Capítulo 4. En las garras de Olvido

Los cinco salieron corriendo del interior del Ovni, en busca de Elvira

- Mirad, por allí va – dijo Alejandro señalando a lo lejos la silueta –. Debemos detenerla

El grupo echó a correr, cuando de pronto, un grito, más parecido a un rugido animal que a un grito de persona, los sobresaltó.

Los cinco lo vieron. Era un sim alto, con el pelo cortado al estilo militar, y que tenía pintadas una línea negra debajo de caja ojo. Tenía una expresión de furia monumental

- Oh, no, es el General Ring Ring – dijo OP9

- ¿Quién? – preguntó Casandra

- Un vecino nuestro que es militar – dijo Jaime –. No se lleva muy bien con mi padre desde que le ganó una pelea

El sim fue hacia ellos con ganas de pelear

- Está un poco mal de la cabeza desde que se marchó su mujer – dijo OP9 –. Mejor no os crucéis en su camino

- Nosotros vamos a intentar calmarlo – dijo Jaime –. Rápido, seguid a la silueta, no vayáis a perderla de vista

El grupo se dividió. Mientras OP9 y su hijo Jaime iban a detener a aquel sim, la familia Lápida echó a correr hacia la dirección por la que habían visto irse a la silueta, sin atender al sonido de pelea que se estaba escuchando detrás de ellos.

- ¡Allí está! – dijo Casandra tras unos minutos de carrera

- ¡Elvira! – gritó Homero

La desconocida se volvió hacia ellos. Tenía la tez ligeramente oscura, e iba vestida con un vestido rojo. Miró a los tres con una expresión desconcertada.

- ¿Eh? – dijo ella – ¿Quiénes sois?

- ¿Cómo que quienes somos? – le dijo Casandra – ¡Mamá, somos nosotros!

- ¿No nos reconoces? – dijo Alejandro –. Somos tus hijos

- ¿Mis hijos? – dijo ella aun más desconcertada –. No... no recuerdo tener hijos.

- Debe tener amnesia – dijo Alejandro a Casandra

- No es eso – dijo Homero –. No es Elvira

- ¿¡Qué!? – dijeron al unísono Casandra y Alejandro

- Pero si respondió cuando la llamaste – dijo seguidamente Casandra

- Me volví cuando me llamasteis Elvira, pues ese es mi nombre – dijo ella –. Es lo único que recuerdo de mí

- ¿Y como sabes que no es mamá? – preguntó Casandra a su padre

- Conozco a vuestra madre desde que éramos pequeños – dijo Homero –. Conozco cada facción, cada rasgo de su cara... y ella no tiene la misma nariz que vuestra madre

Casandra y Alejandro se miraron, y a continuación miraron a aquella Elvira. Ellos no notaban diferencia física con su madre. De hecho, si no fuera porque Homero estaba seguro, habrían seguido creyendo que era su madre

- Vaya, pues si no eres mi madre... – dijo Casandra – ¿quién eres?

- No lo sé – dijo ella –. Desde que tengo recuerdos, he estado en este desierto. Lo único que sabía es que mi nombre es Elvira, pero no recuerdo nada más. He estado subsistiendo gracias a unos amigos que me ayudaban. Son Circe y Loki Panero

- Vale, no eres nuestra madre – dijo Alejandro –. Pero ¿alguna vez has visto a una sim idéntica a ti?

- Ahora que lo mencionas... – dijo ella –. Sí, recuerdo a alguien

Los tres Lápida se sorprendieron. Quizá aun podían encontrarla, después de todo.

- ¿De verdad? – dijo Casandra – ¿Dónde? ¿Cuándo?

- Hmmm... – dijo Elvira, pensando –. Recuerdo que fue ayer. Doy frecuentemente paseos por aquí, y entonces ayer vi a una mujer que iba vestida de la misma forma que yo. Solo le vi la espalda, pero estoy segura de que era idéntica a mi

- Genial – dijo Alejandro – ¿Y donde la viste?

- Se metió en aquella casa – dijo Elvira señalando a una dirección

Los tres miraron a donde había señalado. Allí había una casa de paredes grises y tejado marrón, con algunos cactus cerca de la puerta. Pero lo más reseñable de la casa era el montón de lápidas que había en un rincón del jardín.

