¡Buenos días y feliz domingo! No ha pasado un mes aún... menos de tres semanas, y aquí tenéis el epílogo. Es largo, el doble de un capítulo normal, y espero que lo disfrutéis. Os lo dedico a todas las lectoras. Gracias a todas por estar ahí y hacérmelo saber. Os contesté las reviews al último capítulo a todas menos a las que entrais sin registro y a las que no permitís mp, a vosotras os contestaré por aquí: gracias a YoliCullen (me haces sonrojar), a Rocha (no, no pienso ayudarte con el gasto de agua de tu casa ;)), a tati-cullen (cuídate el corazón, tanto infarto no es sano XD) y a ALAXANDRA (no, tampoco a ti te pago el agua ni el aire acondicionado ;)). Y gracias también a Ebrume, por sus estimulantes palabras, y como siempre a mis dos betas-prelectoras, Pegn y Maria José.

Ah, bars-9 (gracias, guapa) me avisó de que "Cuéntame un cuento" está nominado en los premios Fanfiction addiction como Mejor fic de humor. Me hace mucha ilusión, gracias también a quienes me hayan nominado. La página es esta, por si os apetece pasaros: premios-ffad. blogspot. com. es/ (quitad espacios).

En el otro capítulo había un pequeño homenaje a The Office, el momento en que Edward rompe las bragas de Bella. Sé que en muchos fics Edward rompe bragas con gran estilo, pero es que en aquél era un continuo... es el sello del fic. Este epílogo es un homenaje al fic que me ha tenido más enganchada-drogada-embobada de todos los que he leído, desde que lo descubrí hace año y medio. El fic cuyo Edward, a pesar de sus sombras o quizá gracias a ellas, ha conseguido enamorarme más. Un fic en inglés, ahora un libro, que pronto será publicado en español: Master of the Universe, o Fifty shades of Grey (en español, 50 sombras de Grey, traducción literal que no me gusta porque hace que se pierda el juego de palabras). Como todo lo que alcanza cierta fama, tiene tantas fans como detractores. Yo, evidentemente, me cuento entre las primeras.

Disclaimer: los personajes de Crepúsculo son de S. Meyer. La obra Cyrano de Bergerac es de E. Rostand.

Y ya termino. Este capítulo lo escribí escuchando música, sobre todo una canción de Adele, Set fire to the rain, está en mi perfil. La letra va sobre pasión y desamor... quedaos sólo con lo primero ;). La podéis poner cuando Bella deja un libro en la cómoda... o cuando queráis.


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Epílogo

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Bella cerró el libro con una sonrisa en los labios. No podía evitarlo, sabía que cada vez que leía aquel fragmento se le ponía una cara que, en su opinión, cualquiera habría calificado de boba. Cualquiera menos Edward, claro. Porque cuando Bella se quedaba con aquella expresión él se la quedaba mirando con aquel calor que desprendían sus preciosos ojos, y la temperatura de su cuerpo parecía subir varios grados.

Porque desde el principio de su relación con él, Bella no había tardado en ser consciente de que Edward tenía superpoderes como Charlie Swan, que para ella eran mucho mejores. El poder de desnudarla con la mirada, el poder de hacer arder su ropa interior, el poder de hacer que ella pasara de sólido a líquido en décimas de segundo y el de hacerla sentir hermosa... sí, Edward era todo un mago en lo que a ella concernía.

Miró la hora en el reloj del despacho que compartía en el edificio de la Facultad.

Bien, hora de ir a clase.

Se puso en pie, encaminándose por los abarrotados pasillos hacia su aula. Aún le resultaba algo extraño estar dando clases en el mismo sitio donde hacía poco más de un año estaba recibiéndolas. Su tesis sobre las influencias de Internet en la creación y publicación de libros había sido muy bien recibida por sus profesores y eso la había ayudado a conseguir una sustitución de una baja maternal y posteriormente un contrato a tiempo parcial como profesora auxiliar. No estaba nada mal para una recién licenciada. Le permitía ganar un pequeño sueldo, y así colaborar en los gastos del piso que compartía con Edward desde hacía medio año.

Medio año ya... el tiempo volaba cuando eras feliz.

—Buenas tardes—saludó a sus alumnas.

Alumnas, porque la mayoría eran mujeres, aunque había unos cuantos hombres. La asignatura de "novela rosa", como la llamaban un poco despectivamente algunos de sus compañeros, era bastante más popular entre las féminas.

Habían estado estudiando las obras clásicas, como las de Austen y las hermanas Brontë, y las autoras modernas. En los últimos días el área de estudio se había enfocado más en el erotismo y en lo que se había dado en llamar "Romántica adulta", y más concretamente en el tema favorito de Bella: los fanfics y la publicación en la red.

Todos sus alumnos sabían que ella escribía ese tipo de historias. Ahora ya no se escondía. Pero hoy no tocaba hablar de ella, en absoluto. Se había dado el caso de que un conocido fanfic había llegado no sólo a verse publicado en forma de libro, sino que la autora había vendido los derechos a una productora de Hollywood para hacer una película. Y justo era ése el libro que Bella ojeaba antes de ir hacia su clase.

—Profesora, la verdad es que cada vez que leo eso del "porno para mamás" me pongo de los nervios.

A Bella no le gustaba nada que sus alumnas, y menos las que eran mayores que ella, le hablaran de usted, pero eran las normas de la facultad.

