Notas del fic:

Cronología: Situado en el 6º año

Edad de los personajes: 16

Mes: Octubre

Capítulos: 5

Personajes: Hermione Granger, Ginny Weasley, Luna Lovegood, Harry Potter, Draco Malfoy.

Advertencias: Contenido slash y lemon.

Notas de la autora: Fic presentado para el mini-bang del festival drarrython 2011 como TEAM! CANON. No se me ocurre una forma mejor de comenzar el año que publicando drarry. Feliz Año nuevo a todos. Espero que os guste.

Gracias a mi beta, DarkKaya, que me ayudó a afilar la historia.

Disclaimer: Todos los personajes y escenarios nombrados en este fic no son de mi propiedad, pertenecen única y exclusivamente a J.K. Rowling. No recibo ningún beneficio sobre esta historia salvo vuestras opiniones. No se pretende violar el copyright.

LOS ÁNGELES DE HARRY

FanFiker_FanFinal


"Un amigo es aquel que te da la libertad de ser tú mismo.

Jim Morrison"


1. UN PUÑETAZO MALDITO

Los cristales del Gran Comedor se veían asaltados por furiosas gotas de lluvia que amenazaban romperlos. En pleno octubre era habitual que lloviera en Londres y con mayor razón en las rocas escarpadas y planicies extensas que rodeaban el castillo Hogwarts de Magia y Hechicería.

El Sauce Boxeador estaba perdiendo todas sus hojas y contemplar la caída era hermoso, casi hipnótico. Una pena no poder acercarse más para ver, dado el carácter asesino de la planta.

Dentro, las mesas de las diferentes casas estaban repletas de comida en el desayuno y los estudiantes se servían. El bullicio reinaba en el salón mientras los alumnos con cara soñolienta trataban de empezar la mañana lo mejor posible.

—Ey, Ron, tu cereal tiene una forma extraña —observó Neville asomándose al bol de su compañero de casa.

—Es la cara de una comadreja —dijo una hilarante voz tras ellos.

Los chicos se volvieron para toparse con fríos ojos grises y barbilla puntiaguda, con un halo dorado enmarcando su rostro.

—¡Piérdete, Malfoy! No eres bienvenido aquí —escupió Ron.

—No creo que puedas contemplar algo más hermoso que yo por las mañanas.

—Prefiero mirar a mi lechuza Errol, si me preguntas —añadió el pelirrojo.

—Los Weasleys se han caracterizado siempre por no tener gusto estético, ¿no opinas lo mismo, Potter?

Siempre igual. Aunque estuviera picando a Ron, la conversación siempre giraba en torno a Harry. ¿Malfoy no tenía mejores cosas a las que dedicar su tiempo que a molestarlos constantemente? Los ojos de Harry se encendieron de furia. Aún recordaba el vergonzoso incidente del vagón de tren en el que había seguido a Zabini para colarse en el compartimento Slytherin.

—¿Tanto miedo tienes de que te peguen como para estar siempre acompañado de alguien? —replicó el moreno, mirando a Zabini, plantado junto al Slytherin.

—Un Malfoy NO-TIENE-MIEDO, Potter.

—Oh, sí, ya lo vi cuando Hermione te pegó aquel puñetazo, saliste corriendo. Cobarde. —provocó Harry, pero recibió una mirada de su amiga para que dejase la conversación.

—Bueno —dijo Malfoy enarbolando una gran sonrisa sarcástica—, no pego a las chicas, Potter. Sin embargo, ¿qué se puede esperar de una sangre-sucia?

—Hermione es mucho más lista que tú, estúpido hurón —rugió Ron, que odiaba la forma en que el rubio se metía con su amiga.

Malfoy torció la boca en un gesto de prepotencia y con un rápido movimiento, metió el dedo en el bol de Ron y sacó un cereal que se llevó a la boca.

—No es muy bueno, pero el desayuno que dan aquí es mucho más de lo que un Weasley puede permitirse...

Ron se levantó para pegarlo, pero Hermione lo detuvo. Así, los Slytherin se alejaron. Zabini reía a carcajadas mientras un humillado Ron miró con asco el bol y, apartándolo, anunció:

—Se me ha quitado el hambre.


