Después de varias semanas, por fin lo continué. Es que primero debía terminar el anime. Ya, justo ayer lo hice. Al final me quedé de ¿Y ahora qué haré con mi vida? y me dieron ganas de volverlo a ver, eso haré, pero después.

Supuestamente debería estar estudiando historia, pero cuando estoy examenes siempre me llega la inspiración.

Esta vez venía de la mano de una canción, "Once upon on december" del soundtrack de Anastasia, no sé por qué. así que decidí ponerle así al capítulo.

Oh dios, me deprimo ;_;

y aún faltan muchos más OneShots y así!

D I S C L A I M E R

Steiner el Magnifico y todo lo demás le pertenece a Naoki Urasawa. ESE HOMBRE ES DIOS.


GiygaShade's

Stampfenden Ameisen

II

Es war einmal im Dezember.

Nieve…

Mira, hermano, ¡Nieve!

La primera nevada del invierno anuncia que este año el frío será más mortífero. No importa, porque nos tenemos uno a otro en esta ciudad llena de caras hipócritas, caras desconocidas. Gente que camina sin llevar un rumbo.

Nieve…

Mira, hermana, ¡Nieve!

Veo en tu rostro el mío, somos dos copos de nieve extraviados en este mundo lleno de decepción, de dolor. Dos copos que hacen todo lo posible para no caer en el piso y formar parte de un bulto que inevitablemente se derretirá.

Sonríes y me llevas a la ventana, comparto tu gesto. No pueden vernos juntos, porque creen que yo no existo, que yo soy tú. Y aún así, estamos frente al cristal observando a los demás niños jugar con la nieve, ellos se alejan. Lo que daríamos por salir a atrapar copos con nuestra lengua. Más bien, lo que daríamos por ser como los demás, por no tener que vivir en esta situación tan difícil. Al igual que tú, quisiera ya no ocultarme.

Cuando uno sale, el otro no puede salir. No podemos jugar juntos en la calle, tenemos que ser un alma solitaria fuera de nuestra casa mientras que el otro se queda leyendo los cuentos de esa persona que tanto daño nos ha hecho. Nuestra vida nunca será normal. A menos de que nosotros nos armemos de valor y cambiemos esto. Y es que no podemos, aún somos débiles, tan débiles que nos derretiríamos en un mundo como el de allá afuera, lleno de tristeza.

Mejor quedarnos aquí, construyéndonos recuerdos felices que son utópicos a nuestros ojos. No hay que pensar en nuestra madre, ella no entiende como nos sentimos, no, como te sientes tú. Sólo estamos tú y yo, provenimos de un pueblo que parece sacado de un cuento de hadas. Sólo nosotros dos contra el mundo.

Lo sé, quieres tocar la nieve, acostarte en ella, hacer un ángel. Lo que añoras es sonreír después de todos los momentos dolorosos que has pasado. ¿Por qué no? Sal a la calle y diviértete, yo no podré ir contigo, ya sabes por qué. Sin embargo, anda, que la gélida nieve que se acumula en la calle cure todas tus heridas, tanto psicológicas como físicas.

Ah, yo también quisiera ser curado por la primera nevada, más, yo no puedo hacerlo. Y si uno de nosotros tiene que salir a la calle, esa serás tú. Porque eres más importante que yo en todos los aspectos. Sin ti, mi vida no tendría sentido. Anda, ve, sal. Yo te observaré desde aquí. Quiero verte atrapar copos de nieve con la lengua, quiero verte acostada en el blanco perfecto, quiero verte extender tus piernas y brazos para crear un ángel perfecto, como tú; quiero verte sonreír inocentemente otra vez.

Te quitas el camisón, tu cuerpo es casi igual al mío, sólo nuestro sexo cambia. Eres perfecta, eres el ser más perfecto. Y yo, yo sólo soy tu sombra. Tienes un profundo rasguño en tu hombro izquierdo, la herida que te recuerda a tu dolorosa huída de la mansión teñida de rojo. A partir de ese día, no has podido sonreírme honestamente, sientes que las sonrisas no sirven de nada en este mundo. Te equivocas. Cambias tu ropa rápidamente y te vistes con un vestido rosado, llevas unas mallas blancas y botas de nieve. Te ves hermosa en esa ropa. A mí me encantaría tener un traje de invierno, no puedo, porque tengo que ser como tú.

Ya verás, algún día tú y yo nos iremos juntos de aquí, recorreremos el mundo hasta encontrar un lugar para los dos. Sólo para los dos. Un pueblo sacado de un cuento de hadas, de nuestro propio cuento de hadas. Un cuento que sólo nosotros vamos a escribir, que no compartiremos con nadie. Por ahora, sal y húndete en la nieve, en el frío invierno de Praga. Que la nevada lave todas tus tristezas. Eso quieres, ¿No? Pues, eso es lo que quiero yo.

Bajas las escaleras rápidamente, yo te extiendo el brazo y te doy un adiós. Mientras abres la puerta dices que no te alejarás de la casa. Eso es lo que yo espero y sin embargo, también quiero que te alejes, que huyas. No sabes qué aberraciones pueden pasar aquí, no quiero que lo presenciaste hace apenas unas semanas suceda de nuevo. Por favor, vete de aquí. Yo no importo, tú sí. Que seas feliz.

Me dirijo de nuevo a la ventana y te observo detenidamente. Eres un ángel venido a la tierra que no tiene por qué sufrir. Volteas, nuestros ojos se encuentran y ambos sonreímos. Te agachas y tomas un poco de nieve con tus manos desnudas y la avienta hacia arriba, dejando escapar una pequeña sonrisa. Te acuestas y creas un ángel de nieve con tu silueta. Cuando te pones de pie para apreciarlo, yo ya lo hice. Esa silueta no es sólo la tuya, sino también la de un ángel que quiere huir de todo el sufrimiento.

Caen más copos, comienzas a dar vueltas alegremente, simulando a una bailarina de ballet. Cómo desearía verte en un recital, a sabiendas de que eso es imposible. Tú jamás entrarás a clases y yo jamás saldré de aquí. Estamos atrapados en una burbuja desde que nacimos. Sigues bailando, me contengo las ganas de llorar. Quisiera estar contigo allá abajo, sonriéndote y dando vueltas contigo. Quiero salir, añoro salir.

Tanto qué no lo soporto. Ya no lo aguanto.

Me alejo de la ventana, corro al ropero, me pongo uno de tus suéteres tejidos y me cambió las pantuflas. Corro hacia las escaleras, las bajo emocionadamente. Me dirijo a la puerta, giro rápidamente el picaporte y me encuentro con un mundo completamente diferente.

Por primera vez en la vida me siento vivo…

Por primera vez me siento libre…

Me extiendes la mano, yo la tomo. Comenzamos a dar vueltas, puedo intuir que por fin estás feliz, por fin sientes eso que tanto te hacía falta. Por fin vuelves a ser tú. Haces como si te olvidaras de todo, sí, te olvidas de todo. No más dolor, no más tristeza, no más miedo. Sólo estamos nosotros dos en una inmensa ciudad dónde las caras desconocidas e hipócritas se pasean. Sólo tú y yo, no necesitamos más.

El mundo sólo para ti y para mi….

Que los demás sean nuestra pequeña granja de hormigas…

Siento una mirada, hay alguien en la ventana. Es madre, que no puede contenerse y rompe en llanto, ella también sufre, más nosotros sufrimos aún más.

Volvemos a acostarnos en la nieve.

Cuando nos ponemos de pie, me doy cuenta de que tu silueta es un ángel.

Y la mía es la de un monstruo que apenas está naciendo.