Iban caminando por la acera de un barrio residencial hacia sus casas. Faltaba poco para que el sol terminara de esconderse y empezara a oscurecer. Ambos sumaban una cantidad alarmante de deberes –ya que habían clases en las que no estaban presentes- y al día siguiente tenían examen. Pero nada parecía abrumarlos demasiado mientras caminaban en silencio.

Tai iba rezagado, con las manos en la nuca, al parecer mirando sus pensamientos reflejados en el cielo. Matt, unos cuantos pasos más adelante, en su habitual pose relajada de manos en los bolsillos del pantalón, avanzaba volteando la vista hacia atrás de vez en cuando, precaviendo que Tai no fuera a darse de bruces contra el pavimento.

Matt estaba divagando sobre una nueva canción de la banda, y el arreglo que habían acordado que debía de hacerle, tarareando la melodía en su cabeza.

- Oye, Matt. – lo llamó su amigo, sin bajar la vista a tierra.

- Dime. – murmuró, parpadeando para alejar la canción por un momento y prestar atención a Tai.

- La Internet es extensa, ¿no? – era una mezcla entre afirmación y pregunta.

- Supongo. – contestó distraído.

- Entonces debemos llevar un mapa la próxima vez que nos metamos a ella, para no perdernos. – Matt movió la boca a un lado.

- ¿Y cómo pretendes hacer un mapa de la Internet? – quiso saber, mirándolo. Tai se encogió de hombros. – Tendríamos que dejar un camino de migas de pan.

El moreno arrugó el ceño. Matt lo esperó para caminar a su paso.

- Sí, la próxima vez que nos metamos a la Internet iré con una baguette y un bate. – dictaminó el rubio.

Tai lo observó con una mueca entre divertida y seria.

- Si vas con las dos cosas, y aparece Kioboromon te vas a confundir y le vas a dar con la baguette. – Matt rió ante la imagen mental, pensando en esa posibilidad y al pan partiéndose por la mitad.

- Es que por eso, tú vas con la baguette y yo con el bate. – explicó, como si fuera lo más obvio del mundo. Tai entrecerró los ojos.

- Mmm… pero las migas de pan son poco estables. Podría pasar cualquiera, hasta Agumon se las comería sin darse cuenta. – contradijo Tai. – Si hay una brisa, o algo parecido en la Red, ¡adiós migas de pan! Y jodemos. – Matt se llevó una mano a la barbilla, pensativo.

- Puede ser… entonces tendrían que ser dulces. Sí, dulces mejor. – Tai asintió, dándole razón. Volvieron a quedarse en silencio por algunos segundos.

- ¿Sabes cuan extensa es la Internet? – interrumpió el moreno. – Gastaríamos mucho dinero en dulces para dejar un camino…

- Bueno, de aquí a la próxima vez que tengamos que derrotar a Kioboromon, tendremos que juntar el dinero suficiente para comprar todos los dulces que necesitemos. –