Mary era una alumna fuera de la media. Se había casado joven y había quedado embarazada, interrumpiendo sus estudios de literatura. Los había reiniciado diez años después, y era la primera de la clase. Le caía bien.

—Lo entiendo, Mary. Pero ¿puedes razonar tu opinión?

—Claro. Primero, es despectivo porque lo llama porno. Yo creo que es mucho más que eso, es erótico. No sé, es mi forma de verlo. Para mí va más allá de eso.

—Eso también es cuestión de opiniones—señaló otra alumna.—Hay gente que no soporta leer ese tipo de cosas y las tilda de pornográficas por prejuicio. Otros, en cambio, le dan esa calificación porque no diferencian entre erotismo y pornografía, y no encuentran que el término pornográfico sea peyorativo.

—Puede. De todas formas yo creo que la gente que usa ese término lo usa como algo peyorativo. En esta asignatura lo sabemos, ha habido novela erótica desde hace mucho tiempo. La única diferencia es que algunas dan más que hablar. ¿Por qué ponerle esa etiqueta? En pleno siglo XXI... es tan sexista. ¿Por qué no hablan del porno para papás? Además, no la leen sólo mamás, gusta a mujeres de todas las edades, sean mamás o no. El ponerle ese nombrecito no es más que decir "mira, las maduritas leen porno". No me gusta.— Mary negó con la cabeza, ceñuda.—En el momento en que etiquetas, estableces una diferencia, y esa diferencia puede ser con sentido positivo o negativo, Para mí, en este caso, es negativo.

—¿Crees que es sólo una moda?—preguntó Bella.

—Claro. Pero si eso hace que más gente mire este tipo de literatura con menos prejuicios, bienvenida se...—los ojos de Mary se dirigían a la puerta y su boca se quedó abierta como la de un buzón esperando carta.

—Qué...—todo el mundo en la clase miró hacia la puerta, incluida Bella. Contuvo una sonrisa y exhaló al ver el motivo del silencio repentino que invadía la clase, que permitió escuchar más de un suspiro.

Edward estaba plantado en el umbral de la puerta, con cara de sorprendido. Una gloriosa vista en medio de la fea decoración de aquella zona del edificio.

—Eeeh... he ido a tu despacho y me han dicho que estabas en clase. Pensaba que ya habrías terminado... –el chico miró un momento el reloj de pared de la clase.—Siento haber interrumpido.

Un año después, aquella voz seguía siendo capaz de provocar deliciosas vibraciones por todo su cuerpo; más aún en su vientre, y entre sus piernas.

Miró un momento a su alumnado y se mordió el labio para no reír. Absolutamente todas las alumnas y alguno de los chicos estaban contemplando a Edward como si fuera un enorme bocadillo y ellas unas náufragas hambrientas.

Oh, por dios. Debería estar acostumbrada, pues las escasas apariciones que hacía el cobrizo en la facultad eran todas calcadas a esta. Las que no se acostumbraban eran sus alumnas.

—Cierto—miró el reloj de nuevo para no tener que mirar a las chicas, o estallaría en risas.—Estábamos tan enfrascadas hablando de Fifty shades que se nos han pasado diez minutos de la hora. Bien, es viernes por la tarde... se terminó por esta semana. Hasta el lunes, chicas. Podemos seguir esta discusión entonces.—Le hizo un gesto a Edward para que entrara en la clase, pues había quedado claro que ya la daba por finalizada.

O eso pensaba ella. Porque nadie se movió de su sitio cuando Edward entró con su paso felino y se dirigió hacia la mesa de la tarima. Bella contuvo un increíblemente intenso impulso de poner los ojos en blanco y bufar.

Joder. Debería cobrarles por las vistas.

—¡Chicas! Viernes. Salir. Ya —pronunció lentamente como si hablara con alguien que no dominara su idioma, a ver si así el mensaje podía llegar a las profusamente hormonadas mentes de sus alumnas.

Pero entonces Edward se colocó a su altura y... oh, joder, no... le sonrió. Bella se sintió como en la película "En busca del arca perdida", cuando las alumnas miraban al profesor Jones embelesadas, llegando al punto de escribirse un "te amo" en los párpados.

Recogió sus cosas a la velocidad de la luz y, enroscando posesivamente su brazo con el de él lo arrastró hasta la puerta. Se giró un momento a sus alumnas antes de desaparecer por ella.

—Hasta el lunes.

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—En serio, Edward... ¿no te ves cómo te miran? ¿Seguro que no lo haces a posta? ¿Te diviertes con ello?—le pinchó, aún consciente de que él no era así.

—No me importa cómo reaccionan ellas... me pone a cien cómo reaccionas tú—apartó un segundo los ojos de la carretera para mirarla a ella, y sonrió torcido.

A Bella le dio un vuelco el corazón y notó que su respiración comenzaba a alterarse. Jamás se acostumbraría al efecto que él le causaba así que, como tenían aún mucha tarde por delante, decidió cambiar de tema.

—Me apetece mucho esta cena... hace semanas que no los veo.

—Oh, tenemos mucho que celebrar hoy, pero yo también tenía ganas de ver a los chicos—la mano de largos dedos se posó en el muslo y lo rozó durante un momento antes de volver al volante.

Su corazón latió como un loco durante unos segundos antes de poder hablar. ¿Se ha acordado?