Hermione copió todo lo que pudo del libro "Hechizos avanzados" mientras Luna, a su lado, hacía lo propio con Transfiguraciones. Debían entregar el trabajo en tres días.

—Necesitamos ojear técnicas sobre desvanecimiento de hechizos.

—Sí, sí —dijo Hermione sin levantar la vista de su libro—. Harry los está buscando.

Entre diversas estanterías de libros avanzados, Harry Potter portaba un enorme libraco tan grande como su brazo. Cuidadosamente, esquivó a varios alumnos hasta encontrarse cara a cara con sus compañeras. Cuando volvió en sí estaba en el suelo.

—¡Señor Potter! —la Sra. Pince vino enseguida, malhumorada, y lo regañó porque había hecho ruido al caer.

Luna lo ayudó a levantarse. A pocos metros de él, un rubio de ojos claros lo miraba, jactancioso, tratando de no llorar de la risa. Pince llevó a Harry a su mesa y parecía estar echándole una regañina monumental en voz baja.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Hermione cuando Luna volvió a su la mesa.

—Malfoy le hizo la zancadilla —informó Luna con su tranquila voz.

—Ese maldito... ha hecho que echen a Harry de la biblioteca.

—¿Qué le pasa a Malfoy? Pareciera que disfrutara haciéndole la vida imposible.

—Ha sido así desde primero. Y, sinceramente, esto comienza a cansarme.


Gryffindor había ganado el primer partido de quidditch del año contra Hufflepuff. Celebraban, ruidosos, su triunfo. Harry corrió escaleras arriba para reunirse con los demás cuando Ginny Weasley se unió a él.

—¡Has estado genial! —dijo Harry—. Me encanta que estés en mi equipo.

—¡Oh, Harry! —sonrió Ginny con ojos brillantes—. Es un honor que me elogies.

Se miraron el uno al otro y luego sonrieron.

—Y ahora te besará el culo como todos tus estúpidos fans, Potter.

Ambos se giraron para ver, dirigiéndose hacia ellos en el rellano al joven Malfoy con una cara de profundo desagrado.

—¿Te molesta más que esté aquí con Harry o que Gryffindor haya ganado? —atajó la pelirroja, de repente inspirada.

Malfoy se acercó a ella, lo suficiente para inclinarse hacia su cara, pero entonces, Harry, se interpuso entre ambos.

—No te atrevas a tocarla, idiota.

Malfoy entrecerró los ojos.

—¿Preferirías que te tocara a ti? —dijo el rubio, mordaz.

—Malfoy, no eres más estúpido porque no naces. Te enrollaste el cordón umbilical alrededor del cuello y tu cerebro se privó de la sangre que necesitaba —indicó Harry, harto ya de la dosis diaria de impertinencia. Lo empujó y añadió—. ¿No lo sabías? Por eso tienes la cara tan pálida, porque no te circula bien la sangre, por eso dices todas esas sandeces.

Malfoy palideció, pero recuperó su gesto enseguida:

—Oh, déjame recordarte, Potter, al menos tuve a quien me criara. ¡Ah, y mi padrino está aquí, en Hogwarts, conmigo! No suelo arriesgarme a ponerlo en peligro...

Ginny miró a uno y a otro y resolvió que aquello no parecía una pulla normal.

—¡No hables de Sirius! —Harry volvió a empujarlo y se dirigió hacia él, mientras Malfoy daba pasos hacia atrás.

—Llora, Potty. Tus lágrimas valen tanto como tu estupidez...

Ginny subió las pocas escaleras para acercarse a ellos. Temía que Harry lo golpeara, parecía muy enfadado y afectado; a punto de explotar.

—¡Sí, Malfoy, seré estúpido e imprudente, pero al menos no soy cruel ni insensible! Los estudiantes de primero van a Dumbledore para decirle que tienen pesadillas porque les haces la vida imposible.

—¡Harry! —llamó Ginny para atraer su atención, pero el otro no parecía oírla siquiera.

Malfoy apretó los puños, pero no para golpear al otro, sino para defenderse: Harry acababa de acorralarlo contra la pared y Malfoy no quería huir. Aún no, estaba siendo... divertido.

