5. CUANDO TODO ESTÁ BIEN.

Al día siguiente, Harry salió con sus amigos Ron y Hermione hacia la primera clase. No podía creer que Hermione hubiera estado toda la noche limpiando una clase porque ella, Luna y Ginny se habían acercado demasiado al Bosque Prohibido, sobrepasando además el toque de queda.

—De verdad, si hay algo que nos quieras contar, Hermione, hazlo —dijo Ron, muy extrañado.

—Absolutamente nada, Ron. Por cierto, Harry, tienes ojeras, ¿algo que debas decirnos?

Harry pareció repentinamente temeroso. Abrió los ojos, abrió la boca y luego negó con la cabeza. Entraron en Transfiguraciones, y Hermione no perdió detalle de las miradas casuales entre Harry y Draco. Ambos tenían ojeras y no parecían haber dormido mucho. Le recorrió un escalofrío al imaginarlos en determinadas posturas o compartiendo ciertas partes de su anatomía. Se preguntó si habrían llegado muy lejos la noche anterior. Se había tapado los oídos cuando Luna describió ciertos detalles, de modo que supuso que sí.

La clase transcurrió sin mayores contratiempos, y el día fue aburrido y cargado de deberes. Al día siguiente, sin embargo, Harry desapareció en las horas de estudio. Ocurrió lo mismo hasta la semana siguiente, cuando estando en clase de Historia de la Magia, Draco Malfoy empujó a Harry al suelo cuando ya todos los demás se iban. El profesor, muy disgustado, los mandó a detener por la pelea copiando las páginas comentadas ese día en clase.

—Hay que ver lo que tiene que hacer uno por amor —se jactó Draco, entrando con sus libros y apuntes a la clase de Historia. Dejó la bolsa sobre un pupitre. Minutos después hacía su entrada a la clase vacía Harry Potter, con su cabello desordenado y una incipiente prisa.

—Llegas tarde, capullo.

Harry elevó la vista para encontrarse con el ser más despreciable de Hogwarts parado, mirándole desafiante. El moreno se sonrojó y dejó su bolso en otro pupitre. Todos los libros se precipitaron al suelo, pero Harry no hizo caso. Acercándose al rubio, alargó sus manos trémulas. Draco echó a correr por el aula.

—¿A que no me alcanzas?

Harry estaba demasiado necesitado para perder el tiempo. Se echó sobre el rubio Malfoy en cuanto tuvo oportunidad, siendo reprendido por éste.

—¿Y tus modales, Potter?

Harry se deshizo de su incómoda túnica mientras lo apresaba con las piernas, dejándola a un lado, para después desabrochar los primeros botones de la carísima camisa de Draco y lanzarse a chupar su cuello. Pronto Draco era reducido a una maraña de jadeos incontrolables.

—El… el suelo está frío.

—Hablas mucho, Malfoy —se quejó Harry, deshaciéndose de su jersey.

—No hay nada mejor que la Sala de los Menesteres.

Harry paró sus maniobras para mirar a los grises y prístinos ojos de su rival más deseado.

—¿Quieres que pare?

—Hazlo y sabrás lo que es una imperdonable —sonrió Draco en su oreja, y comenzó a acariciar su trasero.

Los chicos ya no sabían que hacer para poder verse. Las ausencias de uno y de otro comenzaban a ser notadas por sus compañeros de casa y no siempre podían dar una excusa válida, así que una vez a la semana tenían que meterse en problemas para poder estar juntos. Aprovechaban la tesitura para magrearse hasta conseguir un bonito orgasmo, cada uno ocupado en que el otro culminara su deseo. Al principio, Draco se sorprendió realmente al conocer a la persona que lo calentaba en exceso. ¿Quién habría imaginado que El Niño de Oro tuviera una boca tan jodidamente cálida?

—Um… Harry… ohjoder, más…

El rubio se elevó con los codos para contemplar la increíble imagen de la cabeza de Harry moviéndose entre sus caderas. El chico parecía disfrutar los orales, teniendo en cuenta que los hacía sin preguntar, nada a lo que Draco tuviera que objetar.

—Draco, eres delicioso —dijo Harry sonriendo tras besarle mientras sentía las manos del rubio viajar por todo su pecho.

—Sí… um… a mí me encanta que nos dejen la clase de pociones.

—¿Por qué? —Harry se apartó un poco.

—Porque ahí me siento poderoso —y Draco sonrió, una sonrisa pícara y llena de deseo.

—Tenemos que tener cuidado, McGonagall me mira raro desde hace una semana. Nos hemos metido en líos en su clase tres veces. Aaaaah —Harry se mordió el labio para no gritar, pues Draco había agarrado su pene y paseaba la mano de arriba abajo, en toda su longitud, de forma increíblemente lenta y torturadora—, ¿por qué no le pides la clase aaaah... al profesor Snape como un favor personal, sin tener que... aaaaah, perder puntos?

—Oye, Potter, no quiero que mientras te corras digas el nombre de mi profesor, ¿sabes?

—La culpa es tuya, te gusta hablar hasta cuando hay que callar, Malfoy —Harry hundió los dedos en el cabello sedoso de Draco, tan hermoso, tan cercano.

—Es que sé que te gusta oírme hablar, Potter —dijo, arrastrando las palabras, y se posicionó en su oreja para susurrar—. Mmmmmmmmmmmmm lo hago por ti…

Harry se abandonó a las caricias, preguntándose qué pasaría si el rubio arrogante no estuviera en su vida.

FIN


02/11/11

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