—Sí, me he acordado—él curvó los labios pero siguió con la vista en la carretera. Mierda, Edward había desarrollado una sensible capacidad de intuir sus pensamientos. A veces parecía que le leía la mente, y eso que ahora ni siquiera la estaba mirando a la cara.

—Pero no es hoy...

—Lo sé, es mañana, pero mañana empieza esta noche, ¿no? –Ella asintió, disfrutando de la vista de su perfil griego.—Tengo una sorpresa para ti—añadió, su voz aterciopelada llena de promesas. Bella jadeó.

—¿Qué es?

—Una sorpresa. Y quiero que siga siéndolo —repuso tranquilamente. Ella soltó un bufido.

—Eres odioso. No tendrías que haberme dicho nada—se quejó.—Ahora voy a estar toda la noche pensando en eso en vez de disfrutar de la compañía de nuestros amigos.

—No cuela, cariño. La respuesta sigue siendo la misma.

—A veces eres exasperante.

—Es parte de mi atractivo.

Ella no pudo evitar reír y él la acompañó.

^º^º^º^º^º^

—Pásame un pañuelo, Rose.

—¿Por qué no llevas un paquete de kleenex? O mejor media docena. Al fin y al cabo eres tú el mocoso de la pareja—lo miró con el ceño fruncido, creando una profunda arruguita en su entrecejo.

—Vamos, no pongas esa cara—sonrió Emmet, ignorando su acritud.—Te van a salir arrugas antes de tiempo, cariño.

—¿Sigues atrapando todos los virus que encuentras por ahí, Em?—preguntó Bella tras tomar un sorbo de vino.

—Me han dicho que el primer año de residencia en mi caso será como el primer año de guardería—se sonó ruidosamente y prosiguió, con menos voz nasal.—Ya me queda menos.

—Ya nos queda menos, querrás decir—bufó Rosalie, guardando el paquete de pañuelos de papel de nuevo en su bolso.—Cuando me dijiste que querías ser pediatra debí haberte llevado a que te dieran un electroshock o algo.

—Y me lo recuerdas cada dos por tres. Pero lo aguantas porque sabes que me hace feliz—el grandullón tomó la barbilla de Rosalie y la miró intensamente a los ojos. De pronto, la expresión de ella cambió y fue como si el hielo se derritiera. Sonrió y sus perfectos rasgos destacaron más aún.

Alguien carraspeó.

—Vamos, dejad eso para luego, que hay público — se mofó Jasper. Su hermana le hizo una mueca pero sonrió.— Por dios, bastante tenemos con la pareja caramelo para que vosotros os unáis.

—Eh, ¿eso de la pareja caramelo no irá por nosotros? —Edward fingió mosqueo.

—¿Ves muchas más parejas por aquí? También sois la pareja lapa. O la pareja gasolina. Por favor, cuando estáis juntos hay que alejar los objetos que puedan hacer chispa de cerca de vosotros. Deberíais llevar un signo de esos en la frente, como se hace con los vehículos de mercancía peligrosa... ¡ay!—recibió una colleja de Emmet.

—Un respeto para el hombre que te descubrió tu verdadera vocación—sonó petulante.

—Sí... eso es cierto. Gracias al desastre con tu terapia me di cuenta de que la sexología no era lo mío—rió.—Nunca te lo he agradeceré lo suficiente, ¿verdad?—miró al cobrizo.— La programación neurolingüística es apasionante. Lo que no termino de comprender es tu tendencia masoquista, Edward. Elegir la especialidad de Medicina Interna a las órdenes de quien tú ya sabes... ¿quién lo iba a pensar?

—Cuando habláis así parece que Edward esté a las órdenes de Voldemort—rió Rosalie.

—Más o menos—bufó Edward.— Pero no podía hacer otra cosa—se encogió de hombros.—Cuando se enteró de que quería hacer su especialidad fue a buscarme para que me quedara en su servicio. Al parecer lo que yo creía que era tenerme manía para él era su forma de demostrarme su aprobación. Me dijo que cuando alguien no le gusta directamente lo ignora.

—¿Y ahora, te ignora?

—Oh, creo que me adora porque me tiene harto con sus puyas. Pero es el mejor y aprendo mucho con él. Así que me armo de paciencia, sabiendo que cuando llegue a casa Bella estará allá—sonrió, tomándole la mano y apretándola con dulzura.

—Diossss—exclamó Jasper, elevando los ojos al cielo.—¡Ya no necesito postre! ¡Sois como un pastel de chocolate relleno de dulce de leche!—Todos rieron, incluso Bella y Edward, a su pesar.

—¿Y tú, Bella? ¿Tienes algún fanfic en mente?—quiso saber Alice.

—Déjame un respiro, nena. Hace un par de meses que terminé "Hechizo de sangre". Necesito un descanso.

—Pues ya te puedes poner a la labor—apuntó Rosalie.— Tengo ganas de leer más cosas tuyas.

—Sobre eso, tengo una duda—Emmet se puso muy serio, con lo que Bella se preparó para escuchar algún disparate.

—Dime, Em.

—No entiendo que, si los vampiros son tan duros y todo eso, no lleguen a romper la bragueta cuando están empalmados.

—Qué burro eres—Esta vez Rosalie le dio a él la colleja, pero no pudo evitar reír también.

