Esta historia cuenta cómo el acto de un Gato, cuyo nombre era Rayo, cambió la vida de mucha gente de su Pueblo y de los demás (Perros, Lobos, Ratas y Serpientes, entre otros). El efecto de su acción seguiría actuando incluso luego de que él abandonara este mundo.
El protagonista pertenecía a la Raza de los Amarillo-Anaranjados. Sus congéneres, a causa de su aspecto, le habían puesto el mote de "Rayado".
Otro de los personajes era la Gata Clarita, del Clan de las Grises, y de un color gris perla tan especial que -según juraba el Gato ante sus oyentes incrédulos- variaba entre un tono ceniza claro y el brillo de la Luna.
Cuando Rayo la conoció, creyó que la Luna llena asomaba por encima del muro; al verlo ella, en cierto amanecer, le pareció que el mismo Sol la miraba desde el tejado.
Y al poco tiempo se comprometieron; y Clarita, que tenía entonces una cinta roja de adorno en el cuello, recibió de él un collar de perlas con un rubí muy fino y redondito.
Antes de encontrar a su prometida, había vivido totalmente libre y despreocupado. Como cualquier Gato Callejero, iba por la vida cazando Ratas, yendo por los techos en las noches cálidas o -de tanto en tanto- encendiendo los corazones de todas sus admiradoras, dentro y fuera de su pueblo natal.
En cuanto a Clarita, antes de conocer a Rayo había estado un tiempo con un primo segundo del Gato Mancha, uno de sus tíos.
En realidad, todos en ese pueblo tenían un parentesco más o menos cercano y, aunque eran por lo general dados al romance, la gente de las demás Comunidades no se relacionaba mucho con ellos...
...Hasta los primeros días de esta historia.

El relato transcurre principalmente en dos lugares: el Bosque, cruzado por un río y con montes de varios tipos de árboles, y la Ciudad, bañada por el mismo río.
Contaba ésta última en primer lugar con el sitio donde vivían Mancha y los demás -el pueblo de los Gatos-, con sus puentes y sus coloridas casas, desde las cuales se veían las oscuras aguas que en un tiempo tuvieron el color de los Leones.
El Sector Viejo tenía la forma general de un cuadrado cuyos bordes limitaban con las Dársenas y con los barrios vecinos: al sur, el pueblo mencionado; al oeste el de los Perros, y hacia el norte el Sector Portuario.
Dos plazas caracterizaban al Sector Viejo: una, al sur -casi en el límite con el pueblo natal de Rayo-; la otra, en el extremo opuesto y conocida como la Plaza del Centro.
La parte de la Ciudad donde vivían los Perros también contaba con una, conocida -por su parte- con el nombre de Plaza Mayor.

En el Sector Viejo vivían las Comadrejas, los Armadillos, los Conejos y los Murciélagos.
Aquéllas -en su mayoría mujeres- eran famosas por su costumbre de comentar lo que se oía y escuchar lo que se decía. Algunas iban por la Ciudad adivinando el porvenir a los que estuvieran dispuestos a prestar oídos... Y a pagar.
Originariamente venían de una península, y se diferenciaban entre sí según el lenguaje de cada región; las del norte prestaban especial atención al suyo, como una de las formas de autonomía.
Los Armadillos eran en general muy viejos; se dedicaban al comercio de antigüedades. La mayoría de sus antepasados había llegado en barcos, traídos aquéllos a la fuerza, para que trabajaran en las lujosas viviendas de los Zorros de otro tiempo. De aquellos predecesores sólo quedaban los ritmos populares usados en los desfiles carnavalescos.
En cuanto a los Conejos, eran considerablemente más numerosos que sus vecinos principales (Comadrejas y Armadillos). Su máximo representante era una Reina, pero el verdadero poder estaba en manos de una Coneja de corazón de Hierro.
Todos eran originarios de un grupo de islas a las que siempre recordaban por sus verdes campos, sus paisajes neblinosos, sus leyendas y su música. No acostumbraban hablar de sí mismos con los demás Pueblos, pero éstos siempre contaban o escuchaban alguna que otra historia fantástica acerca de los Conejos.
Compartían las islas con los Perros Pastores Ingleses, los Welsh Corgies, los Terriers Escoceses (al norte), los Setters Irlandeses (al oeste), con algunos Zorros, con varias Razas de Ovejas, y con los Gatos Manx, que vivían en una islita pequeña situada entre las dos mayores.
En cierto sector de la ciudad más importante, habitaba una Comunidad medianamente numerosa de Cuervos.
Sus vecinos inmediatos, como se dijo, eran los Murciélagos. Pero a diferencia de aquéllos, aún no habían sido considerados como Pueblo ; por su escaso número según algunos, por lo que inspiraban en otros, y porque de todos modos nadie los conocía muy bien.