—Es un alivio saber que me temen, Potter, al menos sé que es un sentimiento sincero. Tus amigos, tu gente, sólo están contigo por tu fama. No te quieren. Mira, la comadreja viene a ti porque sabe que después podrá restregárselo a otros estudiantes.

Harry sentía martillearle el corazón. Él no era tan calmado como Malfoy, no podía tragarse las cosas, no tenía ese autocontrol, En Privet Drive cogía rabietas monumentales y tenía que controlar su magia para no matarlos a todos. La pelirroja lo vio y notó el cambio que se estaba produciendo en Harry:

—¡Vámonos, Harry! ¡Déjalo ya!

Sin embargo, el moreno no escuchaba. Descargó el puño con fuerza, mucha fuerza y con rabia, la suficiente rabia para que al rubio se le quitasen las ganas de volver a meterse con él. El rubio lo esquivó a tiempo, y Harry se golpeó en el puño con la pared. Gritó, mientras Ginny corrió a separarlos. Todo ocurrió a cámara lenta: la pelirroja corriendo hacia ellos; Harry doliéndose de su mano descargó su puño izquierdo, que dio de lleno en el fino rostro de Draco, quien cayó al suelo como un peso muerto, Ginny corrió y empujó a Harry, para agacharse a mirar a Malfoy, que había dejado un reguero de sangre en las paredes de piedra. Ninguno habló. Harry sólo recordaría la agravante mirada de Ginny cuando se giró alertada porque no encontraba el pulso del joven Slytherin.


En la sala de Albus Dumbledore reinaba el silencio, y un estupor envolvía la estancia, haciéndola más fría aún. De pie, el profesorado al completo, y frente a ellos, sentado en una silla y sintiéndose como un reo condenado a la pena de muerte, yacía Harry Potter, encorvado y mirando al infinito, ahora tranquilo. Le habían administrado una poción para calmarlo debido a su estado de shock. Harry parecía estar viviendo una pesadilla, todo su alrededor de repente se volvió irreal, vacío, carente de sentido.

—Harry James Potter, espero que sea consciente de lo que ha hecho y no se atreva a negar lo acontecido —le llegó la voz del Profesor Snape, cargada de odio.

—Harry, mírame —ordenó tras una pausa Albus, pero Harry no podía elevar el rostro. No podía—. Harry, por favor.

El viejo mago tuvo que acercarse al muchacho y pinzar su hombro para que reaccionara.

—Harry, será más duro en el Ministerio, créeme. Aquí podemos tratar de entender lo que pasó, si nos lo explicas.

Harry observó la huesuda mano de su director y poco a poco elevó la vista, sus ojos, acuosos, hacia él, una mirada que reflejaba culpabilidad y arrepentimiento.

—No tenía pulso, profesor —acertó a decir Harry, cuando su confesión iba a ser otra.

—¿Qué pasó, Señor Potter? —habló McGonagall y Harry recordó a su profesora como una persona que lo había comprendido, lo había apoyado siempre. La mujer que le hizo conocer el quidditch y agregar así una nueva ilusión en su vida. Lo odiaría, por eso guardó silencio. Otro profesor, sin embargo, no parecía tener mucha paciencia para esperar. Oyó los pesados pasos de Severus Snape hacia él.

—Severus, no...

—Tengo métodos más fáciles de hacerlo confesar, si no quiere colaborar.

—Está afectado —dijo Dumbledore aún con la mano sobre el hombro de Harry.

—¿Quién está afectado aquí, señor? —dijo Snape, y de repente, Dumbledore no supo qué contestar a eso.

Snape cogió a Harry de la oreja y se arrimó a él.

—Si no dice en veinte segundos lo que ha pasado, lo obligaré a beber veritaserum —y mostró una pequeña botellita en su cara— y quizá diga cosas que quiera esconder...

—Harry, por favor —oyó una vez más la voz de McGonagall.

Y volvió a ocurrir: volvió a estallar.

—¡Yo lo hice, sí! —se levantó de la silla con tanto ímpetu que ésta cayó por la fuerza, haciendo un terrible ruido al chocar con la madera—. ¡Lo golpeé y lo maté! ¿Es eso lo que quiere oír?

Snape lanzó un guantazo al Gryffindor, que cayó al suelo junto a la silla. Dumbledore se agachó junto a él.