—Cuánto os he echado de menos, chicos. Incluso a mi hermanito—le guiñó un ojo cuando Edward le hizo una mueca.—Esto de vivir en pareja está bien, pero tenemos que buscar más tiempo para vernos. No sé, instaurar una reunión mensual.

—Tendrá que ser bimensual—Bella tomó la mano del cobrizo y lo miró con dulzura.—Edward está machacado con tanta guardia, tiene poco tiempo libre y yo tengo preferencia sobre vosotros.

Emmet se inclinó hacia Bella e hizo como que tocaba un violín, ganándose otra colleja de esta.

—En serio, chicos, creo que me vais a aplanar la nuca con tanta colleja—el grandullón se frotó la nuca.

—Te mereces todas y cada una de ellas—soltó Rosalie.—Bells, ¿no has sabido nada más de ese tío... Jake?

—Ah, no. Desde que Charlie le pegó aquel susto nunca más—negó con la cabeza, perdida por un momento en sus recuerdos.

Bella evocó por un momento el acoso que recibió en Facebook por parte de Jake. Este no se volvió a atrever a llamar, demasiado cobarde como para arriesgarse de nuevo a que fuera Edward quien cogía el teléfono, pero le mandó varios mensajes por esta red social. Cuando ella lo puso en "ignorados" siguió acosándola a través de correo electrónico, foros y sms. Al principio Bella renunció a entrar en los foros de literatura donde antes disfrutaba tanto, pero al final desistió. Edward tenía razón, no podía dejar que Jake se saliera con la suya. Así que Charlie Swan había sido informado sobre el ciber-acoso al que estaba siendo sometida su hija. Esto le hizo ganarse lo que ella llamó "el sermón del milenio". Acto seguido Charlie se puso en contacto de forma extra-oficial con la unidad de ciber-delitos e hizo que investigaran a Jake. El resultado fue que, como había intuido Edward, aquél estaba acosando a varias chicas a la vez.

Charlie Swan hizo una visita en su tiempo libre al chico, y el resultado fue que Bella tuvo la paz esperada. Su padre no le contó nunca su conversación.

Prefiero que sigas teniendo buen concepto de mí, hija—su expresión era enigmática.

Vamos, papá. ¿No habrás intentado emular a "Harry el sucio"?—Bella bromeó pero estaba un poco inquieta. Esperaba que su padre en el afán de protegerla no hubiera hecho nada ilegal.

Sólo me faltó decirle "alégrame la vida, chico"—rió el policía.

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—¿No volvemos a casa?

—Esta es la sorpresa.

—Edward... sabes muy bien que no me gustan las sorpresas.

—Si esta no te gusta tengo un libro de reclamaciones a tu disposición. Y todavía está por estrenar.

—Oh... dios, no soporto esto. En serio. Me estoy empezando a poner nerviosa—se retorció las manos, mirando ansiosa primero hacia la ventanilla y luego hacia él.

—Déjate llevar, Bella... confía en mí—con la mano que no sujetaba el volante, le tomó la suya y le acarició el dorso con el pulgar.

—Lo hago... –el contacto con su piel consiguió el efecto buscado, y la castaña pareció calmarse un poco.

—Bien. Tenemos muy pocos fines de semana juntos, y quiero celebrar este como se merece. Espero que te guste la cabaña.

—¿Una cabaña?

—Sí... No está lejos de Seattle... menos de media hora en coche. Así que relájate.

Cuando llegaron Bella soltó un gritito de emoción. La casa era muy acogedora y armonizaba con el paisaje, pero lo mejor serían las vistas que se podrían apreciar desde los amplios ventanales en cuanto se hiciese de día. Las cumbres de la cadena montañosa de Olympic, y las aguas del estrecho de Puget serían impresionantes a la luz del amanecer.

Salió del coche y se giró para mirar a Edward, quien la seguía con dos maletas de fin de semana, los ojos brillantes.

—Oh, deja que te ayude.

—No—sonrió él, negando.— Tendrás que ahorrar fuerzas para tomarme en brazos y traspasar el umbral juntos.

—Creo firmemente en la igualdad, cariño, pero lo más probable si lo intento es que termine aplastada bajo tu peso.—Se agachó para cogerle una maleta pero él la esquivó con soltura y siguió su camino.

—Mmmm... si tienes que estar bajo mi peso prefiero que sea en otras circunstancias—canturreó desde delante de ella. Afortunadamente no pudo ver como Bella, inexplicablemente, se sonrojaba. Esa era otra de las reacciones de su cuerpo que indicaba que, a pesar del tiempo pasado junto a él, no se acostumbraba al poder que Edward tenía sobre ella.

La cabaña era espaciosa y con un estilo sencillo, pero tenía de todo, incluyendo una amplia terraza con una mesa, sillas y parasol. Bella sabía que esta vez iba a hacer como Charlie para ir a pescar: se levantaría con el sol sólo para sentarse en una de esas sillas y ver amanecer. Las vistas prometían ser espectaculares.

El estilo de las habitaciones era acorde con el del exterior de la cabaña, sin grandes lujos pero dotadas de todo lo necesario. Bella fue recorriéndolas seguida de cerca por Edward, hasta que al final llegaron al dormitorio. En este había un libro sobre la cama y ella se inclinó para recogerlo. Sonrió de oreja a oreja cuando leyó el título, y sus ojos se humedecieron por la emoción. Hacía un año Edward y ella habían descubierto que eran autora y beta sin saberlo. Y él lo tenía tan presente como ella.

