Título: Lo que nadie ve
Fandom: Glee
Género: Angst
Personaje: Sebastian Smythe.
Resumen: Todos asumen y prejuzgan por los rumores. Nadie se ha tomado la molestia de ir más allá de esas apariencias y descubrir el ser que se encuentra detrás. Quizás, si lo hicieran, se llevarían más de una sorpresa.
Desafío: #22 La mayor parte del tiempo / (Tabla Musical de fandom_insano en LJ)
Rating: PG-13
Nota: (Intento de) Continuación de Lo que queda sin decir. Producto de mis desvaríos mentales, btw. Quiero agradecer a Chiyo-san y Elizabeth por sus comentarios y buena onda, espero que esta suerte de viñeta de continuación les guste :)


Lo que nadie ve

Todos piensan que tiene un corazón frío, se la pasa de polvo en polvo, cuando lo que en realidad hace es intentar borrar esos recuerdos que aún le atosigan como fantasmas. Intenta borrar con otros besos y caricias, las marcas profundas que él grabó en su alma. Lo ha intentado muchas veces, pero parecen indelebles al coqueteo y libertinaje de los ligues de una noche, sin importar cuánto lo intente.

Todos piensan que su padre, fiscal él, le salvaría el culo si llegase a meterse en un aprieto con la ley. Pero no se les ocurre siquiera concebir la posibilidad de que en realidad su padre le detesta, le insulta y desmerece ante la menor oportunidad. Y que su fijación por ganar se debe más a querer demostrarle a su padre que no es un inútil.

Todos le ven como el niño rico, petulante, cruel, libertino y descarado.

Nadie ha intentado jamás escarbar tras esa coraza de seducción, coqueteo y orgullo que ha erigido para protegerse de otros, del mundo. Tras ella no es más que un adolescente asustado, marcado por un pasado que preferiría olvidar –pero no puede, aún conserva mil y un cucherías en el cofre que le regaló su abuela Marie.

Es ahí donde han quedado olvidados pedazos de su vapuleado corazón, y por más que lo intenta una y otra vez, no logra recomponerlo. Quedaron perdidos entre cartas y notas escritas en francés, una tira de fotos de una colorida feria, un pequeño oso de felpa que dice en voz chillona las palabras que tanto espera volver a escuchar de sus labios, entre tantos otro objetos que le recuerdan esa época en la que fue feliz.

La mayor parte del tiempo, elige levantar una fachada para que nadie conozca ese lado vulnerable, porque le asusta, le hace sentir pequeño e insignificante –tal como se sintió aquella noche en esa callejuela de París, donde le llovieron más golpes y burlas que en toda su corta existencia, cuando esperó un auxilio que nunca llegó y el dolor emocional le sentó peor, más que las fracturas múltiples y las profundas heridas sangrantes.

Y la mayor parte del tiempo, por más que su corazón parece detenerse y las lágrimas acuden prontas a sus ojos, para correr sin vergüenza en soledad cuando Thad no está en el cuarto, piensa en él. Rememora su franca sonrisa, sus ojos grises que albergaban una calidez imposible cuando le besaba, añora sus labios sobre los suyos y sobre su piel, las caricias que jugaban con su cordura. Pero también le odia, por haberle traicionado, por el dolor, por la distancia y por el olvido, ese compañero que nunca llega.