—Harry, ¿qué pasó? ¿Discutisteis?

—Sí —dijo el chico, su cuerpo temblando como una hoja—. Nos dijimos cosas muy feas y... lo pegué.

—¿Hay alguien... alguien que pudo haberos visto, a quien podamos preguntar, Harry?

Harry sollozó al fin, apretándose en los brazos de Albus, sin encontrar consuelo, dejando el cuerpo laxo cuando entendió que jamás podría vivir con ello.

—¿Harry?

—Gi... Ginny... Weasley.


Dumbledore había encerrado a Harry en una habitación y había pedido a la Profesora Sprout que lo custodiara, no sólo para que no escapara, sino para que no sufriera ningún daño. Ellos llamaron a Ginny Weasley, quien, llorosa, acudió rauda para declarar como testigo. La joven contó todo con profundo detalle y después pidió que por favor no volvieran a hacerle pasar por todo aquello otra vez. El Profesor Snape la despidió dándole las gracias.

Albus abrió la puerta y ordenó a Sprout marcharse y se sentó frente a Harry, que aún temblaba.

—¿Han hablado con Ginny, señor?

—Sí. Y corrobora la exposición del señor Potter.

Los ojos de Harry se aguaron aún más. Agarró con fuerza el brazo de su adorado director.

—¿No hay nada que se pueda hacer, señor? ¿Algún brebaje, algún hechizo?

—Me temo que no, Harry. No existe hechizo ni poción alguna que devuelva la vida.

—Yo lo maté —constató Harry dando vueltas por la habitación.

—En teoría, fue un accidente.

—¡Le va a decir eso a sus padres? ¡Seguro que le creerán! ¿Por qué no me... por qué no me mata, señor?

—No hay castigo de muerte con otra muerte, no, al menos, en mi colegio.

—¡No sea idiota! Prefiero morir antes que... ir a Azkaban. ¡Dígaselo a Snape, él podrá hacerlo!

Albus alzó la cabeza. Sus ojos también lloraban.

—¿Y por qué crees eso?

—¡Él me ODIA!

—El odio sólo es una manifestación de rabia contenida y en lo que respecta al Profesor Snape, creo que se liberó de su rabia golpeándolo hace un momento.

Harry consiguió calmarse. Después, indicó:

—¿Lo saben ya mis amigos? Ron, Hermione, Neville...

—Han preguntado por ti, están fuera, esperándote. No creo que pueda retenerlos mucho más.

Harry, por favor, descansa. Esta noche puedes dormir en una salita que he acondicionado para ti, y puedes decirles a tus amigos que duerman contigo.

—¿Cómo quiere que duerma, señor? —Harry apretó los puños—. ¡He matado a Draco Malfoy y quiere que me vaya a dormir!

—La Profesora Sprout te dará otro brebaje para que puedas hacerlo.

—¿Me va a drogar? ¿Y mañana, también me drogará? ¿Y el resto de la semana, y el resto del curso?

Albus se levantó de la silla, atusándose la barba.

—Harry, habla con tus amigos, por favor, cuéntales lo que pasó, y cómo te sientes. Estoy seguro de que te apoyarán.

A regañadientes, el moreno siguió a su profesor, pasando por la sala donde todos habían estado reunidos y donde no quedaba nadie. ¿Habrían ido a preparar su ingreso en Azkaban o a tirar todas sus cosas? Cuando atravesaron la puerta, Harry vio a Hermione, sola, llorando.

—Harry...

—¿Y los demás? —preguntó el otro tratando de localizar a Ron.

—Ron no quiere verte y Ginny y Neville están en shock. Pero ya se les pasará, Harry. Yo estoy aquí.

Albus interrumpió la charla de ambos para decir:

—Señorita Granger, les dejo la llave de una habitación de la quinta planta, por favor, cuide de Harry.

—Sí, señor —aceptó ella recogiendo la llave.

—¿Adónde va usted, señor? —quiso saber Harry. De repente no quería desprenderse de la presencia del director.

Éste se volvió y con un amago de sonrisa, informó:

—Voy a tranquilizar a los profesores. Y hablaré con los alumnos de Slytherin.

Y lo vio irse, con su extenso cabello canoso ondeando al bajar la escalera.