Los brazos de Edward se enroscaron en su cintura y se cruzaron por su vientre, el cuerpo masculino completamente adherido a su espalda. Sintió el familiar vértigo, el dulce abandono que le provocaba su cercanía.

—La página está señalada. Lee, Roxana —susurró en su oído. Bella abrió por la página indicada y reconoció el fragmento de inmediato. Era la famosa escena del balcón, donde un escondido Cyrano describía a su amada lo que era un beso.

—¿Sois vos?—comenzó ella, vacilante.—Me hablabais de... de... un...—musitó, su cuerpo cada vez más inflamado por la cercanía de él.

—De un beso. La palabra es dulce y no veo por qué vuestro labio no se atreve... Si decirla quema. ¡Qué no será vivirla! No os asustéis. Hace un momento, casi insensiblemente habéis abandonado el juego y pasado, sin lágrimas, de la sonrisa al suspiro, del suspiro a las lágrimas. Deslizaos de igual manera un poco más: de las lágrimas al beso no hay más que un estremecimiento.

—Callaos—Bella agradeció que su diálogo fuera tan breve. Escuchar la voz aterciopelada de Edward pronunciando las frases de Cyrano de Bergerac era embrujador.

—¿Qué es un beso, al fin y al cabo, sino un juramento hecho poco más cerca, una promesa más precisa, una confesión que necesita confirmarse, la culminación del amor, un secreto que tiene la boca por oído, un instante infinito que provoca un zumbido de abeja, una comunión con gusto a flor, una forma de respirar por un momento el corazón del otro y de gustar, por medio de los labios, el alma del amado?

Aquello era superior a sus fuerzas. Bella depositó el libro en la cómoda cercana. Se giró y hundió sus dedos en la suave seda del cabello cobrizo.

—Subid a recoger esta flor sin igual—clavó sus ojos en los de él.

—Te has saltado un fragmento—sonrió torcido, sus hipnóticos iris de un verde ardiente, y Bella sintió la corriente del deseo que emanaba entre ambos.

—Porque yo ya he probado tus labios. Soy una Roxana hambrienta de tu boca, Cyrano—susurró. Los ojos de Bella brillaban con picardía mientras se ponía de puntillas y aproximaba sus labios a los de él.—Y ya no puedo esperar más—su cálido aliento provocaba un hormigueo de anhelo en la boca entreabierta de Edward, que sentía cómo el aire se volvía más pesado de repente.

Él alzó una de sus manos hacia la nuca de la chica, enredándola en la densa melena de la castaña, y la otra mano se posó en sus nalgas, recorriéndolas con ternura. Sus labios se rozaban, tentándose, acariciándose... impacientes y al mismo tiempo disfrutando de esa espera. Bella se embriagaba del aroma de Edward, sus dedos disfrutaban acariciando su nuca, tironeando suavemente del cabello, arrancándole suaves gemidos que hacían que su corazón latiera más veloz aún. El deseo crecía en ambos, lentamente, mientras se acariciaban con sus manos, sus labios...

Oh, dios, Bella ya no aguantaba más. Sentía aquella tensión en su interior, y aquel calor que ya conocía. Dentro de poco estaría desnudándole. Lo quería dentro de ella. La punta de su lengua probó el labio inferior del chico y él gimió. Ella notó que él iba empujándola poco a poco hacia atrás, hacia la cama, y sonrió. Los labios de él por fin respondieron a la provocación y se acercaron a los suyos, presionando, hasta fundirse con ellos. Su lengua la penetró dulcemente, sus caricias avivando el incendio que ella sentía consumirla poco a poco.

Y de pronto él se separó.

—Quítate la ropa, Bella—su voz profunda y rasgada por el deseo, su mirada vibrante, eran lujuria en estado puro.—Quiero verte. Hazlo... Poco a poco.

Bella parpadeó. Sentía algo distinto en él. Algo que la excitó de forma aguda y casi dolorosa, haciéndola maldecir internamente. Si fuera por ella se habría arrancado el vestido veraniego que llevaba y le habría suplicado que la follara ya, pero algo le decía que Edward hoy no iba a hacerlo así. Se sintió flaquear, pero aún así se dispuso a cumplir con lo que él le había pedido. Bajó uno a uno los tirantes del vestido, sin perder de vista aquellos ojos, extraviada en aquel mar verdoso que, a pesar de la expresión controlada de sus hermosos rasgos felinos, trasmitía de todo menos calma.

Se quedó tan solo con su conjunto de ropa interior, luchando por contener el movimiento errático de su tórax, con la sensación de que su corazón quería huir de su pecho. Miró hacia él. Seguía con toda la ropa puesta, acechándola de aquella forma que la hacía sentir el ser más apetecible del universo.

Toda la ropa. O ese sexy conjunto no pasará de esta noche.

—¿Tú no te quitas la ropa?—inquirió mientras lo hacía, de repente sintiéndose muy tímida.

Él sonrió enigmático, negando con la cabeza.

—Todavía no—entornó los párpados, y Bella se sintió traspasada por sus ojos. Dio un paso hacia ella, que permanecía expectante y algo confusa.—Eres preciosa, amor. ¿Puedo pedirte una cosa?

Bella estaba alerta, pero ante esa pregunta viniendo de boca de él sólo había una respuesta.