El Sector Portuario tenía por habitantes a las Ratas, a los Zorros y a las Gaviotas; aquéllas predominaban al norte y al este, en tanto que los Zorros moraban en la parte sur. La mayoría de ellos se ocupaba de manejar todo lo relacionado con los negocios, la compra-venta y las finanzas.
Las Gaviotas, por su parte, vivían al noroeste de los Zorros, y en el Puerto propiamente dicho.
Por ser sus viajes únicamente hacia mar abierto, su existencia era prácticamente desconocida; y tal vez por eso, tampoco eran consideradas como una Comunidad.
Las Ratas tenían como Líder a un Rey, que además era medio mago; los Perros, un Jefe de Raza Collie que ocupaba el edificio situado al oeste de la Plaza Mayor. El Monarca, por su parte, vivía en el este del barrio de los Conejos y tenía una casa en las afueras.
En la Plaza Mayor vivían -o al menos se congregaban- centenares de Palomas. Era el tercer grupo no reconocido como Comunidad por el Jefe de los Perros, al cual también le habían solicitado ese reconocimiento las Gaviotas y algunos Murciélagos.
El Sector Moderno limitaba con el Portuario al este y con el pueblo de los Perros al sur. Era muy extenso, y entre el área poblada y el río que lo bordeaba a lo largo había una amplia franja de bosques, parques y plazas, alternando con lagunas aquí y allá.
El Sector Sur, al oeste del pueblo de los Gatos, era casi tan característico en esa parte de la Ciudad como el Sector Viejo.
Más hacia el oeste se encontraba el Pre-Bosque del Sur, con sus larguísimas avenidas y sus inmensos parques.

Los Gatos vivían principalmente dentro de los límites de su barrio. A veces iban a algún lugar de la Ciudad, pero sólo para volver antes de empezar siquiera a extrañar su hogar. Y casi nunca aparecían por el Bosque; como mucho tres veces en cinco años.
Por las noches gustaban de salir en busca de romances pasajeros por los hoteles del Sector Viejo, dada su naturaleza.
Tenían tantos Jefes como Razas en que se dividían; ninguno actuaba como tal si las circunstancias no lo requerían.
La mayoría tenía el hábito de cazar Ratas (Rayo, uno de ellos). Otros buscaban un régimen alternativo; y se conocía un caso (tal vez el único) de una Gata que disfrutaba en compañía de las de ese barrio.
Los Gatos eran armoniosos, fuertes y ágiles a la vez.
También, reflexivos, distantes, sensuales, salvajes, audaces, graciosos, esculturales, apacibles, mimosos, elásticos, cautivantes, refinados y reservados.
Podían ser de acero, de fuego y de algodón. Cada uno de ellos era, en su obra, el actor principal.
Tenían un Museo, un club y una calle propios. Algunos venían de muy lejos o manejaban conceptos filosóficos trascendentales.
En el Sector Viejo vivían originariamente tres Comunidades (reconocidas): la de las Comadrejas al norte y al oeste respecto de la Plaza del Centro, la de los Conejos en el este, centro y sudoeste, y una pequeña y pobre de Armadillos al sudeste, en los alrededores de una placita semiescondida.
Pero en la época en que transcurría esta historia, un grupo numeroso de Gatos tuvo relaciones de carácter extramatrimonial con Zorros, Comadrejas, Armadillos y Conejos, y ya no pudo regresar a su pueblo.
Para Rayo, todo comenzó cuando volvía, de casa de Clarita, a la suya.