Bokurano.

Última vez…

Los personajes de este anime no me pertenecen.

Estaba consciente de que la decisión que había tomado era la correcta. A pesar de todo, aún era un humano que podía elegir lo que haría, podía elegir su futuro. Había visto como cada uno de sus amigos había luchado por algo; no solo tenían en mente salvar a la Tierra sino que también salvar lo más preciado para ellos. Todos eran un solo ser siendo el protector de su mundo, de su existencia.

Ahora, él, Ushiro Jun había decidido convertirse en el último piloto de Zearth.

Sus ideas y pensamientos habían cambiado radicalmente, incluso se había vuelto más blando con respecto a sus actitudes, ya había logrado resolver su gran incógnita. Sabía quién era y de dónde venía, lo sabía. Era algo que no podía explicar, saber que tuvo a su madre, a Tanaka-san tan cerca y que nunca podría decirle un tan solo 'mamá'. Ni siquiera sabía porque se sentía raro, desde que descubrió que era huérfano, que todo lo que tenía no era más que una bella y dura mentira, su pequeño mundo había cambiado. Se había convertido en un ser frío y casi sin sentimientos hacia nadie ni siquiera hacia su pequeña… hermana, o media hermana, a golpes lograba desquitarse de eso, reflejándose como alguien sin fundamentos o razones necesarias para ser quien era. Incluso cuando se fue de su casa con Kanna-chan se mostró preocupado. Nada de lo hecho o pensado encajaba en su personalidad cerrada.

Y todo había cambiado, de a poco, de a pasos, con cada pelea. Comprendía la inmensidad de las cosas, lo hacía…

No sería el siguiente en reclutar a más personas para continuar con esas peleas, sería otra persona más que se proponía a pelear por su objetivo y esta vez era proteger a Kanna-chan, por más raro que pareciera, así era.

Su turno había llegado. Estaba solo físicamente pero podía sentir como cada uno de los demás lo acompañaban en la última batalla de la tierra. Todo el poder de Zearth se apoderaba de cada parte de su cuerpo, sentándose en su silla de madera, la pelea comenzó.

Cada golpe que daba lo acercaba a la victoria. Recordaba con facilidad, todas las peleas anteriores como los demás pudieron enfrentar a sus oponentes con sus distintas estrategias, con nuevos ataques, defensas o movimientos inesperados. Debía poner en marcha su plan…

Las primeras horas fueron duras y cansadoras. Ataques y más ataques habían logrado que los que peleaban tomaran un descanso de por medio.

En un momento, Jun sintió como su energía vital se desvanecía de su cuerpo. Ya no tenía las suficientes fuerzas como para seguir con la pelea, estuvo a punto de perder hasta que la imagen de su madre y de los demás, se cruzó por su mente. No podía rendirse… ¿En donde quedarían los esfuerzos de todos?

Arregló sus lentes y el abrigo que llevaba. Se acomodó mejor en su silla y continuó con más fuerzas aquella pelea. Encontró su punto débil y dio el último golpe.

Había ganado.

La Tierra había sido salvada.

Sabiendo eso, se recostó en su silla. Vio como el enemigo desaparecía.

No le quedaba mucho tiempo, suspiró. Tenía que desmantelar Zearth tal y como lo había dicho. Pensando con sus últimas fuerzas, lo hizo.

Cerró sus ojos y se enfocó en sus recuerdos. En lo que había ocurrido en esa escuela de verano, en cada uno de todos sus compañeros.

Había hecho bien. Dio su último respiro sin avisar a nadie, cayendo como uno más de los escombros de esa gran máquina. Su fin ya había llegado. Su cuerpo quedó enterrado junto con lo demás pero con una sonrisa dibujada en su rostro.

¿Qué hubiera sido lo último que habría pensado? Nadie lo sabrá. Quizás encontrar a su madre de nuevo.

Podría hacerlo luego de su muerte, como un último deseo a cumplir.