3

Todo estuvo listo tras cierto tiempo.

En el centro de la escena, el Dr. Merchant estaba con la caja entre sus manos. A él le correspondía la tarea más difícil de todas: llamar al maestro del dolor.

Comenzó manipulando sus piezas. Lento pero seguro, armó el puzzle. Cuando acabó, una luz azul lo envolvió todo y el entorno donde el científico se encontraba cambio, fundiéndose con una estancia en penumbras, de la que colgaban cadenas con ganchos.

Había varias personas allí, apresadas por ellas a columnas. Merchant miró en cierta dirección y vio a una pareja de mujeres con la piel de la cara arrancada, sus músculos y huesos al descubierto, desnudas y enlazadas entre sí por cadenas con púas.

Se frotaban con frenesí y se besaban en la boca, con pasión.

El científico desvió la mirada, asqueado. Aquello era grotesco. Un hombre sin piel colgado de una columna lo miró, sonriéndole.

-El dolor… es tan dulce – susurró – Es indivisible del placer. Esa es la única verdad.

-Dios…

-Merchant – la voz que pronunció su nombre sonó profunda y grave. El aludido se volvió y miró. Pinhead apareció, mirándolo con frialdad – Nuestros caminos vuelven a cruzarse, aunque… veo que tu eres el hijo de aquel que se atrevió a destruirme. Eres el que usó la caja para devolvernos aquí.

-Veo que te acuerdas bastante bien de mí, demonio. Me alegro.

-Yo también. Siempre es interesante iniciar a un descendiente de L'Merchant en nuestros placeres.

-No esta vez. Todo termina aquí. Es el fin de tu reino de dolor.

-Ah… te equivocas. De hecho, pasaras a formar parte del mismo en este instante.

Mas cadenas hicieron acto de presencia, en esta ocasión, surgiendo de las sombras reinantes a su alrededor. Se engancharon en el científico y tiraron de él, destrozándolo en pedazos.

Pinhead pestañeo. Era la primera vez en su existencia oscura que una muerte que provocaba no expresaba dolor. Merchant no había gritado en ningún momento y menos cuando sus cadenas lo destrozaron.

¿Qué ocurría aquí?

Revisó los restos. Algo no marchaba bien. No había sangre por ningún lado.

-¿Qué es esto? – tomó un trozo. Surgían cables de su interior. Miró a los demás detenidamente - ¡Plástico y circuitos! ¡Una burda imitación de un ser humano! – el cenobita se enfureció - ¡Este no es Merchant! ¿Qué significa esto?

La cabeza arrancada del androide que reemplazó al científico lo miró y sonrió.

-Se llama cyborg – explicó – Organismo cibernético. Un reemplazo conveniente, dado el caso.


A bordo de un transbordador espacial que salía de la estación en aquel mismo momento, el verdadero Dr. Merchant se volvió hacia Vincent, sonriendo.

-Usted es un tramposo, doctor – comentó el otro hombre – Pensé que dijo que quería ocuparse personalmente de Pinhead…

-Y en cierta forma, lo he hecho – el científico ensanchó su sonrisa – Pero nada implica que yo muriera en este encuentro. Mi doble, convenientemente programado, ha hecho un excelente trabajo – tomó un control remoto maestro - ¿Desea hacer los honores?

-¿Y negarle ese placer? ¿No dijo que había un asunto familiar de fondo?

-Bien… yo lo digo para no dejarlo afuera de todo esto. Para algo hizo el viaje hasta acá, ¿no?

-Déme ese control…


Vincent siguió las indicaciones de Merchant y activó el arma definitiva anti-cenobita. La estación comenzó a cambiar, reconfigurándose, transformándose en el artefacto diseñado por el antepasado del científico.

Haces de luz pura son disparados, penetrando en la dimensión demoníaca de los cenobitas casi de inmediato, enfocando todo su poder en Pinhead.

El demonio aulló, mientras la energía limpia lo quemaba. No había placer en ese dolor, solo… dolor.

El universo de sadismo infernal que lo rodeaba también se destruía. Todo era incinerado en un holocausto demoledor de proporciones cósmicas.

Instantes antes de desintegrarse en átomos, Pinhead lloró.

Había recobrado la memoria.

Sabía que alguna vez había sido humano. Un hombre.

-Me… llamo Elliot – dijo, mientras la luz lo quemaba – Elliot Spencer.

Suspiró, aliviado.

Luego, el dolor desapareció. Para siempre.

Ahora, solo había luz.

Ahora, solo había paz.


La estación espacial explotó. Era el broche de oro para una sangrienta historia que venia durando siglos. El transbordador que llevaba al Dr. Merchant y a Vincent enfiló rumbo a la Tierra.

Horas más tarde, este último se reunía con su compañero John Stallon en el Pentágono, delante del General…


Epilogo

Washington DC.

Cementerio. Tarde.

Vincent y John miraban las dos tumbas recientes con los nombres grabados de Bruce y Arnold en sus lapidas. Ambos guardaron un respetuoso silencio en memoria de sus colegas caídos.

No había cuerpos en las sepulturas; ni Arnold ni Bruce habían sido recuperados. Si bien hubo un operativo de rastrillaje en Crystal Lake y Springwood, jamás dieron con sus cadáveres.

Pero sabían que habían cumplido con sus misiones.

Freddy y Jason estaban vencidos, lo mismo que Myers y Pinhead. El mundo estaba libre de su maldad. ¿Significaba que eso lo hacia un sitio mejor?

-Tengo una duda – dijo Vincent, rompiendo el silencio - ¿Y si esto no acabó?

-¿Qué quieres decir? – John fumaba un cigarrillo. Lo miró sin comprender – Myers está muerto. De eso puedo dar fe.

-Yo también puedo darla respecto a Pinhead y los cenobitas – replicó su amigo – A lo que me refería es a que hemos destruido a un gran mal, pero y si al hacerlo le abrimos la puerta a nuevos horrores, entonces, ¿Qué? ¿Qué vamos a hacer?

-Pues lo que hacemos siempre, Vinnie – John suspiró – Hacer nuestro trabajo.

Hubo otro momento de silencio. Ambos se despidieron de las tumbas de sus amigos y salieron del cementerio.

Fuera, vieron a un grupo de niños rodeando a un curioso payaso, quien con una sonrisa roja pintada en su blanca cara, les regalaba globos de colores a todos.

Vincent frunció el ceno.

¿Un payaso regalando globos a la entrada de un cementerio?

Muy bizarro.

Mientras John y él se marchaban, el payaso se volvió y los miró detenidamente.

Una sonrisa siniestra se formó en su boca.

¿Fin?


Bueno, amigos, ese fue el fin de esta historia. Como veran, tuve que partirla en cuatro partes para que cabiera, cada entrega dedicada a un monstruo & psicopata en particular (Jason, Myers, Freddy y Pinhead). Y ahora, antes de despedirme hasta la proxima, les dire que sí, el payaso del final es el de IT! de Stephen King... Pennywise, creo que se llama. Pues bien, es él. Un cameo-homenaje a la obra del maestro del Terror, jejeje. No podia faltar.

Espero que disfrutaran con la lectura de este relato y de los otros. Un caluroso abrazo y un beso para todos.

FEDERICO H. BRAVO