—Lo que quieras.

—Quiero atarte a esta cama, y follarte hasta que grites mi nombre varias veces—el tono de su voz era profundo y vibrante.

¡Joder!

Los ojos marrones se abrieron como platos, mientras todo el aire salía de sus pulmones en un solo jadeo. Parpadeó intentando reiniciar sus procesos de pensamiento, y su boca habló sola antes de que lo consiguiera.

—Sí—se oyó decir.

Tragó saliva cuando vio que él se inclinaba sobre su boca, cerró los ojos, y, abandonándose, cruzó sus manos tras la nuca de él. Esta vez el beso fue suave, lento, sensual, mientras las manos de él se deslizaban por su espalda recorriéndola de arriba abajo, provocando que su piel se estremeciera bajo aquellas caricias. Bella abrió más la boca cuando el beso se hizo más demandante, y gimió. De pronto sintió las cálidos dedos de él acariciando sus pezones, haciéndolos girar. El tacto, a ratos suave y otros más rudo, de sus manos sobre sus pechos la estaba excitando a niveles ya difíciles de tolerar. Pero no parecía que él se diera cuenta. Seguía con la ropa puesta, besándola hasta dejarla sin aliento, estimulando sus pechos sin compasión.

—Edward...—suplicó.— Por favor...—exhaló mientras la boca de él besaba la comisura de sus labios, sus mejillas, su mandíbula, y se deslizaba por toda la longitud del cuello. Se sentía casi al límite y no comprendía el auto control que él tenía. A veces pensaba si el haber estado aquellos meses sin relaciones podía haber influido en su capacidad de mantener las riendas sobre su propio placer.

—Sé lo mucho que te gusta aquel libro, Bella. Dime que no fantaseas con lo que voy a hacerte... y no te creeré —mordió el lóbulo de la oreja y Bella soltó un prolongado lamento de placer.— Pídeme lo que quieres que te haga.

—Quiero que te desnudes. Quiero tu piel contra la mía. Tu peso contra mi cuerpo. Tu aliento en mi boca. Tu polla dentro de mí—una de sus manos siguió abrazada al cuello de él mientras la otra frotaba lentamente la dura erección del chico.

—Bella...—la voz de él se rompió.—Juegas sucio.

—Oh... y tanto. Cada uno juega las cartas que tiene—sonrió pícara, intensificando su roce sobre la bragueta de él.

—Está bien... tú lo has querido —con un movimiento rápido la tumbó en la cama, con su propio cuerpo atrapándola sobre esta, y extendiendo el brazo abrió uno de los cajones de la mesita que había al lado de la cama. Sacó de allí un antifaz y un foulard que Bella reconoció como suyo.

—¿Cuándo has preparado esto?—lo miró alucinada. Él sonreía diabólicamente mientras subía sus brazos por encima de su cabeza, hacia el cabecero de la cama, ataba sus muñecas muy juntas y las amarraba a uno de los barrotes de forja.

—Soy un hombre de recursos, amor... –fue a ponerle el antifaz pero ella negó vivamente con la cabeza.

—¡No! Quiero verte— sus grandes ojos estaban febriles, ansiosos.—No me prives de ese placer.

—Sólo por un momento...—se inclinó sobre ella, acariciando su nariz con la de él, su cálido y dulce aliento provocándola.—Prometo darte otros placeres a cambio.—Los ojos esmeralda se clavaron con toda su fuerza en los de Bella quien, jadeante, temblorosa, húmeda y ardiente de deseo, no pudo hacer otra cosa que claudicar. Cerró los párpados en mudo asentimiento y se concentró en controlar su propia respiración mientras él le cubría los párpados y el mundo se oscurecía a su alrededor.

Siempre había fantaseado con algo así, pero había pensado que jamás permitiría a nadie cumplir esa fantasía. Creía que una cosa era la fantasía y algo muy distinto la realidad, que podía disfrutar leyendo esas escenas pero no viviéndolas. Que el miedo no la dejaría relajarse.

Pero con Edward no existía el miedo. La confianza en él era total. Él la respetaba y la conocía mejor que nadie, sabía lo que ella quería, lo que la llevaba a tocar el cielo.

Así que, cuando él la cegó y el resto de sus sentidos se intensificó de forma aguda, sólo sintió placer. El placer de sentir sus manos acariciándole cada pequeña parte de piel, de escuchar su irregular respiración cerca de ella, de oírle susurrarle lo hermosa que era, de sentir su aroma masculino y sensual llenando sus pulmones por completo. Se preguntó si habría un tope, un techo para el placer que podía sentir una persona. Algo a partir de lo cual fuera insano seguir, un límite no apto para sobrepasar.

Dejó de pensar en cuanto la boca de él comenzó a recorrer su cuerpo. Sus suspiros elevaron el tono, hasta transformarse en lujuriosos gemidos mientras la seda de sus labios y la cálida humedad de su lengua trazaban caminos siguiendo la caricia de las yemas de sus dedos. Sus manos cosquilleaban ansiando tocarle, hundirse en el desorden de sus cabellos, abarcar su amplia espalda, y sin darse cuenta se vio tirando de su atadura e intentando liberarlas.

—Edward...—gimió, apenas audible. Entonces una fuerte mano acarició uno de sus brazos, presionando suavemente hacia abajo, y lo escuchó murmurar justo en su oreja.

