Disclaimer: Los personajes le pertenecen a la diosa Gayle Forman y no pienso arrebatárselos. (Aunque quizá decida tomar prestado a Adam).

Summary: Mia odia a Adam por haberla hecho quedarse; lo cual sólo le trae frustraciones y penas. Pero más que nada, lo ama; lo que le quita importancia a todo lo demás.

Ésto se suponía que era un regalo de cumpleaños para una hermosa jovencita. Pero la autora trae un no sé qué, que no fue lo suficientemente competente como para subirlo a tiempo -niega-. La buena noticia es que es multiusos y también sirve para Navidad & Año Nuevo (?). So, this is for you: Robin de mi corazón, Alec de mi Jace. Te amo demasiado & ¡Feliz Cumpleaños!


Nightmare

«Voy a quedarme sola,
sin canciones, ni piel,
como un túnel por dentro, donde el mismo silencio
se enloquece y se mata.» -Julia Burgos, Poema con la tonada última.


Un cosquilleo en el estómago. Aquel dolor punzante en cada centímetro de su cuerpo. Los gritos incesantes –solo quiere taparse los oídos y huir lo antes posible de allí-. Los gritos cesan, pero entonces el silencio se vuelve insoportable. Cuánto desea que el ruido –que ahora parece tranquilizador-, vuelva. Pero lo que de verdad le parece inaceptable –no, no inaceptable, más bien le arranca toda forma de felicidad, esperanza, vida- es que ellos ya no se encuentren allí. Entonces se da cuenta que es un sueño. Que eso ya ha sucedido y que –gracias a Dios- algo semejante no volverá ocurrir. Esa era la magia de la muerte. Era inevitable e irrepetible.

Y en la oscuridad, apretó a tientas las sábanas con los puños, hasta que las manos le hormiguearon y los nudillos adoptaron un color blanco, antinatural. Un grito quiso salir disparado desde las profundidades de su garganta, pero la pesadilla se lo prohibió. Cuando la pesadilla había dejado de infringirle dolor, y ya tan sólo quedaban unos pocos resquicios de ella, la consciencia trató de debatirse sobre la inconsciencia, dejándola atontada.

El sueño se había desvanecido ya, pero la realidad había caído sobre él como un balde de agua helada. Él la había hecho quedarse. Él la había hecho sufrir. De otro modo, ella estaría en otro lugar. Un lugar en el que ya no había dolor y en el que los recuerdos angustiosos formaban parte de un mundo lejano y desconocido. Sintió una respiración rápida y vacilante a su lado, una respiración que no confundiría por nada del mundo. Lo odiaba por haberla obligado a quedarse. Pero si no lo amara tanto… ¿se hubiera quedado?

Un solo abrazo bastó para hacerla cambiar de idea. Porque él compensaba cada lágrima que hubo derramado, cada nudo en la garganta, incluso cada momento de desesperación. Él era quien le traía más sonrisas, más ilusión, más esperanza. Sólo por él sería capaz de renunciar al violonchelo. Ambos renunciarían a la música por el otro. Pero no lo harán, porque eso fue lo que los unió en primer lugar. Ella corresponde al abrazo y de él y él le limpia las lágrimas dulcemente.

−Todo está bien. Vuelve a dormir, amor –susurra.

Y ella lo hace, con la esperanza de haber tomado la mejor decisión.