visto—desde el sofá ambos amigos miraban a la morena con una expresión tan angelical que esta no pudo evitar reírse a carcajadas.

—Ya... y yo nací ayer. Si miráis porno no hace falta que disimuléis conmigo. ¿Has visto alguna postura nueva para practicar, amorcito?—Alice se abrazó a su chico y se sentó en sus rodillas al tiempo que Edward se tapaba las orejas con las manos y ponía cara de sufrimiento.

—¡Demasiada información, Alice!—se levantó y se llevó el portátil a su habitación, rezongando quejas sobre su hermana "la salida".

—Contrólate, tío, es tu hermana—las palabras salieron deformadas de la boca del rubio gracias a los múltiples besos que estaba recibiendo.


Edward seguía mirando con los ojos como platos la pantalla de su ordenador. Había oído hablar sobre los fanfics pero no sabía que una historia de ficción romántica sobre vampiros pudiera dar lugar a tantos y tan distintos relatos. Los personajes de Marie y Anthony lo mismo daban para crear historias eróticas como cómicas, de acción, misterio... Se centró en ojear por encima algunos fics eróticos, los que Jasper sabía que le gustaban a Alice. Pensaba que estaba perdiendo el tiempo, pero si no pasaba por esto Jasper se negaba a seguir "tratándole". Le llevaría la corriente, tampoco pasaría nada porque mirara un poco esas historias.

Mientras nadie se enterara...

Se fijó en uno con un título divertido: "Prisionera de tu pasión". Espero que nadie sepa jamás que leo esto. Pasó uno tras otro los primeros capítulos, buscando la primera escena erótica. Qué paciencia tiene Anthony, si esto fuera una película porno ya habrían echado cuatro polvos. ¿Qué, el primer polvo está en el capítulo 15? Anthony tendrá ya un importante dolor de huevos.

El primer encuentro sexual de los protagonistas no le llamó mucho la atención. Decidió pasar unos cuantos capítulos de largo.

"Anthony tomó ambas muñecas de Marie y las esposó al cabecero de la cama, y luego hizo lo mismo con los tobillos"... ¡Joder! Vale, esto lo dejamos para más adelante... a ver si encuentro algo un poco más ligero para una primera vez con cualquier chica. Lo más probable si saco unas esposas es que salga pitando.

Fue mirando distintas historias pero ninguna le convencía, hasta que una le llamó la atención. "Hechizo de sangre"... no, no le había atraído por el título precisamente. La mayoría de títulos que Jasper le había dado le provocaban algo de risa. Pero no sabía qué era, la forma de expresarse, el estilo... algo en la historia le enganchó. Y en vez de ojearla por encima se puso a leerla con atención desde el primer capítulo.

No era tan ñoña como algunas, ni tan extrema como otras, estaba bien escrita y combinaba elementos de fantasía, suspense, humor... definitivamente le gustaba esa historia. Aunque eso sí, tendrían que torturarle para conseguir que lo reconociera en público. Miró alrededor con vergüenza, como si alguien pudiera estar espiándole, pero sólo era su imaginación.

Marie y Anthony tenían muchos problemas en su enamoramiento, y una parte importante de ellos se debía al miedo que él tenía de hacerle daño si su relación se hacía demasiado física. Vamos, que este tampoco moja, pero por motivos distintos a los míos. Continuó leyendo la historia hasta el penúltimo capítulo publicado y miró la hora en el portátil... ¡las 3 de la madrugada! Y ni tan siquiera había cenado.

Se levantó y se preparó un bocadillo de forma rápida en la cocina. Tenía ganas de leer el capítulo que le quedaba.

Entre mordisco y mordisco llegó al punto final, y se quedó con ganas de más. ¿Cada cuánto publicaba Roxana? Porque ese era el nick de la mujer (suponía que era una mujer) que escribía esa historia. Se dirigió a su perfil, y allá leyó una nota.

"Queridas lectoras, estoy pasando por una mala época de inspiración y de momento no podré actualizar. Os pido paciencia, y en cuanto pueda os aseguro que retomaré mi ritmo habitual de publicación. Un beso."

—¡No!—exclamó en voz alta. Entonces se abrió su puerta.

—¿No qué? ¿Estás bien? ¿Qué haces leyendo a estas horas? –la cara de sueño de su hermana se asomó en el hueco de la puerta, mirándolo con curiosidad.

—Joder, Alice, ¿no sabes lo que es respetar la intimidad de los demás?—espetó al tiempo que, ceñudo, cerraba el portátil de un golpe seco.

—No—su hermana le sacó la lengua.—Pensaba que tenías una pesadilla, o algo, pero veo que es un tema mucho más íntimo porque te estás sonrojando, así que os dejo a ti y a tu amante virtual solos—susurró con cara de complicidad.—Oye ¿estás seguro de que no estás chateando con un tío?

—Ali, no estoy practicando cibersexo. ¡Y a ver si te entra en la cabezota que no me siento cómodo hablando de estas cosas contigo!—repuso exasperado.

—Vale, vale—levantó las palmas en acto de rendición.—Pero deberías relajarte un poco, echar un polvo o algo... en serio hermanito, hace meses que estás un poco tenso y...—cerró la puerta para parar el golpe del cojín que salió disparado directamente hacia su cara y la volvió a abrir—... eso no es bueno. Buenas noches.

Edward exhaló, irritado. Su hermana siempre había sido muy liberal en cuanto a su propia sexualidad, hablaba de ello incluso con sus propios padres, pero él se sentía incómodo tratando esos temas en familia. Le había costado muchos meses confiar a alguien, su mejor amigo, su problema, y ahora se sentía vulnerable, aunque ciertamente más optimista. Lo que tenía claro es que no iba a compartir sus intimidades con nadie más.

Se centró de nuevo en el texto del perfil de Roxana y, para su propia sorpresa, se sintió un tanto frustrado al releerlo. ¿Qué le habría pasado? La historia le gustaba. De hecho, le excitaba. La prueba de ello era el bulto que afortunadamente tapaba su portátil y del que iba a encargarse en cuanto apagara la luz. Jamás había leído historias eróticas, había visto algunas películas porno y también ojeado muchas revistas, por supuesto, como casi cualquier chico, pero nunca se había parado a leer los escasos relatos que de vez en cuando aparecían entre las páginas de esas revistas. Por razones obvias, las imágenes llamaban mucho más su atención.

También era mala suerte que para una historia en la que de verdad estaba interesado no supiera cuándo iba a continuar. Se mordió el labio, pensativo. Había observado que en varias historias las autoras daban las gracias a sus betas y pre-lectoras. Al parecer la función de estas personas era la de corregir errores en los textos, pero algunas también ofrecían ideas a las autoras. Se frotó la mandíbula, pensativo. Se le acababa de ocurrir una idea.


Muchos besos y hasta la semana que viene.