—Mantén los brazos en su sitio—ordenó con suavidad y firmeza, la voz ronca de deseo.— Si los vuelves a mover, será porque quieres que te libere. ¿Es así? ¿Te suelto?

Sacudió la cabeza varias veces. No, no quería eso, pero su cuerpo tenía voluntad propia. Intentó retenerse y tomó aire, profunda y lentamente.

—Bien... –continuó él al ver su respuesta— porque no te imaginas lo que me hace sentir el verte así, desnuda y atada, tan entregada... tan... jodidamente apetecible.—Sus dientes mordisquearon de nuevo el lóbulo de su oreja.

Ella se mordió los labios y apretó fuertemente los párpados para no gritarle que la follara ya. Sabía que eso no formaba parte del juego, así que siguió aguantando los embates del deseo, que la arrollaban por dentro mientras él continuaba torturándola con su boca y sus manos, paseándose por sus pechos, su cintura, sus caderas, su...

—¡Joder!— Necesitó de toda su voluntad para no saltar sobre la cama cuando la lengua de Edward lamió su clítoris. Incapaz de mantener ni un segundo más aquella forzada inmovilidad, comenzó a retorcerse en la cama. Él se aferró a sus muslos con fuerza y la retuvo en su sitio mientras su boca se perdía entre las piernas de ella.

—Creo que nunca habías estado tan mojada, amor...—el calor de su respiración se sumaba al que ella sentía en su sexo. Bella sintió su lengua alrededor de su clítoris, lamiendo, chupando, bebiendo de ella, mientras ella se moría por desatarse y abrazar su torso, sus caderas buscando las de él. Cuando el placer formó un nudo de tensión, eléctrico y vibrante, ella quiso cerrar las piernas para aumentar la fricción, pero él no la dejó.

—¿Estás bien, amor?—su voz ronca sonaba con un punto de preocupación.—Háblame.

—Sí... sí... oh, dios. Te necesito ya. Por favor.

—¿Confías en mí, cariño?

—Sí...

—¿Si hago cualquier cosa que te moleste lo más mínimo me lo dirás?

—Sí, sí.

—¿Y confías en que pararé?

—Oh... mierda, Edward. ¡Sí!

—Entonces déjame seguir.

—Oh...dios... no sé si podré— lloriqueó.

Por toda respuesta, la ardiente lengua de él volvió a lamerla, perdiéndose entre sus pliegues al mismo tiempo que sus dedos penetraban en su vagina y se retorcían. Estimulado por los fuertes gemidos de la chica, uno de esos dedos abandonó su húmeda cavidad para acariciar sus pliegues y recorrer el camino hacia atrás, entre sus nalgas, rozando el apretado anillo.

—¡Ah!—Bella gritó sin contención cuando el dedo de él apenas la penetró por detrás, suave y firme. Un espasmo la recorrió de abajo arriba y sintió que todo su vientre se tensaba, preparándose.

Edward chupó su clítoris, dos de sus dedos retorciéndose en su vagina y un tercero acariciando entre sus nalgas. La bola de deseo estalló violenta, avasalladora y voraz, como una tormenta eléctrica incendiándola, sacudiéndola, que se desató arrastrándola consigo. Escuchó un grito, pero no tuvo conciencia de haber abierto la boca. Ni siquiera se había creído capaz de respirar. Todo era él y lo que le hacía sentir.

No supo si había sufrido un breve desmayo o no, pero cuando fue plenamente consciente de la realidad se dio cuenta de que ya no llevaba el antifaz. Parpadeó, aunque la luz era tenue sus ojos tenían que acostumbrarse. Y allá estaba él. Se había quitado la ropa, y estaba completamente desnudo, recostado a su lado apoyado en un codo, mirándola con una mezcla de preocupación y buen humor.

—Estás bien—sonrió. Podía ser tanto una afirmación como una pregunta. Bella asintió, sumergida por completo en su mirada, ahora oscurecida por la lujuria. Él le masajeó los brazos, que continuaban atados y en la misma posición, con la mano libre.— ¿Estás incómoda? Porque me muero por follarte así—susurró apenas, su cara a escasos centímetros de la de ella, su mano recorriendo el brazo, el torso de la chica, acariciando la cintura y la curva de la cadera.

Bella parecía haber perdido la capacidad del habla. Se limitó a asentir, clavando sus marrones ojos en los de él. Edward rió entre dientes y la mirada le brilló con malicia.

—Sí, ¿qué?—sin variar su expresión, su mano se dirigió lentamente desde la cadera al pubis de la chica y esta jadeó y abrió mucho los ojos.— ¿Sí que estás incómoda? ¿O sí a que te folle así?—acercó su cara aún más y rozó su mejilla con sus labios.

—Fóllame... así—la sonrisa perversa se acentuó, mientras él negaba lentamente con la cabeza.— Oh, te odio...

—Petición incorrecta, cielo— sonrió mientras se movía sobre la cama, le alzaba los muslos, y los separaba, colocándose entre sus piernas con movimientos calculadamente lentos.

—Fóllame... Edward... por favor.

—Quiero que me mires, Bella. No cierres los ojos— pidió en voz baja.