- ¿En esa casa? – dijo Casandra –. Qué extraño, ¿qué haría allí?

- Nunca he entrado allí – dijo Elvira –. En esa casa suceden cosas muy extrañas

- ¿Qué hacemos, papá? – dijo Casandra

- Vayamos – dijo Homero –. Tenemos que estar seguros de que está allí

- De acuerdo – dijo Casandra –. Elvira, ¿vienes con nosotros?

- Esa casa me da miedo – dijo Elvira –. Lo siento mucho. En todo caso, espero que encontréis a la Elvira que estáis buscando

Y se alejó del lugar, dando zancadas. Los otros tres entraron en la propiedad, sobre la que había un cartel, que ponía: "Camino a Ninguna Parte, 13"

- Este lugar se parece a nuestra mansión – dijo Casandra mirando las lápidas –. Pero la casa es más pequeña

- ¿Y qué hará esa silla frente a las lápidas? – dijo Alejandro

- Quién sabe – dijo Homero –. Vamos

Los tres se dirigieron a la puerta de la mansión. Homero llamó al timbre.

Unos segundos más tarde, la puerta se abrió. Al otro lado de la misma había una anciana con la tez oscura y una larga melena blanca.

- Vayaaa... gente nueva – dijo ella – ¿qué les trae por aquí?

- Buenas tardes – dijo Homero –. Estamos buscando a una sim con el pelo negro y vestido rojo. ¿la ha visto usted?

- Puede... o puede que no – dijo la anciana

- Por favor, esto es muy serio – dijo Casandra –. ¿En serio no se acuerda?

- Hmmm... podría recordarlo mientras me tomo un té – dijo la anciana – ¿queréis pasar?

La anciana se apartó. Los Lápida dudaron por un momento, pero finalmente Homero se decidió a dar el paso. Sus hijos le siguieron, mientras la anciana cerró la puerta entre chirridos.

El grupo entró en una casa con una decoración muy antigua. La anfitriona les invitó a sentarse mientras preparaba el té. Ellos se sentaron mientras estudiaban el ambiente en que se encontraban.

Unos minutos más tarde apareció la anciana con una bandeja en la que llevaba una tetera y varias tazas, además de azúcar y unas galletas.

- Así que estáis buscando a una sim con un vestido rojo – dijo la anciana mientras servía el té – ¿Cómo era físicamente, decís?

Homero se echó un poco de azúcar en su té. Casandra y Alejandro hicieron lo propio

- Tenía la tez morena, y el pelo negro hasta el cuello – dijo Casandra mientras tomaba un sorbo de te

- Era nuestra madre – dijo Alejandro mientras él bebía té –. Y según nos han comentado, entró aquí ayer

- Entiendo – dijo la anciana –. Debía ser alguien importante para vosotros, ¿verdad?

- Sí – dijo Homero después de probar un sorbo –. Era mi mujer. ¿La ha visto usted, señora...?

- Llámenme Olvido – dijo la anciana –. Olvido Fantoche. Y en cuanto a esa sim... sé lo que es sentir amor por alguien. Yo lo sentí por mucha gente. Pero de eso hace ya muchos años. Pero un día llegó él. Alguien por quien poder sentir algo y que no se marchitara con el tiempo. Nos vimos fugazmente, pero siempre estaba ausente. Logré de un modo u otro que volviera, pero siempre se iba al cabo de poco tiempo...

Olvido Fantoche miró entonces a los Lápida. Los tres estaban dormidos

- ...y gracias a vosotros, volveré a verle muy pronto – dijo con una sonrisa extraña

Después de tanto tiempo, por fin he terminado este episodio, la continuación de este fic sobre los Sims.

Esta vez he mencionado a varios vecinos de Las Rarezas, además de mostrar a varios de ellos.

Y también habéis visto a la falsa Elvira Lápida, la que podéis encontraros en este barrio. Posteriormente explicaré más sobre ella.

¿Qué tramará Olvido Fantoche? ¿Qué ocurrirá con los Lápida? Lo veréis en el siguiente episodio