Se introdujo centímetro a centímetro dentro de ella, sus ojos clavados en los de la mujer que, hipnotizada por la sensualidad completa que reflejaba su cara, luchaba contra la natural tendencia de sus párpados a cerrarse ante la deliciosa invasión. Su respiración se convirtió en un ruidoso y desacompasado jadeo, reflejo de la de él. Edward comenzó un suave vaivén, retirándose del ardiente y apretado interior de la chica, y volviendo a entrar con la misma lentitud.

Los labios entreabiertos, las miradas enlazadas y febriles, los gemidos suaves que exhalaban ambos amantes, el deseo quemando en sus venas y el placer irradiando desde su punto de unión eran todo lo que sus sentidos abarcaban. No existía nada más, y nada menos.

—Amor... es increíble estar así, dentro de ti. Cada vez es como la primera—embistió con fuerza una vez— Siempre me sorprende lo que me haces sentir—aceleró el ritmo y Bella curvó el cuello hacia atrás, los ojos casi en blanco mientras sus párpados se cerraban.— Bella, mírame—ordenó suavemente. Y toda la voluntad que a ella le quedaba la usó para abrir sus párpados y fijarlos en los iris de Edward, ahora de un tono jade oscuro.— Te amo.—Embistió de nuevo, profundamente, y ella se rindió a lo que sentía, a lo que él le hacía sentir, más fuerte que el juego al que intentaba jugar. Su boca entreabierta lanzó un lamento, sintiendo el inminente orgasmo, y su cuerpo se tensó como un arco, su boca gritó su nombre segundos antes de que él se abalanzara sobre ella para besarla de forma intensa, apasionada, como si en ella encontrara su alimento, su bebida y su aire. Sin despegarse de su boca la desató y ella se aferró a él como si cayera y él fuera su único punto de apoyo.

—Edward...—casi cantó suavemente, sus brazos amarrándose al torso de él, sus piernas aprisionando sus caderas.—Dios... me vuelves loca. Y aún así nunca tengo suficiente de ti.

Se besaron con pasión, las lenguas entrelazadas, los labios fundidos, el sabor de uno en la boca del otro, y rodaron en la cama hasta que Bella estuvo encima de él.

—Yo también te amo—se inclinó y, sin perder de vista la ardiente mirada, tomó ambas manos de Edward con las suyas, comenzando a mecerse sobre él.— Como... jamás pensé que amaría a nadie— susurró, casi sin aliento.

Movió sus caderas en círculos, atrapada por la visión del placer que le estaba proporcionando. Él apretó los dientes y cerró los ojos, su cuello en tensión, su cara reflejando el esfuerzo que empleaba para contener su propio goce.

—Mírame, Edward—ordenó ella, con más firmeza en su voz de la que habría pensado. Él lo hizo de inmediato, observándola alerta.— ¿Te gusta ver cómo te cabalgo?—Tomó las grandes manos masculinas y las puso sobre sus pechos, apretándolas con fuerza.— Dímelo.

—Me... gusta—gruñó él, y Bella sintió en su cuerpo que él estaba al límite. Aumentó la fuerza de sus movimientos, respirando con dificultad mientras el sudor caía por su frente.

—Córrete dentro de mí, cariño. Quiero sentirte —gimió, y soltando sus manos inclinó su cuerpo hacia atrás. Apoyándose en la cama con ambas manos mantuvo un ritmo intenso y constante, subiendo y bajando por su miembro, hasta que él rugió y sintió que se derramaba en ella, y ella se dejó ir, acompañándole en su éxtasis.

Cuando las oleadas de placer disminuyeron se desplomó sobre el cuerpo del chico, que la rodeó con sus brazos, y la besó con ternura.

—Quiero esto para siempre, Bella. Prométemelo — la miró, los párpados pesados de cansancio, la cara húmeda de sudor, los ojos vibrantes de pasión.

Bella lo miró sonriente, cansada pero con el corazón rebosante de felicidad.

—Siempre, Edward. Te lo prometo. Mientras duren nuestras vidas.— Le besó con ternura antes de que el sueño los encontrara, aún con los cuerpos enlazados.

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FIN


Las frases del final son muy Amanecer. Pero es que, aunque en este no salgan vampiros, es un fanfic de Crepúsculo.

Gracias a Nuriamoon por su acertado comentario sobre el porno para papás y el sexismo, que he usado aquí ;).

En mi perfil encontraréis fotos de la cabaña, y de las vistas (es un lugar cercano a Seattle, tal como dice Edward). También la canción de Adele y algunas cositas más por si os aburrís ;): videos de Harry el sucio diciendo "alégrame el día" (me pone imaginar a Charlie diciéndole eso a Jake), del profesor Jones mirando el I love you en los párpados de una estudiante, y de Cyrano (Depardieu) y Roxana en la escena del balcón.

Voy a tomarme un descanso, pero tengo algunas ideas de ideas en la cabeza. Me apetece escribir un "one shot", que igual acaba teniendo dos capítulos... Si queréis que os avise cuando publique, me lo decís por aquí o miráis mi página de Facebook, Dra B Swan. La tengo desde hace un año pero no la usaba hasta hace muy poco, por eso no la publicité. O me ponéis en vuestro "Author alert" aquí.

Si os ha gustado, usad el bonito recuadro azul de más abajo para decírmelo ;).

¡Un beso a todas!

NOTA a marzo de 2014: no me pongáis en author alert. No voy a publicar nada nuevo en FF cuando termine Turno de noche. Si quieres leerme en otro sitio, el link está en mi perfil.